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Entrevista

Claudia Piñeiro: “Hay nuevas generaciones a las que no les supimos transmitir lo que significa perder la democracia”

La escritora argentina Claudia Piñeiro acaba de publicar el libro "Escribir un silencio".

Agustina Larrea

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Son semanas intensas para la escritora Claudia Piñeiro: la adaptación audiovisual de su novela Elena sabe se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y llegará a Netflix el 24 de noviembre; fue una de las impulsoras de una carta pública firmada por más de mil mujeres argentinas que llamaron a no votar por Javier Milei en el balotaje del 19 de noviembre; acaba de lanzar Escribir un silencio (Alfaguara, 2023), su primer libro de no ficción. Una publicación que recopila notas, columnas de opinión, conferencias y discursos que brindó a lo largo de su carrera

Poco antes de emprender un viaje – “por compromisos laborales que tomé hace mucho voy a estar afuera y no podré votar en el balotaje”, señala– recibió a elDiarioAR para hablar de su flamante libro y también de las causas que siente que debe defender cuando le toca hablar en distintos espacios como ferias de libros, presentaciones y debates públicos.

-Hablaste muchas veces sobre el puntapié que elegís para tus textos de ficción, que muchas veces tiene que ver con una imagen generadora que te aparece y que luego te va llevando a escribir. ¿Cómo es ese proceso con los textos de no ficción? ¿Surgen a partir de la demanda?

-En general todos han tenido una demanda y después una puede ir ajustando o eligiendo determinadas cosas. Pero creo que en estos textos en general es otro el proceso, no es una imagen disparadora que te asalta y decís “ah, tengo que buscar acá”, sino que te ronda una idea a partir de que alguien tal vez te hace un pedido muy amplio que te enciende algo en la cabeza. Por ahí lo que se me arma es una imagen que estoy tratando de conseguir, no una imagen que me asalta como los sueños, digamos, así sin proponérmelo. 

-En los textos de Escribir un silencio se cuela algo que tal vez está más escondido en los otros libros, que tiene que ver con tu intimidad.

-Claro, son textos muy personales. Yo creo que uno en la ficción también pone cosas personales sin necesidad de que los libros sean exactamente autoficción. Pero en estos textos de no ficción eso está explícito. Cuando hablo de mí, estoy hablando de mí. Cuando hablo de mis hijos, estoy hablando de mis hijos. Y cuando hablo de mis padres, estoy hablando de mis padres. Entonces sí, hay una suerte de revelación de cosas muy personales y muy íntimas.

-¿Tuviste pudor a la hora de rescatar los textos? ¿Dijiste “hasta acá llegó”? 

-Hay cosas que no las he contado y seguiré sin contarlas. Y hay cosas que siempre te generan dudas sobre si contarlas o no. Me pasa con mis hijos, que contás una pavada y a lo mejor vienen y te dicen “¿por qué dijiste eso de mí?”. Pero sí, tengo bastante cuidado que en esa revelación de lo personal no sean afectadas las personas que tengo alrededor mío que no tienen por qué estar afectadas por esos temas.

-Al mismo tiempo, hay textos que tienen que ver más con tu intimidad, con vos yendo, por ejemplo, a una clase de spinning un poco insólita y bastante cómica. ¿Tampoco sentiste vergüenza mostrando ese costado tuyo?

-No, a mí me parece que uno puede hablar de esos temas justamente porque se pone uno. Porque si vos te ponés a criticar una clase de spinning donde vos no sos parte me parece que estás hablando del otro. O si te ponés a hablar de lo que hacen las mujeres a los 50 años para mantenerse a tono estás hablando de las otras. Entonces a mí parece que el permiso me lo da incluirme dentro de eso que estoy contando. A la vez, creo que es algo que quizá nos pasa mucho a los escritores y las escritoras, que de pronto estás en una escena y lográs salir de ahí casi como si te pusieras como un narrador objetivo a mirarla de afuera. Un omnisciente, una narradora omnisciente que puede mirar su propia escena desde arriba y decir “¿qué es esto?”, “¿dónde me metí?”, o “¡esto habría que escribirlo!”.

-En la mayoría de los textos incluidos en el libro se vislumbra una especie de obsesión por las palabras. Hay una carta, por ejemplo, que vos le escribís a la Real Academia para hablar sobre el término “matrimonio” cuando se estaba tratando en el Congreso la Ley de Matrimonio Igualitario. Más cerca en el tiempo, hacés también un rescate de la palabra “vida” durante los debates por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. ¿Lo pensaste así, siempre estás volviendo sobre el lenguaje?

-Sí, no lo tengo tan claro, pero creo que eso se relaciona también con el primer texto del libro donde hablo de cómo empecé a ir terapia, que viene de una sección de la revista La mujer de mi vida que se llamaba justamente Te cuento mi terapia. Aquella terapia tenía que ver en su momento con sentir que había palabras con las que una podía lastimar a las personas. O que la palabra siempre implicaba un riesgo. Creo que tuve una conciencia muy temprana del efecto de las palabras para bien y para mal. Entonces pienso mucho en las palabras que se usan para determinadas cosas y me interesa por qué las elegimos. 

-El libro incluye artículos en medios gráficos pero también muchos discursos que diste en lugares muy distintos, desde ferias de libros hasta el debate en comisión por la Ley de interrupción voluntaria del embarazo en el Congreso de la Nación. ¿Sentís que los escritores y las escritoras tienen que asumir en algún momento de sus carreras un compromiso social? ¿Por qué, en todo caso, vos decidís involucrarte en algunos de esos debates o causas?

-Creo que hay características personales que me llevaron de distintas maneras, a lo largo de mi vida a ser una especie de voz cantante. Desde chica, si alguien no se atrevía a decir algo iba y lo decía yo. Así que hay algo de personal en eso. Pero también hay algo que yo siento que es una responsabilidad. No digo que todos tengan que sentirla y no digo que todos los escritores tengan que tener sí o sí una voz pública. Al mismo tiempo, cuando escribo una novela cuento la historia que quiero contar. Pero cuando a mí me dan un micrófono para hablar en una feria, en el Congreso de la Lengua o en el Congreso de la Nación y está pasando algo en la sociedad alguna cosa debo decir. Si yo no hablo de la quema de las islas en Rosario cuando voy a Rosario o no hablo de la Ley de interrupción voluntaria del embarazo cuando en el 2018 abrí la Feria del Libro de Buenos Aires, también estaría haciendo una elección política que es no hablar de los temas que están hablando todos los demás en ese momento. Y son los temas urgentes. Por lo general yo siento que hay una responsabilidad porque ese micrófono me es dado en mi calidad de escritora, y me es dado por una institución en una sociedad, en un país en el que vivo. Así que yo siento la responsabilidad de hacer ese uso del micrófono. Pero no critico ni me parece mal que otros escritores consideren que ese micrófono está para otra cosa. Desde mi punto de vista, en este país casi siempre hay temas muy urgentes. 

-En ese sentido ese tipo de intervenciones públicas, de discursos, también muchas veces traen un reverso que es mucha agresión. Por lo general ocurre desde las redes sociales. ¿Cómo lo vivís? ¿Eso te asusta, te enoja? 

-Bueno, ese tipo de manifestaciones te afectan, por supuesto, porque las agresiones van desde pavadas hasta amenazas concretas. Que pueden no concretarse, que puede ser solamente una palabra de las redes, pero que no dejan de preocuparte. Lo peor fue en el momento de la Ley de interrupción voluntaria del embarazo, cuando yo tenía que presentar a Leonardo Padura en el marco de una actividad de una Fundación que lo traía como escritor por sus novelas. Hubo llamados a la Fundación que hacía el evento, 200 personas por día que se habían puesto de acuerdo, para pedir que me sacaran de ese trabajo. Entonces ese tipo de actitudes ya tiene que ver con la censura, con la imposibilidad de trabajar. Yo no iba a hablar específicamente del aborto con Padura, aunque también si hubiera querido hablar del aborto tampoco hubiera sido censura. Y este tipo de fenómenos cada vez ocurren más. Durante la época del estreno de la serie El reino también hubo acciones concretas de agresiones. Si una asociación de iglesias evangélicas saca un comunicado donde dice, palabras más, palabras menos, sin ánimo de censurar y lo pone entre comillas lo que está haciendo es intentar censurar. Lo que dicen es que vos más o menos sos la serpiente que llevaste la manzana envenenada a Netflix y todos cayeron como pobres ilusos a hacer algo que yo quería hacer porque soy una defensora del aborto. Eso es una acción concreta, excede al ataque en las redes.

Creo que tuve una conciencia muy temprana del efecto de las palabras para bien y para mal. Entonces pienso mucho en las palabras que se usan para determinadas cosas y me interesa por qué las elegimos

-En ese caso concreto, te eligieron a vos aunque se tratara de un proyecto en el que había muchísimas personas involucradas.  

-El reino la escribimos con Marcelo Piñeyro y a él no se lo nombra en ese comunicado. Siempre es mucho más fácil atacar a las mujeres. También porque pensarán que somos más débiles y nos replegamos. Así es el mecanismo del fascismo, atacarte para que no sigas hablando. Cuando me preguntan si tengo miedo digo que sí, que muchas de estas cosas me generan miedo. Pero trato de seguir diciendo algunas cosas y con otras me cuido más. Pero no me puedo callar con las que me parecen trascendentes. 

-En el caso de las elecciones presidenciales, ¿por ejemplo?

-Bueno, es que eso tiene que ver, me parece, con la urgencia de lo que está pasando. Ahora la Argentina está pasando por una situación política preocupante en la que siento que hay que decir algunas cosas y esas cosas las pongo en las redes. Me tengo que comer bastantes agresiones por eso, pero me parece que es importante hacerlo ahora. Siempre con el respeto por el otro, porque los demás no tienen que pensar como uno. Pero necesito decir lo que yo pienso, porque a lo mejor alguien eso lo hace reflexionar  a otros y decir “ah, este punto de vista no lo había tenido en cuenta”.

-Hablando de la elección, hay artículos del libro y también intervenciones tuyas que tienen que ver con el valor de la democracia y la memoria por lo que ocurrió en la dictadura. Durante la campaña presidencial volvieron discursos negacionistas o directamente reivindicatorios de la dictadura. ¿Qué ves ahí, qué te parece que está pasando que estas cuestiones vuelvan de alguna manera al tablero?  

-Por un lado, por supuesto que veo que esos son discursos reivindicatorios de la dictadura. Porque no es solamente negar, sino que muchas veces tienden a ensalzar determinadas cuestiones y prácticas de la dictadura. Hay gente a la que le parecerá que eso está bien y también está bueno saber quiénes son, porque yo no quiero estar con esas personas. No quiero ni votarlas, ni ser amiga, ni conversar en una cena con nadie que reivindique la dictadura militar. Me parece que no está mal saber que esas personas estaban calladas y opinan eso. Ahora, al mismo tiempo, creo que todos los demás tenemos que ver qué hicimos mal a la hora de transmitir estos temas a nuevas generaciones. Hay pibes que son jóvenes que no sienten que hay en la democracia un valor a defender. No supimos transmitir eso adecuadamente. Todos los que vivimos en esos tiempos sí tenemos conciencia de lo que significa perder derechos o libertades, pero hay nuevas generaciones a las cuales no les pudimos transmitir lo que significa perder la democracia, perder las instituciones, que te desaparezcan. Tal vez les parece algo lejano, que no va a volver a pasar o lo que sea. Entonces ahí hay una falla de cómo llegamos a eso. 

AL/CRM

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