Crisis en Bolivia: miles de manifestantes marcharon sobre La Paz exigiendo la renuncia del presidente
La crisis política y social en Bolivia sumó este lunes un nuevo capítulo de tensión luego de que miles de manifestantes afines al expresidente Evo Morales marcharan hacia el centro de La Paz para exigir la renuncia del mandatario Rodrigo Paz. La movilización derivó en enfrentamientos con la policía y en una fuerte denuncia del Gobierno, que aseguró haber detectado grupos armados infiltrados entre los manifestantes.
La protesta llegó a la capital boliviana tras seis días de caminata desde distintas regiones del altiplano. La denominada “Marcha por la Vida para salvar Bolivia” reunió a sectores campesinos, indígenas y obreros cercanos a Morales y contó además con el respaldo de la Central Obrera Boliviana y de organizaciones sociales de El Alto.
Los manifestantes avanzaron desde la ciudad vecina de El Alto hacia la plaza Murillo, donde se encuentran la sede presidencial y el Parlamento, mientras efectivos policiales y militares desplegaban un amplio operativo de seguridad con carros hidrantes, barricadas y cordones de contención.
“¡Patria o muerte, venceremos!” y “¡Que renuncie!” fueron algunas de las consignas que se escucharon durante la movilización. En paralelo, continúan los bloqueos de rutas que ya llevan casi dos semanas y que provocaron desabastecimiento de alimentos, falta de combustible y problemas de suministro en hospitales.
El vocero presidencial, José Luis Gálvez, denunció este lunes que se identificaron “grupos que han pasado al uso de armas” dentro de las protestas. Según explicó, las autoridades detectaron la participación de integrantes de los llamados “Ponchos Rojos”, una facción campesina aimara considerada radical y conocida por exhibir armamento antiguo durante sus manifestaciones.
El funcionario mostró además un video difundido en redes sociales en el que un grupo de hombres armados gritaba “ahora sí, guerra civil” en una ruta andina. El Gobierno apuntó particularmente contra Bernabé G.P., un exfuncionario del Ministerio de Defensa que actualmente integraría el comité de conflicto de los Ponchos Rojos.
Por su parte, el viceministro de Régimen Interior, Hernán Paredes, calificó la movilización como “un intento conspirativo” impulsado por Morales para desestabilizar al Ejecutivo y advirtió que las fuerzas de seguridad actuarán contra quienes provoquen daños a edificios públicos o instituciones estatales. “Es una movilización con fines conspirativos, en el límite de la legalidad”, sostuvo el funcionario, quien calculó en más de diez mil personas la cantidad de manifestantes que ingresaron a La Paz.
Mientras tanto, el presidente Paz llegó este lunes por la mañana a la Casa Grande del Pueblo, sede del Gobierno boliviano, en medio de un fuerte operativo de seguridad. La plaza Murillo amaneció completamente vallada y bajo custodia policial y militar.
Las protestas se profundizaron durante las últimas semanas por el rechazo de sindicatos y organizaciones sociales a las medidas económicas impulsadas por el Gobierno, entre ellas proyectos de privatización y reformas laborales. El oficialismo acusa a Morales de promover un escenario de caos para forzar una ruptura institucional, algo que el exmandatario niega.
En paralelo, el Ejecutivo intentó abrir una instancia de diálogo con algunos sectores campesinos y organizaciones vecinales, aunque el principal sindicato agrario no participó de la convocatoria oficial.
La Administradora Boliviana de Carreteras informó que continúan activos más de veinte puntos de bloqueo, principalmente en el departamento de La Paz, aunque también persisten cortes en Oruro, Cochabamba y Chuquisaca.
El conflicto atraviesa así su tercera semana consecutiva y amenaza con profundizar aún más la crisis política en Bolivia, en un contexto marcado por la polarización entre el gobierno de Rodrigo Paz y el sector liderado por Evo Morales.
Con información de la agencia EFE
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