El malestar en la escuela media
Desde la recuperación de la democracia hemos asistido a un importante proceso de masificación de la escuela media. Ello ha permitido un sustantivo incremento en el número de egresados. Cuando terminó la dictadura, solo el 30,4% de los jóvenes había culminado el secundario. Un reciente informe de la ONG Argentinos por la Educación mostró que en el año 2024 más del 80% de los jóvenes de 25 años, es decir, 4 de cada 5, poseían el certificado de finalización de los estudios medios. En este proceso jugó un papel importante la ampliación de los años de escolaridad obligatoria dispuesta por las leyes educativas de las últimas décadas. Desde la aprobación de la Ley de Educación Nacional en 2006, el porcentaje de egresados se duplicó. Pero lo paradójico es que, al mismo tiempo que se incrementa el número de estudiantes, también se advierte una creciente desmotivación, aumenta el ausentismo y muchos jóvenes ponen en cuestión el sentido de asistir a clases.
En este contexto, es necesario destacar que la escuela media atraviesa una situación crítica. Por un lado, su masificación no estuvo acompañada por transformaciones socioeconómicas extendidas en el tiempo que hubieran podido significar una mayor inserción laboral de los egresados. El péndulo producido por la irrupción de los procesos en que se aplicaron políticas neoliberales impidió un crecimiento sostenido. En estos 40 años, el PBI per cápita de Argentina se incrementó menos del 15%. Por otro lado, no se produjeron los cambios institucionales, organizativos y pedagógicos que hubieran permitido acercar los saberes que allí se distribuyen a las transformaciones científico-tecnológicas, la evolución de los conocimientos y a los intereses y vocaciones de los jóvenes. Es por ello que no debe extrañar que en los últimos días se hayan dado a conocer distintos trabajos que muestran que la falta de motivación estudiantil es una de las problemáticas más importantes que sufre la escuela media argentina. Según la investigación realizada recientemente por la UCA, más del 80% de los docentes encuestados manifiesta que “la falta de motivación e interés frente a las propuestas de enseñanza aparece como una de las principales problemáticas del nivel medio”. Este fenómeno ha impactado fuertemente en el aumento del ausentismo estudiantil, que en algunos casos ha llegado a niveles alarmantes.
Una parte importante de esta falta de motivación está vinculada a la incertidumbre sobre la utilidad del certificado escolar para el acceso al mundo del trabajo. Los datos referidos a la inserción laboral de quienes terminaron el colegio secundario que dio a conocer el INDEC esta semana muestran que los títulos de la escuela media han perdido su capacidad de garantizar la incorporación a puestos de trabajo calificados. Quienes han culminado el secundario, pero no alcanzaron el certificado de finalización de la educación superior, son más de la mitad del total de los desocupados (52%). Al mismo tiempo, para quienes logran acceder al trabajo, la finalización de la escuela media tampoco les asegura la inclusión en el mercado formal. El Panorama del Empleo realizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, sobre estos mismos datos del INDEC, muestra que la tasa de informalidad de los egresados del secundario es del 42,1%, muy superior a la tasa del 16% de trabajadores informales que tienen los universitarios. Entre los jóvenes, estas dificultades se agudizan y más que duplican las tasas de desocupación e informalidad de las otras franjas etarias. Cabe destacar que el crecimiento de egresados de la escuela media también mostró un impacto positivo en la ampliación de la matrícula del nivel superior. Desde la instalación de la democracia, la cantidad de alumnos se multiplicó por 5 y la de egresados, por 3.
Los datos muestran que el crecimiento de los egresados de los niveles medio y superior del sistema, cuando está acompañado de un amesetamiento del crecimiento económico y un deterioro persistente del mercado de trabajo, produce una “devaluación de las credenciales educativas” que impacta particularmente en forma negativa entre quienes terminaron el colegio secundario. Los empleadores pueden tomar trabajadores con mayor escolarización abonando salarios de personal menos calificado. Este proceso se denomina “efecto fila”: transitar una mayor cantidad de años en el sistema educativo permite colocarse delante en la fila de buscadores de trabajo, aunque sea para aspirar a empleos que no exigen tanta formación. Muchas investigaciones están mostrando que el aumento del número de graduados universitarios está desplazando a los egresados de escuelas medias a puestos de trabajo que exigen menos calificación. Por supuesto, este proceso tiene un efecto discriminador hacia aquellos jóvenes de sectores sociales que no pueden culminar la universidad.
Junto con la pérdida de importancia del título medio para conseguir un trabajo digno, la falta de motivación estudiantil también está relacionada con un conjunto de causas endógenas a la escuela media que contribuyen fuertemente a que las prácticas y los aprendizajes que allí se producen les resulten muy poco atractivos. Algunas de estas causas no son exclusivas de nuestra realidad y están en debate en todo el mundo, principalmente las vinculadas a las transformaciones tecnológicas, la presencia masiva de las redes y la aparición de la IA generativa. Este tema merecería ser abordado en un artículo especial, ya que es muy complejo. La escuela que conocemos fue creada para otra revolución industrial, muy distinta a la actual, y ello implica, entre otros aspectos, profundos cambios en la formación docente, atendiendo a las nuevas competencias y saberes que se requieren para la enseñanza de las actuales tecnologías.
Pero al mismo tiempo hay un conjunto de propuestas organizativas y pedagógicas que ya fueron incluidas en la LEN, que aún no han sido aplicadas y que mejorarían las condiciones de aprendizaje en las escuelas. En la Ley se disponen transformaciones institucionales sustantivas. Entre ellas, terminar con la modalidad de “profesor/a taxi”; un salario digno; la actualización permanente de contenidos; la formación docente permanente y gratuita; la incorporación de horas rentadas más allá de las que el docente está al frente del curso, la incorporación de roles de tutores y coordinadores de curso para favorecer el acompañamiento, el estudio y la retención de los estudiantes; la creación de espacios vocacionales y extracurriculares para jóvenes; una vinculación más estrecha con el mundo del trabajo; y la atención psicológica y psicopedagógica para quienes la necesiten. Además se incorporó la enseñanza obligatoria de una segunda lengua en todo el trayecto educativo y la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Una escuela media de estas características también debe aumentar los niveles de exigencia y compromiso hacia todos sus protagonistas -estudiantes, docentes y familias- en la convicción de que los aprendizajes y la convivencia que allí se producen son decisivos para el futuro de los jóvenes. Estas asignaturas pendientes constituyen un programa de transformaciones de la escuela media que no se puede postergar más.
La tremenda crisis presupuestaria que está provocando el interminable ajuste que aplica el gobierno de Milei a la educación, el deterioro del salario y de las condiciones de trabajo docentes, el crecimiento de la pobreza entre las familias de los estudiantes, el ataque particular que sufre la escuela técnica, son algunos de los factores que agravan la situación en la actual coyuntura. La política oficial de crítica permanente y estigmatización de la escuela pública y del trabajo docente contribuye a justificar el ausentismo y el abandono. La falta de un proyecto de país con desarrollo inclusivo, que brinde posibilidades de acceso a puestos de trabajo calificados para todos, impide que los estudiantes comprendan la importancia de culminar sus estudios para acceder a la movilidad social ascendente.
La combinación de la insatisfacción de los jóvenes con el presente que les ofrece la escuela media y la falta de expectativas respecto del futuro laboral que les promete el título, puede tener consecuencias más graves que la desmotivación y el ausentismo. Es necesario revertir urgentemente esta situación para evitar que este sentimiento de frustración se convierta en un proceso de creciente abandono escolar. La construcción de una Argentina con más desarrollo, mejor distribución de la riqueza y soberanía necesita de un sistema educativo de calidad al que todos nuestros niños y jóvenes tengan derecho a acceder.
DF/MG
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