Control total a los productos textiles importados en el puerto y los electrónicos que lleguen por correo

Cuando los dólares paralelos marcan récords, como en esta semana, y la brecha ronda el 100% con respecto a un tipo de cambio oficial que se atrasa (la tasa real multilateral, es decir, ajustada por inflación y en relación a otras monedas está en 95,80 puntos, bajando peligrosamente a los 92,26 previos a la devaluación de 2018), exportadores e importadores agudizan el ingenio para evadir el cepo, con la consiguiente pérdida de divisas y de recaudación de impuestos para el país. No por nada Alberto Fernández y la jefa de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Mercedes Marcó del Pont, han instruido al nuevo jefe de la Aduana, el massista Guillermo Michel, a enfocarse en el control de la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones.

El Lollapalooza de la desconfianza

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“Tengo la instrucción del Presidente y de la administradora federal de Ingresos Públicos de trabajar sobre la sobrefacturación y la subfacturación”, comenta Michel a elDiarioAR. Y hay más. “Pusimos en canal rojo los textiles que entren en el puerto y los electrónicos que entren por courier (correo)”, cuenta Michel. El canal rojo de la Aduana implica que ahora se revisan todos los productos que ingresan, ya no aleatoriamente a unos sí y a otros no. Michel anticipa que también reforzarán los controles a la importación de fertilizantes.

En cuanto a la facturación, muchos exportadores declaran que reciben menos dólares de los que en realidad perciben porque deben liquidar esas divisas al tipo de cambio oficial (a $ 125 por dólar) y cobran el resto en moneda dura en Estados Unidos o en paraísos fiscales, fuera del alcance de los convenios de intercambio automático de información entre las agencias tributarias de un centenar de países. Si un día llegan a necesitar esos fondos escondidos fuera, pueden traerlos de manera ilegal por el llamado dólar cable, que suele cotizar similar al contado con liquidación (CCL, método lícito para traer y sacar recursos del país), que cotiza ahora a $ 252 para la compra. La subfacturación se puede combatir con valores de referencia para los productos y servicios exportados.

En el caso de la importación funciona así: el comprador factura por encima del valor real porque así se hace de más divisas al tipo de cambio oficial y después las gira a una cuenta propia pero a nombre de una sociedad fantasma en territorio norteamericano o de alguna guarida fiscal y de allí transfiere sólo lo que cuesta el producto o el servicio al verdadero proveedor. Así va acumulando en el exterior dólares que compró baratos. La sobrefacturación también puede reprimirse con valores de referencia para los bienes y servicios importados.

Michel, que venía de asesorar al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, se estrenó el pasado martes en su nueva tarea con la detección de un caso de sobrefacturación en la importación irregular de máquinas para minar criptomonedas y recuperó US$ 5 millones. La maniobra consistía en traer equipos desde China pero facturados por una empresa con sede en el estado de Florida, Estados Unidos, a un valor irregular y superior al de mercado. Este jueves, el presidente de la Cámara Argentina de Multimedia Ofimática, Comunicaciones y Afines (Camoca), Ernesto Saúl, confirmó la sobrefacturación, según informaron fuentes judiciales. El importador deberá pagar una multa y facturar al precio real para que le liberen las máquinas ahora retenidas por la Aduana.

“Sabemos que por la brecha cambiaria, hay subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones y estamos trabajando fuerte en eso, con un ojo puesto en bienes de capital (maquinaria)”, señala Michel. “También estamos analizando denuncias de sobrefacturación de carne de cerdo de Brasil”, comenta el funcionario, después de que los ganaderos porcinos locales se quejaran de la competencia extranjera. Otros que han elevado la voz contra la importación son los industriales del papel y el cartón. “Además, creamos una matriz de control de importaciones chinas que se hacen vía Estados Unidos y jurisdicciones no cooperantes”, alude a aquellos países que no proveen información tributaria, que son decenas e incluyen a naciones latinoamericanas como Paraguay, Honduras, Nicaragua, Cuba y Bolivia, africanas, asiáticas como Irán y Corea del Norte y otras europeas como el Vaticano.

Pero las medidas de control de importaciones del nuevo director general de la Aduana no se acotan allí. “Antes no se exigía una SIMI (sistema integral de monitoreo de importaciones) para los productos que iban a zonas francas. Ahora estamos pisando las operaciones en zonas francas y pronto se va a empezar a requerir SIMI ahí también”, agrega el jefe de la Aduana, que llegó a ese cargo en lugar de una mujer de confianza de Marcó del Pont, Silvia Traverso, para contener a Massa cuando Fernández no le dio el Ministerio de Desarrollo Productivo, vacante ante el despido de Matías Kulfas, y se lo entregó a Daniel Scioli, rival interno del jefe de Diputados. Michel ya había encabezado la Aduana entre marzo y diciembre de 2015, cuando el cuestionado Ricardo Echegaray dirigía la AFIP.

En el libro “Registro de beneficiarios finales”, que publicaron en 2020 la Fundación SES, la Financial Transparency Coalition y la red Latindadd, la contador Magdalena Rua se refiere a la multimillonaria pérdida de divisas para el país por el impacto de la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones. “(La organización) Global Financial Integrity en 2020 estima que la brecha que existe entre las estadísticas de comercio exterior de los distintos países y que podrían indicar desvíos de ganancias de las empresas multinacionales para el caso de Argentina es un promedio anual de 14.525 millones de dólares entre 2008 y 2017. Entre fuga de capitales y salidas de divisas por manipulación de precios, las estimaciones de flujos promedio entre 2008 y 2017 que drenan de Argentina arrojan 27.576 millones de dólares anuales”, advierte Rua. Demasiadas divisas se le escapan a un Banco Central acuciado y a un fisco que debe cubrir un abultado déficit fiscal.

En la anterior gestión de la Aduana, la de Traverso, se identificaron y denunciaron más de 6.000 maniobras abusivas en operaciones de comercio exterior por más de $ 600 millones. Michel aspira a reforzar esos números. Pero más allá del esfuerzo que puede hacer este funcionario, el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del Central, Miguel Pesce, deben enfocarse en acotar la brecha cambiaria. Ambos descartan una suba brusca del dólar oficial, pero reconocen su interés en reducir la diferencia con el paralelo y acumular reservas. Habrá que ver si alcanza.

AR

Cuando los dólares paralelos marcan récords, como en esta semana, y la brecha ronda el 100% con respecto a un tipo de cambio oficial que se atrasa (la tasa real multilateral, es decir, ajustada por inflación y en relación a otras monedas está en 95,80 puntos, bajando peligrosamente a los 92,26 previos a la devaluación de 2018), exportadores e importadores agudizan el ingenio para evadir el cepo, con la consiguiente pérdida de divisas y de recaudación de impuestos para el país. No por nada Alberto Fernández y la jefa de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Mercedes Marcó del Pont, han instruido al nuevo jefe de la Aduana, el massista Guillermo Michel, a enfocarse en el control de la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones.

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“Tengo la instrucción del Presidente y de la administradora federal de Ingresos Públicos de trabajar sobre la sobrefacturación y la subfacturación”, comenta Michel a elDiarioAR. Y hay más. “Pusimos en canal rojo los textiles que entren en el puerto y los electrónicos que entren por courier (correo)”, cuenta Michel. El canal rojo de la Aduana implica que ahora se revisan todos los productos que ingresan, ya no aleatoriamente a unos sí y a otros no. Michel anticipa que también reforzarán los controles a la importación de fertilizantes.

En cuanto a la facturación, muchos exportadores declaran que reciben menos dólares de los que en realidad perciben porque deben liquidar esas divisas al tipo de cambio oficial (a $ 125 por dólar) y cobran el resto en moneda dura en Estados Unidos o en paraísos fiscales, fuera del alcance de los convenios de intercambio automático de información entre las agencias tributarias de un centenar de países. Si un día llegan a necesitar esos fondos escondidos fuera, pueden traerlos de manera ilegal por el llamado dólar cable, que suele cotizar similar al contado con liquidación (CCL, método lícito para traer y sacar recursos del país), que cotiza ahora a $ 252 para la compra. La subfacturación se puede combatir con valores de referencia para los productos y servicios exportados.

En el caso de la importación funciona así: el comprador factura por encima del valor real porque así se hace de más divisas al tipo de cambio oficial y después las gira a una cuenta propia pero a nombre de una sociedad fantasma en territorio norteamericano o de alguna guarida fiscal y de allí transfiere sólo lo que cuesta el producto o el servicio al verdadero proveedor. Así va acumulando en el exterior dólares que compró baratos. La sobrefacturación también puede reprimirse con valores de referencia para los bienes y servicios importados.

Michel, que venía de asesorar al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, se estrenó el pasado martes en su nueva tarea con la detección de un caso de sobrefacturación en la importación irregular de máquinas para minar criptomonedas y recuperó US$ 5 millones. La maniobra consistía en traer equipos desde China pero facturados por una empresa con sede en el estado de Florida, Estados Unidos, a un valor irregular y superior al de mercado. Este jueves, el presidente de la Cámara Argentina de Multimedia Ofimática, Comunicaciones y Afines (Camoca), Ernesto Saúl, confirmó la sobrefacturación, según informaron fuentes judiciales. El importador deberá pagar una multa y facturar al precio real para que le liberen las máquinas ahora retenidas por la Aduana.

“Sabemos que por la brecha cambiaria, hay subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones y estamos trabajando fuerte en eso, con un ojo puesto en bienes de capital (maquinaria)”, señala Michel. “También estamos analizando denuncias de sobrefacturación de carne de cerdo de Brasil”, comenta el funcionario, después de que los ganaderos porcinos locales se quejaran de la competencia extranjera. Otros que han elevado la voz contra la importación son los industriales del papel y el cartón. “Además, creamos una matriz de control de importaciones chinas que se hacen vía Estados Unidos y jurisdicciones no cooperantes”, alude a aquellos países que no proveen información tributaria, que son decenas e incluyen a naciones latinoamericanas como Paraguay, Honduras, Nicaragua, Cuba y Bolivia, africanas, asiáticas como Irán y Corea del Norte y otras europeas como el Vaticano.

Pero las medidas de control de importaciones del nuevo director general de la Aduana no se acotan allí. “Antes no se exigía una SIMI (sistema integral de monitoreo de importaciones) para los productos que iban a zonas francas. Ahora estamos pisando las operaciones en zonas francas y pronto se va a empezar a requerir SIMI ahí también”, agrega el jefe de la Aduana, que llegó a ese cargo en lugar de una mujer de confianza de Marcó del Pont, Silvia Traverso, para contener a Massa cuando Fernández no le dio el Ministerio de Desarrollo Productivo, vacante ante el despido de Matías Kulfas, y se lo entregó a Daniel Scioli, rival interno del jefe de Diputados. Michel ya había encabezado la Aduana entre marzo y diciembre de 2015, cuando el cuestionado Ricardo Echegaray dirigía la AFIP.

En el libro “Registro de beneficiarios finales”, que publicaron en 2020 la Fundación SES, la Financial Transparency Coalition y la red Latindadd, la contador Magdalena Rua se refiere a la multimillonaria pérdida de divisas para el país por el impacto de la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones. “(La organización) Global Financial Integrity en 2020 estima que la brecha que existe entre las estadísticas de comercio exterior de los distintos países y que podrían indicar desvíos de ganancias de las empresas multinacionales para el caso de Argentina es un promedio anual de 14.525 millones de dólares entre 2008 y 2017. Entre fuga de capitales y salidas de divisas por manipulación de precios, las estimaciones de flujos promedio entre 2008 y 2017 que drenan de Argentina arrojan 27.576 millones de dólares anuales”, advierte Rua. Demasiadas divisas se le escapan a un Banco Central acuciado y a un fisco que debe cubrir un abultado déficit fiscal.

En la anterior gestión de la Aduana, la de Traverso, se identificaron y denunciaron más de 6.000 maniobras abusivas en operaciones de comercio exterior por más de $ 600 millones. Michel aspira a reforzar esos números. Pero más allá del esfuerzo que puede hacer este funcionario, el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del Central, Miguel Pesce, deben enfocarse en acotar la brecha cambiaria. Ambos descartan una suba brusca del dólar oficial, pero reconocen su interés en reducir la diferencia con el paralelo y acumular reservas. Habrá que ver si alcanza.

AR

Cuando los dólares paralelos marcan récords, como en esta semana, y la brecha ronda el 100% con respecto a un tipo de cambio oficial que se atrasa (la tasa real multilateral, es decir, ajustada por inflación y en relación a otras monedas está en 95,80 puntos, bajando peligrosamente a los 92,26 previos a la devaluación de 2018), exportadores e importadores agudizan el ingenio para evadir el cepo, con la consiguiente pérdida de divisas y de recaudación de impuestos para el país. No por nada Alberto Fernández y la jefa de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Mercedes Marcó del Pont, han instruido al nuevo jefe de la Aduana, el massista Guillermo Michel, a enfocarse en el control de la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones.

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