Perfil

¿Quién te crees que sos? ¿Rodolfo Bebán?

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Nadie que haya vivido durante los sesenta, setenta y ochenta dejó de escuchar alguna vez, ante alguna soberbia masculina, la frase: “¿Quién te crees que sos? ¿Rodolfo Bebán?”. Es que el actor, fallecido este último sábado, representó como nadie el arquetipo varonil de una época: mezcla de recia masculinidad y belleza perfecta. A puro talento, nuestro Alain Delon entró en la cultura popular con refrán propio.  

Imposible no querer que el billete de 20 pesos tuviera su rostro interpretando a Juan Manuel de Rosas en reemplazo del prócer federal al que caracterizó en la película biográfica dirigida por Manuel Antín en 1972. 

De galán de telenovela a actor de carácter sin ningunear nunca el origen masivo de su popularidad, a pesar de haber sido dirigido por prestigiosos directores. Así, de protagonizar la pieza teatral Las mariposas son libres junto a Susana Giménez -obra que marcaría el ascenso de modelo a actriz de su coprotagonista- pasó a representar la muerte más larga en la cinematografía nacional bajo la lente de Leonardo Favio. El film Juan Moreira convocaba a dos millones de espectadores, mientras su protagonista no tenía ningún empacho en seguir acompañando la cotidianeidad de las familias argentinas a través de exitosas tiras. 

Por esos años encabezaba el elenco de la exitosísima Malevo, teleteatro emitido en horario nocturno por Canal 9, donde conoció a quien fuera su segunda esposa, Gabriela Gilli. Con Claudia Lapacó, actriz con la cual conformó una de las parejas más hermosas de los 60, tuvo un matrimonio de varios años. Guardián celoso de su privacidad, poco se sabe de su vida íntima. Nunca basó su carrera ni en escándalos ni en romances, aunque después de enviudar de la actriz de Un mundo de 20 asientos, el ojo mediático posó su lente sobre él pues se había convertido en uno de los solteros más codiciados. Su relación con Adriana Castro despertó el interés de la prensa rosa, algo poco usual en la carrera del actor de El Gato.

A principio de la década del ochenta se vio envuelto en una fuerte polémica. Fue cuando protagonizó La invitación, junto a Graciela Alfano, película basada en un libro de Beatriz Guido, muy cuestionada por las escenas de maltrato animal. Aunque para la taquilla pasó sin pena ni gloria, sus intérpretes rompieron la Matrix de la belleza hegemónica: Bebán y Alfano en la misma pantalla.

En esa misma década, en televisión y usufructuando irónicamente su imagen de “duro”, fue parte de una comedia familiar del tipo Los tuyos, los míos y los nuestros junto a Silvia Montanari: Los otros y nosotros. Una psicóloga feminista se enamoraba de un viudo bastante machista, armando una familia ensamblada. Los hijos en cuestión fueron algunas de las estrellas de las décadas siguientes: Adrián Suar, Diego Torres, Florencia Peña, entre otros.

En los noventa fue protagonista de uno de los grandes sucesos de la televisión argentina, nuestro House of Cards: El precio del poder. Se trataba de un drama político escrito por Hugo Moser, donde su Lucio Santini representaba a un empresario corrupto que pugnaba por sacar ventaja de las privatizaciones del menemismo de la pizza y el champagne. Esta saga familiar suponía los entretelones de los vínculos entre el empresariado y la política. La serie mezclaba la ficción con nombres de políticos reales. Era la época en la que Los dueños de la Argentina, libro de Luis Majul alcanzaba un éxito descomunal y Lucio se asemejaba en el imaginario popular a un estereotipo que en la vida real bien podría haber sido Franco Macri, el pater familias de una de las más poderosas dinastías del país. Después de dos muy exitosas temporadas, la ficción se mudó a Canal 2, pero esta vez encabezada por Federico Luppi. El rating no acompañó. Bebán, que aún tenía exclusividad con el canal de Alejandro Romay, tomó el papel de “Marco, el candidato”, un político aspirante al sillón de Rivadavia, absolutamente honesto, lo que el segundo lustro de los noventa parecía estar reclamando. Al igual que la formula Bordón-Álvarez, la serie no llegó a convencer a la audiencia.

Sin prejuicios, Bebán podía pasar de protagonizar películas de reconocimiento internacional como el film Del brazo y por la calle, cuyo guion relataba los avatares sentimentales de una joven pareja (su protagonista, Evangelina Salazar, fue premiada por su actuación en San Sebastián) a ser parte de éxitos estivales marplatenses como Somos hombres y algo más, junto a los galanes más populares de la época, Claudio García Satur y Arnaldo André, llenando el teatro de suspiros. Podía destacarse en televisión con obras clásicas de la literatura como Cumbres borrascosas u Otelo así como también podía compartir cartel con la talentosa y prestigiosísima Alicia Bruzzo en Misery o subir a escena acompañando a modelos que querían consagrarse en las tablas (tal fue le caso de Araceli González en Y las sirenas cantarán…). 

Después de años de no hablarse con Claudia Lapacó, en 2011 protagonizó junto a ella y a Alfredo Alcón Filosofía de vida, donde los tres se sacaban chispas sobre el escenario.

Retirado de la vida pública, al mejor estilo de los grandes mitos cinematográficos del siglo pasado, no permitió que fuéramos testigos ni de su vejez ni de sus enfermedades. Quizás, convencido de que sus ojos y su voz -impresa en varios discos recitados- debían mantenerse intactos en la memoria de todos aquellos que alguna vez le espetaron a otro “¿Quién te crees que sos? ¿Rodolfo Beban?”

LA

Nadie que haya vivido durante los sesenta, setenta y ochenta dejó de escuchar alguna vez, ante alguna soberbia masculina, la frase: “¿Quién te crees que sos? ¿Rodolfo Bebán?”. Es que el actor, fallecido este último sábado, representó como nadie el arquetipo varonil de una época: mezcla de recia masculinidad y belleza perfecta. A puro talento, nuestro Alain Delon entró en la cultura popular con refrán propio.  

Imposible no querer que el billete de 20 pesos tuviera su rostro interpretando a Juan Manuel de Rosas en reemplazo del prócer federal al que caracterizó en la película biográfica dirigida por Manuel Antín en 1972. 

De galán de telenovela a actor de carácter sin ningunear nunca el origen masivo de su popularidad, a pesar de haber sido dirigido por prestigiosos directores. Así, de protagonizar la pieza teatral Las mariposas son libres junto a Susana Giménez -obra que marcaría el ascenso de modelo a actriz de su coprotagonista- pasó a representar la muerte más larga en la cinematografía nacional bajo la lente de Leonardo Favio. El film Juan Moreira convocaba a dos millones de espectadores, mientras su protagonista no tenía ningún empacho en seguir acompañando la cotidianeidad de las familias argentinas a través de exitosas tiras. 

Por esos años encabezaba el elenco de la exitosísima Malevo, teleteatro emitido en horario nocturno por Canal 9, donde conoció a quien fuera su segunda esposa, Gabriela Gilli. Con Claudia Lapacó, actriz con la cual conformó una de las parejas más hermosas de los 60, tuvo un matrimonio de varios años. Guardián celoso de su privacidad, poco se sabe de su vida íntima. Nunca basó su carrera ni en escándalos ni en romances, aunque después de enviudar de la actriz de Un mundo de 20 asientos, el ojo mediático posó su lente sobre él pues se había convertido en uno de los solteros más codiciados. Su relación con Adriana Castro despertó el interés de la prensa rosa, algo poco usual en la carrera del actor de El Gato.

A principio de la década del ochenta se vio envuelto en una fuerte polémica. Fue cuando protagonizó La invitación, junto a Graciela Alfano, película basada en un libro de Beatriz Guido, muy cuestionada por las escenas de maltrato animal. Aunque para la taquilla pasó sin pena ni gloria, sus intérpretes rompieron la Matrix de la belleza hegemónica: Bebán y Alfano en la misma pantalla.

En esa misma década, en televisión y usufructuando irónicamente su imagen de “duro”, fue parte de una comedia familiar del tipo Los tuyos, los míos y los nuestros junto a Silvia Montanari: Los otros y nosotros. Una psicóloga feminista se enamoraba de un viudo bastante machista, armando una familia ensamblada. Los hijos en cuestión fueron algunas de las estrellas de las décadas siguientes: Adrián Suar, Diego Torres, Florencia Peña, entre otros.

En los noventa fue protagonista de uno de los grandes sucesos de la televisión argentina, nuestro House of Cards: El precio del poder. Se trataba de un drama político escrito por Hugo Moser, donde su Lucio Santini representaba a un empresario corrupto que pugnaba por sacar ventaja de las privatizaciones del menemismo de la pizza y el champagne. Esta saga familiar suponía los entretelones de los vínculos entre el empresariado y la política. La serie mezclaba la ficción con nombres de políticos reales. Era la época en la que Los dueños de la Argentina, libro de Luis Majul alcanzaba un éxito descomunal y Lucio se asemejaba en el imaginario popular a un estereotipo que en la vida real bien podría haber sido Franco Macri, el pater familias de una de las más poderosas dinastías del país. Después de dos muy exitosas temporadas, la ficción se mudó a Canal 2, pero esta vez encabezada por Federico Luppi. El rating no acompañó. Bebán, que aún tenía exclusividad con el canal de Alejandro Romay, tomó el papel de “Marco, el candidato”, un político aspirante al sillón de Rivadavia, absolutamente honesto, lo que el segundo lustro de los noventa parecía estar reclamando. Al igual que la formula Bordón-Álvarez, la serie no llegó a convencer a la audiencia.

Sin prejuicios, Bebán podía pasar de protagonizar películas de reconocimiento internacional como el film Del brazo y por la calle, cuyo guion relataba los avatares sentimentales de una joven pareja (su protagonista, Evangelina Salazar, fue premiada por su actuación en San Sebastián) a ser parte de éxitos estivales marplatenses como Somos hombres y algo más, junto a los galanes más populares de la época, Claudio García Satur y Arnaldo André, llenando el teatro de suspiros. Podía destacarse en televisión con obras clásicas de la literatura como Cumbres borrascosas u Otelo así como también podía compartir cartel con la talentosa y prestigiosísima Alicia Bruzzo en Misery o subir a escena acompañando a modelos que querían consagrarse en las tablas (tal fue le caso de Araceli González en Y las sirenas cantarán…). 

Después de años de no hablarse con Claudia Lapacó, en 2011 protagonizó junto a ella y a Alfredo Alcón Filosofía de vida, donde los tres se sacaban chispas sobre el escenario.

Retirado de la vida pública, al mejor estilo de los grandes mitos cinematográficos del siglo pasado, no permitió que fuéramos testigos ni de su vejez ni de sus enfermedades. Quizás, convencido de que sus ojos y su voz -impresa en varios discos recitados- debían mantenerse intactos en la memoria de todos aquellos que alguna vez le espetaron a otro “¿Quién te crees que sos? ¿Rodolfo Beban?”

LA

Nadie que haya vivido durante los sesenta, setenta y ochenta dejó de escuchar alguna vez, ante alguna soberbia masculina, la frase: “¿Quién te crees que sos? ¿Rodolfo Bebán?”. Es que el actor, fallecido este último sábado, representó como nadie el arquetipo varonil de una época: mezcla de recia masculinidad y belleza perfecta. A puro talento, nuestro Alain Delon entró en la cultura popular con refrán propio.  

Imposible no querer que el billete de 20 pesos tuviera su rostro interpretando a Juan Manuel de Rosas en reemplazo del prócer federal al que caracterizó en la película biográfica dirigida por Manuel Antín en 1972.