El mapa del FdT

El peronismo se ve competitivo y procesa un 2023 con PASO y candidatos “muleto”

Casi en simultáneo, Eduardo “Wado” De Pedro y Daniel Scioli entraron en modo campaña. El ministro y el embajador, dos animales en ese oficio de moverse y hacer equilibrio, expresan el estado emocional del oficialismo. En medio de la incertidumbre política y con datos económicos en rojo, el Frente de Todos (FdT) recuperó una sensación que había olvidado: la percepción de que, a pesar de todo, el peronismo es competitivo.

Todo es volátil pero después de un largo tiempo, una de las encuestas que refleja el electrocardiograma político, aportó un dato que modificó el clima en el FdT: tras meses de quedar segundo, y por momentos muy lejos de Juntos, el oficialismo quedó unas décimas arriba de la alianza opositora. Es, técnicamente, un empate técnico -35,5 a 35,1- pero más que la foto, en los laboratorios del PJ miran la película: ilustra una caída de JxC, un repunte de FdT y una estabilización de Javier Milei en el orden de los 19 puntos. Un mes atrás, el mismo sondeo ubicaba a Juntos 4 puntos arriba del oficialismo.

El estudio es de Aresco, insumo del que se nutren en el oficialismo pero que siguen, además, en trincheras opositoras como la de Horacio Rodríguez Larreta. Los funcionarios que escucharon el último speach del consultor Federico Aurelio se quedaron con el dato que les sirve para fantasear: el peronismo parece consolidar su piso electoral “más alto”, en el orden de los 35/36 puntos.

Traducción: si no ocurriese una catástrofe y la oferta electoral no fuese espantosa, el FdT -o como se llame la alianza que englobe a los peronismos- llegará a la pelea electoral del 2023 con un volumen de votos que le garantiza un lugar en un, hasta acá inevitable, balotaje. La percepción de competitividad, de que no está todo perdido, aporta un efecto adicional porque se recorta como la única pieza que puede lograr que el FdT se mantenga unido.

“Un año antes de la elección, Lula le ganaba a Bolsonaro por 25 puntos. Le ganó por 2. En 2015, Scioli perdía el balotaje con Macri por 10 puntos. Perdió por 2. El balotaje es una lotería”, se anima, con datos que justifican su tesis, un peronista. En rigor, el sondeo de Aurelio, que anticipa paridad entre FdT y JxC en la PASO y lo extiende a la general -con un fenómeno ya mencionado en elDiarioAR que refiere a que Milei mantiene sus votos entre esos dos turnos- proyecta un balotaje de 45 a 37 a favor del conglomerado JxC.

Dos datos y una observación. El PJ casi no crece entre la general y el balotaje -es decir, piso y techo de votos están cerca- y al menos la mitad del voto libertario migra a Juntos. La medición toma esas entidades imprecisas que son las marcas electorales pero el panorama se mueve según quien sea el candidato en uno y otro lado del mostrador. El otro componente lo sintetiza un funcionario: “Somos competitivos, eso no significa que podamos ganar. Hoy, lo primero si, lo segundo muy difícil”.

Variables

“Está tan feo que se puso lindo”. Es una frase que se le atribuye a De Pedro como registro de lo confuso, y abierto, que está el mapa político, caos que abarca al oficialismo y la oposición. Las internas descarnadas, a cielo abierto, dejaron de ser patrimonio del oficialismo y se instalaron, como nueva normalidad, en JxC. Esa crisis permanente es uno de los elementos que explica la caída en intención de voto aunque reluce, sobre todo, otro factor: el protagonismo y la centralidad de Mauricio Macri.

No solo porque el expresidente remite a lo que dejó su mandato sino porque sus planteos sobre lo que debería hacer un eventual gobierno de JxC, agudizan la experiencia del pasado reciente. Un dirigente del PRO observa que en elección del 2021, Macri estuvo no solo ausente en las listas y en la campaña -se fue de viaje, incluso- sino que en lo simbólico, Larreta le ganó la pulseada cuando impuso como candidatos a Diego Santilli y María Eugenia Vidal en la provincia y en CABA. Quiere leer, este operador, que a JxC le fue mejor sin Macri y que esa reaparición daña las chances electorales de la alianza opositora.

Por el contrario, en el repunte del FdT hay un motor y es la presencia, si se quiere más táctica, de Cristina, que fija agenda, abre disputas y, en esa alquimia difícil, se despega del Gobierno sin cargar sobre la figura de Alberto Fernández. No en público, al menos. En privado, habla del Presidente como un error en la Matrix peronista, no demuestra interés por tener una conversación y descarta toda hipótesis de que pueda validar un intento de reelección de Fernández.

En Olivos, el Presidente refleja algo parecido: entiende que es nula la posibilidad de que la vice decida ser candidata a presidenta, porque si no pudo serlo en el 2019 -cuando el contexto era mejor- menos podría serlo ahora. Opera, en ese plano, una construcción de laboratorio que apareció por primera vez en marzo pasado cuando la interna entre los Fernández se volvió pública y brutal, post acuerdo con el FMI: el doble renunciamiento de los Fernández, que ninguno esté en la boleta presidencial, una doble anulación.

Sobrevuela otro escenario que podría activar ese corrimiento simultáneo: que se produzcan las magias que propone Massa, por caso bajar la inflación a menos de 4 puntos en abril y a menos de 3 en agosto, y que eso dispare un clamor para que el ministro se convierta en el candidato del FdT. Massa lo gambetea porque es lo que tiene que hacer. Quizá lee debajo del agua otro fenómeno: el plan anticrisis que puso en marcha, que acaba de instaurar otro dólar soja que en otro momento era mala palabra en el diccionario K, puede ser aceptado, sin críticas pero sin elogios por la vice, no marida con el ADN kirchnerista. El pasado está ahí: Cristina reivindica su último gobierno, el mismo del que se despegó, y hasta combatió, Massa desde el 2013.

Primarias

Sobre ese mapa posible, asumidos como candidatos muleto, circulan De Pedro y Scioli. El ministro se recorta, per se, como la alternativa obvia si la vice decide no competir. Algo sugiere Juan Grabois, cristinista silvestre que alguna vez lanzó a “Wado” como candidato, cuando martilla con la idea de “trasvasamiento generacional” del ecosistema y advierte que no aceptaría que el dedo de la vice bendiga, por caso, a Sergio Massa.

Luego de un período de incomodidad con Alberto, el embajador recompuso esa relación y parece haber vuelto a aquella charla, en Olivos, el último otoño, en la que el Presidente le pidió que se mueva como candidato y le trasmitió que lo respaldaría si daba de baja su plan de reelección. En la micro ingeniería de los vínculos, Scioli se acercó a saludar a Malena Galmarini, con quien hacía casi una década que no hablaba.

“Al final, todos dicen que Alberto no decide nada pero Cristina no estaba de acuerdo con lo del FMI y salió lo del FMI, algunos querían sacar las PASO y Alberto las quería dejar y quedaron”, relata un albertista y pone el ojo en un expediente que empieza a dibujar una instancia puntual: que el FdT marche, sí o sí, a una competencia interna para definir candidatos. Es aquello que el presidente dijo el 17 de noviembre del 2021, en plaza de Mayo, y aparece como kilómetro cero del enojo de la vice: que haya PASO para todos los cargos, desde el presidente hasta el último concejal.

En la práctica, suponía restarle predominio a la determinación de Cristina que, por derivación, quiere administrar Máximo Kirchner: el control de la lapicera a la hora de confeccionar las listas. Dejó de discutirse, entonces, la cuestión de la eliminación de las PASO para pasar a un estadío sobre cómo y dónde se usarán las PASO. “No solo por diferencias visibles dentro del Gobierno, que son de fondo, sino también por necesidad electoral: para contener más, para mover al peronismo, tiene que haber primarias”, apunta un operador K.

A grandes rasgos, “Wado” y Scioli pueden proyectarse -aunque al final no sean, incluso, los nombres- como el prólogo de una disputa interna entre dos ecosistemas: el cristinismo y el PJ que circula por fuera de ese ismo.

Hay, claro, términos y condiciones. Si Cristina es candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires ¿aceptaría el formato de la Y, para que dos eventuales candidatos a presidente lleven su boleta? Salvo que haya un acuerdo integral, eso implicaría cederle votos a un rival. El sondeo de Aresco aporta otro dato: en la provincia, el FdT amplió su diferencia y la estiró hasta 4 puntos. Eso alimenta la alquimia de que el peronismo puede retener la provincia aunque pierda a nivel nacional, una variable que se invoca en el cristinismo como período de resistencia, eso que algunos cuestionan como una táctica defensiva. “La última vez que jugamos a eso, perdimos la provincia y la Nación”, rememoró un intendente en referencia al 2015.

En paralelo, en el Gobierno apareció la idea de proponer una reforma a la ley de las Primarias: que no compitan fórmulas, sino candidatos a presidente que luego de las PASO puedan elegir a su vice, incluso entre los que fueron sus rivales internos. Ese modelo funciona en CABA, no supone un “cambio de reglas” que altere la dinámica global de la elección y fue impulsado, en su momento, por Juntos. Hay que ver: quizá, como ocurrió con la eliminación de las PASO, si el FdT propone el cambio quizá la oposición lo rechace.

PI

Casi en simultáneo, Eduardo “Wado” De Pedro y Daniel Scioli entraron en modo campaña. El ministro y el embajador, dos animales en ese oficio de moverse y hacer equilibrio, expresan el estado emocional del oficialismo. En medio de la incertidumbre política y con datos económicos en rojo, el Frente de Todos (FdT) recuperó una sensación que había olvidado: la percepción de que, a pesar de todo, el peronismo es competitivo.

Todo es volátil pero después de un largo tiempo, una de las encuestas que refleja el electrocardiograma político, aportó un dato que modificó el clima en el FdT: tras meses de quedar segundo, y por momentos muy lejos de Juntos, el oficialismo quedó unas décimas arriba de la alianza opositora. Es, técnicamente, un empate técnico -35,5 a 35,1- pero más que la foto, en los laboratorios del PJ miran la película: ilustra una caída de JxC, un repunte de FdT y una estabilización de Javier Milei en el orden de los 19 puntos. Un mes atrás, el mismo sondeo ubicaba a Juntos 4 puntos arriba del oficialismo.

El estudio es de Aresco, insumo del que se nutren en el oficialismo pero que siguen, además, en trincheras opositoras como la de Horacio Rodríguez Larreta. Los funcionarios que escucharon el último speach del consultor Federico Aurelio se quedaron con el dato que les sirve para fantasear: el peronismo parece consolidar su piso electoral “más alto”, en el orden de los 35/36 puntos.

Traducción: si no ocurriese una catástrofe y la oferta electoral no fuese espantosa, el FdT -o como se llame la alianza que englobe a los peronismos- llegará a la pelea electoral del 2023 con un volumen de votos que le garantiza un lugar en un, hasta acá inevitable, balotaje. La percepción de competitividad, de que no está todo perdido, aporta un efecto adicional porque se recorta como la única pieza que puede lograr que el FdT se mantenga unido.

“Un año antes de la elección, Lula le ganaba a Bolsonaro por 25 puntos. Le ganó por 2. En 2015, Scioli perdía el balotaje con Macri por 10 puntos. Perdió por 2. El balotaje es una lotería”, se anima, con datos que justifican su tesis, un peronista. En rigor, el sondeo de Aurelio, que anticipa paridad entre FdT y JxC en la PASO y lo extiende a la general -con un fenómeno ya mencionado en elDiarioAR que refiere a que Milei mantiene sus votos entre esos dos turnos- proyecta un balotaje de 45 a 37 a favor del conglomerado JxC.

Dos datos y una observación. El PJ casi no crece entre la general y el balotaje -es decir, piso y techo de votos están cerca- y al menos la mitad del voto libertario migra a Juntos. La medición toma esas entidades imprecisas que son las marcas electorales pero el panorama se mueve según quien sea el candidato en uno y otro lado del mostrador. El otro componente lo sintetiza un funcionario: “Somos competitivos, eso no significa que podamos ganar. Hoy, lo primero si, lo segundo muy difícil”.

Variables

“Está tan feo que se puso lindo”. Es una frase que se le atribuye a De Pedro como registro de lo confuso, y abierto, que está el mapa político, caos que abarca al oficialismo y la oposición. Las internas descarnadas, a cielo abierto, dejaron de ser patrimonio del oficialismo y se instalaron, como nueva normalidad, en JxC. Esa crisis permanente es uno de los elementos que explica la caída en intención de voto aunque reluce, sobre todo, otro factor: el protagonismo y la centralidad de Mauricio Macri.

No solo porque el expresidente remite a lo que dejó su mandato sino porque sus planteos sobre lo que debería hacer un eventual gobierno de JxC, agudizan la experiencia del pasado reciente. Un dirigente del PRO observa que en elección del 2021, Macri estuvo no solo ausente en las listas y en la campaña -se fue de viaje, incluso- sino que en lo simbólico, Larreta le ganó la pulseada cuando impuso como candidatos a Diego Santilli y María Eugenia Vidal en la provincia y en CABA. Quiere leer, este operador, que a JxC le fue mejor sin Macri y que esa reaparición daña las chances electorales de la alianza opositora.

Por el contrario, en el repunte del FdT hay un motor y es la presencia, si se quiere más táctica, de Cristina, que fija agenda, abre disputas y, en esa alquimia difícil, se despega del Gobierno sin cargar sobre la figura de Alberto Fernández. No en público, al menos. En privado, habla del Presidente como un error en la Matrix peronista, no demuestra interés por tener una conversación y descarta toda hipótesis de que pueda validar un intento de reelección de Fernández.

En Olivos, el Presidente refleja algo parecido: entiende que es nula la posibilidad de que la vice decida ser candidata a presidenta, porque si no pudo serlo en el 2019 -cuando el contexto era mejor- menos podría serlo ahora. Opera, en ese plano, una construcción de laboratorio que apareció por primera vez en marzo pasado cuando la interna entre los Fernández se volvió pública y brutal, post acuerdo con el FMI: el doble renunciamiento de los Fernández, que ninguno esté en la boleta presidencial, una doble anulación.

Sobrevuela otro escenario que podría activar ese corrimiento simultáneo: que se produzcan las magias que propone Massa, por caso bajar la inflación a menos de 4 puntos en abril y a menos de 3 en agosto, y que eso dispare un clamor para que el ministro se convierta en el candidato del FdT. Massa lo gambetea porque es lo que tiene que hacer. Quizá lee debajo del agua otro fenómeno: el plan anticrisis que puso en marcha, que acaba de instaurar otro dólar soja que en otro momento era mala palabra en el diccionario K, puede ser aceptado, sin críticas pero sin elogios por la vice, no marida con el ADN kirchnerista. El pasado está ahí: Cristina reivindica su último gobierno, el mismo del que se despegó, y hasta combatió, Massa desde el 2013.

Primarias

Sobre ese mapa posible, asumidos como candidatos muleto, circulan De Pedro y Scioli. El ministro se recorta, per se, como la alternativa obvia si la vice decide no competir. Algo sugiere Juan Grabois, cristinista silvestre que alguna vez lanzó a “Wado” como candidato, cuando martilla con la idea de “trasvasamiento generacional” del ecosistema y advierte que no aceptaría que el dedo de la vice bendiga, por caso, a Sergio Massa.

Luego de un período de incomodidad con Alberto, el embajador recompuso esa relación y parece haber vuelto a aquella charla, en Olivos, el último otoño, en la que el Presidente le pidió que se mueva como candidato y le trasmitió que lo respaldaría si daba de baja su plan de reelección. En la micro ingeniería de los vínculos, Scioli se acercó a saludar a Malena Galmarini, con quien hacía casi una década que no hablaba.

“Al final, todos dicen que Alberto no decide nada pero Cristina no estaba de acuerdo con lo del FMI y salió lo del FMI, algunos querían sacar las PASO y Alberto las quería dejar y quedaron”, relata un albertista y pone el ojo en un expediente que empieza a dibujar una instancia puntual: que el FdT marche, sí o sí, a una competencia interna para definir candidatos. Es aquello que el presidente dijo el 17 de noviembre del 2021, en plaza de Mayo, y aparece como kilómetro cero del enojo de la vice: que haya PASO para todos los cargos, desde el presidente hasta el último concejal.

En la práctica, suponía restarle predominio a la determinación de Cristina que, por derivación, quiere administrar Máximo Kirchner: el control de la lapicera a la hora de confeccionar las listas. Dejó de discutirse, entonces, la cuestión de la eliminación de las PASO para pasar a un estadío sobre cómo y dónde se usarán las PASO. “No solo por diferencias visibles dentro del Gobierno, que son de fondo, sino también por necesidad electoral: para contener más, para mover al peronismo, tiene que haber primarias”, apunta un operador K.

A grandes rasgos, “Wado” y Scioli pueden proyectarse -aunque al final no sean, incluso, los nombres- como el prólogo de una disputa interna entre dos ecosistemas: el cristinismo y el PJ que circula por fuera de ese ismo.

Hay, claro, términos y condiciones. Si Cristina es candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires ¿aceptaría el formato de la Y, para que dos eventuales candidatos a presidente lleven su boleta? Salvo que haya un acuerdo integral, eso implicaría cederle votos a un rival. El sondeo de Aresco aporta otro dato: en la provincia, el FdT amplió su diferencia y la estiró hasta 4 puntos. Eso alimenta la alquimia de que el peronismo puede retener la provincia aunque pierda a nivel nacional, una variable que se invoca en el cristinismo como período de resistencia, eso que algunos cuestionan como una táctica defensiva. “La última vez que jugamos a eso, perdimos la provincia y la Nación”, rememoró un intendente en referencia al 2015.

En paralelo, en el Gobierno apareció la idea de proponer una reforma a la ley de las Primarias: que no compitan fórmulas, sino candidatos a presidente que luego de las PASO puedan elegir a su vice, incluso entre los que fueron sus rivales internos. Ese modelo funciona en CABA, no supone un “cambio de reglas” que altere la dinámica global de la elección y fue impulsado, en su momento, por Juntos. Hay que ver: quizá, como ocurrió con la eliminación de las PASO, si el FdT propone el cambio quizá la oposición lo rechace.

PI

Casi en simultáneo, Eduardo “Wado” De Pedro y Daniel Scioli entraron en modo campaña. El ministro y el embajador, dos animales en ese oficio de moverse y hacer equilibrio, expresan el estado emocional del oficialismo. En medio de la incertidumbre política y con datos económicos en rojo, el Frente de Todos (FdT) recuperó una sensación que había olvidado: la percepción de que, a pesar de todo, el peronismo es competitivo.

Todo es volátil pero después de un largo tiempo, una de las encuestas que refleja el electrocardiograma político, aportó un dato que modificó el clima en el FdT: tras meses de quedar segundo, y por momentos muy lejos de Juntos, el oficialismo quedó unas décimas arriba de la alianza opositora. Es, técnicamente, un empate técnico -35,5 a 35,1- pero más que la foto, en los laboratorios del PJ miran la película: ilustra una caída de JxC, un repunte de FdT y una estabilización de Javier Milei en el orden de los 19 puntos. Un mes atrás, el mismo sondeo ubicaba a Juntos 4 puntos arriba del oficialismo.