Lecturas

Furia travesti

Furia travesti

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I

T de travesti/trans

¿Quieren saber qué es ser travesti? ¿Todavía no lo saben? ¿Qué dudas les caben? Desde los 8 años que estamos lejos de casa, en la calle. Y hemos sobrevivido, mínimo, hasta los 35 años. Nos empiezan a perseguir a los 18 mucho más sistemáticamente, de forma explícita. Nos matan. ¿Y ustedes siguen sosteniendo que no saben lo que es una travesti? No nos ven cuando somos niñas; nos ven recién cuando somos punibles. Entonces caen todos los conceptos adultocéntricos y morales sobre el derecho a usar el espacio público, sobre el escándalo del cuerpo desnudo en la calle. Pero antes de esto ha habido un enorme proceso de invisibilización. Desde el día en que nos descubren está la institución policial ubicándonos en el apartheid de la zona roja, del calabozo, de la persecución. A las travas nos atraviesa la diáspora, estamos dispersas por el mundo hasta que el otro nos hace de espejo. Somos radicalmente migrantes. Y entonces, una vez más, volvemos al comienzo y la pregunta vuelve a ser: ¿qué es una travesti? ¡Pero cómo no lo saben, si todo el mundo nos cogió en este país! Todas las travestis tenemos un cementerio en la cabeza. Han muerto amigas de mi misma edad y más jóvenes a lo largo de toda mi vida y todas por causas evitables. A las personas heterosexuales no les pasa eso de tener mil quinientas muertes en sus biografías.

Travesti (nosotras)

¿Qué es un hombre? ¿Qué es una mujer? Las respuestas a estas preguntas se suponen, se presuponen. Nunca se explican. ¿Qué es ser patriota? No se explica. ¿Es armarte hasta los dientes en defensa de la “Constitución” o es dejar que la pisoteen? ¿Es cuidar el territorio o vender el territorio y su gente si la otra potencia que amenaza es más grande que la nuestra? Estas cosas se explican tan poco y de manera tan poco clara que es más fácil delatar al otro para poder ganarme el derecho de pertenecer a eso “uno”, a ese ser hombre, ser mujer, ser de aquí, no ser extranjera. Entonces, señalás lo otro, que es lo que te va a dar ese pasaporte. Y con eso les damos, a las sociedades y a los Estados, la chance de llevar a cabo procesos comunitarios de negación: “No sabíamos qué sucedía”, “No sabíamos que hay una parte de la población destinada a morirse alrededor de los 35 años”. ¿Qué particularidad tenemos las travestis? Nosotras sabemos que somos procesos históricos, somos biografías históricas; entonces, todas las niñas travestis que fuimos hoy estamos politizando desde ahí. Nosotras, por estadística, somos niñas de entre 8 y 13 años echadas de un hogar heterosexual, niñas que quedamos en la absoluta vulnerabilidad y precariedad, expuestas a un mundo adulto que, en ese momento de mayor fragilidad, nos abusa en los sistemas prostitutivos de todo el país. Y eso no lo ven aunque es imposible no ver esto en Plaza de Once, en la ruta de Tartagal, en Internet…, allí estamos.

Travesti (yo)

Necesariamente la definición de travesti implica contar una historia. No hay modo de definirnos sin perspectiva histórica, ya sea personal, colectiva o como parte de las páginas de los manuales que faltan en las escuelas. En mi biografía, por ejemplo, dentro de esa historia debo decir que cuando era adolescente, a comienzos de los 80, para mí “las travestis” eran esas travas que ya estaban en su apogeo, que estaban hechas, tenían cuerpo, tenían glamour. Y una quería alcanzar eso. ¿Qué era “eso”? La expresión andante de lo que sentías. Y no te preguntabas mucho por el después. Era obvio que había algo interno y que, además, en el después estaba que ibas a querer “los agregados”: esas tetas, esos labios, ese pelo, esos tacos. Ellas no andaban por la calle ni venían de visita a tu casa. Se sabía que paraban en el boliche y que salían a la noche. Para buscar a las travas tenías que ir por la 42 en Córdoba, que es una calle que está muy cerca de la plaza central. Ahí estaban reunidas las “mariquitas” como yo, y también había otras maricas que ya tenían los cinturones bien apretados fajando sus caderitas, las que estaban empezando a tomar hormonas y tenían más experiencia que una. Por ejemplo, ya no se arrollaban el calzoncillo como hacía yo en mi casa para convertirlo en una especie de tanga. Las mariquitas tenían tanga. Y tenían cuerpo de mariquita. Además, estaban trabajando en la prostitución. Pero para relacionarnos con las travas “de verdad”, palabras mayores, teníamos que ir hasta un boliche llamado Somos, esperar cierta hora hasta que dejaran de trabajar y recién ahí podíamos verlas. Empezaban a llegar la Fany, la Marión, la Cindy, que bajaban del taxi y entraban al boliche. Fany era la más divina y la más terrible; formaba como un dueto con la Marión, que era como una serpiente enroscada. Fany, en cambio, era como un dulce de melocotón, aunque también era la que, cuando las papas quemaban, ante una situación de peligro te daba vuelta un patrullero.

Travesti (nombre propio)

A mí me bautizaron la Fany y la Marión. Había ido a verlas con la Betiana y con la Tati, que me presentaban como la Garza, en clara alusión a mi altura y a mi forma de caminar. Entonces, cuando escucha mi nombre, la Fany dice: “¿Quéeee? ¿Cómo se va a llamar la Garza?”. Silencio. A la Fany la respetaba todo el mundo; lo que ella decía se hacía. Entonces veo que le pregunta a la Marión: “¿Y qué le ponemos a esta chica?”. Marión le dice: “Mirá, con esas patas, esta es la Marlene, esta es la Dietrich”. Y yo sonreí y me quedé cortada porque no sabía quién era la Dietrich. Lo que sí sabía era que yo ya tenía un nombre. En Córdoba tenemos un cine, El ángel azul, que en ese entonces era un cine club y en esa época justo estaban volviendo a pasar un ciclo en homenaje a Marlene Dietrich. Cuando a los pocos días vi el cartel, me dije: “¡Me tiraron una buena esas dos!”. Lo travesti es eso: es impacto, es “sí, quiero eso, sí, así”. “Este es mi nombre de ahora en más.” Después voy a enterarme de quién es Marlene Dietrich y la voy a querer más. Y después voy a enterarme de que era bisexual o torta y la voy a querer más; que habló en contra de Alemania, que hizo campaña contra los nazis, y la querré más. Pero el primer impacto es lo importante: eso es travesti.

Travestí (origen teatro francés)

Claro que también podemos decir que las travestis tienen un origen asociado al teatro, y en especial al teatro de Francia. En una época en que a las mujeres no se les permitía trabajar en la actuación, los personajes femeninos eran interpretados por varones, los travestís. Pero lo interesante está en la apropiación: en principio, esto de “hacer de mujer” era una obligación, algo que hacía cualquier varón porque deseaba ser actor, porque recién estaba empezando y se prestaba a hacer este papel. Ahí es donde se va a colar la trava que quiere con todas sus ansias ese rol. “¡Yo quiero ese papel eternamente!” va a decir contenta de tener esa obligación de participar de la obra vestida y hecha toda una mujer.

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