Para La Cámpora y el PRO, es un acuerdo de dificultades extendidas

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Fue Elisa Carrió, desde su chacra de Exaltación de la Cruz, la que le ofreció una salida inesperada a su histórico puchimbol, Sergio Massa. La jefa de la Coalición Cívica ideó la forma de lograr que el Acuerdo de Facilidades Extendidas con el Fondo Monetario Internacional tenga un trámite más amable en el Parlamento y le dé al gobierno de Alberto Fernández el aire que necesita para cumplir con Washington, al menos en el terreno formal. En nombre de Carrió, el presidente del bloque de la CC, Juan Manuel López, le pidió al presidente de la Cámara de Diputados que diseccione en por lo menos dos artículos el entendimiento con el organismo de crédito que preside Kristalina Georgieva y le allanó el camino al Frente de Todos para la aprobación del pacto con el Fondo. Así, el artículo 1, el memorándum de políticas económicas y financieras, podrá tener un tratamiento distinto que el artículo 2: el memorándum técnico de entendimiento, donde se esconde el diablo de la letra chica. Una cosa es autorizar el refinanciamiento de la deuda monumental en dólares que dejó Mauricio Macri y otra es convalidar el ajuste fiscal y, sobre todo, monetario.  

Consciente de que recibir una ayuda de Carrió podía ser leído como un salvavidas de plomo en el heterogéneo FDT, el jueves pasado, ante los jefes de bloque y las autoridades de la Comisión de Presupuesto, el ex intendente de Tigre aprovechó sus dotes de creativo y le adosó a la iniciativa de Lilita un grupo de socios menos hostiles. En el Salón de Honor de Presidencia, que está pegado a su despacho, Massa sorprendió a varios cuando afirmó que entre los que reclamaban partir el proyecto en dos estaban también el bloque de Consenso Federal. Corrían los minutos y el equipo de Martín Guzmán apuraba los detalles del acuerdo en el Ministerio de Economía. En el Congreso, los primeros sorprendidos fueron los diputados que se referencian en Roberto Lavagna: ninguno había sido autor del reclamo que Massa les endilgaba como forma de blindarse en el frente interno. 

Después de meses de silencio y decepción ante el rumbo del Gobierno, el ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner decidió acompañar al Presidente en esta instancia. Por eso, le hizo llegar a Fernández un breve mensaje por escrito en el que afirma que lograr un acuerdo en este momento es positivo y aparece como una oportunidad que el profesor de Derecho Penal no debe desperdiciar. 

Todavía recordado por haber sido el nombre de la recuperación económica después del sacrificio personal y colectivo que marcó la breve gestión de Jorge Remes Lenicov, Lavagna fue un actor central en la reestructuración de deuda que terminó con una quita del 66% para los bonistas privados. Sin embargo, el más duro en esa negociación exitosa -que dejó como herencia problemática al cupón PBI- era el presidente Kirchner. Diecisiete años más tarde, con Cristina Fernández en la vicepresidencia y Máximo Kirchner como jefe de La Cámpora, el cristinismo advierte en el pacto con el Fondo un nuevo pasaporte a la derrota electoral, en 2023. El silencio de CFK y los videos de Kirchner hijo lo confirman. También la sensación extendida de la que dio cuenta elDiarioAR: en las filas del camporismo, prima la convicción de que el acuerdo que Guzmán acaba de firmar no solo es negativo sino que además es incumplible. Como en un juego de roles, Máximo estuvo ausente el martes pasado, La Cámpora no movilizó en apoyo al Presidente y Eduardo De Pedro vio el discurso desde España, como parte de una gira que tuvo amplia difusión en las señales amigas del Grupo Vila-Manzano. 

Por lo pronto, tal como destacó el portal EconoJournal, Guzmán le dobló la mano al cristinismo y las tarifas de luz y gas aumentarán más del doble de lo previsto: el 10% de mayores ingresos se quedará sin subsidios, los beneficiarios de la tarifa social tendrán una suba del 21,36% y la mayor parte de la población deberá afrontar incrementos del 42,72%. Aún así, achicar la montaña de subsidios que se estima para este año en un mínimo de U$S 14.000 millones parece imposible: lo reconoce a su manera el propio proyecto de Guzmán, en la página 75. “Nuestro escenario base está sujeto a importantes incertidumbres, lo que implica que es posible que las políticas tengan que recalibrarse según corresponda. (...) La intensificación de las tensiones geopolíticas—incluidas aquellas relacionadas con el conflicto en Europa del Este— han aumentado significativamente la incertidumbre alrededor de nuestro escenario base, especialmente para los subsidios de energía. Las condiciones mundiales y regionales podrían empeorar y eso complicaría las perspectivas para Argentina”.   

En el Congreso, anuncian que los 18 diputados de La Cámpora mantendrán su abstención como forma de rechazo pero ponen la lupa sobre todo en la actitud que tomarán los 50 diputados del PRO, que se debaten entre votar por el NO y presentar un dictamen propio. En línea con las críticas del camporismo pero sin ningún tipo de aval al acuerdo se esperan los votos del FIT y de la CC. No se descarta que Florencio Randazzo vote en contra: el ex ministro del Interior duda sobre la letra chica y dice que rechazará tanto el incremento de impuestos como el ajuste sobre los trabajadores. Por lo pronto, la cláusula Carrió puede ser una válvula de escape para la tropa propia y la oposición. Eso al menos piensan en Casa Rosada: que se apruebe el artículo 1 y que las abstenciones se hagan oír en el artículo 2. 

El lunes a partir de las 14 horas, la comisión de Presupuesto de Diputados espera a Juan Manzur, Martín Guzmán, Miguel Pesce, Sergio Chodos y el encargado de hacer rendir los números finos, el secretario de Hacienda Raúl Rigo. El diputado de Consenso Federal Alejandro “Topo” Rodríguez le pidió al Poder Ejecutivo que no repita el error que cometió durante el tratamiento exprés del Presupuesto y no le traslade al Congreso la responsabilidad por los plazos. Si Guzmán se tomó dos años y tres meses para llegar al acuerdo, dice, el oficialismo no puede ir a apurar a la oposición para que lo apruebe en dos días. Alguien le tendrá que avisar a Georgieva para que su paciencia no se agote antes de tiempo. De lo contrario, el oficialismo puede tropezar dos veces con la misma piedra, ya sin Máximo Kirchner como autoridad de la bancada. 

Al otro lado de la polarización y con un diagnóstico opuesto al de La Cámpora, hay un Macri que vuelve a erigirse como jefe y anfitrión dentro de un PRO que es el que expresa más reservas con el memorándum de Guzmán y el Fondo. El ex presidente, que resolvió ir a pedirle socorro a Christine Lagarde sin consultar a casi nadie y tomar un préstamo que representaba el 1277 % de la cuota de Argentina en el organismo, ahora se viste de riguroso. 

En la última semana, Macri convocó a la plana mayor de su partido y organizó una maratón de reuniones con economistas de Juntos. El sábado 26, en la quinta Los Abrojos recibió a Ricardo López Murphy, Martin Lousteau, Martín Tetaz y el diputado del PRO Luciano Laspina, además vicepresidente de la Comisión de Presupuesto.  

-Una persona del Círculo Rojo que yo respeto mucho me dijo que estoy equivocado. Es un error acompañar el acuerdo, les anunció a manera de bienvenida. 

López Murphy alertó sobre el impacto de la guerra en los precios internacionales. Lousteau, mientas tanto, afirmó que había sido un error adelantar la postura pro entendimiento desde la oposición y planteó la dificultad que representaba ahora para Juntos rechazar un acuerdo que apunta a refinanciar la deuda que -aunque se empeñe en olvidarlo- Macri tomó. La charla duró entre tres y cuatro horas. Ahí Laspina habló por primera vez de la “bomba de tiempo”, una consigna que reiteró unos días más tarde en la casa de Macri en Acassuso y que publicó La Nación el miércoles pasado. En un estado de fastidio tardío, el ingeniero se quejó de las exigencias que el organismo le impuso durante su aventura de gobierno y, con toda seriedad, afirmó: 

-El Fondo es peronista.

A decir verdad, no se trataba de una creación propia ni de una epifanía. A principios de mes, el economista Marcos Buscaglia había titulado así una nota en el diario de los Saguier que Fernando Iglesias se encargó de viralizar. En el artículo, el también columnista de “Odisea Argentina” comparaba el ajuste de casi 4 puntos en un año y medio al que se habían comprometido Macri y Nicolás Dujovne, desesperados ante el festival de deuda que había concluido de manera abrupta en abril de 2018. Además, señalaba el ajuste monetario más cruento que ejecutó Macri y se sorprendía por la ausencia de reformas estructurales que logró el peronismo en el marco de un Acuerdo de Facilidades Extendidas que suele fijarlas como condición. Para convencer a Máximo y a Cristina Kirchner, Guzmán apela sin éxito y a su manera al racionamiento que hacen cerca de Macri. 

Sin embargo, la reforma laboral de facto de la que habló el año pasado el economista Matías Rajnerman se consolidó en el pasaje del macrismo a la pandemia. Los datos de la Cuenta de Generación del Ingreso del INDEC del tercer trimestre de 2021 dan cuenta de la transformación profunda que se dio en los últimos cinco años. En relación al tercer trimestre de 2016, los puestos de trabajo totales aumentaron 325.414, pero como marca el coordinador del Observatorio de Derecho Social de la CTA Autónoma Luis Campos, ese incremento contrasta la suba del cuentapropismo (+433.340) y el empleo estatal (+195.224) con la caída de los asalariados registrados del sector privado (-185.431) y los no registrados (-117.719).

Ni hablar de la pulverización de los salarios a la que suele aludir la vicepresidenta con nostalgia, cada vez que recuerda que el kirchnerismo puro tuvo los salarios en dólares más altos de América Latina y su versión actual tiene uno de los más bajos de la región, medidos al dólar oficial. Lo admite también el proyecto oficial, en su página 19, cuando marca que, entre 2018 y 2019, “los salarios privados acumularon una caída en ambos años de 17%, los públicos de 18% y los no registrados del 27%”.

Tan importante como eso, el acreedor privilegiado de la Argentina logra legitimar con este acuerdo una deuda monumental que no pasó por el Congreso, no cumplió con al menos tres de las cuatro condiciones que fija el Fondo para acceso excepcional, no logró ninguno de los objetivos que se había fijado y favoreció la fuga de capitales, tal y como lo reconoció el organismo en su reciente Evaluación Ex Post. Al contrario, el FMI pasa a monitorear en forma estricta los movimientos de su deudor. 

Enemigo de las metáforas bélicas para hablar de Economía, el sucesor de Dujovne, Hernán Lacunza, coincide en que el Fondo es más benévolo con el FDT de lo que fue con Cambiemos porque amplía el financiamiento neto para el Gobierno con un desembolso inicial y no exige un ajuste fiscal para los próximos dos años de las dimensiones del que ejecutó Macri. Sí impone un recorte fenomenal de la emisión monetaria en apenas un año: del 3,7% del PBI en 2021 al 1% en 2022. En el PRO se quejan de que el hachazo más grande le tocará afrontarlo al próximo presidente, junto con una curva en ascenso de los vencimientos de deuda que en 2025 llegan otra vez a U$S 15.000 millones por la reestructuración de Guzmán con los bonistas privados. En paralelo, a partir de 2024, la reducción del déficit fiscal que en 2022 y 2023 ronda el 0,5% del PBI duplica su exigencia y pasa a ser del 1%.

Según los números que Lacunza y Laspina presentaron en la casa de Macri frente a Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal, unas horas después de que el PRO hiciera el acting de retirarse indignado en el momento en que Fernández aludía a la querella criminal por el endeudamiento, a partir de 2024, la deuda total rondará los 14 puntos del PBI. La mayor parte -unos 12 puntos- será en pesos, lo que obligará a reestructurarla o reperfilarla. 

El PRO sostiene que el memorándum que presenta Guzmán es apenas un puente de plata para que Fernández llegue al final de su mandato y no resuelve ningún problema estructural. Por eso, impulsa la presentación de un dictamen propio por parte de Juntos y evalúa abstenerse o votar en contra del acuerdo. En cambio, la CC y la UCR respaldan la salida del default y asumen a su manera la responsabilidad por la deuda que tomó el experimento de gobierno conducido por Macri. 

Mientras el egresado del Cardenal Newman vuelve a conducir en los hechos la orientación del PRO, Rodríguez Larreta queda enredado una vez más en la madeja de los duros. El jefe de gobierno porteño retiró sus diputados junto con el bloque de Ritondo y puso de malhumor a los asesores que le recomiendan no perder el centro. Larreta confía en que podrá reubicar un jarrón chino en un lugar discreto y sus colaboradores dicen que Macri no puede ni pensar en competir en las próximas presidenciales. Si lo hace, sostienen, solo puede ganar la interna del PRO para después perder las generales en favor del candidato que surja de las hipotéticas  PASO del Frente de Todos. No dejaría de ser curioso: así, arruinaría los planes de Larreta y le dejaría, al mismo tiempo, la pesada herencia que ahora denuncia al próximo presidente peronista.

DG