La conexión misionera
Blender, Rovira y Augusto Marini: una relación que empezó mucho antes de Milei en sobremesas de Dom Pérignon
Si de algo se encargó Carlos Rovira desde que supo hacerse con el poder absoluto en Misiones es de pasar desapercibido. Sobre todo, en Buenos Aires. Mientras otros caudillos provinciales no pudieron evitar ser el foco de los medios nacionales, el líder del hoy “caducado” Frente Renovador de la Concordia transitó el camino inverso, casi como un logro: ejercer el poder desde las sombras mientras administraba la política local con autonomía, sin convertirse jamás en un actor de la conversación pública porteña.
Esa estrategia comenzó a resquebrajarse en los últimos tiempos. Primero, por la rebelión policial de 2024. Un año después, por el affaire Ficha Limpia, que lo convirtió en tapa de Clarín y La Nación. Ahora, por las inéditas tensiones internas que empezaron a aflorar dentro de su fuerza política, pero también por la irrupción de un nombre que, hasta hace poco, pertenecía exclusivamente al mundo de los negocios: Augusto Marini.
El empresario detrás de Blender y Carajo quedó en el centro de la escena después de que su empresa despidiera a trabajadores que reclamaban una recomposición salarial e intimara judicialmente a Tomás Rebord para presentarse a conducir su programa Hay Algo Ahí. El influencer respondió con un extenso descargo en sus redes sociales que cerró con una amenaza cargada de ironía que nadie pasó por alto, dirigida directamente a Marini: anunciaba que, si finalmente hacía el programa, dedicaría un especial a “la provincia de Misiones, su esquema productivo y sistema de financiamiento”.
En la provincia mesopotámica, el nombre de Marini circula desde hace tiempo. No por sus inversiones en medios, sino por la relación personal que construyó con Ramiro Rovira, hijo del hombre más poderoso de la provincia. Ese vínculo, según pudo reconstruir elDiarioAR a partir de distintas fuentes, nació hace años en los veranos compartidos en Punta del Este. Mientras la familia Rovira suele pasar el fin de año en su casa de La Barra, Marini y su esposa lo hacen en una residencia en Portezuelo, cerca del museo Casapueblo de Carlos Páez Vilaró. Entre ambos lugares comenzó a construirse una amistad que terminaría convirtiéndose en la puerta de entrada para los negocios de su holding Cale Group en territorio misionero.
La cercanía entre ambas familias incluso quedó registrada, casi de manera involuntaria, en uno de los videos más difundidos por el propio Marini. Durante la fiesta de revelación del sexo de su futuro hijo, una celebración conocida como gender reveal, organizada en su casa uruguaya, el empresario compartió imágenes de la celebración en sus redes sociales. En una de las secuencias puede verse, de espaldas, al mismísimo Rovira junto a su esposa, Rosanna Spotorno, sentados entre los invitados.
La pista Marini
En la oposición misionera hace tiempo que siguen la pista de Marini. La diputada radical Rosa Kurtz presentó en las últimas semanas un pedido de informes para que el gobierno de la provincia explique la contratación, a partir del año 2020, de una plataforma de telemedicina, propiedad del empresario, utilizada por el sistema público de salud, de nombre AlegraMed. El expediente permanece frenado en la comisión de Salud Pública de la Cámara de Representantes, pero volvió a poner bajo la lupa el negocio más importante del grupo en la provincia.
Según el planteo de la UCR, el contrato fue ejecutado a través de la Fundación Parque de la Salud y contemplaría un esquema de pagos cercano a los US$ 9 por cada usuario registrado. Sobre una base estimada de 350.000 personas inscriptas, la cifra superaría los US$ 3 millones financiados con recursos públicos por fuera de la estructura tradicional del Ministerio de Salud.
En los pasillos del poder misionero circula desde hace tiempo una historia sobre el origen de AlegraMed. Según esa reconstrucción, la iniciativa no surgió originalmente de Marini. La idea habría sido presentada primero por una emprendedora del sector tecnológico a funcionarios provinciales, en momentos en que el gobierno buscaba descentralizar las consultas hospitalarias. El proyecto despertó interés, pero nunca avanzó con su impulsora. Tiempo después, sostienen esas versiones, fue Ramiro quien retomó la propuesta y convocó a Marini para desarrollarla conjuntamente a través de Cale Group.
Más allá de que esa reconstrucción no fue confirmada oficialmente, distintas fuentes consultadas por elDiarioAR coinciden en un punto: la amistad entre el hijo de Rovira y Marini precedió a cualquier sociedad comercial. AlegraMed no habría sido el origen del vínculo, sino su primera expresión empresarial de gran escala. Es decir, Marini no desembarcó en Misiones como un desconocido, con un proyecto propio para ofrecerle al Estado provincial. Ocurrió exactamente al revés: la confianza personal ya existía y fue desde esa relación que ambos comenzaron a explorar negocios conjuntos, empezando por un rubro en el que el empresario bonaerense hasta entonces no tenía antecedentes: la salud.
Es precisamente en ese punto donde comienza a aparecer una pregunta de carácter estrictamente coyuntural. ¿Puede leerse el conflicto salarial en Blender como la expresión más evidente de un flujo de recursos que empezó a modificarse? En medio de un desgaste inédito del espacio que conduce Rovira —rebautizado en abril como Encuentro Misionero—, hay quienes hablan de un escenario de revisión de contratos, inminentes cambios de proveedores y reordenamiento de negocios alrededor del núcleo de poder provincial. Las versiones circulan entre dirigentes de distintos espacios, aunque nadie se anima a confirmarlas públicamente y no existen elementos concretos que permitan establecer una relación directa entre ambos episodios.
En el nombre del padre
El perfil de Ramiro Rovira, de 30 años, ayuda a entender el verdadero trasfondo de esta historia. Desde hace al menos un lustro que el hijo mayor del exgobernador comenzó a tener una participación cada vez más grande en distintos emprendimientos privados con fuerte articulación con el Estado misionero. En febrero pasado, dio un paso poco habitual: aceptó aparecer públicamente como uno de los dueños de Dignos Company, una fábrica de anteojos instalada en el Parque Industrial de Posadas que comparte con su socio Ulises Bestard. En una nota publicada por El Cronista, impulsada por la propia empresa, Dignos proyectó una facturación de US$ 1,5 millones para 2026 y se presentó como un proyecto que busca replicar en la Argentina el modelo de Luxottica, el gigante italiano que controla Ray-Ban y fabrica para marcas como Prada, Chanel, Armani o Versace.
No es el único negocio vinculado al hijo de Rovira. En los últimos años distintas investigaciones periodísticas también lo asociaron con Incertidumbre, una firma creada junto al empresario Joaquín Basanta para la organización de eventos. Basanta es, además, fundador de Agrosustentable, la empresa que instaló una planta elaboradora de bioherbicidas en el Parque Industrial de Posadas y que ganó notoriedad tras convertirse en proveedora del Estado misionero con Bioherb, el producto que el gobierno provincial promovió para reemplazar el glifosato luego de restringir su uso. La iniciativa derivó en una fuerte polémica cuando productores rurales denunciaron la escasa eficacia del bioherbicida y cuestionaron los beneficios que habría recibido la compañía. Basanta, a su vez, también es socio de Marini en IWP SA, una empresa dedicada a la captación, depuración y distribución de agua.
Junto con su hermana Miranda, cuatro años menor que él, Ramiro constituyó en 2022 otra sociedad: Eternal SA. Inscripta con un directorio integrado únicamente por ambos hermanos, la empresa posee un objeto social inusualmente amplio: además de servicios de consultoría, habilita actividades vinculadas con la producción industrial, la elaboración de bebidas, la explotación agropecuaria y forestal, viveros, yerba mate, té, azúcar y una larga lista de emprendimientos comerciales.
Con el correr de los años, Eternal convivió con la aparición de otras sociedades impulsadas por los hijos de Rovira, entre ellas las firmas creadas por Miranda. Ella comenzó a construir su propio perfil empresario desde París con Mima Concept Store. Se trata de una exclusiva tienda de diseño ubicada sobre la Rue du Faubourg Saint-Honoré, a metros del Palacio del Elíseo, cuya actividad llegó incluso a ser destacada por la revista Vogue durante la Semana de la Moda.
A partir de ese emprendimiento, Miranda amplió su estructura societaria en Francia. En noviembre de 2024 constituyó Guarala Company y, apenas un mes después, creó Mima Company, ambas con sede en territorio parisino y bajo su conducción. La novedad llegó unos meses más tarde, cuando Ramiro pasó a integrar una de esas sociedades, formalizando también en Europa la asociación empresarial entre ambos hermanos.
El cabo suelto
Durante más de dos décadas, Carlos Rovira edificó un esquema de poder basado en una regla que rara vez se alteró: acumular influencia sin exponerse. Siempre evitó proyectarse como un empresario y mantuvo su patrimonio lejos del debate público. El desembarco de sus hijos en el mundo de los negocios generó algunas fisuras en esa estrategia y coincidió, además, con un cambio estructural en su rutina.
En 2023, en simultáneo a la asunción de Javier Milei como presidente, Rovira dejó la titularidad de la Cámara de Representantes de Misiones, cargo que había ocupado durante 16 años ininterrumpidos, para pasar a ser un diputado raso más. Desde entonces, quien fuera gobernador entre 1999 y 2007 redujo todavía más sus apariciones públicas y concentró buena parte de su actividad en viajes periódicos a París, ciudad donde reside su hija Miranda y por la que nunca ocultó su fascinación.
Francófilo declarado, hace años que Rovira alterna su residencia en la mansión que levantó sobre la costa del río Paraná, en el barrio El Laurel de Posadas, con largas estadías en Europa. Sin ir más lejos, este jueves se ausentó de la penúltima sesión ordinaria de la Legislatura antes del receso de mitad de año. Su banca vacía no sorprendió a nadie. Según confiaron fuentes misioneras a elDiarioAR, el jefe político de la provincia ya habría hecho las valijas para instalarse, una vez más, del otro lado del Atlántico.
Esa aparente tranquilidad es la que la figura de Marini vino a alterar definitivamente. Es que el crecimiento exponencial del empresario amigo de su hijo Ramiro es imposible de ser explicado a partir de su injerencia en el mundo del streaming. A los contratos ferroviarios obtenidos por su firma Motora Argentina se suman su participación en licitaciones energéticas, inversiones en infraestructura y su desembarco en distintos negocios regulados por el Estado. Una expansión que terminó arrastrando hacia la conversación pública una trama de relaciones que hasta hace poco permanecía fuera del radar de los medios. De pronto, la amistad de Marini con los Rovira, nacida en las sobremesas de champagne Dom Pérignon del verano uruguayo, comenzó a ser observada con lupa por la opinión pública.
Todo ocurre, como si faltara más, en un momento especialmente delicado para el rovirismo. Después de 20 años de liderazgo incontestado, empezaron a emerger tensiones internas que hasta hace poco permanecían completamente ocultas. “Es la primera vez que se le animan”, resume un dirigente provincial que apuesta a que el actual gobernador, Hugo Passalacqua, conforme definitivamente su propio espacio y compita por su reelección el año que viene.
En ese contexto, hay quienes se preguntan, por lo bajo, si el conflicto salarial que derivó en despidos dentro de Blender no constituye la manifestación más visible de una escena que Rovira ya no puede controlar. Más que un socio, Marini parece haberse convertido en un cabo suelto. Un empresario cuya creciente exposición pública terminó iluminando una red de vínculos que durante muchísimo tiempo funcionó con absoluta discreción y que hoy empieza a ir mucho más allá de las fronteras de Misiones.
PL/MG