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Maldito Clima
Opinión

Negacionistas explícitos, negacionistas en la práctica

Desde hace unos diez meses, YPF tiene un derrame de petróleo en el valle de Río Negro que no puede controlar. No hay respuesta para nada, acaso porque se normalizó darle prioridad a los poderosos que contaminan, mientras los contaminados miran avanzar el deterioro. Nadie hizo ni un tweet.

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Desde su condición delirante e hiperbólica, Javier Milei habla del valor cero del agua y de la libertad a contaminarla, y los que se creen San Martín le saltan a la yugular como si eso mismo no sucediera en la Argentina con el aval del estado nacional y de las provincias.

El fracking es el ejemplo de que el agua vale casi cero para la industria hidrocarburífera, y que los políticos argentinos en vez de alarmarse, aplauden. Marea pensarlo, pero se usan unos 80 millones de litros por pozo para que las petroleras tengan la libertad absoluta de sacarla del ciclo hidrológico hasta el fin de los tiempos. Las empresas pagan un canon exiguo por lo que toman del Río Neuquén como si fuera infinito, mientras unas mangueras de goma, a las que llaman “anacondas”, pueblan el suelo desértico de la ribera a los pozos, gordas como hubieran devorado bestias de un trago.

El agua del Golfo San Matías, donde YPF proyecta un puerto petrolero, también parece no tener valor, igual que la biodiversidad que contiene, lo que incluye a pingüinos, ballenas, delfines, orcas, cormoranes, entre otras forma de vida únicas e imprescindibles, que vienen a observar desde todo el mundo. Y que la inevitable contaminación con microderrames, causará infinitas muertes de esos mismos animales, coartando la libertad de los que no viven de las perniciosas industrias extractivas de construir un presente y un futuro en torno a actividades como el turismo. Y al que protesta, le mandan la patota de un sindicato y San Se Acabó, porque a las audiencias “públicas” le prohiben la entrada.

¿Queja de la clase política? No señores, al contrario: hay entusiasmo.

Desde hace unos diez meses, YPF tiene un derrame de petróleo en el valle de Río Negro que no puede controlar, y cuando los dueños de las fincas aledañas que producen las peras y manzanas le impidieron a la circulación a un camión de la empresa, los llevaron a la fiscalía. Ahora, el derrame amenaza a la napa y canales de riego, y no hay respuesta para nada, acaso porque se normalizó darle prioridad a los poderosos que contaminan, mientras los contaminados miran avanzar el deterioro. Nadie hizo ni un tweet.

La indiferencia por la contaminación del agua no se reduce al petróleo. Cuando era presidente, Mauricio Macri se quejó de que no dejaran fumigar sobre las escuelas de Entre Ríos, así que un mileísmo implícito le latía en el corazón antes de que le empezara a guiñar el ojo al candidato con cariño. En Argentina, la sojización y la aplicación de agrotóxicos que viene con su implantación masiva, trajo una epidemia de cáncer en los pueblos, entre otras cosas, porque se valora más la libertad de arrojar químicos sobre los cuerpos de agua que la vida de las personas, los animales silvestres o domesticados, que la tienen que consumir contaminada. Se ha encontrado glisfosato hasta en el Río Paraná. ¿Y la indignación? ¿Dónde está? ¿Por qué creen que la ley de humedales está condenada a ser un proyecto sempiterno y nada más? 

El valor de un lote deforestado es más grande en términos monetarios que uno con bosque. Bosque que forma parte del sistema hidrológico, y que al no existir más, porque en su lugar han puesto vacas, soja, maíz o girasol, tampoco podrá perpetuar el ciclo de agua, contaminada o no. De hecho, la ausencia de vegetación hace subir la napa salada, lo que amenaza con arruinar los suelos para siempre. Pero la libertad de ese “desarrollo” arrasó hasta con la legalidad en provincias como Salta, Santiago del Estero, Chaco y Formosa, pero los gobernadores aplauden y sus burocracias estatales le dan rienda suelta abierta o solapadamente a las topadoras, que no cesan de funcionar nunca.

El agua vale más que el oro es un grito histórico de defensa de la vida y ha impedido el avance de la mega minería, por ejemplo, en Mendoza y Chubut, pero no hay político que no sueñe de hacer con que la cordillera es una torta de cumpleaños, rellena de minerales.

En Andalgalá, Catamarca, la minera que explota Bajo la Alumbrera se quiere comer nuevos cerros, a pesar de la resistencia local, que nunca vió ni verá desarrollo por el hecho de que le hayan dejado una carie en la cordillera de los Andes, usando sus ríos para lavar el mercurio que separara el oro de la “roca estéril”. O en Jáchal, San Juan, donde encontraron metáles pesados en el agua, gracias a las actividades en la mina Veladero, cuya dueña, la Barrick Gold, goza de protección política, judicial y mediática. 

Gerardo Morales, acaba de “reformar” la constitución de Jujuy para facilitar la libertad de evaporar agua, que es lo que hace, entre otras cosas, la minería de litio, sin importarle que las comunidades, los animales y las plantas se queden sin ella. Mileísta insospechado. Su policía no tembló al apuntar a los ojos de sus detractores.

Milei es el primer “político” en negar el cambio climático, lo cual es obtuso, estúpido, un problema de política interior y exterior, y peligroso para la supervivencia. Hasta ahora, en Argentina no habíamos tenido negacionistas explícitos, pero negacionistas en la práctica siempre tuvimos a patadas, sino no se estaría impulsando como la gran esperanza nacional a la bomba de carbono llamada Vaca Muerta, la exploración y explotación offshore y hasta el fracking en la provincia de Santa Cruz con incentivos del estado. 

Políticos de casi todos los colores avalan estos proyectos mal llamados de “soberanía energética”, incluyendo a ciertos sectores que se auto perciben ambientalistas y son de sangre joven. Y ni que hablar de los medios, que describen a la formación de hidrocarburos no convencionales como a una “joya”, o peor, como una “niña bonita”, cuando los territorios y las personas que están encima son una zona de sacrificio, donde la vida se contamina y arrasa con la misma brutalidad con la que habla Milei. ¿Cuál es el valor de un sismo inducido por el fracking? En este momento es cero. ¿Es real?

No podemos saber qué le pasa a Milei por la cabeza cuando se sienta a ver la tele junto a sus perros, y en la pantalla hay imágenes de gente muerta de calor, de incendios incontrolables, aludes, huracanes o una inundaciones súbitas. No sólo se acaba la vida: la propiedad privada se disuelve como la vitamina C y pasa a valer cero. Pero me pregunto también qué le sucede a los políticos o la mismísima secretaria de cambio climático cuando autorizan gasoductos, los inauguran con una sonrisa, hablan de puertos hidrocarburíferos y terminales de GNL, de explotaciones offshore y proyectos de mega minería, que sólo conducirán a más de esas mismas desgracias. O peores.

Claro que no es igual tener en la Rosada alguien que pretende aniquilar toda la institucionalidad democrática de la Argentina a otro que la respete. Pero tampoco son creíbles algunos posteos edulcorados sobre el ambiente, la vida, el agua y el cambio climático, cuando las políticas de daño que se llevan adelante se exhiben con orgullo. Y eso no lo arreglás así como así en Instagram o en Twitter con una frasecita linda.

Vamos a ver si en los debates presidenciales o de jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires se incluye o no el tema del grave calentamiento planetario, y si los periodistas estarán a la altura de hacer bien las preguntas. No es cuestión de hablar por pura corrección política para que los pajaritos canten. Hay una necesidad real de salir de un atolladero existencial en el que estamos metidos hasta el tuétano y nos deben respuestas creíbles. Hay muchos apostando a la destrucción porque el futuro les parece intangible. Pero no lo es. Nosotros somos hoy el futuro de otros que ya son literalmente polvo de la historia. Y acá estamos: emperrados en lo mismo para mirar al abismo.

MA/MG

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