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Los mensajes de odio contra los palestinos se disparan en las redes sociales

Un miliciano palestino herido en el campo de refugiados Nur Shams, cerca de Tulkarem, en Cisjordania.

Francesca Cicardi

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Después del ataque sorpresa de Hamas en territorio israelí del pasado 7 de octubre, la violencia no sólo estalló en la Franja de Gaza, sino también en las redes sociales, donde ha aumentado el discurso de odio y la incitación a la violencia contra los palestinos, cuya voz es “sistemáticamente” silenciada y censurada, según la representante en la Unión Europea de la ONG 7amleh (Centro árabe para el progreso de las redes sociales), Itxaso Domínguez.

“Desde un primer momento, vimos incitación al odio y llamadas a la violencia para expresar la indignación por el ataque de Hamas, y sentar las bases para la reacción de Israel en la Franja de Gaza y contra los palestinos en general”, afirma a elDiario.es la experta en Palestina. Pero lo preocupante es que “ese odio no se dirige contra un colectivo concreto”, como Hamas o los milicianos armados, sino “contra todos los palestinos, incluidos los árabes dentro de Israel”, que representan poco más del 20% de la población del Estado judío.

Mensajes para incitar y justificar la violencia

Desde el día 7 de octubre “muchos de los llamamientos al odio o incitación a la violencia colectiva han venido de cuentas oficiales israelíes, de miembros de la Knéset (Parlamento)”, denuncia Domínguez. Y las plataformas, como X (antes Twitter), no suelen borrar el contenido de las cuentas oficiales por “interés general, aunque estén llamando a una segunda Nakba”.

Mientras, en el caso de Hamas, al no ser un Estado u organización oficial, el contenido emitido por el grupo o sobre él puede ser eliminado –también de acuerdo a la legislación de determinados países, ya que en Estados Unidos o la Unión Europea es considerado un grupo terrorista–.

La investigadora y autora de ‘Palestina: ocupación, colonización, segregación’ explica que “cualquier intensificación de la violencia en la vida real se traduce en una intensificación de los discursos de odio por parte de los políticos israelíes y sus seguidores”, tal y como ha ocurrido desde el comienzo de la actual guerra en Gaza en muchas redes, desde X hasta Facebook o Telegram.

Además, “muchos de estos mensajes de odio e incitación vienen acompañados de desinformación, para justificar las acciones del Estado de Israel, lo que contribuye a perpetuar una narrativa bastante sesgada”, agrega Domínguez, citando el polémico episodio de los niños decapitados por Hamas en un kibutz del sur de Israel, una noticia de la que se hicieron eco los medios de comunicación de todo el mundo después de que circulara ampliamente en redes sociales, y hasta el presidente estadounidense, Joe Biden, la replicó.

Desde 7amleh “venimos pidiendo a las plataformas que tengan moderadores de contenido que sepan árabe y hebreo y que conozcan el contexto político, necesitan tener gente que esté preparada y que conozca muy bien el contexto”, afirma la representante de la ONG, que pone como ejemplo la diferencia de los filtros de palabras en árabe y en hebreo de Meta. El filtro del árabe “funciona fenomenal y a eso se añaden las peticiones de Israel para borrar contenido, pero Meta dice que el del hebreo empezó a funcionar en 2021 y no está suficientemente entrenado”, por lo que detecta menos palabras sospechosas. “Todo lo que sea discurso de odio en árabe va a ser detectado y eliminado rápidamente, de hecho, hay una sobremoderación” de los contenidos en ese idioma, asegura.

“Discriminaciones del sistema”

“En momentos en que las plataformas tienen que hacer frente a millones de publicaciones por hora, entendemos que recurran a la inteligencia artificial”, dice Domínguez, pero eso conlleva riesgos porque “hay discriminaciones que forman parte del sistema”, de los algoritmos que emplean las redes sociales. Y el riesgo es que esos sesgos también influyen en la vida real: “Hay una clara correlación entre las llamadas al odio y las acciones sobre el terreno”, lamenta la defensora de derechos humanos, señalando que “muchos extremistas israelíes, sobre todo colonos, organizan ataques violentos contra los palestinos en redes sociales y plataformas digitales”, como Telegram, que modera menos su contenido porque está encriptado.

Desde el asalto de Hamas, que mató a unas 1.400 personas y secuestró a más de 200, se han multiplicado los ataques de colonos y de las fuerzas israelíes contra los palestinos en la Cisjordania ocupada, lejos de los focos mediáticos de Gaza. Cerca de un millar de residentes árabes han tenido que abandonar sus hogares en esa región desde el 7 de octubre, según la ONU: unos 800 por el aumento de la violencia de los colonos judíos y de las restricciones de acceso; otros 121 se quedaron en la calle, porque sus casas fueron demolidas por las autoridades israelíes como “medida de castigo” –tal y como la ha calificado la Oficina de Coordinación Humanitaria de Naciones Unidas–.

Asimismo, en estas casi tres semanas, más de 120 palestinos han muerto a manos de uniformados o colonos israelíes en Cisjordania, frente a un soldado israelí asesinado por palestinos.



“Hay violencia organizada por parte de grupos que ya existían desde antes, hay llamamientos a la violencia espontáneos a raíz de los acontecimientos (del 7 de octubre), llamamientos a la violencia por parte de cargos e, incluso, las propias cuentas del Gobierno y del Ejército israelíes han contribuido a estas campañas de violencia”, señala Domínguez en una entrevista por Internet.

Si bien es difícil determinar cuál es el factor determinante detrás del aumento de los ataques en Cisjordania, lo que la experta considera alarmante es que muchas veces la incitación “proviene de miembros del Gobierno o de la Knéset, lo que acaba por legitimar la violencia o contribuir a la difusión” de esos mensajes, si el emisor es autorizado y conocido y tiene muchos seguidores. Y agrega que el discurso violento “tiene como fin la violencia per se, pero también tiene como fin la intimidación, para que todos los palestinos en todos los lugares de la Palestina histórica no muestren su apoyo ni su solidaridad con la causa palestina”.

Persecución de voces palestinas y propalestinas

La ONG Adalah (Centro legal para los derechos de la minoría árabe en Israel) ha documentado casos de acoso, en lugares de trabajo o centros educativos, y más de 160 procedimientos legales abiertos contra palestinos que viven en Israel por “expresar su opinión sobre la situación en el país”. Esos procedimientos incluyen el arresto y la acusación formal por publicaciones en redes sociales, como en el caso de la actriz árabe-israelí Maisa Abd Elhadi –acusada de “incitar al terrorismo y expresar solidaridad con una organización terrorista”, después de haber sido detenida por sus posts en Instagram, red social en la que tiene 27.000 seguidores–.

En estos momentos, la persecución de voces propalestinas es mayor, pero Domínguez señala que es habitual “la censura y el silenciamiento de las voces palestinas” en Internet y en la realidad. “El Gobierno israelí cada día manda miles de peticiones para borrar contenidos no sólo de palestinos, sino de personas que hablen de derechos humanos palestinos, como las ONG”, incluida la propia 7amleh. Especialmente, desde la formación del Gobierno ultraderechista encabezado por Benjamín Netanyahu, “la incitación a la violencia online y su traducción offline ha sido evidente”. Algunos de sus ministros han apoyado a los colonos y se han sumado a ellos en actos provocadores en Cisjordania, o han justificado las acciones de los habitantes de las colonias en los territorios ocupados –ilegales, según Naciones Unidas–.

Los límites entre las redes sociales y la realidad son muy difusos, y cada vez más, por ello la investigadora apela a la responsabilidad de los usuarios y, sobre todo, de los periodistas que replican “los bulos de las redes sociales, que van a acabar afectando de una forma o de otra sobre el terreno”. “Por mucho que los bulos vengan de autoridades o representantes oficiales, como está demostrado que eso también es un arma de guerra, hay que intensificar la salvaguardia” respecto a la información que circula, en redes y fuera de ellas. En este contexto de conflicto, tan polarizado, “si no nos atrevemos a poner en duda la información”, venga del lado que venga, “estamos cayendo en el miedo, en la intimidación”.

No sólo en Israel y en los territorios palestinos cala ese miedo, también en Europa hay intimidación, dice Domínguez: “Hay personas que han sido despedidas de sus puestos en universidades o periodistas por sus posturas sobre Palestina (...) incluso antes de la actual escalada de la violencia, la gente era consciente de que hablar de Palestina tenía consecuencias”.

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