Formas de despertar, el cine de Rosario Bléfari

0

Ya despiértate nena, sube al rayo al fin/Y así verás lo bueno y dulce que es amar. 

(...)

Ya despiértate rayo, sube a la nena/Y así verás lo triste y dulce que es vivir.

Despiértate nena - Pescado Rabioso

Uno. “He contado los días. Hoy es mi dieciocho de noviembre #122. Me he alejado mucho del diecisiete y no sé si alguna vez veré el diecinueve. Sin embargo, el dieciocho vuelve una y otra vez”. La que escribe es Tara Selter, protagonista de El volumen del tiempo (Anagrama, 2025), una saga de libros que me acompaña en estos días (me atormenta, en realidad, me atrapa y me abisma a la vez; desesperante). Tara y su marido Thomas son libreros anticuarios. Ella está de viaje por trabajo, lejos de su casa y de su esposo. Después de una jornada habitual de recorrida por librerías y locales de antigüedades se instala en una habitación del hotel en el que suele hospedarse cada vez que hace este tipo de viajes. Habla con Thomas por teléfono, hacen el racconto típico de sus jornadas (¿qué vino primero: las rutinas o el impulso por revisarlas y narrarlas? ¿no es ese repaso –esa conversación entre minucias y escenas previsibles– lo que cimenta el pulso vital de varias parejas, entre un puñado de ritos? ¿convivir no se parece mucho a relatar, a vivir para contarle al otro?). Lo que pasa es que Tara se va a dormir y al despertar, lejos de amanecer en un nuevo día, se tropieza con el mismo 18 de noviembre que creía haber dejado atrás. Ese bucle temporal que solo Tara nota –más que una pausa, lo que percibe es una dislocación del tiempo, una realidad cada vez más enrarecida– es el nudo de una serie alucinante de novelas (son siete en total) de la escritora danesa Solvej Balle. Pero no hay grandilocuencias, ni explicaciones estruendosas, ni teorías conspirativas en la escritura y en la historia de Balle. Lo que aparece –y lo que la hace singular, perturbadora, magnética– es una forma susurrada que eligió para poner en palabras el transcurrir de una vida que, como todas, en algún momento se vuelve extraña. Ahí donde otros hubieran desplegado parafernalia un poco chillona, Balle ofrece una escucha (de hecho los libros están plagados de descripciones de sonidos muy acertadas), una percepción del volumen del tiempo: lo que él hace de nosotros, lo que hacemos nosotros con él. Un gesto simple: narrando lo que hace la protagonista una y otra vez con ese 18 de noviembre (a veces Tara decide irse a dormir a escondidas al cuarto de invitados de su casa para no alterar la rutina de Thomas, a veces prefiere aparecer y revelarle este bucle temporal a su marido hasta que vuelve a amanecer y él, claro, despierta una vez más, vuelve a ser 18 de noviembre y no tiene registro de lo que le contó su esposa; a veces ella duerme en otra casa o en otra ciudad o en el mismo hotel de siempre), la autora pareciera preguntarse de qué están hechos los días, las vidas, los amores. Cuánto de ese vaivén entre la repetición y lo extraordinario nos constituye, nos inhibe, nos enciende o nos enrarece cada vez que nos despertamos.

Dos. En casa seguimos el ritual de cada verano: cuando el día se va apagando, en lugar de las noticias o alguna novedad de las plataformas, hacemos una pausa temporal y miramos películas que tienen varios años. El 2 de febrero tocó, para hacerle honor a la fecha y porque es una de mis favoritas de todos los tiempos, Groundhog Day, El día de la marmota o –en la traducción que más me gusta– Hechizo del tiempo. Ahí el que se despierta una y otra vez en un día que no para de volver es el meteorólogo Phil Connors (un Bill Murray espléndido). Ahí el único que nota la dislocación es este hombre sulfúrico, engreído, gruñón. Un tipo que mientras intenta dilucidar qué pasa, por qué se despierta una y otra vez en esa habitación de hotel y en ese pueblo insólito que desprecia, empieza a notar que se siente cada vez más atraído por Rita, su compañera de trabajo (una Andie MacDowell radiante). Como Solvej Balle en El volumen del tiempo, lo que me fascina de Harold Remis –que dirige y es coautor de la película– es que también elige posarse en los días recurrentes de Phil, en su repetición y también en su singularidad. En todo eso que él se propone hacer para ganar el corazón de Rita y de lo que ella no tiene registro porque vuelve a despertar una y otra vez en el día de la marmota sin consciencia del bucle temporal (de paso: vale para Tara de El volumen del tiempo cuando observa a Thomas y sabe que está cerca y a la vez en otra coordenada temporal, vale para los protagonistas de Hechizo del tiempo, vale para todos los mortales: no hay sincronía posible para los enamorados; no hay amor sin destiempo). Dónde está la rareza, entonces, parecería plantearnos la película de Remis. ¿En ese día extraordinario que vuelve una y otra vez? ¿En la posibilidad insólita de enamorarnos de alguien o de que alguien se enamore de nosotros? ¿En la manera siempre arrasadora que encuentra el amor para hacernos despertar?

Tres. “Despertar: Modos diversos bajo los cuales el sujeto amoroso se vuelve a encontrar, al despertar, situado por la inquietud de su pasión”, anota Roland Barthes entre sus Fragmentos de un discurso amoroso. Y unas páginas después, apunta: “A veces, en el instante de un relámpago, me despierto y revierto mi caída. A fuerza de esperar con angustia en la habitación de un hotel desconocido, en el extranjeros, lejos de todo mi pequeño mundo habitual, de repente brota en mí una frase potente: ”Pero ¿qué demonios hago allí? Es el amor lo que parece entonces desreal.

Cuatro. Sigo firme con El volumen del tiempo, como todas las mañanas bien temprano; de a poco empiezo a sentir que la repetición en los días de Tara se parece un poco a la mía. Subrayo: “Ahora me resulta chocante que alguien pueda inquietarse tanto ante lo inverosímil, cuando sabemos que toda nuestra existencia descansa sobre hechos extraordinarios e improbables coincidencias. Que si estamos aquí se debe únicamente a dichas rarezas: que haya seres humanos en este que llamamos nuestro planeta, que podamos movernos por una esfera que gira en el espacio sideral (...). Llevamos en nosotros lo impensable todo el tiempo. Ya ha sucedido: somos inverosímiles, procedemos de una nube de increíbles coincidencias”.

Cinco. Vemos en casa otra película de tiempo dislocado en otro atardecer de este verano también enrarecido. Medio desflecada, pero eficaz en esta idea de detener un poco el frenesí de los días. Se llama Cuestión de tiempo (About Time en el original, la dirige el británico Richard Curtis, guionista de Notting Hill, Cuatro bodas y un funeral y The Boat That Rocked) y la subieron hace poquito a HBO en una selección de películas por el Día de los enamorados que se celebra esta semana. El protagonista es Tim, un veinteañero que se despierta una mañana después de la fiesta de año nuevo con resaca. Su padre quiere hablar con él para revelarle un secreto: algunos miembros de su familia tienen el superpoder de detener el tiempo, viajar hacia atrás y modificar algún episodio de sus vidas que no les gustó o que no salió como esperaban. Tim decide que lo va a usar exclusivamente “para el amor”. Su vida amorosa, entonces, tendrá esa ventaja deportiva: podrá frenar si mete la pata ante una chica que le gusta, volver a empezar o revivir alguna situación haciendo las cosas supuestamente mejor. Sin embargo, aunque en algún momento haya pensado que su habilidad le iba a dar algún tipo de calma, la vida se encargará de mostrarle que el amor sucede –o no– más allá de cualquier superpoder y que en el terreno amoroso no hay serenidad posible.

Seis. Me levanto, sigo mi recorrido de todas las mañanas. Los mismos sonidos de ayer, los de una ciudad que apenas se despereza: la persiana de los vecinos de enfrente que cruje cuando la levantan; el perro de al lado que insiste en ladrar cuando faltan pocos minutos para las 6, el tum tum del ascensor del edificio. Una vez más me reencuentro con el 18 de noviembre de Tara, con el volumen de su tiempo. Leo: “Ignoro lo que ocurre. Si el tiempo se extingue por la noche, el pasado y el futuro desaparecen durante el sueño y no vuelven a ser convocados hasta el despertar. O si las palabras se suprimen y entonces las cosas solo poseen contornos. Quizá sea el lenguaje el que se clausura, de modo que nos despertamos sin palabras, o únicamente con aquellas referidas a lo más próximo: mañana, ahora, aquí, despierto, luz. A lo mejor despertamos sin frases. O con las frases más sencillas que se puedan formar mientras estamos despertando. Es por la mañana. Esto es un día. Me he despertado”.

Después de un nuevo despertar, con sus repeticiones y sus ritos, en un día nuevo-no-tan-nuevo y también extraordinario, llega una nueva entrega de Mil lianas.

1. Libros del mes. Después de un enero de pausa en el mundo del libro, las editoriales volvieron con varios títulos nuevos y también con reediciones de algunos textos que en su momento circularon con gran potencia. Algunos de estos libros vienen de la mano de autores y autoras como Leila Guerriero, Luis Sagasti, Osvaldo Bayer, Agatha Christie, Ricardo Strafacce, Cynthia Rimsky y Fernanda Trías, entre muchos otros.

Por mi parte, ya les conté la semana pasada que arranqué con La realidad absoluta de Luis Sagasti y que me tuvo alucinada varios días (en breve les cuento más sobre él y sobre el libro porque lo entrevisté hace unas horas). Ahora voy, de a poco, siguiendo los pasos de Agatha Christie mientras leo su autobiografía y me anoté para seguir con Retórica, del académico noruego Bård Borch Michalsen publicado por Godot. De él leí hace algunos años el interesantísimo ensayo Signos de civilización. Cómo la puntuación cambió la historia (más, por acá) y pude entrevistarlo en 2022, cuando visitó Buenos Aires (más, por acá).

Anoto algo importante: después de estar agotado mucho tiempo, este mes vuelve a las librerías locales de la mano del sello Blatt & Ríos la novela La Escuela Neolacaniana de Buenos Aires, de Ricardo Strafacce. Es uno de los libros que más me hizo reír en la vida y en estos días difíciles, con pocos motivos para la risa, creo que voy a volver a él.

Por supuesto que hay mucho más, de la mano de autores y autoras como Cynthia Rimsky, Leila Guerriero, Fernanda Trías, Brian Eno, Liliana Villanueva y Osvaldo Bayer, entre muchísimos otros, como pueden ver por acá

El repaso con los libros destacados de febrero se puede leer acá. Y, en este enlace, un recorrido por las series y películas que llegan al streaming a lo largo de todo el mes.

2. Ciclo Rosario Bléfari. Algo lindo si van a andar por Buenos Aires durante la segunda mitad de febrero: desde esta semana y hasta fin de mes el Centro Cultural Borges llevará adelante un ciclo de cine gratuito que lleva como título La favorita, Rosario Bléfari con cinco películas que tuvieron a la cantante y actriz como protagonista.

Forman parte de la programación los largometrajes Verano, de José Luis Torres Leiva; La idea de un lago, de Milagros Mumenthaler; Planta permanente, de Ezequiel Radusky; Los dueños, también de Radusky en dupla con Agustín Toscano (hablamos de esas y de otras gemas del cine tucumano por acá); y Un mundo misterioso, de Rodrigo Moreno. En este enlace pueden encontrar los horarios y los días de las funciones de cada película. Las entradas son gratuitas y se accede directamente un rato antes de cada función en la sala Alberto Williams del centro cultural.

El ciclo de cine La favorita, Rosario Bléfari tendrá lugar hasta fin de mes en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525, CABA). Más información sobre horarios y funciones, en este enlace.

3. Apostilla. “Mi novela Faster acaba de obtener el premio Roger Caillois, que se entrega anualmente a un escritor latinoamericano publicado en Francia. Impresionado de estar en la lista de ganadores junto a Bioy Casares, José Donoso, Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Ricardo Piglia, César Aira, Alberto Manguel, Roberto Bolaño, Rodrigo Fresán, Chico Buarque, Alan Pauls, Milton Hatoum, Samanta Schweblin, Eduardo Halfon y tantos más”, anunció en su cuenta de Facebook el escritor argentino Eduardo Berti

Si se les pasó y tienen ganas de leer una historia preciosa, voy con un recordatorio: comenté con mucho entusiasmo ese libro –ahora premiado– cuando salió en 2024 a través del sello local Híbrida (pasen por acá y van a ver que no exagero). Faster es una suerte de homenaje a la amistad, entre la crónica, una novela de coming of age y el ejercicio en plan Me acuerdo, de Georges Perec. En el centro está el encuentro de dos adolescentes a finales de los ‘70 en la Argentina unidos por el amor a los Beatles, algunas obsesiones lectoras y cierta sensibilidad hacia la palabra escrita. A medida que el relato avanza, irán apareciendo varias imágenes iniciáticas y situaciones que se despliegan para agrandar el mito de esa amistad incandescente. Entre ellas, el encuentro de los protagonistas con el piloto Juan Manuel Fangio, a quien un día los dos jóvenes, fundadores precoces de una revista deportiva casera, deciden ir a entrevistar.

Banda sonora. Esta vez el espacio musical de Mil lianas viene con un combo de cosas que les mencioné a lo largo de toda esta edición. Por un lado, como ya había muchísimas de ella y sus bandas, sumé algunas canciones de Rosario Bléfari pero elegí en particular las de su proyecto musical Los mundos posibles. También agregué algunos temas de las bandas sonoras de Hechizo del tiempo y Cuestión de tiempo y, por último, una selección de canciones de George Harrison y de Pescado Rabioso. Se escucha todo, como todas las semanas, por acá.

Bonus track. Arriba hablábamos de las novedades editoriales de febrero y entre ellas se encuentra el libro Homo ludens, publicado por Emecé. Lo escribió el librero y ex jugador de hockey profesional Patricio Rago, un personaje muy singular que además organiza fiestas multitudinarias y gratuitas en la puerta de su librería de usados y que creó la FLU, un encuentro anual donde convergen librerías de segunda mano. Hace unos días conversé con él sobre su novela, donde rescata escenas deportivas protagonizadas por un grupo de amigos y se cruzan el hedonismo, las preguntas por los vínculos y la apuesta por lo colectivo. También charlamos sobre la escritura, los vínculos que él traza entre el juego y la literatura y la crisis que atraviesa su sector. Pueden leer la nota en este enlace

Posdata. Gracias especiales por sus mensajes esta vez a Juan P., Laura, Leandro, Paul y Melisa. Ya saben, me encuentran en esta vereda. Como Phil Connors, más o menos siempre en el mismo lugar.

¡Hasta la próxima!

Mil lianas es un newsletter que se envía todos los viernes por correo electrónico. Para recibirlo, pueden suscribirse por acá.