Tras la gira de Milei por EE UU

Con el campo, la minería y Vaca Muerta no alcanza para convertirse en Noruega, Australia o Canadá

Javier Milei encabezó esta semana la Argentina Week en Nueva York para promover la inversión en Argentina. Llevó para ello a un inédito pelotón de grandes empresarios, todos vinculados a los sectores que pretende fomentar. Ya en su discurso inaugural de las sesiones ordinarias 2026 del Congreso los había identificado: minería, agroindustria y energía, que serviría para abastecer a la petroquímica, la siderurgia, el aluminio y los data centers. Los inversores ya de por sí interesados en los recursos naturales ratificaron sus intenciones, según fuentes de dos de los principales bancos norteamericanos. El problema radica en que diversos estudios académicos evidencian que sólo con las materias primas no alcanza para despegar al desarrollo que promete el presidente.

En la banca estadounidense destacan que la Argentina ha vuelto a tener una semana de negocios en la ciudad central del capitalismo, como la tienen otros países emergentes, y valoran los cambios introducidos por Milei con el apoyo de la voluntad popular. Sin embargo, advirtieron que su discurso contra el principal millonario de la Argentina, el siderúrgico, constructor y petrolero Paolo Rocca, despertó dudas, lo mismo que la ratificación del ministro de Economía, Luis Caputo, y del presidente del Banco Central, Santiago Bausili, de que continuarán los controles remanentes del cepo cambiario a empresas; la salida de capitales especulativos de naciones riesgosas como la Argentina por la guerra de Irán y la incertidumbre sobre el futuro político de proyecto libertario si se repiten escándalos que dañan su reputación como el nuevo del jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

Sin embargo, en los bancos rescatan que la Argentina tiene recursos naturales que el mundo necesita. ¿Pero qué precisa el país para convertirse en desarrollado, como Irlanda, Alemania o EE UU, los que ha mencionado Milei? El mes pasado, los economistas e investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Andrés López y Juan Carlos Hallak publicaron un paper titulado El lugar de Argentina en el mundo más allá de los recursos naturales: las oportunidades de agregación de valor a través de la diferenciación de productos y servicios que advierte que “la posibilidad de explotar intensivamente los recursos hidrocarburíferos y minerales disponibles en el país a partir de la esperada estabilización macroeconómica ha alimentado la ilusión de que dicha explotación constituirá la base de un crecimiento económico sostenido”, pero “nuestra disponibilidad de recursos naturales, presente y futura, no es tanta como la de países de referencia, como Australia, Noruega y Canadá”, que son presentados como modelos de naciones que con su riqueza en estos rubros han podido dar el salto a sociedades de altos ingresos.

¿Sobre qué se basan López y Hallak para su afirmación? Sencillo: calcularon cuánto sumaron por habitante las exportaciones de materias primas agrícolas, mineras y petroleras en 2023. En el caso de la Argentina, US$1.200 per cápita, sobre un total de US$60.000 millones en estos sectores. Calcularon cuánto podrían crecer con el continuo crecimiento de Vaca Muerta, que aceleraría cuando se exporte gas en barco, y con la minería, una vez que los proyectos del Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones (RIGI) estén produciendo: para 2030 se sumarían US$40.000 millones y el ratio por argentino llegaría a US$2.000. Con un optimismo que estos dos economistas llaman exagerado, podrían agregarse otros 40.000 millones para 2035 y elevar la cuenta por persona a 2.900. Pues se trata de niveles alejados de la riqueza natural por habitante de los países desarrollados.

La petrolera Noruega exporta US$29.300 por noruego. La minera Australia, 13.000 por australiano. La también minera Canadá, 7.300 por canadiense. Nueva Zelanda, 5.000 millones. Suecia, 4.000 millones. Chile, que no ha salido de la llamada trampa de los países de ingresos medios para alcanzar el desarrollo, 3.500, es decir, más que el nivel que López y Hallak consideran “exagerado”.

“Es obvio que estos nuevos recursos mineros y energéticos son bienvenidos desde el punto de vista macroeconómico, ya que van a ayudar a aliviar a las restricciones al crecimiento que han venido acosando aun país como el nuestro, con acceso todavía restringido al mercado internacional de capitales”, celebran López y Hallak. “Sin embargo, es importante tener en cuenta que la riqueza natural de las naciones no lleva automáticamente a buenos desempeños en materia económica y social. Guinea Ecuatorial, Irak, Gabón, Turkmenistan o Irán, por ejemplo, se destacan por susa bundantes recursos naturales, pero distan de ser ejemplos exitosos de desarrollo. En cambio, los países avanzados que disponen de grandes stocks de recursos naturales han logrado administrar de manera eficaz los dilemas o conflictos macroeconómicos e institucionales que pueden emerger de explotar dichos recursos, distribuir de manera relativamente equitativa los ingresos que generan e invertir las rentas resultantes en actividades que contribuyen a objetivos de crecimiento y mejora del bienestar. Adicionalmente, usualmente han implementado políticas de desarrollo productivo orientadas, por ejemplo, a promover encadenamientos o derrames de conocimiento en torno a las actividades basadas en recursos naturales”, señala el documento.

Uno de los economistas jefes de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), Fernando Navajas, coincide con la opinión de López y Hallak. “Es una gran oportunidad para la Argentina sumar a la energía y a la minería al set o conjunto de sectores que empujan la productividad y el crecimiento a largo plazo, junto a la agroindustria. ¿Eso alcanza, no alcanza? Uno tiene que referenciar si eso permea y difunde a la productividad del resto de los sectores de la economía. La pregunta es si el índice de difusión del shock positivo que uno está viendo ahora en energía, que va a estar viendo con más fuerza en minería, agregado al del sector agropecuario, alcanzan a los dos tercios del conjunto de los sectores de la economía.”

“¿Cuándo la Argentina tuvo esto en el pasado?”, se pregunta Navajas. “Lo tuvo solamente en dos instancias. Hay un período que es la década del 60, cuando la Argentina tenía política industrial, hacía mal o bien, pero era lo que se usaba en esa época y empujaba un proceso de industrialización. Eso sabemos que hoy no está presente por varias razones, ni en la Argentina ni en otras partes del mundo. El segundo periodo es la década del 90. La Argentina se estabiliza macroeconómicamente, se da un conjunto de cambios y el crecimiento de la productividad del sector petrolero y gasífero, sobre todo con un descubrimiento de recursos convencionales de una década anterior, en Loma La Lata, que está justo justo arriba de Vaca Muerta. La Argentina tiene tanta suerte que los depósitos de Vaca Muerta están situados abajo y entonces usan la misma infraestructura que lo que usaba Loma La Lata. Ahí la Argentina logró tener un índice de difusión muy alto, merced también a que hizo una apertura de la economía, pero una apertura sin China, a un mundo más multilateral que el de ahora. Otra cosa que tuvo la Argentina en ese momento fue un fenomenal empuje de la infraestructura, que no está presente ahora.”

Navajas reconoce que ahora el país “tiene un empuje de productividad más alto en energía y minería” que en los 90, “pero no tiene empuje de infraestructura”. Admite que hay un “empuje de reformas económicas, como desregulación sectorial, reforma laboral, que llevan tiempo, pero ”la apertura se da en un contexto internacional diferente porque ahora está China ahora, por lo que es un juego de productividad relativa“. Es decir, abrir la economía ahora puede, en lugar de forzar una mejora en la productividad local, derivar en cierres frente a la competencia asiática.

López y Hallak recuerdan que los países que saltaron al desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial, desde Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur, China, España, Portugal e Irlanda, se basaron exportaciones de bienes y servicios que a su vez fueron cambiando hacia sectores de mayor productividad. “Por ello, argumentamos que el crecimiento sostenido de nuestra economía debería estar basado en un patrón de inserción internacional más complejo y sofisticado, que aproveche las oportunidades de agregación de valor que ofrece la diferenciación de productos y servicios. A la vez, mostramos que el camino propuesto no parte de cero, sino que ya existe una estructura productiva en el país capaz de innovar y exportar productos y servicios diferenciados en un amplio abanico de sectores pertenecientes tanto al agro como a la industria y los servicios”, escriben los investigadores del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Consejo de Investigaciones Científicas (Conicet).

Los investigadores citan una gran cantidad de ejemplos que debería potenciarse para dar el salto exportador al desarrollo. Eso incluye productos y servicios diferenciados:

  • “Instituto Massone, que exporta más de US$ 00 millones anuales en hormonas para la fertilidad humana, principalmente a Alemania.
  • Sinteplast, que exporta pinturas y revestimientos a América Latina, diferenciándose mediante un servicio de asesoramiento minorista que no ofrecen sus competidores internacionales.
  • Arcor, que exporta golosinas con una estrategia de adaptación a los gustos locales: por ejemplo, su Bon o Bon tiene relleno de té verde en Japón y mousse de limón en Brasil.
  • Jazmín Chebar y María Cher, que han logrado construir marcas de indumentaria femenina reconocidas, principalmente en varios países de América Latina.
  • IMS, que logró exportar heladeras exhibidoras a mercados poco tradicionales como Sudáfrica, distinguiéndose por ofrecer una experiencia de usuario adaptada a la cultura local.
  • IPH, que exporta cables de acero por más de US$20 millones, destacándose por haber provisto los cables que sostienen los ascensores del Empire State Building en Nueva York.
  • Laboratorios Raffo, que exporta casi US$100 millones de medicamentos hormonales a Uruguay.
  • Promedón, una empresa cordobesa de implantes médicos, que vende prótesis e instrumentos quirúrgicos a Brasil, Alemania y Chile, entre otros países, por más de US$10 millones.
  • Otras pymes argentinas que exportan montos significativos de productos diferenciados, aunque por volúmenes menores a los US$10 millones cada una, son ILVA (porcelanato), FV (grifería) y Rapsodia (moda textil), entre muchas otras.“ Claro que ILVA cerró en octubre pasado y despidió a sus 300 trabajadores...

Los autores también dan ejemplos en biotecnología, industria nuclear y espacial, bioeconomía, proveedores de los sectores de hidrocarburos y minerales, así como productos derivados de estos con mayor valor agregado, desde fertilizantes hasta la posibilidad de elaborar material catódico para baterías.

AR