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El Cositorto de Catamarca: auge y caída de Edgar Adhemar Bacchiani

En uno de sus picos de notoriedad, Edgar Adhemar Bacchiani explicaba los supuestos secretos para ganar dinero con inversiones en criptomonedas.

Miguel Velárdez

Tucumán —

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Primero cayó Leonardo Cositorto. El jefe del conglomerado Generación Zoe es investigado en la Justicia en Córdoba, Corrientes, Santa Fe, Salta y en el fuero federal de Comodoro Py por lavado de dinero y estafas. Estuvo dos meses prófugo hasta que Interpol lo atrapó en República Dominicana y ahora está preso en una cárcel cordobesa. Después de Cositorto cayó Edgar Adhemar Bacchiani, en Catamarca. También fue denunciado en las provincias de Tucumán y de Córdoba por los mismos delitos. También está preso, pero en la cárcel de Miraflores, en territorio catamarqueño. También tenía miles de seguidores que apostaron su dinero a una ilusión de fortuna rápida como les prometieron con las criptomonedas. 

La vida de Edgar Adhemar Bacchiani parecía estar signada por el éxito; todos sus movimientos estaban marcados por los códigos del marketing, y alimentaba esa imagen con viajes a Miami, organizaba fiestas de su empresa con bandas en vivo, compraba las entradas más costosas para ver de cerca a los conciertos de los Rolling Stones, usaba las cuentas bancarias para contratar a los famosos ex futbolistas que promocionaban su empresa, dedicaba horas a los masajes semanales de relajación con piedras calientes, y salía por las calles de Catamarca en una Ferrari impecable que despertaba la envidia de muchos en el norte argentino. Sin embargo, todo eso se esfumó de un día para el otro, como quien hace un chasquido con los dedos. El 22 de abril de este año, el empresario conoció su peor martirio. Tuvo una caída estrepitosa hasta tocar fondo, en la soledad de una celda de la cárcel de Miraflores, en Catamarca, donde, “El Pelado” cumple 57 días de encierro viendo crecer su barba y sin los anteojos de sol que lo hicieron visible en cualquier ámbito en el que solía moverse. 

En la noche del martes 23 de noviembre de 2021, Edgar Adhemar Bacchiani caminó eufórico por los pasillos del Seminole Hard Rock Hotel & Casino en Miami, un lujoso edificio rodeado de palmeras y con temática musical. El empresario, que reside en Catamarca, llevaba una vida exitosa navegando en la cresta de su fama, gracias a las criptomonedas y quería que todos pudieran ver su vida de opulencia y glamour. Estaba a punto de ver en vivo un concierto de los Rolling Stones, a pocos metros del escenario, gracias a una entrada que pagó más de 2.000 dólares. Aquella noche vestía elegante sport, y con los anteojos de sol podría haberse confundido con los que se pasean bajo las luces de la ciudad en la costa de Florida. Nunca antes se le pasó por la cabeza la idea de que exactamente cinco meses después pasaría la primera noche en una celda de la cárcel de Miraflores, en Catamarca. El abogado Lucas Retamozo era uno de sus privilegiados acompañantes de aquella noche en la que, en medio del público, se mezclaron personajes del jet set, ricos y famosos dentro del casino de Miami. El propio Retamozo sería después el abogado que intentaría hacer malabares jurídicos para rescatarlo de la celda.

Aquella noche, Adhemar Bacchiani no pudo contener la emoción, porque estaba a punto de cumplir su sueño de ver a Mick Jagger de cerca, sacó su celular y empezó mostrar la suntuosidad del Hard Rock de Miami con una transmisión en vivo por las redes sociales. Como una estrategia para pescar nuevos clientes y con más de 16.000 seguidores en su cuenta de Instagram, siempre que podía mostraba una vida de placer, relax y entretenimiento. Buscaba contagiar la ilusión de que cualquier mortal podía alcanzar una vida sin sobresaltos, con mucho dinero gracias al bitcoin.

-Acá estamos con el doctor Retamozo y Pucho. Vamos los Rolling Stones- dijo sonriente mirando a la cámara del celular. Vamos los Stones, repitió feliz con una carcajada larga de satisfacción. Esto es tremendo, esto es tremendo, iiiuuuh –agregó, mientras avanzaba bajo las luces de neón en medio del casino.

-Saludá Pucho –le dijo a un acompañante-, es el ganador del premio. 

Luego volvió a apuntar el celular hacia el doctor Retamozo. 

-Doctor Morlaaaa –le dijo riéndose. Con ironía daba a entender que él sentía el mejor en el mundo de las inversiones, como una suerte de Diego Maradona de las criptomonedas y su abogado sería un equivalente al doctor Matías Morla, el abogado, representante y confidente de Maradona. 

Aquella noche fue el cierre de la gira No Filter Tour, un recital exclusivo para 7.000 personas. El hotel Seminole Hard Rock es un impresionante edificio en forma de guitarra, único en el mundo, con 35 pisos y 638 habitaciones fastuosas. Por allí se paseó Adhemar Bacchiani. Muchos catamarqueños tenían la ilusión de alcanzar una vida como la que llevaba el trader. Cenas gourmet, amigos con poder político, autos de alta gama, vacaciones, y miles de seguidores en las redes sociales que lo adulaban todo el tiempo. 

Inclusive el hermano del gobernador de Catamarca cayó en las mieles del encanto carismático del CEO de Adhemar Capital. Esa amistad le abrió más puertas y nadie quería quedarse afuera del círculo de privilegios, que estaba marcado para unos cuantos, muy pocos, como si estuvieran dentro de una burbuja. Andrés Emilio Jalil, hermano del gobernador Raúl Jalil, lo iba a denunciar un par de meses después en la fiscalía federal a quien era su amigo y compadre, por haberlo estafado. En la presentación judicial le reclamaría el pago de $ 16 millones. La denuncia por la que terminó imputado fue por asociación ilícita, intermediación financiera sin autorización, lavado de activos y defraudación. 

-Alto casino ¿eh?... dijo Bacchiani mirando a la cámara del celular, mientras caminaba dentro del hotel hacia el lugar del concierto. El vicio norteamericano –agregó-.

Reía y mostraba a sus dos acompañantes (Retamozo y Pucho). Sus seguidores empezaron a enviarle mensajes. Se sentía un hombre afortunado y solía hacer alarde de los elogios que recibía cada vez que subía un video a las redes. 

-Qué lindo!... para eso es el dinero, para disfrutaaaar. Grande pela... –le escribió @kikinregina.

El empresario disfrutaba interactuar con sus seguidores. Cada vez que le escribían leía en voz alta las preguntas y algunas las respondía de inmediato. Todo el tiempo buscaba rodearse de celebridades. Para promocionar su empresa llegó a contratar a famosos ex futbolistas y personalidades del jet set argentino. Se presentaba en sociedad al lado de ellos y, de ese modo, alimentaba la exposición en las redes sociales. Ariel El Burrito Ortega, Ubaldo El Pato Fillol, Norberto El Beto Alonso, fueron algunos de los que posaron a su lado para promocionar su figura. 

-Tremendo casino –dijo otra vez mirando al celular-. ¿Para dónde hay que ir?, preguntó mareado por tanto lujo del Hotel Hard Rock. -Mirá eso. Es impresionante. ¡Qué locura!, insistió sin cortar el video.

-Te felicito Edgar, los gustos hay que dárselos en vida, le escribió otro seguidor.

En aquel video, Adhemar Bacchiani tenía una barba de tres días, perfectamente descuidada, y la cabeza rapada, tal como se lo conoce en todo el territorio catamarqueño. Casi nunca se quitaba los anteojos de sol, mucho menos cuando estaba por subir un video en sus redes sociales. 

Nacido y criado en el barrio de Caballito, en Buenos Aires. Como su familia materna era de Catamarca, un día armó el bolso y se mudó al norte argentino. En la Universidad Nacional de Catamarca comenzó la carrera universitaria para ser contador público nacional, pero no terminó los estudios. Sus ambiciones iban mucho más arriba que terminar siendo personal de oficina o empleado público. Él mismo contó una vez que empezó en el mundo de las monedas virtuales en 2013, cuando se sentó frente a la computadora y escribió: cómo ganar dinero en internet. 

-Esto es tremendo, -dijo en cámara; llevaba 12 minutos de transmisión repartidos en tres videos en vivo en Instagram-. Traé cerveza y pochoclos, le pidió al abogado Retamozo, antes del concierto de los Rolling Stones, mientras señalaba el lugar dónde debía comprarlas. 

-Qué lindo!! Que lo disfrutes muchísimo, genio!! le escribió @anadelvallevega.

-Qué lujazzzo amigo, agregó @bonibodereau.

-Grande maestro !!! escribió @diegofranciscoramirez.

Al llegar al lugar del concierto, Bacchiani mostró las butacas, los palcos y el escenario. Giraba delante de la cámara, sonriente y feliz. De pie y con el celular en modo selfie, se mezcló entre los fanáticos que empezaban a tomar ubicación y dijo:

-El mejor lugar del mundo. Estamos encima del escenario. Tremendo. Im – pre – sio – nan – te-, dijo deletreando eufórico.

Después de aquel concierto en Estados Unidos, Bacchiani regresó a Catamarca, donde funcionaba su empresa AC - Adhemar Capital SRL. Para ese entonces había inaugurado una sucursal en Tucumán y otra en Córdoba. Sumaba tantos inversores como likes en sus redes sociales. Se movía con soltura ante las cámaras, daba entrevistas en los programas de televisión y, cada vez, subía más fotos y videos en sus redes. En algún momento llegó a decir, mitad en broma y mitad en serio, que en un futuro se convertiría en gobernador de los catamarqueños.

Faltaban cuatro meses para que cayera preso. Empezaba a despedir el 2021 con auto nuevo: una Ferrari roja con franjas negras en el capó, y proyectaba extender su empresa a otras provincias. El 11 de enero de 2022, Bacchiani presentó en sociedad la Ferrari que estrenó por las calles de Catamarca.

-Dos meses con mi hermosa. No hay nada mejor en el mundo –escribió en el posteo de Instagram.

-Felicitaciones Campeón, le escribió uno de sus seguidores. Los elogios se multiplicaron y las manitos, unidas en aplauso, aparecieron en casi todos los comentarios. Sin más demoras, tomó otra foto del volante con la famosa insignia de Ferrari en el centro.

-Sos perfecta mi amor –escribió y le agregó un emoticón con el corazón rojo. 

Adhemar Bacchiani siguió con su negocio virtual. Como si se tratara de una secta religiosa, a sus clientes empezó a llamarlos integrantes de la comunidad adhemariana. Le gustaba mostrar sus adquisiciones como si fueran joyas en una vidriera. Cuatro días después de haber presentado la Ferrari, Adhemar Bacchiani subió otro video en el que mostraba el predio de Wika Night Club, un espacio ubicado en un cerro al que le llaman el balcón de Catamarca. El local estaba derruido, pero Bacchiani dijo que lo había comprado y planeaba una remodelación para reabrirlo con todas las luces y convertirlo en el mejor centro nocturno para fiestas. 

-Acá empieza la barra –dijo mientras recorría el lugar con su celular transmitiendo en vivo. Esto va a ser el VIP. Es una cosa de locos, esto. Es impresionante –comentaba desde lo más alto del cerro con una vista completa de la ciudad a sus pies-. 

Estaba en lo más alto de su fama. Sentía que lo que tocaba se convertía en oro y que cualquier cosa que quisiera comprar la podía tener en sus manos. Despertaba admiración y le enviaban mensajes como “adoptame”. A fines de noviembre del año pasado, Catamarca estaba a sus pies. En aquel tiempo, mientras transmitía desde el cerro, en el local de Wika, se preguntó si podría sacar a la estatua de la Pachamama, que se erige a pocos metros hacia abajo. Se refirió a la estatua como “esa señora gorda”.

-¿Qué posibilidad hay que me saquen a la señora de ahí?, se preguntó enfocando a la estatua. Arquitecto, ¿cuándo abrimos Wika?... creo que voy a hacer mi casa al lado de Wika –agregó-.

Se acercaba el cierre del año y empezó a planificar una gran fiesta para los empleados, gerentes, contadores y abogados adhemarianos. Debía ser bien top, con buenos tragos, en un lugar selecto, con buena música y un grupo en vivo. Así lo pensó y así se cumplió. El 11 de diciembre contrató al músico porteño Pipo Cipolatti. El cantante tocó en vivo en la fiesta de Adhemar para los invitados que salían de la pileta, tomaban un trago en la barra y se acercaban al escenario montado aquella vez en un patio al aire libre. Otra vez, Adhemar Bacchiani empezó una transmisión en vivo. Con el torso desnudo, un vaso de fernet en la mano derecha y el celular, en la izquierda, se subió al escenario para darse el gusto de cantar al lado Cipollatti. Mientras tanto, el músico agradeció la invitación y le deseó buena suerte a la empresa. 

En los brazos, a la altura de los biceps, se hizo tatuar en color rojo una suerte de cinta de capitán con la palabra Bitcoin en el centro, muy visible. Suele usar un anillo en la mano izquierda y dos en la mano derecha. También lleva una pulsera de oro y plata en cada muñeca. En otro video del 20 de noviembre de 2021 reaccionó contra Cristina Kirchner, criticó a Mauricio Macri, y elogió a Javier Milei por la idea de cerrar el Banco Central.

-En mi primera operación de bitcoin parecía un terrorista –comenzó su relato en aquel video de noviembre del año pasado y que todavía puede verse en Instagram-. Tenía que viajar a Buenos Aires para comprar; eso fue en la época la ex presidenta, corrupta, Cristina Fernández de Kirchner y comprar un bitcoin era como ir al Taj Majal, una cosa así, imposible. ¿Qué?, ¿No puede decir que Cristina Fernández de Kirchner era una corrupta? Sí lo es y lo sigue siendo. Va a cobrar una doble pensión de 2 millones y medio de pesos. Chicos, ustedes se matan trabajando por 40.000 pesos y esta mujer, que nos reventó el país, es corrupta, vaga, vive en su casa, va a cobrar 2 millones y medio de pesos; se lo van a pagar ustedes, yo no lo pienso pagar. La operación de compra y venta de criptomonedas aparece en la legislación argentina en diciembre de 2017, con la ley de blanqueo de Macri, otro nefasto. Tanto los Kirchner como los Macri han sido nefastos para Argentina. Yo lo escuchaba a (Javier) Milei, en una época decía que si fuera presidente de la Nación, o tal vez ahora como legislativo, tenga la oportunidad de plantear el cierre del Banco Central de la República Argentina. El Banco Central es uno de los responsables directos de la generación de pobreza en la Argentina. Es el responsable directo de la emisión de moneda y la generación de inflación. 

Así como Retamozo era su abogado de preferencia y amigo de viajes, los números de la empresa estaban en manos de Iván Segovia, su contador de confianza y también amigo de varios años. En noviembre de 2021, comenzó el ruido contra las financieras en Argentina. En abril de este año cayó preso Leonardo Cositorto. En aquel momento, el entorno (contadores y abogados) le aconsejó a Adhemar Bacchiani bajar el perfil con las adquisiciones y sus bienes. En los videos, sus seguidores catamarqueños le preguntaban por la Ferrari y se hacía el distraído. Apenas respondía que estaba buscando un lugar donde polarizar los vidrios. También se jactaba de los millones de pesos que aportaba a la Agencia de Recaudación de Catamarca (Arca), el organismo recaudador de esa provincia. Dijo que estaba inscripto como empresa SRL en ese territorio provincial.

-Tributamos de manera millonaria. Más de 30 millones de pesos le dejamos al Arca en una semana; está bueno que la gente lo sepa –dijo-, porque me inventan peleas con el Gobierno. Y a la AFIP ni hablar; también una fortuna. Van parejitos los dos. No se me enojen, amigos, decía con sarcasmo.

Subía fotos de libros. No se sabe si los leía, pero en esas imágenes aparecían títulos como El hombre más rico de Babilonia, El sentido común emprendedor, 7 hábitos de la gente altamente efectiva, y El poder del optimismo. Todo el tiempo buscaba captar nuevos inversores que pusieran su dinero en Adhemar Capital SRL. Con un discurso optimista, y la paciencia de los pescadores esperaba hasta que llegaban los nuevos inversores. Hace un año, en junio de 2021, como quien lanza su mejor carnada, Bacchiani anunció un gran regalo para los adhemarianos. Es el día del regalo más preciado, dijo. Eran cuatro sorteos súper tentadores: un auto Audi A1 Sportback, 1 viaje al Caribe para 4 personas con todo pago por 14 días, 1 viaje a Disney para 4 personas todo pago por 7 días, y del 4 al 10 premio 1 millón de pesos en monedas de bitcoin.

Bacchiani tiene una colección de fotos con personajes de la farándula, ex futbolistas de la Selección Argentina, y cantantes. Cuando hacía sesiones de masajes con piedras calientes tampoco apagaba el celular. Pedía que lo filmaran recostado en la camilla boca abajo, mientras una empleada le pasaba aceites aromarizantes en la espalda. Este año empezó de la peor manera para Adhemar Bacchiani. En público solía decir que quería dinero, poder y legado. Sin embargo, en los primeros días de enero el Banco Central le pidió a la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) que investigue la actividad de AC SRL. Lo que hizo saltar las fichas en el Banco Central fue que Bacchiani prometía ganancias de 20% mensual en dólares. Decía que Catamarca era Babilonia, porque la gente consume, gasta, invierte, y se capitaliza.

Casi todos los clientes que presentaron denuncias penales contra Bacchiani coincidieron en que pusieron dinero, que vieron ganancias y luego apostaron más. A Leonardo Cositorto lo buscaba Interpol. Llevaba dos meses prófugo acusado por estafas y lavado de activos hasta que en abril lo atraparon en República Dominicana. En medio de ese clima, Adhemar Bacchiani aumentó los videos en vivo para explicarles la situación a sus inversores. Todo el tiempo intentaba llevar tranquilidad y se jactaba de que él seguía en Catamarca sin necesidad de huir de nadie. Pero estallaron las denuncias por cesación de pagos en la sucursal de Córdoba y después en Tucumán.

Las acusaciones contra Adhemar Bacchiani también recayeron en sus principales personas de confianza como Iván Segovia (contador), Francis Alexis Sarroca (gerente), José Armando Blas (socio gerente zonal) y Sofía Esther Aylan (gerente en Tucumán). Los cinco están detenidos por orden de la Justicia Federal, aunque tienen el beneficio del arresto domiciliario como el caso de la tucumana Sofía Aylan, viuda y madre de dos hijos. En la causa también hay otros cinco imputados que eran empleados en AC Capital como la ex mujer de Bacchiani, Celeste Garcés Rusa Zaraeve, Héctor Rodolfo Sagripanti Orellana, Pablo Antonio Sosa, Lucas Bernardo Barrera Oro y María Lihue Banegas.

Los problemas aumentaron cuando se empezó a hablar de dinero, números y porcentajes. En Córdoba le impusieron una caución real de 40 millones de pesos para recuperar su libertad. Los ocho hechos de estafa por los que está imputado Bacchiani representan unos 120.000 dólares y unos 9 millones de pesos. En el caso de Tucumán se comprometía a pagar a los ahorristas intereses de entre el 10 y el 23 por ciento en pesos y del 15 por ciento promedio en dólares cada 30 días, durante seis meses, cumplidos los cuales el inversor podía recuperar el capital o seguir invirtiendo. Tanto en Catamarca como en Tucumán hay personas que tenían el dinero para comprar una casa y lo invirtieron en AC para ganar más dinero y ahora quedaron entrampados. Otros vendieron vehículos para apostar por la financiera. Quienes no alcanzaban el mínimo para participar formaban pozos comunitarios para encomendar su futuro a las criptomonedas. 

En estos casi dos meses de prisión, Bacchiani apenas pudo salir cuatro veces para declaración indagatoria y otra tan solo unos minutos para que pudiera conocer a su hija recién nacida. Siempre salió esposado, con chaleco antibalas y rodeado por efectivos de seguridad. En la cárcel recibió amenazas de muerte. Afuera, muchos de los clientes catamarqueños armaron grupos de Whatsapp para organizar las marchas para reclamar el dinero. Otros impulsaban la idea de prenderle fuego a la Ferrari. Pero nadie sabe dónde está la Ferrari. 

Esta semana, Lucas Retamozo, el abogado que lo acompañó en aquel concierto de los Rolling Stones pidió otra vez el arresto domiciliario para su cliente y amigo. Dijo que, desde la casa, podrá devolver el capital invertido a los clientes. El juez federal catamarqueño, Miguel Ángel Contreras, tiene la última palabra. Por tratarse de operaciones sin documentación oficial, nadie sabe con exactitud cuántos son los clientes damnificados en las tres provincias. Tampoco se sabe el monto real del dinero que movió Adhemar Bacchiani ni adónde fueron a parar esos fondos. El éxito fácil y rápido se esfumó. Los tres locales están cerrados. Las celebridades no volvieron a aparecer a su lado, el poder económico se derrumbó y los seguidores empezaron a pedir su cabeza. Desde el 6 de marzo pasado nunca más subió un video ni una foto, pero su cuenta de Instagram, todos los días, suma nuevos insultos, más o menos de este calibre: 

-Espero que se pudra en la cárcel, escribió @Leun.25

-Se pudrió todo amigo, dijo @emilianopowerpan   

MV

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