SOY GORDA (ESEGÉ)
Forasteros
Leemos a Charles Baudelaire en Las flores del mal, cuando escribe sobre un lugar exótico, lleno de esplendor oriental donde se ama con placer, “un país de soles mojados, cielos nublados y las flores más raras. Su poesía está dedicada a lugares imaginados por niños que contemplan mapas de algún El Dorado prometido por el destino. Habla de lo que observan los marineros ebrios, luego de navegar por alta mar y que reproducen en sus exquisitas memorias. ¡sumergirse en el fondo del abismo, infierno o cielo, no importa, en el fondo de lo desconocido para/ encontrar lo nuevo.
Como Ulises, cuyo propósito es volver mientras se aleja y padece la esclavitud del regreso, otros personajes, cronistas, filósofos han partido de sus lugares natales para contarnos con ojos asombrados qué han visto.
El escritor Roger Bartra (México, 1942) recoge distintas experiencias de ser extranjero. Autor de Melancolía y cultura, Chamanes y robots y El mito del hombre lobo, habla de la experiencia vacía y engañosa del viaje turístico y la del migrante que debe salir de lo familiar y adaptarse a un mundo desconocido. No se trata solo de un movimiento del cuerpo, sino de una confrontación de nuestros orígenes e identidad que producen un distanciamiento emocional y cultural en el viajero.
En un escrito sobre la confianza en uno mismo, Ralph Waldo Emerson opina que quien viaja debe mostrar en su rostro que transporta sabiduría y virtud y que es un visitante soberano, no un intruso. Considera que la falta de una cultura propia o self-culture provoca en muchos estadounidenses una “superstición de viaje”, cuyos ídolos son Inglaterra, Egipto o Grecia. “El hombre sabio permanece en casa”, es allí donde resuelve sus dilemas existenciales.
En la misma línea, el autor de El hombre que se creía jueves, G.K. Chesterton, señala que viajar estrecha la mente y que “todo el objetivo de viajar no es poner el pie en una tierra extranjera; sino por fin poner el pie en el país propio como si fuera tierra extranjera”.
De las vacaciones, regresamos exactamente al mismo punto de partida, con suerte…más descansados. Eso sí, con infinitas publicaciones en las redes. Un veraneo es la búsqueda de un cambio que no cambia nada, opina la filósofa Agnes Callard, en una nota que publica en 2023 The New Yorker. Cuestiona el poder transformador del turismo, donde el libreto se repite una y otra vez: la selfie con un fondo de montaña, la aglomeración frente a una pintura en un museo, la sonrisa eterna, aunque se esté tenso por el cambio de colchón y almohada. El viaje separa el tiempo: el segmento previo, con su anhelo ansioso, lo que sucede después y la melancolía.
La forma más dramática de partir es el exilio. Para el español George Santayana es como un nacimiento heroico, se abandona la (in)seguridad original para llegar a un lugar desconocido. “Para ser feliz, el exiliado debe nacer de nuevo: debe cambiar su clima moral y el paisaje interior de su mente”.
Los modos de ser viajeros son muy variados. Viajar suele fomentar el humor, matar prejuicios y agilizar los pensamientos, claro que esto ocurre si se es flexible y se tiene una disposición a que la realidad novedosa ingrese en nuestro interior.
Entre los pasajeros están los que sólo pueden recorrer de la mano de un guía especializado y los que en 15 días baten el récord de ¿conocer? veinte ciudades distintas. Existen los profesionales que asisten a congresos y se escapan para hallar lo más sublime o curioso y los que programan con detalle excursiones, pero nunca se bajan del bus.
En Diarios de motocicleta, Walter Salles relata en formato audiovisual cómo le cambio la cabeza a Ernesto Che Guevara el viaje por Sudamérica, en su etapa de estudiante prerrevolucionario. En plena época beatnik, Jack Kerouac da testimonio de las vivencias de Sal Paradise con En el camino, una especie de biblia sobre el recorrido desenfrenado por las rutas en busca de jazz, sexo y drogas. Thelma & Louise es el registro ficcional en cine de dos amigas que huyen en auto para liberarse.
Al portugués Fernando Pessoa la idea de viajar le da náuseas. En el Libro del desasosiego, su heterónimo Bernardo Soares escribe: “ya vi todo lo que nunca había visto. Ya vi lo que todavía no vi. El tedio de lo constantemente nuevo, el tedio de descubrir, bajo la falsa apariencia de las cosas y de las ideas, la perenne identidad de todo”.
Para Bartra el viaje está en el inicio de su vida cuando los padres deciden mudarse de México a los Estados Unidos con la meta de dejar la pobreza al cruzar la frontera. Esa vivencia le inyecta un gran amor por el nomadismo, aunque también admite que el viaje es el paraíso de los tontos que sólo buscan el confort.
Michel Onfray da a conocer su Théorie du voyage. Señala que su propuesta es elevar la banalidad del turismo a una experiencia poética, vivir como un flaneur con visiones fugaces totalmente subjetivas. Quien preside la constelación viajera, Julio Verne, no es un gran viajero ni conoce más lenguas que el francés, en tanto que John Locke lee bitácoras para comprobar que los pueblos auténticos no son más bondadosos que el resto de los mortales. Por su parte, Mark Twain lo elogia como el mejor remedio contra el fanatismo.
Durante mucho tiempo a las personas que salían de su terruño se las consideraba raras. Y aunque hoy el viaje por placer es más habitual, es privativo de quienes tienen las condiciones materiales, una minoría, a excepción de quienes viajan para encontrar mejores modos de vida.
Para quien vive en ciudades con forma geométrica llegar a la selva es todo un desafío y para quienes viven en una aldea las metrópolis resultan extravagantes.
El viaje en tren parece ser una novedad perpetua y los objetos comprados, encantadores, en la medida en que no son como los nuestros. La industria del turismo ha deteriorado muchos lugares y los locales la detestan.
El extranjero es un ser lleno de raíces laberínticas que no dejan de crecer. El ensayista palestino Edward Said, un desarraigado que se estableció en Estados Unidos, comprendió que “cuando uno es capaz de abandonar su propio hogar cultural, tanto más fácilmente es capaz de juzgarlo con el desapego y la generosidad necesaria para lograr una auténtica visión”.