ENTREVISTA
“No hundís el Titanic porque encontraste un ratón”: la advertencia del Nobel frente a Trump
“Estados Unidos es grande cuando es bueno. Cuando deja de ser bueno, deja de ser grande”. Con esa reformulación del lema de Trump, David Beasley dejó en claro desde el inicio que la charla con elDiarioAR iría mucho más allá de su tema principal, la ayuda humanitaria. El ex director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (WFP) de la ONU, ganador del Nobel de la Paz en 2020, pasó por el 75° Lindau Nobel Laureate Meeting en Alemania con un mensaje que puede aplicarse perfectamente a la “política de motosierra” en la Argentina: “No hundís el Titanic porque encontraste un ratón a bordo”.
A los 37 años ya era el gobernador más joven en la historia de Carolina del Sur. Dos décadas después, al frente del WFP de las Naciones Unidas, lideró la mayor expansión de la historia del organismo: pasó de asistir a decenas de millones de personas a alimentar a unos 160 millones en el pico mismo de las crisis de la pandemia y la guerra. En 2020, esa labor fue reconocida con el Nobel de la Paz.
Ahora es uno de los críticos más duros de los recortes impulsados por Trump. Y sabe de lo que habla: Beasley fue el nombre propuesto por el entonces presidente para dirigir el WFP en 2017 y, ya al frente del organismo, logró convencer al magnate de aumentar el apoyo estadounidense a la ayuda humanitaria. Hoy, ese presupuesto se redujo a menos de la mitad.
A pocos metros del lago de Constanza, donde durante una semana premios Nobel y jóvenes investigadores de todo el mundo debaten el futuro de la ciencia, Beasley explica por qué desatender las crisis humanitarias termina siendo mucho más caro para los países ricos. Dispara: “Los estadounidenses perdimos de vista lo que significa ser buenos”. Critica el desvío de fondos de ayuda internacional por parte de la OTAN. Y ofrece una mirada poco dogmática sobre la inteligencia artificial. “Es como un cuchillo”, dice: puede servir para curar o para matar. Todo depende de quién la empuñe.
Estados Unidos está recortando la investigación científica y la ayuda humanitaria, lo cual es, en mi opinión, una fórmula maravillosa para la catástrofe
– ¿Dónde ve la mayor brecha entre lo que nos dice la ciencia y lo que los gobiernos están haciendo en este momento?
– Si seguimos maximizando el avance científico, sin duda resolveremos el hambre y la mayoría de las enfermedades en todo el mundo. Desde ya, es necesario que haya medidas de control en cualquier discusión específica en el campo, por ejemplo, sobre la inteligencia artificial o los organismos genéticamente modificados. Lamentablemente, Estados Unidos está recortando la investigación científica y la ayuda humanitaria, lo cual es, en mi opinión, una fórmula maravillosa para la catástrofe.
– En ese escenario, ¿Estados Unidos sigue siendo un buen lugar para ser científico?
– Sí. Estados Unidos fue, durante mucho tiempo, el escenario más extraordinario y estimulante del mundo científico. En el sector privado sigue siendo muy viable y dinámico. Pero, en el sector público, el gobierno redujo sustancialmente los fondos. Creo que en la mayoría de los casos el Gobierno de Estados Unidos abordó el tema como si tirara el agua sucia de la bañadera pero también al bebé, como decimos en inglés. Hay ciertos programas que, en mi opinión, no deberían recibir financiamiento, pero ese es el caso en cualquier gobierno. Cuando entrás a una habitación, siempre hay algo que hace falta limpiar, pero no vas a tirar ni destruir todo sólo porque encontrás un ácaro. No hundís el Titanic porque encontraste un ratón a bordo. Y, lamentablemente, el mundo ya está pagándolo caro.
Espero que el pueblo estadounidense no apoye los recortes a la ayuda internacional humanitaria ni a la investigación científica estratégica y efectiva
– ¿Cómo está pagándolo?
– En dos ámbitos diferentes, el humanitario y el del desarrollo. Se recortaron miles de millones de dólares en alimentos para la población infantil. La gente se está muriendo. Y eso está creando sociedades mucho más frágiles, lo que da lugar a desestabilización, migración masiva, conflictos y explotación por parte del ISIS, Al Qaeda, Boko Haram, Al-Shabaab… Por otro lado, hace 200 años entre el 85 y el 95% de la población del planeta vivía en la pobreza extrema, y hoy tenemos menos del 9%. Todo gracias a la investigación científica. Sin embargo, estamos cerrando la puerta a avances científicos destinados a, entre otras cosas, reducir enfermedades y sufrimiento innecesario. Así que es muy desconcertante. Espero que el pueblo estadounidense no apoye los recortes a la ayuda internacional humanitaria ni a la investigación científica estratégica y efectiva.
– ¿Usted se esperaba esta política del Gobierno estadounidense? ¿Se siente decepcionado?
– Sí, muy decepcionado. Con ambos partidos políticos de Estados Unidos. Fui elegido siete veces como demócrata y una vez como republicano. Tenía amigos en los dos partidos, y hay buena gente en ambos, pero parece que los extremos están dominando la conversación, y eso crea confusión y caos. Cuando Estados Unidos deja de ser bueno, dejamos de ser grandes. Y, en este momento, perdimos de vista lo que significa ser buenos.
– ¿Por qué cree que se están recortando los presupuestos de ciencia y ayuda humanitaria en Estados Unidos?
– Cuando Trump fue elegido en 2016, me ofrecieron un cargo en su administración, pero dije que no. Después, amigos tanto demócratas como republicanos, que pensaban que Trump iba a recortar la ayuda internacional, creían que si yo aceptaba el puesto en el Programa Mundial de Alimentos, podría hacer que cambiara de opinión. Y me convencieron de aceptar el puesto. Logré reunir a demócratas y republicanos en la Casa Blanca y el Capitolio, y eso aumentó fuertemente la ayuda internacional. Fui sin descanso a los medios para crear conciencia entre los tomadores de decisiones promedio de mi país, que se preguntaban: “¿Por qué debería mandar aportes de mis contribuyentes a Guatemala, Honduras, Chad o Níger, si tenemos necesidades en infraestructura, salud y educación?”. Yo les decía: “Si no vas a hacerlo por bondad, al menos hacelo por tus intereses financieros y de seguridad nacional”. Cuando no se aborda la causa de los conflictos y la migración masiva, el costo después es mil veces mayor. Mientras mantener a un refugiado sirio en Alemania cuesta 70 euros por día, alimentar a una persona dentro de Siria cuesta 50 centavos de dólar.
Los países de la OTAN desviaron miles de millones de dólares que iban a estar destinados, por ejemplo, al desarrollo en la zona del Sahel, en África. Como pasó con Siria, eso también resultó en una migración masiva de África hacia Europa
– ¿En cuánto bajó el presupuesto en ayuda humanitaria hoy?
– Lo aumenté en unos US$55.000 millones a lo largo de seis años. En mi último año fue de 14.200 millones. Hoy en día es menos de la mitad. A eso se suman las presiones sobre los países de la OTAN para que aumenten su financiamiento por la guerra de Rusia. Así, los países miembros desviaron miles de millones de dólares que iban a estar destinados, por ejemplo, al desarrollo en la zona del Sahel, en África. Como pasó con Siria, eso también resultó en una migración masiva hacia Europa. La historia se repite.
– ¿Hay salida a esta crisis?
– Las redes sociales agravaron la situación. Con los influencers, la desinformación se monetiza. Algunos no tienen ni idea de qué están hablando. Y muchos empezaron con buenas intenciones, pero no querían perder seguidores así que se dedicaron a complacer a su público sin importar qué es verdad.
– En ese contexto, ¿la inteligencia artificial ayuda o complica?
– La IA es como un cuchillo. Podés cortar para hacer cosas buenas o malas. Todo se reduce al ser humano que haya detrás. La IA en el ámbito cuántico está dando lugar a oportunidades extraordinarias para resolver el hambre en el mundo, el cáncer y otras enfermedades. Pero, vuelvo a lo mismo, vamos a poder construir casas mejores, baratas, con mejores muebles y servicios de bajo costo, para después quemarlas. Tenemos que mantener las medidas de seguridad [con respecto a la IA] y, al mismo tiempo, minimizar la interferencia con los avances científicos que realmente mejoran la calidad de vida para todos los seres humanos del planeta.
– ¿Qué parte de la crisis alimentaria hoy se debe al cambio climático?
– La mayor parte está impulsada por conflictos y por crisis climáticas. A los miembros del Congreso que no creían en el cambio climático, les dije: “No voy a discutir con ustedes sobre qué lo causa. Pero déjenme mostrarles dónde está cambiando el clima. Visito 75 países al año y veo las consecuencias de lo que está pasando. Las cosas están cambiando ahí afuera”. Los líderes mundiales me decepcionan. No abordan la adaptación para los más pobres de entre los pobres, sino que invierten toda la plata en la mitigación. Mientras tanto, la gente se está muriendo.
KN/MG