secuelas de la cuarentena

A dos años del aislamiento obligatorio, una deuda pendiente: la salud mental

Al cumplirse 100 días de cuarentena, los argentinos describían sus emociones más frecuentes como "angustia", "tristeza" y "hartazgo".

La noticia se conoció el lunes. Ese lunes también, apenas unas horas después, la noticia se desvaneció. El Boletín Oficial de ese día anunciaba la creación de la Unidad Ejecutora Especial Temporaria “Resiliencia Argentina”, que se enmarcaría dentro de la Jefatura de Gabinete de Ministros y tendría una vigencia de dos años o, en caso de cumplir su objetivo antes, aún menos que eso.

La resolución que anunciaba oficialmente su creación sostenía: “Resulta necesario para el Estado Nacional, especialmente en el marco de la pandemia de Covid-19 y una futura pospandemia, promover iniciativas que busquen abordar temas sociales desde perspectivas diversas, concertando acciones con diferentes actores, como organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil, que tiendan al mejoramiento de la calidad de vida de la población” y establecía, entre varias de las funciones de esa nueva dependencia, subir la “autoestima social”.

La marcha atrás gubernamental fue anunciada esa misma noche a través de un comunicado, tras horas de críticas por la creación de esa unidad. Consultada por el ida y vuelta gubernamental, la portavoz de la Presidencia, Gabriela Cerruti, se refirió al tema: “El Ministerio de Salud está llevando adelante toda la planificación de lo que tiene que ver con pensar los temas de salud pos-pandemia y la proyección de un programa muy importante que va a ser anunciado próximamente porque efectivamente una de las grandes consecuencias de la pandemia es la situación de salud mental en distintos órdenes. Desánimos, fobias, depresiones, los jóvenes que tuvieron que atravesar sus años de adolescencia en pandemia. Esto es algo que le importa mucho al Gobierno y en lo que está trabajando mucho Carla Vizzotti, y esto es un episodio menor, casi una anécdota, que tiene que ver con una descoordinación interna”, dijo.

El saldo de la pandemia de Covid-19 en la salud mental de los argentinos quedó por unas horas en el centro de la conversación pública, antes de volver a quedar relegado y esperar su turno que llegará, como los estrenos de una película, “próximamente”. El ida y vuelta de la unidad especializada se dio pocos días antes de cumplirse, además, dos años del decreto que instó a la población argentina a acatar el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO), que en criollo se llamó colectivamente “cuarentena obligatoria” y que, en el AMBA, se extendió entre el 20 de marzo de 2020 y los primeros días de noviembre de ese mismo año. Según especialistas en salud mental, tanto la pandemia como las restricciones ordenadas por el Estado desplegaron efectos que están vigentes y que merecen atención.

“En 2019 se editó un libro llamado ‘La psicología de las pandemias: preparación para el próximo brote mundial de enfermedades infecciosas’. En marzo de 2020 ese y otros materiales estaban disponibles, y muchos señalaban que a mayores medidas restrictivas, mayor empeoramiento de la salud mental. Para evitar ese empeoramiento es importante promover lo que llamamos ‘factores protectores’: caminatas al aire libre, salidas a espacios abiertos que no representan peligrosidad, contacto con los seres queridos”, describe el doctor en Psicología Martín Etchevers, secretario de investigaciones de la Facultad de Psicología de la UBA, y suma: “Cuando se tomaron las primeras medidas restrictivas vimos enseguida cómo nadie tenía en cuenta la salud mental”.

“Lo impresionante en ese momento fue el rápido deterioro de la salud mental de mucha gente y el malestar general de la población que no contaba con un diagnóstico previo. Eso sin duda tuvo que ver con que no se preservaron los factores protectores: poder estar al aire libre, poder hacer deporte, poder ejercer las relaciones interpersonales”, describe Etchevers. Según su visión, las medidas de aislamiento fueron “excesivas, prematuras y prolongadas”.

Impacto

El impacto de la pandemia en la salud mental es enorme. Aún no lo podemos calcular, pero hay un impacto en la humanidad y en la singularidad de cada uno, que depende de cómo haya vivido cada persona estos dos años. Se perciben restos de temores en muchas personas, un residuo de miedo o lo que llamamos ‘resto fobígeno’, no totalmente infundado, que dificulta el reencuentro cuerpo a cuerpo en un contexto en el que, paradójicamente, hay un deseo muy grande de llegar a ese reencuentro”, describe Gabriela Goldstein, psicoanalista y presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

“Creo que hay una deuda histórica con la salud mental. La pandemia fue como esas reacciones químicas que hacen aparecer en la superficie algo que ya estaba pero que se potenció y se puso en evidencia: la necesidad de cuidar el psiquismo”, sostiene Goldstein, y se refiere a los meses de mayores restricciones: “En el momento de la cuarentena dura no sabíamos bien ni lo que era el CoVid-19. La gente se moría sin que supiéramos qué hacer. Es muy difícil discernir cómo manejar los escenarios en los momentos de tanta incertidumbre. Primero había que garantizar las condiciones para la supervivencia. Por supuesto que uno puede decir ‘hay que cuidar la salud mental al mismo tiempo’ pero había que garantizar las condiciones básicas”.

“La única explicación que tengo a que no se tomaran medidas que pensaran en la salud mental es que se le dio un sesgo muy biológico a lo que estaba pasando. La salud mental de las personas se deterioró y empezaron a aparecer primero situaciones de ansiedad, y luego de desánimo que fue decantando en depresión, sobre todo entre los más jóvenes”, describe el especialista de la UBA.

Desde la llegada de la pandemia de Covid-19 a la Argentina, el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA llevó adelante distintas investigaciones de campo. Antes de que el Estado decretara el ASPO, el 68,1% de las personas se manifestaba de acuerdo con las suspensión de actividades laborales y educativas en el corto plazo. En abril de 2020, el 74% de las personas manifestaba alteraciones en el sueño debido el cambio de rutina desencadenado por la cuarentena obligatoria, y el 4,21% sostuvo haber tenido ideas de muerte o de suicidio.

Cuando el ASPO cumplió 50 días, el 46% de las personas sostenía padecer ansiedad asociada al escenario de esos días y ese mismo porcentaje se sentía más irritable que antes de la cuarentena. La depresión y la sensación de pérdida de sentido de la vida crecía en general pero en los adolescentes y personas de entre 18 y 30 años en particular. A los 100 días del aislamiento, las emociones más citadas por las personas consultadas por el OPSA eran “angustia”, “cansancio”, “tristeza” y “hartazgo”. En septiembre de 2020, los padres y madres a los que se les consultaba por el estado de ánimo por sus hijos respondían “cansados”, “aburridos”, “tristes” y “ansiosos”. En noviembre de 2021, en la última investigación que llevó adelante la OPSA, el 37% de las personas consultadas sostuvo que había cambiado su tendencia a pensar en la muerte o el suicidio a partir de la llegada del Covid-19 a la Argentina.

“En general se subestima la salud mental. Todos los gobiernos lo hacen. En 2019 se suicidó alrededor de un millón de personas en el mundo, ya teníamos un estado de ánimo social muy lastimado, y Argentina, en ese sentido, no está bien rankeada en América. Nuestras últimas investigaciones dan cuenta de que en estos dos años hubo duelos complicados, demorados o no transitados, y eso gravita dentro de cada uno”, detalla Etchevers. “No es tarde para ocuparse. En ese sentido, el acceso a la salud mental es muy importante, porque hay personas que tienen mayor acceso a factores protectores, a recursos simbólicos y profesionales, y por eso pueden acceder a asistencia profesional, y otras personas no lo tienen”, suma el doctor en Psicología. “Hay que hacer un relevamiento unificado, convocado por el Estado, con el objetivo de promover medidas para ese acceso a la salud mental. Hay que segmentar las gravedades de las poblaciones, hacer tareas de prevención y promoción, intervenir en las crisis que ocurran, y facilitar el acceso terapéutico para que ante el daño ya existente no se monten otros”, describe Etchevers.

“En general el mundo ve las cosas de una manera medicalizada. Se evidencia lo físico, cuando la mayoría de las veces el sufrimiento es silencioso hasta que hay una explosión o implosión”, explica Goldstein. Según su visión, “Nación y Ciudad han trabajado muchísimo en salud mental”.

“Me gusta encontrar algún costado de posibilidad dentro de la dificultad, la posibilidad de que siempre hay un futuro. Una persona nace en un contexto, con una herencia, tiene las primeras vivencias y eso marcan a esa persona, son marcas hasta cierto punto indelebles. Pero después sigue teniendo otros encuentros, experiencias enriquecedoras. Hay situaciones dolorosas y también encuentros afortunados. Apostemos esos encuentros posibles, a que las nuevas mezclas produzcan algo nuevo”, matiza Goldstein.

elDiarioAR consultó a fuentes de Presidencia de la Nación sobre la planificación vinculada a salud mental que, según describió su portavoz, lleva adelante la ministra de Salud, Carla Vizzotti. Aún no hay precisiones sobre cuándo será anunciado, sólo se sabe que “próximamente”. Este diario quiso conocer algunos detalles sobre en qué consiste el programa que será anunciado. Consultó a fuentes del Ministerio de Salud de la Nación pero no obtuvo respuesta.

JR

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