Fue secuestrada en 1977
Murió Lila Pastoriza, sobreviviente de la ESMA y referente de los derechos humanos
La periodista y militante de derechos humanos Lila Pastoriza, sobreviviente del centro clandestino de detención que funcionó en la exESMA, murió en las últimas horas, según confirmaron sus familiares. Su fallecimiento se produjo en un contexto cargado de significación histórica: a 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, fecha que marcó su vida y su trayectoria política y profesional.
Nacida en Mar del Plata, Pastoriza estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde inició su militancia estudiantil a fines de la década del 60. En esos años se incorporó a la Federación Juvenil Comunista y luego a Montoneros. Su compromiso político se entrelazó con el ejercicio del periodismo: integró la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA), fundada por Rodolfo Walsh, una experiencia clave de comunicación en tiempos de censura y persecución.
El 15 de junio de 1977 fue secuestrada por un grupo de tareas y trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros clandestinos de detención y exterminio de la última dictadura. Durante su cautiverio, fue obligada a realizar tareas vinculadas a la construcción de un archivo periodístico, en el marco del sistema represivo que utilizaba a las personas detenidas para trabajos forzados.
Pastoriza permaneció secuestrada durante más de un año, hasta su liberación el 25 de octubre de 1978. Tras recuperar la libertad, se exilió primero en España, donde presentó un informe sobre su cautiverio ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Luego se trasladó a México, donde continuó su actividad política y periodística.
En ese país participó de la Casa Argentina de Solidaridad (CAS) y desarrolló una intensa labor en favor de la liberación de personas detenidas ilegalmente durante la dictadura, entre ellas su entonces esposo, Eduardo Jozami. Su experiencia personal, atravesada por el terrorismo de Estado, se convirtió desde entonces en un motor de denuncia y acción colectiva.
Con el retorno de la democracia, Pastoriza regresó a la Argentina en 1984. Al año siguiente declaró tanto ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) como en el histórico Juicio a las Juntas, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, aportando su testimonio sobre el funcionamiento del aparato represivo.
A lo largo de las décadas siguientes, sostuvo una activa participación en el campo de los derechos humanos. Formó parte de organismos y espacios de memoria, entre ellos Memoria Abierta, el Parque de la Memoria y el Espacio de Memoria que funciona en el predio de la exESMA. También continuó declarando en causas judiciales contra represores, contribuyendo a los procesos de verdad y justicia.
En paralelo, desarrolló una trayectoria periodística en distintos medios, como Página/12 y las revistas Haroldo y Cítrica, donde su escritura mantuvo siempre un fuerte vínculo con la memoria histórica y la defensa de los derechos humanos.
La muerte de Pastoriza vuelve a poner en primer plano una figura central para comprender tanto el horror de la última dictadura como las luchas posteriores por justicia. Su vida, atravesada por la militancia, el exilio y el testimonio, deja una marca persistente en la construcción de la memoria colectiva en la Argentina.
CRM