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La próxima tormenta del Gobierno: la pulseada de Alberto y Cristina por el gasto

Alberto Fenrández durante una recorrida por Dock Sud

Pablo Ibáñez

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“Cristina no quiere cambiar a Guzmán, quiere que Guzmán cambie”. Casi un aforismo político, la sentencia explica una de las líneas más peculiares de la última carta de Cristina Kirchner: el tramo donde la vice niega que pida la renuncia del ministro de Economía pero, al mismo tiempo, cuestiona la orientación económica que diseña y ejecuta el ministro. Algo así como el problema no es Guzmán, sino lo que hace Guzmán.

Con Guzmán pero “otro” Guzmán es una traducción de la frase que pronuncia un dirigente del Frente de Todos (FdT). Sintetiza la tormenta en el oficialismo, pronosticada pero ya en proceso, que tiene que ver con la magnitud y, sobre todo, el destino del gasto público en lo que queda del 2021 y especialmente el 2022. El año que viene se presume sin pandemia y, por tanto, sin un condicionante extremo que opere como limitación o excusa.

El Presupuesto, que Guzmán envió al Congreso horas después de la paliza electoral, será un ring abierto para ese pulseo interno del peronismo. En esa disputa, que algunas intervenciones anticipan picante, explicitará los alineamientos con los nuevos actores del gobierno y al mismo tiempo pondrá a prueba, luego de la semana incendiaria del renuncismo y el nuevo gabinete, como procesa el FdT una discusión de fondo, conceptual.

Toda la última semana se especuló con un encuentro, mano a mano, entre Máximo Kirchner, Sergio Massa y Guzmán para un primer round sobre el presupuesto. No ocurrió. Para este lunes, el jefe del bloque del FdT convocó a una reunión con un grupo de diputados para definir la hoja de ruta sobre el tratamiento del proyecto. Guzmán la visó a Massa, además, que quiere ir al Congreso a explicar el texto.

Si la postura del kirchnerismo es la que en Radio Con Vos expresó Andrés Larroque, secretario general de La Cámpora y funcionario bonaerense, el tono del debate será intenso. “No creo que haya que entrar en discusiones tecnicistas o de carácter académico. Más allá de las nomenclaturas que se elijan estamos en un contexto que no nos permite amarretear frente a la necesidad de la gente”, apuntó “El Cuervo”, horas después de que Guzmán dijese que aunque la vice afirma que hubo ajuste fiscal, él le dijo que no.

Larroque habló como camporista pero pudo hablar, también, como ministro de Axel Kicillof, que además de gobernador es el cerebro económico de Cristina Kirchner, el gurú a través del cual la vice decodifica la economía argentina. Por eso, cada vez que suena una figura K para reemplazar a Guzmán, se habla de Augusto Costa, el ministro de Producción bonaerense.

En la academia peronista, la discusión simbólica sobre el rumbo económico es entre Guzmán y Kicillof. Los dichos de Carlos Bianco, ex jefe de gabinete kicillofista, se pueden leer en esa clave: “Acá (en la provincia) gastamos hasta lo que no pudimos para sostener la actividad económica”, dijo en una entrevista con el portal El Canciller. Traducción: otros no lo hicieron

Guzmán -al que en el albertismo definen como “desobediente”, a lo que atribuyen la incomodidad que genera en Cristina pero sobre todo en el cristinismo- pone tanto énfasis en defender su criterio de que no hay ajuste como en vindicar la unidad del FdT como un elemento clave en el proceso económico. Por eso, milita la idea de que todos en el gobierno defienden una política económica expansiva y que si hay un matiz, tiene que ver con que en Economía son más cautos respecto a administrar el aumento del gasto para no desatar una crisis inmanejable en materia cambiaria.

En Casa Rosada, con letra de Guzmán, repiten otro argumento del que se hace carne el nuevo jefe de Gabinete Juan Manzur: no es un problema de volumen del gasto, sino de ejecución del gasto. Hay, y el motivo no es solo administrativo, un reproche a la subejecución en Transporte, que está bajo la órbita de Sergio Massa. El presidente de la Cámara se meterá en esa discusión.

Notificaciones

Cristina Kirchner usa Telegram, no WhatsApp, y por esa aplicación cruza mensajes con Guzmán a quien, cada tanto, convoca a su casa en Recoleta o en el Senado. El diálogo, explican en el gobierno y en el Instituto Patria, nunca se interrumpió entre la vice y el ministro. En las horas previas al shock de la renuncia de Eduardo “Wado” De Pedro se produjo un episodio particular: Fernández le planteó a Santiago Cafiero y a Guzmán no presentar el proyecto de presupuesto. Los funcionarios le dijeron que lo recomendable era cumplir la ley. Hubo un ida y vuelta agitado y finalmente, el texto se envió. Una versión dice que la vice no lo había visto antes, algo que niegan en Economía; otra sugiere que a tal punto Cristina intervino que aparece antes un plus de gasto para el 2021, una demanda que luego la vice pone en su carta.

“Guzmán es el único albertista de este gobierno: podría estar cobrando 15 mil dólares por mes en cualquier lado y está acá, metido en este quilombo”, dice un funcionario que orbita, sin habitar el micromundo Olivos, en el dispositivo Alberto. No dice lo obvio: que el plan de Guzmán excede, y quizá ahí esté la matriz de fondo de la disputa con el kirchnerismo, la aventura de ser ministro. Antes de todo el ruido post PASO, un empresario le preguntó un colaborador de Guzmán sobre una expectativa presidencial. “Lo único que quiere Martín es que lo dejen ser ministro”, respondió.

Fue, ese, un cargo que buscó en silencio y con método. Lo sabe, en detalle, el flamante jefe de Gabinete Juan Manzur. En septiembre del 2019, cuando el economista no aparecía en ningún radar como potencial funcionario, hizo una gira por Tucumán donde dio varias charlas. Lo llevó Jorge Neme, luego secretario de Relaciones Económicas Internacionales de Cancillería, y desde la semana pasada, segundo de Manzur en Casa Rosada.

El tucumano, que suele jactarse de que a diferencia de otros gobernadores no tomó deuda en dólares en la era Macri, se perfila como un aliado de Guzmán en la discusión sobre el gasto aunque está en trámite el reordenamiento de las relaciones. El ministro de Economía tuvo, durante este año y medio, un vínculo directo con el presidente, reuniones a solas en Olivos, los sábados por la mañana. En términos futboleros, Guzmán hacía la diagonal y prescindía de la intermediación de Cafiero.

No queda claro como operará ahora con Manzur, al que se presume más ejecutivo y, al mismo tiempo, más vertical al punto que pidió “centralizar”, un vicio de gobernador, la información y los anuncios. El jefe de Gabinete charló con Fernández sobre un nuevo instrumento, similar al IFE. Manzur fue, como gobernador, uno de los que pidió a fines de 2020 que el IFE continúe pero el presidente escuchó el consejo de Guzmán de frenarlo. Antes de irse, Cafiero dejó algunas líneas en borrador de un programa para asistir a un sector intermedio, clase media baja pauperizada, que tiene ingresos de entre 25 y 55 mil pesos anuales. Muchos tienen empleo y hasta en blanco, por eso apuró la suba del salario mínimo vital y móvil.

La duda es cómo llegar a esos sectores de trabajadores, formales o informales, a los que el salario no les alcanza, tienen en general poca capacidad -más allá del voto- de “visibilizar” su disconformidad y no están acostumbrados, quizá incluso culturalmente, a recibir asistencia del Estado. Hay, para ellos, créditos a tasa cero pero es un formato que no termina de entrar.

Este sábado, el presidente contó en una recorrida por Dock Sud que el gobierno estudia lanzar un “instrumento” que no será el IFE pero que apuntará a sectores de bajos ingresos. Prepara, además, una medida para otorgar un bono o mejora extra en materia jubilatoria. “Lo que le falló a Guzmán fue la inflación: estimó 29 y vamos a terminar arriba de 40, lo que rompió toda la previsión de que las jubilaciones le ganen a la inflación y que los salarios se recuperen”, analiza un dirigente del FdT con terminales en el dispositivo K.

Por eso, al final, el fuego kirchnerista se descarga sobre Matías Kulfas, aunque sea Paula Español, la responsable de Comercio Interior.

Con el simil IFE que Fernández puso sobre la mesa en Avellaneda, que alcanzaría a entre 2 y 3 millones de personas, aunque no se sabe si será excepcional o continuo, la Casa Rosada podría desactivar un reproche del kirchnerismo en la previa del debate del presupuesto. Ese debate tendrá, a diferencia de otras discusiones, todavía en carne viva la pelea luego de las PASO, los reproches cruzados, los movimientos que pudieron dinamitar el FdT, esa casa común del peronismo.

PI

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