La reconfiguración del Gobierno
Con Ravier como nuevo vocero, Milei empieza a correr a Adorni de la primera línea sin dejar de blindarlo
El desayuno estaba agendado desde hacía varios días. Pero, a esta altura, la agenda ya es parte del mensaje. Apenas terminó la reunión que mantuvo este viernes por la mañana con Javier Milei en la Quinta de Olivos, Manuel Adorni utilizó su cuenta de X para anunciar el nombre del nuevo vocero presidencial: Adrián Ravier, economista y diputado nacional de La Libertad Avanza. El movimiento oficializa un nombramiento sensible dentro del organigrama libertario, mientras deja al descubierto una reconfiguración silenciosa que la Casa Rosada comenzó a ensayar alrededor del jefe de Gabinete: mantener intacto su blindaje político mientras empieza a descargarlo de una de las tareas que más exposición pública le generaron desde el inicio de la gestión.
La secuencia no parece casual. Milei decidió reforzar públicamente el respaldo sobre uno de sus funcionarios de mayor confianza en un momento especialmente delicado. El Presidente lo recibió a solas en Olivos para repasar asuntos de gestión y este sábado volverá a mostrarse junto a él en Rosario durante el acto oficial por el Día de la Bandera. Adorni ocupará un lugar destacado en la primera fila junto a Karina Milei, en una postal que reunirá a prácticamente todo el gabinete nacional y que buscará transmitir una idea de normalidad en medio de una controversia que ya lleva más de tres meses.
Sin embargo, la llegada de Ravier parece reconocer algo que hasta hace poco el oficialismo se resistía a admitir: el caso Adorni modificó el funcionamiento cotidiano del Gobierno. Javier y Karina Milei siguen considerándolo inocente y no tienen intenciones de desplazarlo, pero empiezan a ensayar una redistribución de responsabilidades destinada a reducir el desgaste que implica concentrar en una sola figura la vocería, la coordinación política y la defensa permanente frente a una controversia que no logra cerrarse.
La estrategia de blindaje tiene además una explicación política. En el Gobierno consideran que remover a Adorni en este contexto equivaldría a reconocer una derrota. Sería, según esa lectura, admitir que sus detractores consiguieron imponerle una decisión al Presidente. Milei no parece dispuesto a conceder ese terreno. Mucho menos alrededor de un funcionario que forma parte de su círculo más estrecho de confianza.
El problema es que esa determinación no alcanza para cerrar la discusión. La Casa Rosada logró postergar hasta el 25 de junio la sesión en el Senado que amenazaba con avanzar sobre el jefe de Gabinete, pero la controversia permanece intacta. La propia jefa de bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, sigue siendo la dirigente que más empuja internamente para que los hermanos Milei encuentren una salida política.
En paralelo, Milei y Adorni intentan correr la discusión hacia otro terreno. Cerca del jefe de Gabinete hablan de una “agenda positiva”: una serie de anuncios y gestos de gestión pensados para romper el monopolio que el escándalo patrimonial ejerce sobre la conversación pública desde marzo. No hay, por ahora, un paquete de reformas ambiciosas ni una batería de proyectos de alto impacto. La apuesta es más simple y, al mismo tiempo, más defensiva: transmitir que el Gobierno sigue funcionando y evitar que la figura de Adorni continúe absorbiendo una parte desproporcionada de la energía política del oficialismo.
Los movimientos del jefe de Gabinete en las redes sociales responden a esa lógica. Desde la entrevista que brindó la semana pasada en LN+, donde intentó explicar el crecimiento de su patrimonio, multiplicó los anuncios vinculados a la gestión. Las publicaciones buscan transmitir actividad y evitar un silencio que, en el Gobierno, consideran políticamente riesgoso. El problema es que esa estrategia tiene un alcance limitado. Cada nuevo anuncio termina conviviendo con una discusión que vuelve una y otra vez al mismo lugar.
La dinámica cotidiana de Adorni también se alteró. El centro de gravedad de su trabajo se desplazó hace tiempo. Llega temprano a Balcarce 50, disminuyó sus apariciones públicas y quedó más corrido de las conversaciones políticas que atraviesan al oficialismo. En ese marco, los desayunos en Olivos dejaron de ser una escena administrativa para convertirse en una herramienta política. Ya no se leen como reuniones de trabajo sino como demostraciones de respaldo.
El anuncio del economista Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial forma parte de esa misma reconfiguración: además de exhibir que Adorni conserva capacidad de decisión, Milei necesita demostrar simultáneamente dos cosas: que el jefe de Gabinete sigue siendo una pieza central del esquema de poder y, al mismo tiempo, que ya no es necesario que sea él quien ocupe todos los días el centro de la escena pública. Si la llegada de Ravier busca correrlo parcialmente del desgaste de la vocería, también admite algo que hasta hace pocos meses parecía impensado: el Gobierno empezó a adaptar su funcionamiento a las consecuencias del caso Adorni.
PL/MG