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Histerias masculinas

Histerias masculinas

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CASO A: UNA SOMBRA QUE VA DETRÁS

La configuración fantasmática del sujeto radica en una condición erótica de ver y ser visto en un reiterado afán por filmarse mientras tiene relaciones sexuales con su novia. Según indica, la filmación porno tiene “valor” porque su novia es una mujer linda, de buen físico y muy “vistosa” (aunque en lo cotidiano ella resulta un martirio para él). La ecuación es la siguiente: si ella es la mujer que desean los hombres, entonces él puede afirmar la masculinidad por el lado de tener el falo.

Como en la gran mayoría de hombres histéricos, desde su infancia siempre se ubicó del lado de su madre contra la brutalidad del padre: ella fue su confesora e, inversamente, sintió siempre una marcada distancia con un padre bruto y homofóbico. A pesar de tal repartición, surge un recuerdo decisivo que reubica la lógica del caso y la fantasía fija: relata una escena donde sorprende a su padre mirando pornografía. Específicamente, en la pantalla aparecen dos jóvenes desnudos, imagen que dará formato al contenido de su fantasía sexual compuesta por dos hombres y una mujer, en distintas variantes. Desdoblado en la fantasía, él puede ser la cámara, y el otro hombre, quien está con su novia; es decir, siempre incorpora a la fantasía un tercer hombre, que está con su novia, mira a la pareja o los dos están con ella.

Con esa matriz, siempre se las ingenia para ofrecer a su vistosa novia con el fin de captar la mirada de los hombres que se fijan en ella. En efecto, detrás del juego de miradas se verifica el intento de captar el deseo de Otro hombre para realizar sus fantasías, que vienen al lugar de la respuesta paterna a la relación sexual.

En contraposición, todo el frenesí de la fantasía es amenazado por la presencia real de la mujer; es decir, lo perturba ser mirado por ella en la relación sexual concreta, e incluso evita apreciarla en “carne y hueso”, para irse a armar la fantasía de dos hombres con ella, en una versión pornográfica. Y como es frecuente también en mujeres histéricas, el trío de la fantasía le funciona como excitación para sostenerse una relación sexual con su pareja.

El ejercicio de su sexualidad fue tardío y dificultoso. En su primera relación sexual, la joven, que era aún virgen, le confiesa: “No sentí mucho”. Su interpretación fue inmediata: “Si no sintió, prefiere estar con Otro hombre”, esbozando las coordenadas del armado del hombre portador en el funcionamiento del fantasma histérico.

Asimismo, en el aspecto laboral se repetirá el mismo libreto aplicado a diferentes escenas; por ejemplo, soñará en varias ocasiones con actividades y procedimientos específicos de su profesión, pero con el S1 presente bajo la figura de su padre, otros referentes masculinos y hasta el analista mismo. En resumen, tanto en el plano sexual como en el laboral, siempre pensará: “Seguro que el otro lo haría mejor”.

Alrededor del deseo del padre se organizan triángulos en los que la figura del S1 está representada por otro hombre, fálico y portador, mientras él se desintegra. Precisamente, en una sesión mencionó: “No tengo cómo mirarme, porque no soy; y espero que el Otro me lo diga”. Al respecto, recuerda que siempre se miraba en el espejo antes de salir a bailar “como si necesitara revalidar mi imagen para poder abordar a una mujer”. Y seguidamente concluirá: “El Otro siempre está y yo siempre seré una sombra que va detrás”.

Funcionamiento del S1 en la histeria masculina

Examinemos en comparación con el caso anterior un breve relato de una mujer apegada al padre, que ha compartido su infancia con sus dos hermanos varones mayores, quienes han sido sus referentes. Sus primeras relaciones sexuales y la aproximación a los “hombres del goce” no fueron buenas y no ha estado “ahí” con su cuerpo. Cuando muere su padre, al poco tiempo se casa. Tiene dos hijos y su matrimonio transcurre sin sobresaltos con el siguiente arreglo: él está encerrado en sus cosas y la ignora como mujer, ella hace sus cosas y lo ignora como hombre. Al tiempo se separan y en ese momento consulta al analista, pues se encuentra desorientada y desbordada de angustia.

Pasados dos años de la separación, si bien puede salir con otros hombres, tener sexo, cuidar a sus hijos e ir a su trabajo, todo esto lo hace en un clima de locura, angustia, desborde o desinterés. Y, curiosamente, se sigue viendo con su ex marido (a quien nunca le dijo que salía con otros hombres) para hacer programas familiares e incluso para ir de vacaciones juntos (en tales situaciones duermen juntos, pero no tienen sexo). Ella dice: “Cuando estoy con mi ex, al otro día puedo situarme mejor en todas las cosas que hago en la vida”; es decir: funciona anudada al hombre e, inversamente, se angustia cuando está sin esa referencia. En definitiva, se puede separar de su ex marido como hombre sexual, pero no puede dejar al ex marido en tanto S1, que le ordena el goce, el cuerpo y los lazos.

Una primera conclusión: si bien en las mujeres histéricas el S1 conforma el nudo del “amor al padre” como sostén, en el caso de la histeria masculina el funcionamiento del S1 es discordante, pues la problemática radica en la ausencia de la identificación viril, que está del lado del Otro hombre. Como el caso A, el hombre histérico conscientemente rechaza al padre en lugar de amarlo, como las mujeres histéricas, pero después sostiene tanto en la fantasía como en el plano consciente un hombre “adelante” mientras él se ubica “detrás”. Destacando este punto divergente en relación con el amor al padre, se ha mencionado para la histeria masculina una armadura de “odio al padre”.

El anudamiento al padre en las mujeres produce estabilidad, mientras que los hombres histéricos padecen subjetivamente al S1, que se presenta como una figura perturbadora y aplastante, pero a la vez fascinante. Por eso, el padre puede ser rechazado por bruto y homofóbico, pero el fantasma histérico lo reubica en el lugar de consistencia en la vida del sujeto a través de sustitutos, tal como se verifica en sus sueños. Asimismo, en la fantasía sexual el S1 representa la virilidad desde donde el sujeto se interroga por los enigmas de la sexualidad. La visión traumática de la pantalla del padre, que evoca su deseo mirando a dos hombres jóvenes en una escena sexual, se constituye en una matriz para el fantasma del sujeto.

La dificultad de asumir el S1, que sería equivalente a anunciarse como un hombre sostenido en el falo para abordar a una mujer o para un desafía laboral, es un aspecto paradigmático de la histeria masculina. Problemática que no afecta a la histérica mujer, que por vía de la identificación viril y el amor al padre consigue armarse un imaginario más sólido para “hacer de hombre”. En efecto, siendo su imaginario frágil y al carecer de la identificación viril, las histerias masculinas vacilan en el momento de “hacer de hombre”. De esta forma, se ubica como una “sombra”, pero mantiene “afuera” el S1 como una referencia unificada.

 

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