ANÁLISIS
Qué opciones tiene Irán tras el ataque de EEUU e Israel y cómo puede acabar el conflicto
Nicolás Maduro fue secuestrado. Sin embargo, Donald Trump y Benjamin Netanyahu han elegido una estrategia diferente para Irán: bombardear y asesinar así al líder supremo del país, Ali Jamenei, y al mayor número posible de altos cargos del régimen.
Aunque las instalaciones militares iraníes y sus sistemas de defensa aérea también han sido blanco de los bombardeos coordinados de Estados Unidos e Israel, que comenzaron el sábado la mañana, el ataque más significativo de la primera jornada de ataques fue el dirigido contra el complejo de Jamenei en Teherán.
Las imágenes difundidas en las redes sociales mostraban densas columnas de humo saliendo del lugar tras el ataque diurno, y poco después las imágenes de satélite mostraban que había sido intensamente destruido en lo que parecía ser un ataque selectivo.
Trump confirmó el sábado por la noche que Jamenei había muerto y dejó clara su intención: intentar provocar un cambio de régimen en Irán mediante bombardeos y asesinatos sin ninguna justificación en el derecho internacional. Se trata de una táctica preocupantemente fácil de poner en marcha, pero cuyos resultados son profundamente inciertos. La muerte de Jamenei fue confirmada más tarde por los medios de comunicación estatales iraníes.
El verano pasado, durante la guerra de 12 días con Israel, Jamenei había nombrado a tres posibles sucesores en caso de que fuera asesinado. Informes de principios de este mes indicaban que Jamenei había nombrado cuatro niveles de sucesión para puestos clave del Gobierno y el ejército, en un esfuerzo por garantizar la supervivencia del régimen ante un ataque estadounidense-israelí.
“No hay indicios de que Estados Unidos o cualquier otro país vaya a enviar tropas, por lo que el monopolio de la fuerza en el país sigue recayendo en el régimen iraní”, ha dicho H.A. Hellyer, investigador principal del Royal United Services Institute. “La única forma de que eso cambie [es] si se produce un levantamiento con deserciones masivas”.
Los ataques de EEUU e Israel han golpeado Teherán, Isfahán, Kermanshah, Qom y otras grandes ciudades en una amplia operación que comenzó por la mañana, un cambio deliberado con respecto al patrón más habitual de ataques nocturnos, con el fin de lograr un cierto grado de sorpresa operativa. Este domingo han continuado los ataques, con el foco puesto, aparentemente, en Teherán.
Según el ejército israelí, este sábado se atacaron cientos de objetivos en múltiples oleadas, sin que se observaran signos de oposición por parte de lo que quedaba de las defensas aéreas iraníes, ya mermadas tras la guerra del verano pasado y que volvieron a ser atacadas el sábado. Se atacaron objetivos políticos y militares, con 200 aviones de combate israelíes atacando las defensas aéreas y las bases de lanzamiento balístico, siempre según las afirmaciones del ejército israelí.
Durante el último mes, Estados Unidos ha acumulado dos grupos de ataque de portaaviones en la región: el USS Abraham Lincoln en el mar de Arabia, al que se ha unido recientemente el USS Gerald R. Ford en el Mediterráneo oriental. Cada portaaviones cuenta con una flota aérea de unos 75 aviones de combate, mientras que los destructores y submarinos aliados disponen de misiles de crucero Tomahawk, cada uno con un alcance de unos 1.600 km o más.
Irán, reconociendo que se enfrentaba a una crisis existencial para su régimen, respondió lanzando rápidamente misiles balísticos y drones contra Israel y los aliados y bases de Estados Unidos en varios países de la región: Jordania, Kuwait, Baréin, Catar, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, lo que provocó la inmediata implicación de otros seis países en el conflicto.
Aunque el Reino Unido no participó en el ataque estadounidense-israelí, al considerar claramente ilegal el ataque inicial contra Irán, no tardaba en verse involucrado, suministrando aviones de combate para proteger a sus aliados regionales.
Los primeros indicios apuntan a que la lucha, como enfrentamiento militar tradicional, es extremadamente desigual. Alma, un grupo de expertos militares israelí, informó de que Irán había lanzado 25 oleadas de ataques contra Israel a las 17:30 hora local del sábado, mientras que el servicio de ambulancias Magen David Adom de Israel informó de que 89 personas habían resultado heridas.
Una persona murió en Abu Dabi por la caída de escombros de un misil interceptado, mientras que se produjo un incendio en el hotel Fairmont de Dubai tras ser alcanzado. Hasta ahora, parece que las víctimas de la represalia regional de Irán han sido limitadas, aunque para provocar un número elevado de muertes basta con que un misil atraviese los sistemas de defensa en algún punto de este conflicto regional.
De hecho, se han difundido grabaciones de un misil impactando en la base naval estadounidense en Baréin —el nivel de daños causados aún no está claro—, seguido de un único dron de ala delta tipo Shahed que tenía como objetivo una cúpula de radar. Ambos impactos resultan sorprendentes, dado que Estados Unidos había transportado por aire sistemas de defensa aérea Patriot a bases regionales durante el último mes en previsión de esto.
Irán, por su parte, parece haber sufrido un número mucho mayor de víctimas. Una escuela primaria para niñas en Minab, en el sur de Irán, fue alcanzada, causando la muerte de 150 personas, según la agencia de noticias Tasnim del país, en un claro recordatorio de que los llamados bombardeos de precisión a menudo no son precisos y causan numerosas víctimas civiles.
El sábado por la noche, Irán parecía estar tratando de imponer el cierre del estrecho de Ormuz, por el que pasa aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo procedente de Irán y los países del Golfo. Según la Organización Marítima del Comercio del Reino Unido, se estaban emitiendo advertencias a los buques mercantes por radio.
Irán podría intentar minar las dos rutas marítimas de 1,9 millas de ancho con submarinos rusos de la clase Kilo y submarinos enanos de la clase Ghadir, aunque no está claro que una operación de este tipo pueda ser completamente exitosa. La estrategia es tan obvia que es muy probable que Estados Unidos disponga de submarinos en la zona para impedir o interrumpir una operación de sembrado de minas.
Los primeros indicios apuntan a que Estados Unidos e Israel planean una campaña de bombardeos que podría durar semanas, mientras Irán corre el riesgo de agotar su stock estimado de 2000 misiles balísticos. Su capacidad de represalia a gran escala puede durar solo unos días, mientras que Estados Unidos puede llevar a cabo más de 125 misiones de bombardeo al día solo con cada uno de sus portaaviones.
Irán tiene pocas opciones estratégicas viables ahora que se enfrenta a un ataque sostenido. La mejor apuesta para el régimen parece ser intentar soportar las oleadas que probablemente se avecinan, seguir respondiendo mientras pueda y tratar de mantener el control de las calles, dado que Estados Unidos e Israel no han expresado hasta ahora ninguna intención de lanzar una invasión terrestre.
Si ese es el caso, no está claro cómo terminará todo. “Estados Unidos e Israel han iniciado esta guerra con objetivos vagos e inalcanzables, sin base en el derecho internacional y con poco o ningún apoyo de los Estados del Golfo u otros aliados de Estados Unidos”, explica Lord Ricketts, ex asesor de seguridad nacional del Reino Unido.