En Argentina al 72% de los estudiantes secundarios les va mal en matemática Informe

Neurociencia cognitiva, una propuesta pedagógica para mejorar el aprendizaje de problemas y cálculos matemáticos

Las clases presenciales se suspendieron en marzo de 2020. Aún quedan 195.000 estudiantes que el Estado no logró revincular con la escuela.

Si usted, que está leyendo esto, entrara a un aula promedio del último año del nivel secundario de la Argentina y encontrara allí a diez alumnos, encontraría también que siete de esos diez se desempeña por debajo de los niveles satisfactorios de conocimiento matemático. En el país, el 72% de los estudiantes que se preparan para terminar la secundaria e incorporarse formalmente a algún nivel educativo superior o al mundo laboral no cumplen con esos saberes satisfactorios. Esa fue una de las conclusiones -tal vez la más dura de digerir- de las pruebas Aprender 2019, que son las últimas cuyos resultados ya fueron difundidos.

Una pedagogía señalada como ineficiente hace 55 años, la clave de la dificultad para comprender textos en la escuela

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Hay, en ese aula imaginaria, cuatro estudiantes que ni siquiera alcanzan el nivel básico de conocimientos de matemática que se espera para quienes están a punto de terminar la secundaria. Los resultados -desalentadores- de las pruebas Aprender 2019 en el área de matemática fueron ratificados por otra evaluación estandarizada, ERCE, organizada por Unesco en Latinoamérica y el Caribe. En la edición 2019, cuyos resultados se dieron a conocer a fines de 2021, Argentina obtuvo su peor resultado histórico y se ubicó por primera vez por debajo del promedio regional, cuando antes siempre había estado por encima. En esas evaluaciones, apuntadas a estudiantes de tercer y sexto grado de la primaria, matemática también fue un problema.

El declive en esos conocimientos se verifica a lo largo de los últimos años. Con sutileza, las dificultades para llegar al nivel básico de conocimientos matemáticos avanza entre los estudiantes argentinos. En las pruebas Aprender 2016 esa dificultad alcanzaba al 40,9% de los chicos y chicas del último año del secundario. En 2019 esa tasa fue del 42,8%. Sólo el 28,6% de los estudiantes -casi tres de los diez chicos situados en el aula imaginaria- logró un nivel entre satisfactorio y avanzado de conocimientos de matemática.

El nivel socioeconómico de los alumnos es una variable directamente vinculada a sus rendimientos. Según las pruebas Aprender 2019, la tasa de estudiantes que no alcanzan conocimientos básicos en matemática alcanza el 64% en los hogares de nivel socioeconómico bajo, mientras que en los hogares de nivel de ingresos alto esa tasa se reduce a 24%. La desigualdad es de recursos materiales pero también simbólicos.

Matemática es el gran monstruo para los chicos. La materia que más hubo que reforzar en el trabajo para revincularlos con la escuela tras la pandemia, la que más les cuesta entender, la que más se llevan y la que mayor seguridad tienen de que va a volver a irles mal”, cuenta Agustina Gonda, docente de escuelas secundarias públicas en Beccar e integrante de los equipos docentes que trabajaron en la reconexión de estudiantes que habían perdido su contacto con la escuela tras la suspensión de las clases presenciales en marzo de 2020.

“La crisis en el aprendizaje de matemática es multicausal, no se puede adjudicar a un solo motivo. Es una crisis severa, casi estructural, que ya lleva muchísimos años y que no encuentra solución”, dice Sandra Torresi, directora de la carrera de Psicopedagogía de la Universidad Favaloro y consultora en dificultades del aprendizaje matemático.

“La matemática que se enseña en la escuela no es la de los científicos, sino la que permite resolver situaciones de la vida cotidiana con fluidez. La que sirve para analizar variables, calcular distancias y evaluar las distintas ofertas que hay en el supermercado. Según los resultados que se vienen obteniendo en las pruebas, aún no hemos desarrollado una estrategia efectiva de enseñanza”, sostiene Torresi.

“Uno de los problemas que existe es que no hay un marco teórico que sustente cómo se está enseñando matemática. Hay un gran número de educadores enseñando, sobre todo en primer ciclo, que suponen que por saber multiplicar y dividir ya saben cómo se enseñan esas operaciones matemáticas. Lo primero que debe aprender alguien que va a enseñar una disciplina es esa disciplina, y luego la didáctica de esa disciplina, pero eso no está pasando de esa manera ahora mismo”, describe la especialista.

“La enseñanza tradicional de matemática es muy conductista, muy procedimental. A vos te decían ‘sumo cuatro más seis, pongo el cero y me llevo el uno’. ¿A dónde me lo llevo? Te enseñaban como un versito, con la columna de la unidad, la decena y la centena. La regla de tres se enseñaba a través de la repetición de un procedimiento pero sin entender qué estás haciendo, que estás trabajando con proporciones”, describe Torresi, y sigue: “Después se intentó una vía más constructivista y la didáctica francesa, y creo que no dio resultado. En vez de trabajar con unidad, decena y centena se apuntó a que el chico empezara a hablar de cienes, dieces y unos antes de ponerle nombre”.

En la actualidad, sostiene la especialista en aprendizaje matemático, “las investigaciones vinculadas a neurociencia cognitiva describen cuáles son los mecanismos que se activan al hacer un cálculo matemático o, incluso más complejo, al resolver un problema matemático a través de distintos razonamientos”.

“La distancia entre la información que aportan esas investigaciones y los métodos que se están implementando ahora mismo es muy grande. Deberíamos girar 180 grados respecto de la forma en la que estamos enseñando, hacia una matemática basada en la evidencia y en procesos cognitivos. Es clave entender cómo aprenden los chicos, qué mecanismos se ponen en juego cuando aprenden, para decidir cómo enseñar”, dice Torresi, y remata: “Lo que estuvimos haciendo hasta ahora no es efectivo. Los resultados lo demuestran”.

Para la especialista, “el impacto de una metodología que no es efectiva es gravísimo, compromete el futuro de los estudiantes porque incorporar habilidades numéricas y matemáticas es una herramienta fundamental para meterte en el mundo del trabajo, para poder seguir estudiando y para resolver situaciones muy elementales de la vida cotidiana”. “Lleva mucho tiempo hacer un cambio completo de metodología pero se pueden ir haciendo muchas cosas. Se puede empezar por la formación de los próximos educadores como primer paso, así como actualizar a los educadores que ahora mismo ya están dedicados al área. Que sea una formación sólida, no un cursito para obtener puntaje en la carrera docente. Hay que abrir la cabeza a distintos marcos teóricos y a la ciencia”, suma Torresi.

“Parecería que el Estado debe indicar con qué metodología enseñar en las aulas. Nosotros no creemos en eso. Cada maestro o profesor tiene su metodología y creemos en eso, no en una pedagogía única. Algunos reclaman establecer un método en particular y nosotros creemos que cada maestro tiene que tener el suyo. Sería, además, imposible de implementar un método único en todas las aulas de la Argentina”, había dicho Jaime Perczyk, ministro de Educación de la Nación, a elDiarioAR.

“Los resultados de las evaluaciones tenemos que mejorarlos. Los chicos tienen que aprender más y mejor. Sobre eso hemos tomado varias medidas: los chicos tienen que estar más tiempo en la escuela, tienen que tener libros para aprender, tiene que haber más horas de lengua y matemática”, sumó el funcionario. Según sus previsiones, dada la suspensión de clases presenciales decidida por el Estado tras la llegada del CoVid-19 a la Argentina, los resultados de las pruebas Aprender 2021 serán peores que los de 2019.

JR

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