CRISIS ECONÓMICA
La fábrica de suéters Mauro Sergio suspendió a 175 trabajadores y expone el deterioro de la industria textil
La empresa textil Textilana, fabricante de la marca Mauro Sergio, suspendió a 175 trabajadores desde el 16 de noviembre en su planta de Mar del Plata debido a la caída de las ventas y al stock acumulado de mercadería. Los operarios debían reincorporarse el 1 de abril, pero advierten que la falta de demanda podría extender las suspensiones y profundizar la incertidumbre sobre la continuidad laboral.
El conflicto afecta a la mayor parte de la plantilla productiva de la compañía. La firma tiene menos de 300 trabajadores en total, entre operarios y personal administrativo, lo que implica que más de la mitad de la planta quedó sin tareas. En la fábrica solo continúan trabajando alrededor de 65 operarios mientras se mantiene paralizada gran parte de la producción.
Textilana es una de las empresas textiles más importantes de Mar del Plata y una de las pocas que conserva un proceso productivo integrado, desde el hilado y tejido hasta la comercialización de los suéters. La marca Mauro Sergio llegó a producir hasta dos millones de prendas en sus años de mayor actividad, cuando la empresa tenía cerca de 1.000 trabajadores y una red de más de veinte locales.
La situación actual es muy diferente. La empresa redujo su plantilla a menos de un tercio de la que tuvo en su etapa de mayor expansión, en un contexto de caída del consumo interno y aumento de las importaciones que afectó a buena parte del sector textil. Según explicó el delegado Mauro Galván, la compañía acumuló un volumen de stock que no logra vender, lo que llevó a detener gran parte de la producción.
La crisis que atraviesa Textilana se inscribe en una crisis que afecta a la industria argentina, en general, y en ese marco a todo el sector textil, que opera actualmente con niveles muy bajos de utilización de su capacidad productiva. Un informe del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana de la Universidad de Buenos Aires señaló que la industria textil funciona apenas al 40% de su capacidad instalada.
Ese retroceso productivo tuvo consecuencias directas sobre el empleo. El mismo estudio registró que la actividad textil perdió al menos 11.500 puestos de trabajo en los últimos dos años, en una de las ramas industriales históricamente más intensivas en mano de obra.
El deterioro del sector se vinculó a varios factores simultáneos. Por un lado, la caída del consumo interno redujo las ventas de indumentaria y productos textiles en el mercado doméstico. Por otro, el aumento de las importaciones de prendas desplazó parte de la producción local en los comercios y presionó sobre la actividad de las empresas que abastecen el mercado interno.
Mar del Plata fue una de las ciudades donde ese proceso se volvió más visible. La localidad fue conocida durante décadas como la “capital del pulóver”, con una red de fabricantes y talleres que abastecían buena parte del mercado nacional. En la década de 1970 existían alrededor de 500 empresas dedicadas a la producción de suéters; hoy quedan menos de 100 entre fábricas y talleres.
El caso de Textilana refleja con claridad ese retroceso. La empresa llegó a contratar personal a comienzos del gobierno de Javier Milei con la expectativa de una recuperación de la actividad. Sin embargo, la demanda no se recuperó y los primeros trabajadores en quedar fuera de la planta fueron los 50 operarios incorporados en esa etapa, cuyos contratos no fueron renovados.
En la industria argentina en general, de acuero con un informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, se perdieron 100.000 empleos desde noviembre de 2023, lo que equivale a un promedio de 160 puestos de trabajo menos por día.
Ese retroceso se expresó en distintos sectores manufactureros, con cierres de plantas, repliegues productivos y reestructuraciones empresariales que afectaron desde la metalurgia hasta la fabricación de electrodomésticos. Investigadores de la misma universidad identificaron una serie de compañías que atravesaron procesos de ajuste o retiro de producción en el país.
Por eso, la paralización parcial de la planta de Textilana es uno más dentro de la serie de conflictos laborales que atraviesan distintas ramas industriales. En los últimos meses se registraron cierres de fábricas, suspensiones y despidos en sectores como el neumático, la alimentación, los frigoríficos y la metalurgia, con efectos directos sobre el empleo y las condiciones laborales.
Para los trabajadores de la empresa marplatense, la incertidumbre inmediata gira en torno a la posibilidad de retomar la producción en abril. Si las ventas no se recuperan y el stock acumulado no logra colocarse en el mercado, las suspensiones podrían extenderse, lo que pondría en riesgo la continuidad laboral de buena parte de la planta.
JJD