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Sociedad

La contaminación del agua y el cambio climático encabezan las preocupaciones de los argentinos en materia ambiental

El cambio climático, la contaminación del agua, el tratamiento de los residuos, la contaminación del aire y la deforestación, los temas más mencionados en el estudio.

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La contaminación del agua, el cambio climático y la deforestación son los tres principales problemas ambientales para los argentinos, según un relevamiento llevado a cabo por el experto en opinión pública, Mario Riorda, y la politóloga, Griselda Ibaña, en el marco de una investigación titulada “Hallazgos sobre la cuestión ambiental en Argentina” de la Fundación Colsecor. El trabajo, que buscó determinar cuáles son las percepciones sociales respecto de las prácticas ambientales y la gestión de residuos, contó con 1.465 casos, un margen de error de 2,62% y un nivel de confianza de 95,5%.

El estudio plantea una serie de distinciones etarias, sexuales y demográficas de las cuales se vale para arrojar mayor claridad sobre los temas tratados. Esas distinciones permiten determinar, por ejemplo, que los consultados mayores de 40 años representan la única franja etaria en la que se invierte el orden de las respuestas más elegidas. A diferencia de los más jóvenes, su mayor preocupación ambiental radica en el cambio climático. Esto es aún más notorio en quienes tienen más de sesenta años. También es preciso señalar que las mujeres sienten mucha mayor preocupación por esta problemática que los hombres (37,3% contra 28%, respectivamente).

Ante la pregunta de cómo suelen informarse sobre temas ambientales, la respuesta fue casi unánime: el 93,8% indicó que lo hace a través de las redes sociales. Sin embargo, la lectura de periódicos o revistas también cumple un rol importante, comprendiendo la segunda preferencia de las personas consultadas, con el 79,4% de anuencia. Los programas de radio o televisión especializados, que suscitan interés en el 78,8% de los encuestados, completan el podio. Nuevamente, el mayor rango etario se distingue de los que lo preceden: las personas mayores de 60 años prefieren leer notas de divulgación en revistas o periódicos. Por otro lado, quienes han completado estudios superiores son los más propensos a leer libros o artículos académicos sobre el tema.

El 94,1% de los consultados sostiene que “El ambiente debe ser protegido, cueste lo que cueste”. También hay un amplio acuerdo con que el deterioro ambiental puede detenerse con un cambio en el modo de vida (93,4%) y con que en los últimos diez años la situación ambiental empeoró considerablemente en el país (90,4%). Estas respuestas, populares entre los encuestados y que parecerían englobar al menos de manera rudimentaria la idea de la conciencia ambiental, son rechazadas apenas por un 20,8% de los mismos, por considerar que el cambio climático no es un problema del que haya que ocuparse.

Aquí también las mujeres y las personas de 60 años o más muestran mayor apoyo a las consignas que pugnan por el cuidado ambiental. Ambos grupos adhieren a las ideas de que el ambiente debe ser protegido de manera imperativa y que es posible aplacar esa clase de problemas con un cambio en el modo de vida. A su vez también son más conscientes del empeoramiento de la situación en la última década.

Existe un alto consenso respecto de que la responsabilidad del deterioro ambiental es comunitaria. Así lo expresó el 79,4% de los relevados. También se acentúan las responsabilidades del Municipio y las personas individualmente consideradas.

Si bien los encuestados le dan mucha importancia a la responsabilidad individual en el cuidado del ambiente, éstos se implican poco en las políticas públicas y en organizaciones o actividades de promoción relacionadas. Sólo el 8% indica que participa y opina frecuentemente en la creación de políticas públicas ambientales. También es vasto el acuerdo respecto de la insuficiencia en materia legislativa: el 87,6% afirma que las leyes en el país no son suficientemente estrictas para castigar a quienes dañan el ambiente.

De otro de los puntos esenciales de la encuesta se desprende que la proporción de personas que separa residuos es mayor que la de quienes no lo hacen. Entre los integrantes de este segundo grupo, prima un argumento: el 48,6% esgrime que su comportamiento se explica por la falta de costumbre. En menor medida mencionan que no hay dónde reciclar/dejar los residuos cerca de su casa y el factor comodidad (26,1% y 8,3%, respectivamente). Quienes sí los separan, en cambio, respondieron de qué manera lo hacen: un 58,3% dijo que deja papeles y cartones por separado; un 57,2% aseveró hacer lo propio con los vidrios, mientras que un 51,7% afirmó separar el plástico aparte. También se les preguntó cómo disponen los residuos separados, a lo que un 43,5% indicó que los ubica en los contenedores que ofrece la empresa y/o municipio de limpieza en la ciudad, y un 27,2% que se los da a alguien conocido que los recolecta para vender. Un porcentaje mucho menor (13,4%) señaló que los lleva a un punto verde (público o privado). La estrategia de dárselos a alguien conocido es mucho más usada por quienes están en el rango etario de 25 a 39 años, quienes no completaron el secundario y quienes viven en ciudades de más de 100 mil habitantes.

Consultado por las estrategias más usadas para desechar los residuos electrónicos, la mayoría del público convino en que suele dejarlos en un contenedor previsto a tal efecto (contenedor, punto verde, cooperativa) y donarlos. Sólo un 19,1% admitió dejarlos en la calle. Otra vez, las mujeres, las personas de 60 años o más y quienes completaron estudios superiores dijeron, en mayor medida que otros grupos sociales, que dejan sus residuos electrónicos en los contenedores correspondientes.

MF

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