La tormenta perfecta de otoño para la extrema derecha europea

Jon Henley

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Los resultados de los partidos populistas de extrema derecha y antisistema en las elecciones de este otoño podrían decidir la formación de tres gobiernos europeos, mientras el dividido panorama político del continente sigue fragmentándose.

Las elecciones parlamentarias de septiembre en Eslovaquia, un país de apenas cinco millones de habitantes, podrían ser críticas para el mantenimiento del apoyo europeo a Ucrania frente a la agresión rusa, si dan poder a un proto-populista, Robert Fico, abiertamente a favor de Rusia.

Un mes más tarde, se celebran comicios en Polonia. Las encuestas apuntan a que el partido gobernante, Ley y Justicia, autoproclamado defensor de la clase obrera católica y conservadora, podría formar una mayoría con la Confederación, aún más derechista.

Y cuando los votantes holandeses acudan a las urnas en noviembre, su ya fragmentada política se verá aún más perturbada por un exdiputado democristiano muy popular durante la campaña y su flamante partido antisistema, así como por un grupo que afirma hablar en nombre de los agricultores indignados.

Partidos antisistema

“Son todos partidos muy, muy diferentes”, dice Catherine Fieschi, experta en populismo y extrema derecha. “Lo único que tienen en común es que, en mayor o menor medida, son antisistema. No son fáciles de encasillar ideológicamente, en parte porque se están amoldando a diferentes focos de resentimiento”.

Según Fieschi, el hecho de que cada uno de ellos pueda desempeñar un papel importante en las elecciones de sus respectivos países demuestra lo fragmentada y, en muchos casos, polarizada que se ha vuelto la política europea. “No son aplicables las reglas que se aplicaban hasta ahora y todo es fluido”, afirma. 

“Se está gestando una tormenta perfecta entre una reacción contra el liberalismo económico y una reacción contra la agenda verde”, apunta. “Y la población dice 'votaré esto', luego 'votaré lo otro', después 'no votaré'. Los votantes decepcionados están dispuestos a 'probar algo nuevo' en una especie de consumismo político y en una búsqueda desesperada de protección contra los vientos del cambio”.

Según nuevos datos revelados por The Guardian, casi uno de cada tres europeos votó en contra del sistema el año pasado y, con coaliciones que incluyen o respaldan a partidos de extrema derecha en el poder desde Finlandia hasta Italia, las elecciones de este otoño podrían ser una prueba de fuego para medir el estado de ánimo insurgente, con consecuencias para toda Europa.

El Gobierno prooccidental de Eslovaquia ha mostrado un apoyo incondicional a Ucrania. Sin embargo, a pesar de las acusaciones de corrupción, el Smer-Sociálna Demokracia (Smer-SD), liderado por el ex primer ministro Robert Fico (populista, nacionalista y socialmente conservador), lleva una cómoda ventaja en las encuestas, con un 21%, y no ha descartado la posibilidad de gobernar con el partido República, de extrema derecha y contrario a las minorías, que ocupa la cuarta posición.

Fico, que fue primer ministro de 2006 a 2010 y de 2012 a 2018, antes de ser destituido tras masivas protestas antigubernamentales por el asesinato de un periodista de investigación y su prometida, ha culpado de la invasión rusa a los “fascistas ucranianos” y ha dicho que pondrá fin a la ayuda militar a Ucrania y a las sanciones “inútiles y contraproducentes” contra Rusia.

Por si fuera poco, ha calificado al presidente prooccidental de Eslovaquia de “títere de Estados Unidos”. Aprovechando el sentimiento prorruso de muchos eslovacos (sólo el 40% culpa a Moscú de la guerra, el porcentaje más bajo de Europa central y oriental), Fico ha diversificado de forma radical, oportunista y eficaz la oferta de su partido.

Nuevas fórmulas populistas

“Hasta hace muy poco, la fórmula de oro de los populistas -especialmente los de extrema derecha- era siempre: nativismo, antiinmigración, pro ley y orden, euroescepticismo”, explica Matthijs Rooduijn, politólogo de la Universidad de Ámsterdam. “Eso está cambiando. La respuesta de los gobiernos a la pandemia de COVID-19 es importante para algunos; las cuestiones de género y agrarios lo son para otros. El cambio climático y la agenda ecológica lo son para la mayoría. Para Smer-SD, también lo es la respuesta de Europa a la guerra de Ucrania, y su coste”.

Las elecciones polacas del 15 de octubre serán probablemente las más reñidas, controvertidas y trascendentales de las últimas décadas, ya que enfrentarán a los populistas de derechas de PiS, en el poder desde 2015, y a la opositora Plataforma Cívica de Donald Tusk, sin que ninguno de los dos pueda obtener la mayoría por sí solo.

Los analistas señalan que el resultado podría ser crucial para determinar si Polonia vuelve inequívocamente al redil proeuropeo o sigue su rumbo antiliberal hacia más y más profundas disputas con Bruselas sobre el Estado de derecho.

En sus inicios, hace más de 20 años, el PiS se presentaba como demócrata-cristiano, pero rápidamente viró hacia un conservadurismo cultural, social y nacional en toda regla. Ahora forma parte del establishment y se enfrenta al desafío de la derecha radical.

Por otro lado y aunque no se clasifique como populista, la alianza de extrema derecha Confederación, formada por partidarios del libre mercado, nacionalistas acérrimos y teóricos de teorías conspirativas, cuenta con un 11% en las encuestas, lo que, con el 38% de ventaja del PiS, podría influir en el resultado.

El colíder de la Confederación, Slawomir Mentzen, de 36 años, que se opone a la inmigración, el aborto y los cierres patronales, dijo en una ocasión que sus seguidores estaban en contra de “los judíos, los homosexuales, el aborto, los impuestos y la UE” (posteriormente ha declarado que estaba bromeando). Pero su mensaje central (impuestos bajos, menos gasto social, ausencia de cotizaciones obligatorias para pensiones y sanidad) resuena, especialmente entre los jóvenes, el 40% de los cuales dice que votará a su partido. PiS, según Mentzen, es demasiado intervencionista y demasiado generoso.

La Confederación se ha comprometido a no trabajar con ninguno de los dos principales partidos, lo que abre la perspectiva de una crisis política cuando Europa menos la necesita y, en última instancia, de nuevas elecciones, de las que esperaría salir beneficiada.

“La gente quiere alternativas”

“Es algo recurrente”, afirma Ben Stanley, politólogo de la Universidad SWPS de Varsovia. “El sistema establecido es cíclicamente vulnerable a este tipo de partidos: es el recurso de 'no hemos gobernado antes, así que no somos responsables de este embrollo'”.

En las elecciones de noviembre en Holanda, durante meses pareció probable que los insurgentes dominantes fueran los populistas rurales del Movimiento Campesino-Ciudadano (BBB), que arrasaron en las elecciones provinciales de marzo.

Aprovechando la indignación rural por las políticas medioambientales del Gobierno, en particular un plan para comprar tierras a los agricultores y reducir drásticamente el número de cabezas de ganado para reducir las emisiones de nitrógeno, el BBB ha sacado provecho de la división entre el campo y la ciudad, y del descontento generalizado con los partidos mayoritarios.

Sin embargo, su apoyo en las encuestas alcanzó un máximo del 22% en mayo -el primer puesto- y desde entonces se ha reducido a la mitad, hasta el 11%, mientras un partido nuevo, moderado pero anti establishment ha tomado la delantera. El Nuevo Contrato Social (NSC) está liderado por el exdiputado democristiano Pieter Omtzigt, conocido sobre todo por haber tumbado al Gobierno de Mark Rutte en 2021 por un escándalo en el que 20.000 familias fueron acusadas injustamente de fraude en las prestaciones por hijos a cargo, muchas de ellas por motivos étnicos.

Omtzigt y el partido aún sin construir NSC, con un 19% de apoyos, por delante del liberal-conservador VVD del primer ministro saliente Rutte y de una alianza socialista-verde, también se presenta como diferente. Cas Mudde, de la Universidad de Georgia, los define como outsiders centristas: “Es el candidato centrista, anti-establishment”, señala. “Un político normal y decente que hizo caer un gobierno. La gente quiere alternativas a la corriente dominante -incluidas, quizá, alternativas un poco más tranquilas que los populistas”.

La llegada de Omtzigt, que promete “una nueva forma de gobernar”, podría, sin embargo, hacer estallar el panorama político holandés como lo hizo la de Emmanuel Macron en Francia en 2017. Puede ser difícil formar una coalición y esta resultaría frágil. La volátil política europea es cada vez más compleja.