Ni Una Menos: zona común para una alianza contra la deuda y la estafa libertaria
Se cumplen 11 años de sostener cada 3 de junio el grito colectivo Ni Una Menos. Hoy nos encontramos en un momento de profundos retrocesos en todos los aspectos de nuestra vida en comunidad que llevaron, desde el primer 3 de junio de 2015, a una movilización masiva. Nos referimos por supuesto a la violencia por razones de género y su abordaje por parte del Estado; pero, sobre todo, a las formas en que esa violencia se imbrica con violencias económicas e institucionales, como las que genera la precarización creciente de la vida de quienes habitamos el suelo argentino.
Desde aquel primer Ni Una Menos, las formas elementales de explicar la violencia se fueron complejizando a partir de la producción de instancias colectivas y transversales de diagnóstico y movilización callejera. Si todos estos años hablamos de trabajo no remunerado, de la extensión de la jornada laboral, de endeudamiento, hoy podemos constatar que esa condición feminizada de la precarización se hizo mayoritaria y transversal. Y debemos sumarle, la torsión tecnofascista del poder económico que reclama territorios de sacrificio para la instalación de centros de datos, realiza vigilancia masiva sobre nuestros comportamientos para volverlos materia prima del algoritmo al mismo tiempo que sostiene un sueño de una sociedad donde las mujeres y niñxs sean de libre acceso para los dueños de todas las cosas.
Sin embargo, no se trata de quedarnos en un inventario de los obstáculos de todo tipo en los que estamos metidxs, sino de hacer una propuesta política. Esa dimensión feminizada de la precariedad, que es ahora una condición común, nos da también una oportunidad histórica para trazar una zona de contacto entre la lucha feminista y los varones jóvenes estafados por la promesa libertaria. Nos referimos a una confrontación en todas las dimensiones posibles (institucionales, callejeras, educativas, impositivas) contra la financiarización de nuestras vidas. Y cuando decimos vida, decimos también imaginación futura.
Hoy vemos cómo la denuncia que hicimos sobre la deuda que se toma por obligaciones de cuidado y para asumir los costos de la vida cotidiana se han convertido en una forma masiva de sujeción. Esta lectura feminista de la deuda que hicimos desde el movimiento Ni Una Menos se volvió un lente privilegiado para entender los efectos de la motosierra sobre todos los géneros y edades. Tal es así que son los jóvenes quienes tienen mayor incidencia en el crecimiento de la tasa de morosidad con fintech y billeteras virtuales. Pero esto no es una casualidad: la habilitación del gobierno nacional para que adolescentes y jóvenes desde los 13 años puedan operar cuentas (comprar bonos, acciones y otros instrumentos) se produjo en simultáneo con la demonización y persecución de la Educación Sexual Integral -ESI (ese espacio que democratiza el acceso a información y habilita el reconocimiento de violencias intrafamiliares pero también que promueve la imaginación sobre otras vidas posibles). Esto señala que la financiarización desde edades tempranas es una forma de intervenir y moldear qué proyectos de vida pueden imaginar los jóvenes.
Son parte del mismo fenómeno, la capilarización de los consumos problemáticos de apuestas online en la adolescencia; también la llamada “ponzidemia” y la irrupción de varones vendecursos, criptobros y otras variantes. Todas demuestran que los horizontes de futuro que una vez organizaron el Estado, la escuela, la familia o los espacios comunitarios hoy son dominio de lógicas tecnofinancieras que SÍ se meten con lxs hijxs de todxs (a pesar de que los aliados del gobierno de ONG religiosas proclaman la consigna “Con Mis Hijos No Te Metas”).
Insistimos, estas lógicas son las que estallan en padecimientos de salud mental de diverso orden y también en una creciente tasa de suicidio que tiene como protagonistas a los varones jóvenes. Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, entre 2017 y 2025 se ha desplazado la franja etárea donde crece la prevalencia de suicidio consumado: se desplazó de entre varones de 15 a 19 a la franja de 20 a 34 con una razón de masculinidad superior a 4 (es decir, 4 varones por cada mujer). En la Provincia de Buenos Aires, desde 2024, los suicidios consumados suman más muertes que los homicidios y los accidentes de tránsito juntos, siendo la principal causa de muerte por razones externas en la población general. Una implosión de la motosierra que desborda el psiquismo de los varones argentinos. No hay pluriempleo que pueda hacer frente al pluriendeudamiento porque la velocidad del interés financiero es infinitamente superior a la velocidad de lo que podés pedalear, manejar o hacer changas para pagar.
Por supuesto que cuando metemos la lupa en cómo la están pasando quiénes cuidan, el diagnóstico se vuelve aún más aterrador: según el último informe de la Cocina de los Cuidados sólo queda vigente el 8% de las políticas de cuidado (solo 4 de 50 que había antes de la llegada del actual gobierno). La Argentina de la motosierra está sostenida con mayor trabajo de cuidados siempre no remunerado.
Anclados en estos datos aparecen los análisis que destacan la menor proporción del voto de las mujeres a los proyectos de ultraderecha. Nos parece que ese es un punto importante a explorar más allá del dato estadístico. De hecho, creemos que antes que biologizar los análisis sobre las brechas generacionales y de género en el voto a Milei se trata de entender qué luchas explican otra sensibilidad en las mujeres pero también en las lesbianas, travestis y trans (que no están ni contabilizadxs en aquellos análisis) con respecto al programa libertario y, entonces preguntarse qué procesos de politización necesitan las masculinidades sobre sus malestares cotidianos.
Las trayectorias vitales de mujeres y de la comunidad LGBTIQ que las acercan a procesos colectivos, redes de apoyo, a los cuidados como tarea históricamente feminizada y aquellos datos que constatan que son las mujeres quienes más usan el sistema público de salud, el transporte y los servicios de cuidado son claves para pensar desde qué recorridos se construyen las sensibilidades que hoy oponen más resistencia al programa libertario. Los feminismos, insistimos, han aglutinado procesos de politización de la vida que permitieron develar esas estructuras patriarcales que sostienen la desigualdad. Para promover esos procesos de politización necesitamos empezar por la escucha.
¿En qué zonas de fronteras tenemos que poner la oreja? ¿Cuáles son los intersticios en los que se quiebran las narrativas de “si querés, podés”, “si lo crees, lo creas” y aquellas que apelan al esfuerzo individual como única condición para el éxito? ¿A qué tasa de endeudamiento se vuelve insostenible la explicación que reduce todo a una falla en el propio esfuerzo? ¿Qué dispositivos colectivos y comunitarios necesitamos reforzar o más bien crear en esta etapa de endeudamiento y virtualización de la vida colectiva?
Tal como dijimos el año pasado, desde Ni Una Menos e Instituto Mascs, estamos abocados a la tarea de revisar las estrategias, narrativas y consignas con las que hemos convocado a los varones. Creemos que para construir un proyecto nacional y popular feminista tenemos que politizar aquellos malestares, padecimientos y frustraciones que han alejado a muchos varones de la participación en nuestro campo político y a otros los han acercado a posiciones reactivas respecto a los feminismos.
Y esa politización de malestares, no podemos pensarla ni de forma aislada, ni autónoma, ni sectorizando aún más las luchas que llevamos adelante. Que los varones encabecen los índices de morbimortalidad por factores externos, que tengan más participación en apuestas online o inviertan en instrumentos financieros más volátiles, dan cuenta del denominador común de una masculinidad armada en torno al riesgo. Por eso, frente al riesgo: los cuidados.
Porque el proyecto político de esta masculinidad cínica, especulativa y anarcolibertaria encuentra su límite, su freno, su NO en aquellos conceptos que los feminismos han politizado: la comunidad, el cuidado, la lucha contra la deuda. Porque ningún pibe nace libertario pero tampoco debe tener la obligación de devenir trader. Porque ser varón no tiene que ser sinónimo de ponerse en riesgo para ganar guita, como ser mujer tampoco tiene que implicar endeudarse para sostener los cuidados.
Este es el momento de actuar, la estafa libertaria empieza a mostrar sus límites, que tienen una imagen contable en la mora generalizada. ¿No sería una buena idea antes que intentar recortar el problema de la mora al balance de bancos y fintechs apropiarnos de la imposibilidad de pago y cuestionar el sistema entero que incluye una deuda externa impagable?
Se trata entonces, de que este 3 de junio salgamos a las calles juntes, invitemos a esos pibes, porque necesitamos politizar y colectivizar estos malestares. Se trata también de salir para exigir políticas que den respuesta a la precariedad en la que se encuentran quienes sufren violencias por razones de género, quienes cuidan, quienes son jóvenes y frente a la incertidumbre solo encuentran a mano instrumentos financieros y discursos anti feministas, quienes necesitan políticas de salud mental que están inexorablemente vinculadas con las violencias económicas. Se trata de armar zonas de contacto para reinventar una vida en común.
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