Opinión

WhatsApp, un mensaje grupal en forma de lección

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El cambio de política de privacidad en WhatsApp, el servicio de mensajería de Facebook que usan más de 2000 millones de personas, levantó polvareda en todo el mundo. Alemania y otros países europeos, Brasil e India reclamaron a la compañía de Mark Zuckerberg que frene la intimación a sus usuarios para que autoricen el cruce de sus datos entre Facebook, Instagram y WhatsApp. El caso canaliza problemas de vieja data impregnados a la genealogía de Facebook y también muestra el errático comportamiento de los poderes públicos a nivel mundial sobre el valor de los datos personales y sobre el maltrato a la competencia en la economía digital. Las plataformas de Internet tienen nuevos mensajes en sus casilleros.

En la Argentina, WhatsApp tiene una penetración que supera el 80% de los teléfonos móviles. De las aplicaciones de mensajería, concentra el 95% del mercado en el país. La adopción y masividad de la app es facilitada por la política de “zero rating” por parte de las operadoras de comunicaciones móviles, que bonifican el uso de WhatsApp (y no de otros servicios de mensajería), lo que motiva que especialmente los sectores con menores recursos utilicen masivamente la aplicación. Otro incentivo para la adopción de WhatsApp es la cantidad de servicios de salud, educación, transporte, comercio y producción que la tienen como vía exclusiva de comunicación. Parte importante de la información sobre cuidado y prevención del coronavirus es tramitado a través de esa plataforma, por ejemplo.

En la Argentina, WhatsApp tiene una penetración que supera el 80% de los teléfonos móviles. De las aplicaciones de mensajería, concentra el 95% del mercado en el país.

Este lunes 17 de mayo, el Boletín Oficial publicó el dictamen de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) con una medida cautelar para que Facebook suspenda durante 180 días la puesta en vigor de las nuevas condiciones del servicio de WhatsApp. El fundamento de la cautelar es que con este giro Facebook podría “lesionar la competencia y el interés económico general”, lo que se tramita en la investigación abierta por la CNDC.

Facebook dice que el cambio habilitará anuncios más efectivos y personalizados en sus plataformas. La publicidad es su principal fuente de ingresos. La compañía promete que todos los cambios preservan el cifrado punto a punto de las conversaciones, por lo que Facebook no puede leer los mensajes de la aplicación.

El cambio de política avivó quejas de usuarios, de gobiernos y campañas de servicios de mensajería con y sin fines de lucro (entre los primeros, Telegram; entre los segundos, Signal). Tras la reacción negativa suscitada por el anuncio que tenía pensado concretar en febrero último, Facebook postergó al 15 de mayo su concreción; días antes de esa fecha, anunció que no habría problemas en el uso de la aplicación para quienes no hayan aceptado los cambios –no dijo durante cuánto tiempo-, postergación que la comunicación de la compañía justifica en la pandemia aunque reconoce una mala campaña de comunicación inicial. En la Argentina, según Facebook, el 75% de los usuarios aceptaron ya los cambios.

La información personal que se autoriza a compartir con la nueva política consta de número de teléfono, nombre, perfil; pagos y transacciones financieras; contactos; actualizaciones de estado; cuándo usa WhatsApp y por cuánto tiempo; información sobre cómo interactúa con sus contactos, grupos y empresas; información sobre el dispositivo móvil: carga de batería, proveedor de servicios de Internet, potencia de la señal, modelo de hardware, sistema operativo; dirección IP, que indica la ubicación de la conexión a Internet.

La información personal que se autoriza a compartir con la nueva política consta de número de teléfono, nombre, perfil; pagos y transacciones financieras; contactos; actualizaciones de estado;

Todos esos datos ya son recolectados y administrados por Facebook en servidores y redes en las que aloja el servicio de sus plataformas Facebook, Instagram y WhatsApp. Se trata de datos personales que otras compañías con posición dominante en otros servicios, como Google con el motor de búsqueda y con su sistema operativo Android, también recolectan masivamente.

Desde la perspectiva de Facebook, el cambio busca obtener ingresos por la aplicación de mensajería que adquirió en 2014 y que, siendo masiva, sin embargo no cubre sus costos de funcionamiento. Descartada por la compañía la posibilidad de introducir anuncios en WhatsApp directamente, Facebook busca lubricar el acceso a WhatsApp de las empresas para incrementar aún más el aprovechamiento de la segmentación y personalización de avisos publicitarios y ofertas a sus millones de usuarios de las plataformas que posee.

Desde la perspectiva de los derechos de los usuarios, no obstante, la cesión de mayores volúmenes de datos personales que no son imprescindibles para un servicio de mensajería resulta preocupante.

Desde la perspectiva de los derechos de los usuarios, no obstante, la cesión de mayores volúmenes de datos personales que no son imprescindibles para un servicio de mensajería resulta preocupante.

Pero hay que entender la reacción negativa a esta novedad de Facebook en el marco del crecimiento de la preocupación pública sobre la recolección masiva de datos personales de las grandes plataformas, el tipo de tratamiento que hacen de esa información, su transporte y comercialización. La sensibilidad sobre estas cuestiones, reducida a ámbitos especializados hace un lustro, hoy es parte de la agenda pública al calor de escándalos que tuvieron a estas compañías como protagonistas, con el caso Cambridge Analytica como estandarte.

En este sentido, puede verse en la reacción de algunos actores políticos y sociales a este cambio que ensaya Facebook con el cruce de datos que ya están almacenados en sus servidores -en teoría, en forma no integrada-, cierta sobreactuación que procura lavar la falta de atención a abusos pasados en el manejo de un tema sensible como la información personal de miles de millones de personas por parte de las big tech.

De hecho, este caso echa luz sobre una paradoja extendida en todo Occidente por parte de la política profesional (gobiernos, poderes judiciales y legislativos) y de las organizaciones de defensa de los datos personales: mientras buscan minimizar o revertir la extracción sistemática (muchas veces sin consentimiento) de la información de usuarios de servicios que, como los de Facebook y Google, se presumen gratuitos porque, precisamente, procesan esos datos con fines publicitarios, a la vez exigen a las mismas compañías medidas draconianas para identificar cuentas y para evitar las operaciones de desinformación, la manipulación electoral, el grooming, el trolleo o los discursos de odio.

Ahora bien, dada la posición dominante de Facebook en el sector de las plataformas de redes sociales digitales y en particular en las aplicaciones de mensajería, y los efectos de red propios de la economía digital, los usuarios no pueden elegir libremente las condiciones de servicio.

Además, la política de “zero rating” disuade a usuarios –en especial, los de bajos recursos- de emplear otras aplicaciones que consumen crédito telefónico. El resto de servicios de mensajería, en tanto, no cuentan con el acceso a los datos de Facebook, por lo que la aceptación de estos cambios generará todavía más distorsión del poder de mercado de esta compañía dominante en detrimento del resto.

La bonificación de WhatsApp contradice el principio de “neutralidad de la red”. Si se aprovechara este caso para incluir en el “zero rating” a otras aplicaciones de mensajería, tanto la competencia y la libertad de elección, así como la neutralidad de la red, serían beneficiadas.

Según el dictamen de la CNDC “las demás aplicaciones de mensajería todavía tienen baja penetración, por ello el usuario no puede sustituirla sin perder este medio de comunicación con muchos de sus contactos. Esto genera una fuerte asimetría en el poder de negociación entre el usuario y WhatsApp, por lo que se verán obligados mayoritariamente a aceptar las nuevas Condiciones del Servicio, habilitando de ese modo a WhatsApp a que recopile datos personales excesivos y comparta la información personal de manera indebida con otras aplicaciones del grupo, tales como Facebook e Instagram.”

Así como Facebook amortiguó las críticas recibidas por su controvertida política de edición y moderación de contenidos a través de la reciente creación de una Junta de Supervisión creada como mecanismo de autorregulación, tal vez podría avanzar en el mismo sentido con su (des)manejo de datos personales, que le aporta tantas satisfacciones monetarias como cuestionamientos políticos y sociales.

MB