Pendientes de Medio Oriente
El pan resiste la suba de costos de la guerra ante el menor consumo, pero se teme un alza próxima
La guerra de Irán no sólo encareció el petróleo por el cierre del estrecho de Ormuz y la imposibilidad de comerciar el crudo y el gas que se produce en el Golfo Pérsico. Además se disparó el precio de fertilizante que se elabora a partir del gas y se utiliza en el cultivo del trigo, la urea, que también se elabora en esa región. Aunque al principio, el cereal no reaccionó al alza después comenzó a subir hasta 8% respecto del nivel previo a los bombardeos de EE.UU. e Israel sobre territorio iraní. Pero este no es el único motivo por el que se corre riesgo de que aumente el pan en la Argentina.
“En los últimos 30 días nos subió la bolsa de harina 8%, acá en Salta de $12.500 a 13.500, pero en general no aumentó el pan porque nos afecta más la baja del consumo que el precio de la harina”, cuenta el presidente de la Federación Argentina de la Industria del Pan y Afines (Faipa), Daniel Romano. En Merlo, el presidente del Centro de Panaderos local, Martín Pinto, coincide en que no remarcan: “Estamos resistiendo todos los días, trabajando a pérdida, porque la gente no tiene un mango”. De una variedad de colegas consultados, sólo una aumentó 8% el pan la última semana ante lo que considera la “especulación” de los molinos harineros. Es el caso de Fernando Van Strate, dueño de Placeres Porteños, que cuenta con dos sucursales en Villa del Parque.
Por un lado, los agricultores locales, después de terminar en diciembre pasado una cosecha récord de trigo con 27 millones de toneladas, están reteniendo granos en silos propios y de acopiadores en lugar de mandarlos a los molinos de harina. Influye el precio que les pagan. Por cuestiones climáticas, el cereal recolectado no es de buena calidad y se paga mal. Además, el peso sobrevaluado desalientan la liquidación de granos que cotizan en dólares. Y el incremento del precio internacional del trigo, por la guerra y por la sequía en EE.UU., lleva a los agricultores a preguntarse si no es mejor esperar a que complete la tendencia alcista: aún está 18% por debajo del promedio del último cuarto de siglo. Así lo explican en una de las entidades agropecuarias. Mientras, en la Sociedad Rural Argentina aclaran que el costo de este cereal representa sólo 6,7% del precio del pan.
“La molinería en alerta amarilla porque no consigue abastecerse de trigo”, fue el título de un comunicado de fines de abril de la Federación de la Industria Molinera (FAIM). “Los molinos harineros, además de tener que hacer frente a la escasez de partidas de trigo aptas para panificación, ahora también están registrando dificultades para poder abastecerse del cereal, lo que genera preocupación en el sector. Entre las hipótesis que pueden llegar a explicar ese fenómeno se incluye el hecho de que el valor relativo del trigo cayó mucho con respecto a los fertilizantes, insumo clave que experimentó un aumento considerable de precios en los últimos meses”, siguió FAIM.
Precisamente, en mayo se siembra el trigo para cosechar en diciembre y en el campo se espera una caída de la cosecha por la casi duplicación del precio del fertilizante, sumado al 35% de suba del petróleo y su impacto en el gasoil. “Si se mantiene en el tiempo la situación vigente, no llegaremos a cumplir con la expectativa de crecimiento y eso representa menos trabajo argentino y menos valor agregado en origen”, resumió el presidente de la FAIM, Diego Cifarelli.
En Salta, el líder nacional de los panaderos advierte que la situación social de su provincia está lejos de ser lo óptima que se presumiría de una en la que se expanden proyectos de litio. “La macro podrá estar bien, pero la micro está mal. Al jubilado que gana la mínima no le alcanza para comer una medialuna”, cuenta Romano. El único consumo que le aumenta es el de pan francés: “Porque la gente ve que la carne le cuesta $20.000 el kilo, y entonces termina comiendo un kilo de pan por 3.500”, lamenta el panadero, que recuerda que en el gobierno de Javier Milei el consumo en sus locales cayó entre 25 o 30% y cerraron unos 1.100 negocios.
A eso se le combina el aumento de costos. “Por la guerra, aumentaron los envases de plástico, derivado del petróleo, entre 75% y 80%, mientras que la margarina y la grasa subieron 70% porque hay más demanda de biocombustible ante el encarecimiento de la nafta y el gasoil”, cuenta el presidente de Faipa. “Por ahora no hay subas generalizadas del pan pero va a subir 10% porque es imposible seguir ante la suba de costos”, completa.
“Si salimos con un aumento, en unas semanas tenemos que cerrar las persianas, nuestra fuente de trabajo”, comenta Pinto, de Merlo. “Si la semana próxima viene la harina con un aumento, vamos a tener que aumentar sí o sí, pero van a cerrar más panaderías”, agrega. Desde su rincón del conurbano o desde Salta, las esperanzas se cifran en que se negocie una paz entre EE UU e Irán que alivie los costos.
AR/MG