educación

Los grandes beneficios de tocar un instrumento musical desde niños

Cristian Vázquez

Diario.es —

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Los beneficios de escuchar música son numerosos. El cerebro libera dopamina –un neurotransmisor asociado con el placer– no solo cuando la persona escucha música que le resulta agradable, sino incluso cuando sabe que la escuchará en el futuro cercano. Además, exponerse a música contribuye a bajar la ansiedad y mejora la frecuencia cardíaca y el humor, entre otras ventajas. Como consecuencia, la música se usa cada vez más como una herramienta terapéutica.

Pero si escuchar música tiene efectos positivos, hacer música –es decir, interpretar un instrumento– produce aún más. Y es que cuando alguien toca un instrumento no solo está escuchando música, sino que además pone en acción su mente y su cuerpo, de manera que esta práctica se convierte en un entrenamiento en múltiples sentidos. En particular, a nivel cerebral. Como ha ilustrado la educadora neuromusical Anita Collins en un vídeo de TED, “cada vez que un músico toca un instrumento se desatan fuegos artificiales en su cerebro”.

Fuegos artificiales en el cerebro

¿En qué consisten esos fuegos artificiales? Cuando alguien escucha música, el cerebro separa los elementos que la componen (melodía, ritmo, armonía, etc.) y luego vuelve a unirlos para producir una experiencia musical integrada. Algo que sucede, desde luego, en brevísimas fracciones de segundo. Pero cuando la persona toca un instrumento, las áreas del cerebro involucradas son muchas más, y trabajan “en secuencias sumamente complejas, interrelacionadas y asombrosamente rápidas”, según explica Collins.

Con la práctica de la música, las partes del cerebro que más trabajan son las cortezas visual, auditiva y motriz. Aumenta el volumen y la actividad en el cuerpo calloso, el haz de fibras nerviosas que unen el hemisferio derecho y el izquierdo, dado que al tocar un instrumento se ven favorecidos el desarrollo y la salud de ambos. Todo esto es aún más notorio cuando quienes hacen música son niños.

Un estudio llegó a la conclusión de que niños de entre cuatro y seis años que habían tomado un año de clases musicales tenían un desarrollo cerebral más avanzado y una memoria más amplia que otros niños de su edad que no habían tomado clases de música. Lo más sorprendente para los autores fue que este mayor desarrollo no beneficiaba a los niños solo en el aspecto musical, sino también en habilidades como la alfabetización, la memoria verbal, las matemáticas, el procesamiento visoespacial (la capacidad de representar, analizar y manipular objetos mentalmente) y el coeficiente intelectual.

Hacer música, beneficios cerebrales a largo plazo

Por su parte, varios trabajos liderados por la investigadora Brenda Hanna-Pladdy, de la Universidad Emory, con sede en Atlanta, Estados Unidos, apuntan que interpretar instrumentos musicales tiene beneficios acumulativos y a largo plazo. De acuerdo con estos textos, hacer música reduce –más que otras actividades– el riesgo de padecer problemas de memoria y de deterioro cognitivo en la etapa final de la vida.

En particular, en pruebas realizadas con personas mayores de 60 años, la memoria no verbal, el recuerdo de nombres y el desarrollo de procesos ejecutivos cerebrales fue mucho mejor en quienes habían tocado instrumentos al menos durante una década que en quienes no lo habían hecho. Las conclusiones de estos estudios fueron consideradas un “hallazgo emocionante” por parte de Hanna-Pladdy.

El motivo es que fortalecen la idea de que “los altos niveles educativos pueden generar reservas que retrasarían la aparición de los síntomas de Alzheimer o el deterioro cognitivo”. En el mismo sentido, también sugieren que la actividad musical puede formar parte de ese enriquecimiento cognitivo y obliga a plantearse de qué manera debería integrarse (o modificarse el papel que desempeña) en los sistemas educativos.

Otros beneficios de tocar instrumentos musicales

Además de los citados beneficios a nivel cerebral, existen varios otros efectos positivos de tocar instrumentos musicales. Algunos de los más importantes se enumeran a continuación.

1. Potencia la imaginación y la creatividad

Quienes tocan un instrumento musical –y, en general, cualquier persona que se dedica a una actividad artística– aprenden a pensar de manera creativa y a resolver problemas gracias a poder imaginar muchas soluciones posibles, rechazando presunciones y reglas anticuadas.

Así lo apunta Carolyn Phillips, exdirectora ejecutiva de la Norwalk Youth Symphony, de Estados Unidos (una de las orquestas sinfónicas de jóvenes más prestigiosas del mundo), en un texto titulado Doce beneficios de la educación musical. ”Las preguntas relacionadas con el arte no tienen una única respuesta correcta“, añade Phillips.

2. Ejercita la disciplina, la paciencia y la perseverancia

En la práctica de la música no interviene el azar: para cumplir los objetivos hay que dedicar tiempo, ser constante y ordenado, practicar muchas horas para que el esfuerzo comience a dar sus frutos. La interpretación de un instrumento es como un trabajo de artesanía: quienes lo estudian, señala Phillips, “aprenden a combinar los detalles de forma minuciosa y a distinguir un trabajo mediocre de uno bueno”.

Esto redunda en un nuevo nivel de excelencia para los aprendices, quienes amplían así sus recursos internos. “A través del estudio de la música, los estudiantes aprenden el valor del esfuerzo sostenido para lograr la excelencia y las recompensas concretas del trabajo duro”, añade la experta.

3. Reduce el estrés y la ansiedad

La idea de que dedicarse a una actividad artística o creativa reduce el estrés y la ansiedad es casi de sentido común. No hay, sin embargo, demasiados estudios científicos que lo corroboren. Uno de los primeros data de 2016 y corroboró un descenso en los índices de cortisol (la hormona que el cuerpo produce ante situaciones de estrés) cuando distintas personas se dedicaron a tareas artísticas.

La directora del estudio, Girija Kaimal, investigadora de la Universidad Drexel, con sede en Filadelfia, Estados Unidos, ha declarado que tanto la ejecución de un instrumento musical como otras disciplinas creativas (dibujar, escribir, bailar, cantar, etc.) contribuyen con el objetivo de reducir la tensión y relajarse.

4. Eleva la autoestima

La práctica de la música, es decir, ser capaz de tocar instrumentos musicales gracias a la disciplina, la paciencia, la perseverancia y el esfuerzo mencionados más arriba, sin duda es una fuente de satisfacción. Una satisfacción que mejora los niveles de autoestima, tal como comprobó un estudio de investigadores iraníes.

De hecho, las conclusiones del artículo –publicado en la revista especializada Procedia– finalizan con la recomendación de incluir la capacitación en instrumentos musicales en los programas educativos, con un doble objetivo: que los niños y jóvenes puedan conocer y beneficiarse de distintas influencias musicales y, sobre todo, aumentar la confianza en sí mismos.

C.V.