El Evita en la crisis en el Frente de Todos

Fernando “Chino” Navarro, tras las críticas de CFK: “No tenemos que plantear las cuestiones en términos de demolición. Si te demuele, no ayuda”

Chino Navarro, funcionario del Gobierno y uno de los máximos dirigentes del Movimiento Evita, la organización apuntada por Cristina Kirchner

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En medio de la nueva crisis interna del Frente de Todos, en algo coincidieron Alberto Fernández y Cristina Kirchner: no le enviaron regalo por su cumpleaños del domingo pasado a Fernando “Chino” Navarro, secretario de Relaciones Parlamentarias del Gobierno y uno de los máximos dirigentes del Movimiento Evita, la organización social acusada por la vicepresidenta por el manejo de los planes sociales. “Algunos compañeros de La Cámpora me saludaron”, confiesa entre risas el dirigente a elDiarioAR, buscando bajar la tensión que creció en las últimas 24 horas.

“Las cuestiones que tenemos que dirimir para corregir y mejorar planteémoslas no en términos de demolición, sino de dominio constructivo”, dice Navarro en esta entrevista al caer la tarde del martes, un día después del encendido discurso de Cristina en el acto de la CTA. Desde su oficina en la Casa Rosada, evita personalizar una respuesta a los dichos de la vice. Se reconoce “parte y autocrítico” del Frente de Todos, no cree en la necesidad de una “institucionalización” del espacio –en línea con el jefe de Estado– pero sí está abierto a “discutir cuestiones de fondo”. Es escéptico sobre el futuro del oficialismo hacia el 2023 –aunque esquiva adelantar un posicionamiento electoral– y advierte que si la crisis interna se agrava, el mayor beneficiario es la oposición, con Mauricio Macri a la cabeza.

–¿Cuál es la postura del Evita frente a las críticas de Cristina Kirchner?

–Creemos que en los últimos tiempos ha habido toda una campaña de estigmatización de las organizaciones sociales, de sus dirigentes y sus militantes. Empezó en algunos medios muy opositores al Gobierno, que se extiende también a medios quizás afines al Gobierno, algunos periodistas o comunicadores y muchos políticos de la oposición, pero también dirigentes y funcionarios del propio Presidente. Y bueno, la frutilla del postre fueron las afirmaciones de Cristina en el encuentro de Avellaneda. Y a mí, la verdad, no me sorprende porque me la esperaba. 

–¿Se equivoca la vicepresidenta al acusar al Evitar de “tercerizar” los planes sociales?

–Yo no quiero personalizar porque sería minimizar o simplificar el problema.

–¿Pero cuál es el problema de fondo para ustedes?

–Hay una gran incomprensión del problema que tiene Argentina en términos económicos y sociales. Podés discutir si hay 1.200.000 planes del Potenciar Trabajo, pero no atinás a verificar que hay 10 millones de trabajadores informales en Argentina. Y que si tomas el 100% de la fuerza laboral de Argentina, las personas titulares de programas sociales apenas son el 5%. El tema no es preguntarse cuántos planes hay y quién los tiene, sino por qué hay planes. Porque no crecemos, porque no generamos trabajo hace muchísimos años… Hoy tenemos los mismos trabajadores que en el ‘75, con la diferencia que en el ‘75 teníamos la mitad de habitantes. 

–¿Por qué la vicepresidenta focalizaría el problema en los planes?

Me parece que es más fácil hacerse cargo de señalar el problema de la consecuencia de la tragedia, o buscar responsables de la tragedia en los propios protagonistas, que es el dirigente del barrio. Pero la tragedia la construimos la clase dirigente argentina, empezando por la política de la dictadura para acá. Nos enojamos con los dirigentes del barrio de una organización social que organizan o coordinan programas sociales, que además trabajan en el barrio.

–Se incluye usted mismo, además de a Cristina y a Alberto Fernández en esa clase dirigente. 

–Yo asumí en mi primer cargo público, el 10 de diciembre del ‘83, como secretario del bloque de concejales en el Concejo Deliberante de Lomas de Zamora. Siempre ocupé cargos políticos. Claro que lo tengo que reconocer. Yo siempre digo que “ojalá yo fuera un dirigente social”. Los dirigentes sociales, en los 90, se oponían a la política de achicamiento del Estado, de privatización del Estado, del 1 a 1. Y yo voté a Menem y voté a Duhalde. Pero hay compañeros que parece que no se acuerdan dónde estábamos en el 90, qué hacíamos. Nunca entendimos que había pobreza estructural. Subestimamos la pobreza y subestimamos el problema de estructura de la Argentina. Y todo eso generó un Macri presidente en el 2015.

–¿Y podría volver a generarlo ahora, con la falta de autocrítica y la interna que existe en el oficialismo?

–Sí, puede ser. Lo más grave es que para Macri la solución es la del mercado. Para nosotros la solución la da el Estado más el mercado y el derrame inducido. Fuimos mejores que Macri, o menos malos que Macri, pero no logramos resolver el problema de fondo, ni de pobreza estructural, ni el pleno empleo. No logramos alterar la concentración y la extranjerización de la economía que nace con la dictadura y se consolidó en los ‘90. Para poder hacerlo debemos tener un buen diagnóstico. Y eso es Estado, mercado y organización popular, con los sindicatos, las pymes, el comercio, la industria, pequeños y medianos productores del campo, etcétera. Una democracia viva y mucha comunidad organizada. Y para eso hay que ampliar y construir políticas con programas donde les vaya bien a todos.

–¿Hay que ampliar el Frente de Todos, que hoy está cruzado por las internas?

–Sería importante primero consolidar lo que tenemos, porque si nos seguimos peleando así no vamos a conseguir nada.

–¿Es un Frente de Todos con un gobierno de nadie?

–Esta unidad es rara, es una unidad donde la vivimos peleando. No sé si porque la etapa es excepcional o qué. Yo pienso más que es porque la etapa es excepcional en el mundo, se habla de la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial, el Papa habla de la Tercera Guerra Mundial. Entonces, quizás las discusiones hay que darlas de cara a la sociedad. Pero el debate y la discusión tienen que apuntar a buscar soluciones. Tenemos un presidente que fue elegido por el 49% de los argentinos, que fue propuesto en un tuit de las redes sociales cuando Cristina lo anunció. A mí me alegró porque yo dudaba de la unidad, pero yo reivindico este gobierno, aunque también soy muy crítico. Pero hoy me parece que la forma de ayudar no solamente Alberto, sino al Gobierno y a los argentinos, es que las cuestiones que tenemos que dirimir para corregir y mejorar las planteemos no en términos de demolición, sino de dominio constructivo. Porque si te demuele no te ayuda.

–¿Alberto Fernández es su candidato el año que viene?

–No, no se me ocurre hablar de candidatura. Yo no puedo pensar en modo electoral, te juro. Y sé que faltan meses, pero no puedo porque la situación de Argentina no da para eso. ¿Por qué no podemos ponernos de acuerdo primero en cosas básicas? Me enorgullece que ahora Martín Guzmán esté diseñando y ejecutando la política para acabar con el subsidio a las clases altas sobre las tarifas. 

–Hoy justo Andrés Larroque acusó al Evita de pactar con Guzmán un ajuste.

–Yo te estoy diciendo que el debate público no es lo ideal, pero no me asusta. El Cuervo es de San Lorenzo como yo y como sabemos que no gana, se enoja (risas). Y sé que él dice que nosotros estábamos a favor de que se elimine el IFE, y es así. Pero en el Movimiento Evita había compañeros que estábamos a favor de que continúe. Incluso en el entorno de Cristina había algunos que decían que debía continuar y otros que no. Fue un debate en el seno del Gobierno.

–¿Está en riesgo el Frente de Todos? ¿O creé que más allá de la interna no se va a romper?

–No lo sé. Lo que sí sé es que nosotros priorizamos, empezando por el Presidente, la unidad. Quizás pensamos que era importante la unidad, pero no todos pensamos con la misma intensidad y la misma claridad en la unidad de los argentinos. Quizá priorizamos la herramienta electoral demasiado y postergamos la mirada de la nación. Esto lo digo yo a título personal. 

–Con tantas diferencias estructurales, ¿cómo se imagina que se saldará el debate de acá al año que viene?

–Tenemos que dar los debates estructurales, así como el de la economía popular también hay que hablar de una política crediticia para todas las pymes de Argentina. Son cuestiones que tenemos que atender. Todos puteamos al régimen financiero que viene de Martínez de Hoz, pero no nos hacemos cargo. 

–¿Y por qué no lo cambia Alberto?

–Yo lo planteo como integrante de este gobierno, que tiene a personas. No hay que simplificar, ni en Alberto, Cristina o Juan Pérez. Pensemos en el todo de la Argentina. Mientras estamos hablando, hay millones de argentinos que están volviendo a su casa en Rosario, Santa Fe, en Comodoro Rivadavia… 

–Pero el Gobierno tiene problemas en pasar de las buenas intenciones a la política concreta.

–Hay cosas que estamos haciendo, porque sino pareciera que este gobierno no gobierna. Por eso yo te dije hace un rato que me enorgullece que hoy estemos hablando, después de tantos años, de la política de subsidios. Estamos discutiendo la eliminación de los subsidios a las tarifas de gas y de luz para los sectores pudientes, para los ricos. No es un dato menor. Y estamos creciendo económicamente y hay más trabajo y hay más changa. La economía se mueve, pero nosotros lo queremos más. ¿Por qué? Porque Argentina tiene que bajar los índices de pobreza, los índices de inflación, y subir el salario. 

–Pese a la crítica de Cristina, ¿en esa ecuación ustedes ven necesaria la participación de las organizaciones de la economía popular? 

–No creemos que el Estado le va a resolver el problema, sino las organizaciones sociales, de los pastores evangélicos, de los curitas, de la Iglesia católica, alguna ONG, algún sindicato. Muchas mujeres y hombres bancaron bajo la lluvia, con frío, a millones de argentinos que comían en los comedores populares durante la pandemia. Ahí no llegó el Estado. Da mucha bronca que se hable mal de un compañero porque no hay ni siquiera conocimiento de lo que pasó en el territorio. 

–¿Un Ministerio de Economía Popular sería una solución en ese debate?

–Nosotros lo planteamos hace mucho tiempo. Ya en el 2015 Daniel Scioli, candidato a presidente, lo anunció como parte de su propuesta. Hay que institucionalizar la economía popular, que no es la inversión social, sino que es inversión productiva. No estamos en contra de las políticas sociales porque la situación de emergencia son necesarias e incluso imprescindibles, como fue la que diseñó Cristina con la AUH, pero no se puede transformar en una política de Estado. El Estado tiene apuntalar el trabajo y la producción.

–¿Y el salario básico universal?

–Es una posibilidad. Todo está abierto a la discusión en la medida en que esté ligado al trabajo.

–En ese debate de políticas públicas y en medio de la crisis del Gobierno, ¿es necesaria una mesa de debate del Frente de Todos?

–A mí no me molesta. Pero ya están el Presidente, la vice, el presidente de la Cámara de Diputados, los ministros. Solo hay que ponernos las pilas y gestionar. Empezando por el Presidente y la vicepresidenta en ese orden, porque son la máxima autoridad. 

–Pero no hay tal mesa hoy y la crisis es palpable. Entonces, ¿habría que crearla?

–No sé, es un tema de forma. A mí me preocupa el fondo. Resolvamos el problema. Yo estoy orgulloso de que estemos implementando el fin del subsidio a los ricos con el gas y la luz. Quiero más crédito, no me alcanza con el crecimiento solamente. No alcanza con que anuncien la institucionalización de la economía popular, quiero que haya una institucionalización de verdad, más allá del Movimiento Evita, porque hay 10 millones de laburantes informales. Ahora ya estamos con el gasoducto, terminemoslo en vez de echarnos la culpa. No hagamos como el cangrejo, yendo para atrás. No se maneja por el retrovisor, se maneja por el parabrisas. El retrovisor solo se usa para hacer alguna maniobra.

CC

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