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Los 7 pecados del papado de Ratzinger

El papa emérito Benedicto XVI

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1. Un currículum inquisitorio

En 1981, Juan Pablo II, la denominación papable de Karol Wojtila, elige a Joseph Ratzinger prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el organismo que vigila y persigue toda sombra de heterodoxia en la Iglesia Católica. Es una de las nueve Congregaciones más antiguas y su nombre anterior muestra de la mejor forma el objetivo con el que la creó Pablo III en 1542: Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición. En la propia página web del Vaticano aseguran que nació “para defender a la Iglesia de las herejías”. Esta definición se transformó varios años más tarde, en 1988, para quedarse en una explicación bastante más ambigüa: “La tarea propia es promover y tutelar la doctrina de la fe y la moral en todo el mundo católico. Por esta razón, todo aquello que, de alguna manera toca este tema, cae bajo su competencia”.

Los 23 años de Ratzinger al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y su amistad con Wojtila lo situaron en las quinielas para convertirse en el nuevo Papa tras la muerte de este último. Sus mayores críticos apuntaban, no obstante, a su elevada edad y a su carácter continuista de las políticas de Juan Pablo II, y creían que era el momento para apostar por un Papado más reformista que podrían conducir otros cardenales como el nigeriano Franzis Arinze o el hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga.

Aunque finalmente aceptó, Ratzinger no buscaba convertirse en Papa. Teólogo, a su edad ya pensaba en retirarse y dedicarse enteramente al estudio. De hecho, tras su elección llegó a declarar: “Hasta cierto punto, le dije a Dios: 'Por favor, no me hagas esto'. Evidentemente, no me escuchó”.

2. Falta de vigilancia en los casos de pederastia

Durante su Papado, Ratzinger tuvo que hacer frente al puede que el mayor terremoto dentro de la Iglesia: los casos de pederastia de distintos sacerdotes. De hecho, Benedicto XVI no solo tuvo que lidiar con lo que habían cometido terceras personas, sino con hechos que él mismo había cometido.

En 2010, el periódico The New York Times destapó que el Vaticano había encubierto los abusos del sacerdote Lawrence C. Murphy a 200 niños sordos en EEUU. Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no hizo nada tras recibir una carta del propio Murphy: “Solo quiero vivir el tiempo que me queda en la dignidad de mi sacerdocio”, decía la misiva.

Ese mismo año se supo además que durante su etapa como arzobispo de Munich y Freising, Ratzinger autorizó que un sacerdote que había abusado de menores y que había sido expulsado del obispado de Essen continuara su labor pastoral.

Todo esto provocó que unos abogados alemanes presentasen ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya una demanda por crímenes contra la Humanidad por ocultar los abusos sexuales.

Por ello, Ratzinger terminó reconociendo que el Vaticano no había sido “vigilante, veloz y decisivo” en lo que a los abusos sexuales se refiere.

3. Negar la protección por dogma

En una gira que realizó por África, aseguró que el problema del SIDA “no se puede resolver con eslóganes publicitarios ni con la distribución de preservativos, que solo aumentan los problemas”. “La única vía eficaz para luchar contra la epidemia es la humanización de la sexualidad”, añadió.

4. Ni un paso atrás contra la homosexualidad

“Opuesto al bien común”. Es lo que opina Ratzinger del matrimonio homosexual. Durante un viaje a Fátima, Benedicto XVI afirmó que el único matrimonio respetable es el “indisoluble entre un hombre y una mujer”. En esa misma línea, en enero del año pasado aseguró que el matrimonio entre personas del mismo sexo supone una amenaza grave contra la familia tradicional que potencian.

También en África, además, Ratinzger dio su bendición a la presidenta del Parlamento de Uganda, Rebecca Kadaga, que en su día defendió endurecer el tratamiento penal de la homosexualidad y hasta contemplaba la pena de muerte en algunos casos.

En otra ocasión se mostró contrario a la la Ley de Igualdad del Gobierno británico que prohíbe la discriminación laboral de los homosexuales.

5. Creerse con derecho a elegir la vida de los demás

Al igual que el matrimonio homosexual, Ratzinger opina que el aborto es contrario al “bien común”. En una de sus visitas a España, el pontífice atacó a los defensores del aborto y los acusó de creerse “dioses” a los que les gustaría “decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias”.

Para él, el aborto es un “mal intrínseco del que todas las personas deben tomar conciencia”. Es, en su opinión, “la injusticia más grave, porque suprime la vida humana naciente”.

6. Impedir la muerte digna

La eutanasia o muerte digna era, para el expapa, “uno de los síntomas más alarmantes de la cultura de la muerte que avanza en la sociedad del bienestar”. No comprende además el término muerte digna, ya que opina que es una “falsa solución al sufrimiento impropia del ser humano”.

En una entrevista cuando era cardenal, afirmó: “Eutanasia es matar a un hombre y ser matado no es una muerte digna”. “Solo la muerte natural es muerte digna”, defendió.

7. El miedo a perder

En una de sus visitas a España, Ratzinger no perdió la ocasión de atacar a la II República española. Lo hizo al señalar que en España “ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como se vio en la década de los años treinta”.

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