Lagunas bonarenses en riesgo

De lugar de pesca a pista de aterrizaje: la Laguna de Gómez se secó por completo por el calor y la falta de lluvias

Cuando en la tarde del 4 de febrero Gustavo Siri sintió que había dejado de funcionar el motor de su avión Cesna 152 LVB no dudó en dirigirse hacia la inmensa porción de tierra seca y resquebrajada sobre la que volaba rumbo al Club de Planeadores de Junín, la ciudad bonaerense ubicada a unos 260 kilómetros al noroeste de Buenos Aires. El aterrizaje de emergencia fue algo dificultoso, pero Siri salió ileso de su cabina. El avión “mostraba en la hélice e inclusive en una de sus alas, restos de la tierra arenosa de la laguna”, informó el diario local Democracia. Si la maniobra de emergencia que hizo el piloto solo terminó en eso fue porque desde días antes la Laguna de Gómez, en cuyo lecho de 6.000 hectáreas de extensión aterrizó el avión, está completamente seco producto de la falta de lluvias y las intensas olas de calor, fenómenos generados en los últimos años por el cambio climático.

“El Parque Natural de la Laguna de Gómez era el lugar de festejo del Día de la Primavera. Hacía allí íbamos todos los chicos del colegio secundario. Pero también era el sitio ideal para, simplemente, llevar una reposera, algo de comida y tomar mate. Tiene un camping, parrillas, un club náutico y un espigón para ir a pescar. Mi papá, que era más aventurero y le gustaba la naturaleza, nos llevaba a mí y a mis dos hermanos, nos compraba una caña y así pasábamos el día”, recuerda María Cruz, nacida en Junín, pero radicada desde hace varios años en Buenos Aires. Uno de sus hermanos, sin embargo, sigue viviendo allí, donde fue a visitarlo a comienzos de año. “Espero que el lugar se recupere porque es una pérdida enorme. Tanto desde lo ambiental como de lo social y el turismo”, dijo a elDiarioAR.

La Laguna de Gómez forma parte de la cuenca del río Salado y se encadena a otras lagunas de su tipo, como las de Mar Chiquita, El Carpincho y Los Patos. Durante el último año, todas ellas fueron afectadas por el fenómeno climático de La Niña, que se caracteriza por temporadas de altas temperaturas y escasas lluvias . Así, la Laguna de Gómez, hogar de unas 250 especies de peces y atractivo turístico de quienes practicaban, por ejemplo, deportes náuticos -esquí acuático, yachting, motonáutica, jet ski, kitesurf y windsurf, entre otros- se fue volviendo un escenario desértico.

El fenómeno de la sequía en lagunas como la de Gómez se viene dando “desde el año pasado y tiene que ver con el cambio climático y la falta de lluvias”, explicó a elDiarioAR el meteorólogo Emiliano Presta. Entre fines de 2022 y principios de 2023 el país sufrió la sequía más importante de los últimos 30 años, que afectó no sólo a las principales zonas cultivables sino a toda la economía en general. Según cifras oficiales, las pérdidas económicas rondaron los 20 mil millones de dólares y la mitad de la producción agropecuaria no llegó a cosecharse. A ese panorama se le sumó la mortandad del ganado como consecuencia de la falta de agua.

Al igual que la de Gómez y las encadenadas que son alimentadas por el río Salado, las lagunas de Chascomús, Lobos, Navarro y San Vicente sufrieron en el último tiempo el impacto de la ausencia de lluvias, tanto que la porción que agua comenzó a reducirse en forma drástica.

Sandra es propietaria desde hace dos décadas de un hospedaje ubicado frente a la laguna de Chascomús. “El agua está muy baja y, por ese motivo, hubo una enorme cantidad de peces muertos porque se quedan sin oxígeno”, relató a elDiarioAR. Ubicada a unos 125 kilómetros al sudeste de Buenos Aires, Chascomús no solo es una ciudad de paso casi obligado para quienes van rumbo a la Costa Atlántica sino que también es una ciudad que convoca al turismo, justamente, por la belleza de su laguna. La sequía, sin embargo, también alejó a los visitantes. “Esta temporada apenas llegó el 50% de turistas en comparación con el año anterior. Por supuesto que influyó la situación económica, pero también el panorama de la laguna”, agregó Sandra.

La de Chascomús forma parte de la cuenca hidrográfica del río Salado, un curso de agua que desemboca en la bahía de Samborombón del Río de la Plata y desde allí se dirige al mar Argentino. La cuenca del Salado conecta a la laguna de Chascomús con la de Vitel, Adela, Del Burro, Chis-Chis, La Tablilla y Las Barrancas. Todas presentan como característica su poca profundidad.

El fenómeno climático de La Niña dio paso al del Niño, que se caracteriza por efectos meteorológicos totalmente contrarios, porque aumentan las precipitaciones y la humedad. Pese a eso, las lluvias “no están siendo suficientes para que estas lagunas puedan recuperarse. Ese es uno de los motivos por los cuales hoy estamos hablando que una laguna con una extensión de 5.000 hectáreas como la de Junín hoy está desaparecida”, destacó Presta.

El meteorólogo señaló que en la última temporada apenas llovió el 50% de lo que debió registrarse para que la Laguna de Gómez estuviera en su “mínimo indispensable” y no fuera noticia por “esa imágenes tristísimas de la sequía”.

Presta indicó que frente al cambio climático “cada fenómeno meteorológico cumple, a lo largo y ancho del globo terráqueo, una función como si se tratara de una cadena alimenticia en el reino animal. Donde uno de esos fenómenos se altera -indicó- comienzan a alterarse todos y se inicia una descompaginación completa del clima. A nosotros, lamentablemente, nos tocó por cinco temporadas el fenómeno de La Niña, del que todavía estamos tratando de recuperarnos”, mencionó.

María Cruz rememora que en 2009 la Laguna de Gómez presentó una sequía similar a la actual. Al igual que Sandra en Chascomús, ambas recuerdan que tiempo antes habían aparecido en la orilla una gran cantidad de peces muertos por la falta de oxígeno que generó la ausencia de agua. La última vez que se dio esa situación en Chascomús fue el 27 de diciembre pasado y los peces muertos fueron contados por miles.

La falta de precipitaciones y las altas temperaturas afectaron también a las cuencas de las lagunas de Mar Chiquita y La Picasa, situada en el límite de Buenos Aires y Santa Fe. Entre ambas cubren más de 50.000 hectáreas y perdieron más de la mitad de su caudal. Entonces, “para recuperar por completo el agua de la Laguna de Gómez, que suele tener una profundidad de 1,5 metros, se va a necesitar mucho tiempo. Podría arriesgar que harían falta varios años”, expresó Presta

A comienzos de 2023, la laguna de La Picasa registró una bajante histórica. En la localidad de Aarón Castellanos, en el sur santafesino, la cota se redujo hasta seis metros, una marca que no se observada desde comienzos de siglo.

En su origen, La Picasa abarcaba unas 500 hectáreas, pero como consecuencia de  varias inundaciones, llegó a anegar 100.000 hectáreas entre las provincias de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. La misma localidad de Aarón Castellanos sufrió en 2017 el impacto de una enorme crecida de la laguna que prácticamente borró la traza de la ruta nacional 7, además de anegar los campos y las viviendas de la zona. También en el sur santafesino se encuentra la laguna Melincué, que en la actualidad, producto de la sequía, el aumento de las temperaturas y la falta de lluvias, ocupa una extensión de 3.000 hectáreas cuando en 2007 alcanzó un pico de 15.000 hectáreas.

El Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), implementado por el Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Medio Plazo (ECMWF), confirmó día atrás que 2023 fue el año más caluroso jamás registrado, pero advirtió que 2024 será todavía peor, con una temperatura media de la superficie del planeta que rondará entre 1,43 y 1,69 ºC más alta que en 1850, cuando comenzó a medirse la temperatura. La información fue difundida el 28 de enero con motivo del Día Mundial de la Acción Frente al Calentamiento Terrestre. Al respecto, el documento climático europeo indicó que las temperaturas medias anuales en el planeta seguirán aumentando mientras continúen las emisiones de gases de efecto invernadero.

GT/DTC