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Argentina: las ballenas jorobadas regresaron al Canal Beagle en busca de alimento

La ballena Shima regresa desde hace ocho años al Canal Beagle para alimentarse. Foto: cortesía Sebastián Dirube

Ivan Paredes Tamayo

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En la Patagonia argentina, el Canal Beagle vive más a menudo momentos espectaculares: las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) regresaron en los últimos años a este corredor marítimo para realizar un asombroso evento natural. Luego de una serie de políticas de conservación, esta especie marina mostró un incremento poblacional en el sur argentino restableciendo antiguas rutas en sus migraciones y recuperando antiguas áreas de alimentación.

Un estudio colaborativo realizado por el Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic), dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina, junto a las fundaciones WCS Argentina y Compromiso Onashaga, mostró que durante 2025 se identificaron 22 ballenas en la zona del Canal Beagle, de las cuales 17 fueron registradas por primera vez. Desde 2013 hasta el año pasado, el total de ejemplares reconocidos asciende a 208 individuos, un número que confirma un crecimiento sostenido en la zona al menos desde 2018, aseguraron las expertas consultadas.

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La ballena Shima es una de las ballenas jorobadas que regresa a alimentarse al Canal Beagle. Foto: cortesía Sebastián Dirube

Detrás de esas cifras hay historias que sobresalen. Buddha es una ballena jorobada que no se veía desde 2021 y regresó al Canal Beagle, algo que los científicos califican como “altamente positivo”. También está Shima, una ballena que lleva visitando estas aguas patagónicas ocho años consecutivos. Este caso se destaca como la más fiel al canal entre las ballenas jorobadas registradas.

Natalia Dellabianca, bióloga y científica del Laboratorio de Investigaciones en Mamíferos Marinos Australes del Cadic-Conicet e investigadora asociada a WCS Argentina, explicó a Mongabay Latam que desde hace una década existe un proyecto de ciencia ciudadana vinculado a la ballena jorobada y su identificación.

“Todo es gracias a las fotos que nos mandan las tripulaciones que visitan el canal y los mismo turistas. Ahora, lo que está pasando en el canal es que las ballenas están volviendo a antiguas áreas de alimentación”, afirmó Dellabianca.

El Canal Beagle es un sitio de alimentación ideal para las ballenas jorobadas. Esta especie es cosmopolita y frecuente en zonas costeras y de plataforma de todos los océanos. En Sudamérica realiza migraciones desde las áreas de alimentación estivales, en aguas australes templadas y frías, hacia las áreas de reproducción invernales, en mares tropicales y subtropicales. En el Canal Beagle su presencia ha sido reportada desde 1979 y fue incrementándose a partir de la década de 1990, pero fue a partir de 2018 que se notó un crecimiento sostenido.

Fotografías de ballenas jorobadas en el catalogo de fotoidentificación de los ejemplares que llegan a la zona del Canal de Beagle. Foto: CADIC-WCS Argentina

Uno de los factores que podría explicar el regreso de las ballenas jorobadas está relacionado con la recuperación de las poblaciones de cetáceos en todo el mundo. Tras décadas de prohibición de la caza comercial, diferentes especies comenzaron a recuperarse gradualmente y a recolonizar antiguos sitios de alimentación, como este canal central en la biodiversidad marina del sur del continente.

Un espacio vital para las ballenas

Ese proceso también está repercutiendo en el extremo sur argentino. Los investigadores recuerdan que el Canal Beagle fue históricamente un espacio importante para estos animales. Antes de la era de la caza industrial de ballenas, la región funcionaba como una zona habitual de alimentación para distintas especies.

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La disponibilidad de alimento también juega un papel determinante en esta dinámica. En las aguas australes, los cetáceos encuentran abundantes recursos que sostienen su presencia durante varios meses del año. “Acá hay comida y por eso los animales están en esta zona. Se alimentan principalmente de langostilla y de sardina fueguina”, indicó Dellabianca.

Actualmente se cuenta con un catálogo de fotoidentificación de los ejemplares que llegan a la zona del Canal Beagle. Es el resultado de un esfuerzo de científicos y más de 500 colaboradores que forman parte del proyecto de ciencia ciudadana Jorobadas del Beagle. La idea de armar este catálogo surgió en 2013, con el objetivo de conocer más sobre los hábitos migratorios de las ballenas jorobadas. Así, se desarrolló un sistema de identificación visual a partir de las marcas únicas que presenta la aleta caudal de cada ejemplar.

El Canal Beagle es un estrecho marítimo que une los océanos Pacífico y Atlántico en el sur del continente. Foto: cortesía Centro de Investigación: Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes - IDEAL/Diego Nahuelhuén

El catálogo se actualizó en varias ediciones. Cada uno de los ejemplares registrados recibe un nombre elegido por la persona que aportó el primer registro fotográfico. En esta iniciativa se integran los registros fotográficos y fílmicos obtenidos por ciudadanos del lugar, capitanes de barcos, guías turísticos, fotógrafos y turistas que visitan la zona. Luego se suman los relevamientos sistemáticos que realizan las investigadoras.

Solange Fermepin, gerente de Conservación Costera Marina de WCS Argentina, explicó a Mongabay Latam que la ballena jorobada enfrenta amenazas como la colisión con embarcaciones, la contaminación sonora y los desechos en los océanos, los enmalles en redes pesqueras, la pesca ilegal y los impactos del cambio climático.

La experta detalló que este catálogo de fotoidentificación tiene muchas implicancias. Por una parte -dijo-, aporta información biológica clave sobre las ballenas jorobadas en una zona donde su presencia no era frecuente. Sin embargo, gracias a este proyecto, se registró un aumento constante en el número de esta especie que visitan el Canal Beagle.

La investigadora añadió que las ballenas jorobadas realizan migraciones extensas entre sus zonas de alimentación en aguas frías del sur y sus áreas de reproducción en mares tropicales. En este contexto, dijo que el Canal Beagle se consolida como un sitio fundamental para su alimentación durante el verano.

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Según Dellabianca, los investigadores observaron que el comportamiento de estos animales presenta cierta regularidad en el calendario. “En el caso de la ballena jorobada, que es la que venimos estudiando más regularmente desde 2013, sabemos que a partir de febrero normalmente tenemos una presencia permanente de la especie. Si bien puede haber avistajes desde noviembre hasta agosto en algunos casos, a partir de febrero y hasta junio normalmente tenemos presencia permanente de la especie”, explicó.

Paso a paso para el retorno

Para la comunidad científica de Ushuaia, capital de la provincia argentina de Tierra del Fuego, la más austral del país, este auge representa una oportunidad de estudio que siguen desde hace varios años y esperan continuar.

Este regreso de las ballenas jorobadas también trae desafíos. Con el aumento de esta especie en zonas de tráfico marítimo, las autoridades y científicos remarcan la importancia de respetar protocolos de avistaje: mantener la distancia, no perseguirlas y reducir la velocidad de navegación para evitar colisiones.

“El ingreso creciente de ballenas al Beagle conlleva un aumento en la interacción entre estos animales y las embarcaciones. A esto se suma el incremento del tráfico marítimo dentro del canal asociado al crecimiento turístico, en especial por los viajes hacia la Antártida. Si bien el canal es un corredor natural que conecta el Pacífico y el Atlántico, es angosto y esto intensifica la probabilidad de encuentros entre las embarcaciones y ballenas”, detalló Dellabianca.

Las ballenas jorobadas regresan al Canal Beagle tras un largo proceso de conservación. Foto: cortesía Sebastián Dirube

Desde el Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic) resaltaron que “resulta necesario revisar y fortalecer pautas de navegación, como las velocidades de entrada y salida de los buques y las distancias de acercamiento para el avistaje de ballenas, a fin de minimizar el riesgo de colisiones”.

El regreso de las ballenas jorobadas al Canal Beagle trae un mensaje alentador, según Fermipin: cuando se da un paso atrás en la explotación y la caza, la vida silvestre recupera su lugar con fuerza y obliga a contemplar nuevas pautas de convivencia para disfrutar un fenómeno natural que ahora tiene muchos desafíos, entre ellos implementar una política de conservación para que estos cetáceos se queden en el lugar.

El artículo original fue publicado por Ivan Paredes en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.

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