Debemos construir la ciudad del poliedro

La Villa Olimpica, en el sur de la Ciudad.

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Todas las ciudades globales del mundo –aquellas que, por escala, posición geográfica, demografía y economía participan de manera más decisiva en el proceso que ya nos acostumbramos en llamar “globalización”- comparten desafíos similares. En pleno siglo XXI, sigue siendo urgente y de radical importancia forjar un modelo de desarrollo humano y urbano que articule tres dimensiones centrales: ser sustentable, ser inclusivo, y ser integrador. 

Con sustentable nos referimos a la capacidad de poder sostenerse en el tiempo, tanto desde el punto de vista económico como ecológico. Por inclusivo hablamos de la posibilidad de que aquellos vecinos que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad puedan encontrar el espacio donde desarrollarse y crecer, sin ser expulsados por la ciudad. Y por integrador entendemos la posibilidad de que las distintas culturas e identidades urbanas puedan convivir, conservando y desarrollando sus particularidades, pero integradas en un “todo que supere a las partes”, como suele sostener el papa Francisco. En su libro Evangelii Gaudium, el Papa propone la imagen del poliedro: “ni la esfera global que anula, ni la parcialidad aislada que castra (…) el modelo a seguir no es la esfera, en la que se nivela cada relieve y desaparece cada diferencia; el modelo en cambio es el poliedro, que incluye una multiplicidad de elementos y respeta la unidad en la variedad. Al defender la unidad, defendemos también la diversidad”.

La Ciudad de Buenos Aires no escapa a las dificultades que se nos presentan ante esta escala de desafíos. En el campo especifico de la vivienda y el hábitat, se ha avanzado con una agenda inclusiva e integradora a través de tres políticas motorizadas desde el Gobierno. Estas son las políticas para la integración de los barrios populares, el desarrollo del Sur de la Ciudad, y la intervención activa para la mejora del sistema de alquileres.

Los barrios populares porteños son la expresión más concreta de la desigualdad económica y social que la Argentina fue consolidando a lo largo de décadas. Su traducción urbana y territorial, es una realidad estructural a la que la política de todos los signos ideológicos fue ‘acomodándose’, tratándola en los hechos como parte del paisaje urbano en la aceptación conservadora de una realidad inmodificable. La persistente des-integración de estos barrios con respecto a la Ciudad es, creemos, el atentado mas fuerte contra la Ciudad que Gabriela Massuh rememora en su articulo del 12 de diciembre cuando nos recuerda aquel sueño de una Buenos Aires convertida en un “tablero de mezcla cultural, simultaneidad social y manifestación pública”. 

En los últimos años, el Gobierno de la Ciudad decidió encarar esta temática como una prioridad estratégica, asignando un presupuesto a la política de hábitat que es inédito en la historia de Buenos Aires. Hoy en día tenemos obras terminadas y en marcha que impactan a más de 90.300 personas, en diferentes barrios de forma simultánea, con una escala ampliamente mayor que la de cualquier otra ciudad latinoamericana. 

Esto se llevó adelante mediante un modelo de gestión y gobernanza que busca democratizar las decisiones dando voz y voto a los vecinos y vecinas de los barrios. Todo el trabajo que hacemos en los barrios se hace buscando el consenso de sus habitantes, calle por calle, manzana por manzana, en el marco de un sistema de mesas de gestión participativa institucionalizado y regular. Un proceso de diseño participativo establecido por ley que plantea el desafío de pensar un modelo en conjunto con los actores: un laboratorio de participación popular en los procesos de urbanización que no se había visto en la Ciudad en esta escala, y una democratización en los hechos cuyo objetivo es la integración definitiva de los barrios populares a la Ciudad. Nada está terminado, nunca, en términos de participación, y todo proceso es perfectible, pero lo construido hasta ahora ha elevado el nivel de la discusión en los barrios e institucionalizado nuevas voces, y multiplicado los dispositivos participativos de manera considerable en varios barrios de la Ciudad.

El desarrollo del Sur de la Ciudad fue otra de nuestras prioridades estratégicas, y esta afirmación es fácilmente constatable recorriendo alguna de sus calles y avenidas principales. Para poner un ejemplo, basta con pararse en la esquina de Escalada y Fernández de la Cruz, donde hace veinte años no existía nada más que un cementerio de autos y solo se veía a lo lejos la torre del Parque de la Ciudad, y ver hoy más de 1700 viviendas nuevas, de las cuales ya están terminadas 1000 y 700 se encuentran actualmente en construcción, orientadas a integrar el Barrio 20, y que además constituyen también un ejemplo de decisión colectiva y diseño participativo, en las cuales han participado organizaciones y referentes de todo el arco político. 

En esa misma esquina, mirando en diagonal, cualquier vecino puede observar una escuela que hoy sería la envidia de cualquier institución educativa, pública o privada, de la Argentina y Latinoamérica; y atrás de esa misma escuela, existe hoy la nueva comisaría comunal de la Comuna 8 -fuertemente equipada con la mejor tecnología que permite un mejor desempeño de los trabajadores de la seguridad- y el Hospital Grierson, que también está dotado de las mejores capacidades humanas y técnicas para un combate como el que hoy se da contra la pandemia. Muy cerca se encuentra también la Villa Olímpica, tal vez el único ejemplo desde la vuelta de la democracia de mixtura social urbana, en la cual ya se encuentran viviendo vecinos de clase media provenientes del resto de la Ciudad, pagando créditos que hoy son más baratos que cualquier alquiler, en conjunto con otros vecinos de Villa 20 ya mudados al predio. 

La Ciudad de Buenos Aires avanzó también con una serie de medidas para facilitar, simplificar y abaratar el proceso de alquiler para los vecinos de toda la Ciudad. Se construyeron nuevas herramientas para mejorar el sistema de alquileres de inmuebles para vivienda, multiplicando la oferta de garantías públicas, eliminando la comisión inmobiliaria para inquilinos, abaratando desde el primer mes el acceso a los alquileres, incluso comparándolo con el estado de situación del mercado inmobiliario en los municipios lindantes. 

Estas tres líneas de trabajo respectivas al hábitat son ejemplos de una mirada más amplia de la Ciudad, una mirada cuya esencia se vincula con la “Y” y no con la “O”. No creemos que el clivaje sea Rodrigo Bueno o Puerto Madero, Fraga o Chacarita, Recoleta o Barrio 31.  Es Rodrigo Bueno Y Puerto Madero, Fraga Y Chacarita, Recoleta Y Barrio 31. Es con emprendedores de Palermo Y con trabajadores de la economía popular de Barrio 20, con estudiantes que vienen del interior a vivir a Buenos Aires, extranjeros que la elijen para visitar, y hermanos y hermanas de países que la elijen para emigrar y desarrollar sus proyectos de vida. 

Esa ciudad de la “Y”, esa ciudad cuya esencia es el encuentro y no la profundización de las grietas sociales y políticas, está en construcción, y se forja tendiendo puentes, y no levantando muros, entre el Estado, el mercado y la sociedad Civil. Lo avanzado en el desarrollo del Sur de la Ciudad es fruto de las luchas populares, de pequeñas y medianas empresas que apuestan e invierten en el presente y futuro del país, y de un gobierno que se anima a escuchar las demandas sociales, a potenciar lo que existe y a tender puentes donde hasta ahora había muros. Van a pasar muchos años hasta que la tarea esté terminada y con seguridad tenemos espacio para seguir aprendiendo y mejorando, pero creemos que los pasos dados y el rumbo definido son los correctos para forjar una Ciudad verdaderamente integrada y en la cual cada vecino/a pueda desarrollar su potencial personal y colectivo. 

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