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¿Cómo se fabrica un best seller político?

¿Cómo se fabrica un best seller político?

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El sector editorial se hace eco de los temas de los que hablan los argentinos. Hace décadas que los libros de política se posicionan entre los más vendidos. Existe uno para cada acontecimiento político, para cada medida controvertida que una administración toma, o para cada personaje que deja su estela en la escena pública. Los gobiernos pasan y el género editorial se mantiene. Históricamente el mercado reacciona ante la coyuntura con títulos que buscan sensibilizar al lector, ayudarlo a vivir y a comprender una época, a formar o reafirmar sus opiniones. Por eso, una vía para entender la historia y la política argentina reciente es estudiar los libros publicados que hablan de ella. No porque lo que digan refleje de manera cabal la historia y la política, sino porque su proceso de producción, su circulación, sus lecturas y las prácticas de quienes los elaboraron configuran un prisma desde el cual observar cómo se materializan y circulan las ideas y el debate político en nuestro país.

¿Qué función tienen estos libros en el debate político? ¿Cuál es el atractivo que los convierte en best sellers? ¿Es el libro de coyuntura una creación adjudicable solo a su autor? ¿Cómo se hace un best seller de política? ¿Qué rol juegan los editores en el armado de un libro y cuáles son sus inquietudes y compromisos comerciales, culturales, políticos o intelectuales? ¿Cómo funcionó esto durante el kirchnerismo? ¿Cómo se fabrica un best seller político? explora uno de los espacios de producción cultural que más hace para que los principales temas y referentes de opinión en la Argentina reciente se constituyan como tales.

Durante los doce años de gobiernos kirchneristas, los libreros recibían cajas repletas de libros políticos, entre los que se destacaban tres grandes temas: los que puntualizaban la ya recurrente “identidad argentina” como explicación de nuestras reiteradas crisis; los que se enfocaban sobre la cuestión de los derechos humanos, el pasado reciente y los juicios de lesa humanidad; y los que investigaban, apreciaban o criticaban los modos en que Néstor Kirchner y Cristina Fernández ejercían el poder, sobre todo en torno al señalamiento de la corrupción política. Desde sus lugares de intervención –los medios, la política, la academia, la cultura–, los autores de estos libros se erigieron como activos participantes en la producción de visiones sobre la política coyuntural. Los best sellers políticos conquistaron el debate público gracias al boca en boca, a su presencia en la televisión, en la radio, en los diarios, en las redes sociales y en espacios públicos como las universidades, las presentaciones y hasta las salas de los tribunales.

En ¿Cómo se fabrica un best seller político? propongo que la producción y circulación de estos libros revelan aspectos claves del funcionamiento, no solo del periodismo argentino o de la industria editorial, sino también del ámbito de la cultura y la política argentina en la actualidad. Desde el retorno de la democracia y como parte de profundas transformaciones globales, la política se expandió por una infinidad de espacios de producción cultural y mediática que se articulan simultáneamente como negocios, como productoras de ideas y como circuitos de poder. El mundo de los libros es un nodo estratégico en el que distintas personalidades pueden parapetarse y hablar a amplios públicos, opinar sobre política, juzgar e interpelar a los políticos y cautivar a los argentinos de a pie. A la luz de su impacto y de la jerarquización de los libros y autores entre el público lector, la explicación economicista, comercial del fenómeno editorial, parece no alcanzar para cubrir todo lo que este puede aportarnos. Pensamos a las editoriales no solo como empresas culturales, sino también como jugadores importantes en la construcción, canalización y promoción de visiones sobre la política. Por eso, el espacio que habitan opera como un productivo caleidoscopio de disputas y una estratégica factoría de firmas que cosechan autoridad y prestigio.

La crisis de 2001 marcó un hito en cuanto a la movilización de los sectores populares y medios. Las narrativas sobre el estallido fueron tratadas por libros de divulgación histórica no académica y por ensayos políticos que coincidían en tomar el pasado argentino como lente para pensar el presente. Con un tono de reproche a la “argentinidad” en clave moral y cultural, los ensayos de Marcos Aguinis y Jorge Lanata fueron muy exitosos ya que, según el director editorial de Planeta entre 1983 y 2004, “cada diez años viene el tema ‘¿Qué nos pasa a los argentinos?’ y siempre hay una generación que quiere saber y compra esos libros”.

Años más tarde, durante el mandato de Cristina Fernández de Kirchner, las divisiones entre quienes apoyaban al gobierno y quienes no también se expresaron en forma de libros. Uno de los temas que más fuerza cobró en la discusión pública de ese período fue la memoria del pasado reciente, la cuestión de los derechos humanos y la política de Estado al respecto, con la reapertura de los procesos judiciales contra los responsables militares de la última dictadura. En el momento de mayor legitimidad de las políticas de derechos humanos, la trilogía publicada por Sudamericana Nadie fue (2008), Fuimos todos (2007) y Volver a matar (2009), del periodista y exjefe de la SIDE Juan Bautista Yofre, se convirtió en best seller. En el mainstream editorial, y luego en paneles televisivos, en la prensa gráfica y en agrupamientos políticos que tomaron esta literatura como herramienta para sus intervenciones, se volvió a discutir si los militares habían obrado bien, si se habían excedido, si habían tenido alternativa o si podrían haber llevado adelante estrategias distintas. La histórica editorial Sudamericana, del grupo Random House, fue la protagonista del boom del revisionismo de los setenta, con una serie de libros que buscaban “completar” la visión que reinaba desde que Kirchner había inaugurado el espacio de la memoria en la ESMA. Los setenta “volvieron” en forma de libros que rediscutieron esa época, pero sobre todo discutieron aquel presente. 

Las causas de la “corrupción K”, algunas iniciadas desde sectores políticos vinculados con periodistas –todas amplificadas desde distintas plataformas mediáticas–, también atravesaron la década kirchnerista. Buscando replicar de alguna manera lo que había sucedido con la gestión menemista con Robo para la corona y la colección Espejo de la Argentina, el complejo editorial y mediático apuntaló a la “corrupción K” como uno de los principales temas de conversación pública. El dueño. La historia secreta de Néstor Kirchner, el hombre que maneja los negocios públicos y privados de la Argentina (Planeta, 2009), de Luis Majul, aborda la figura y trayectoria del presidente y está fundado en documentos periodísticos y fuentes testimoniales. Centrado en un personaje como variable de explicación de procesos políticos, sociales y económicos más amplios, El dueño se despliega como una investigación periodística sobre una gestión a partir de lo que se presenta también como una biografía política. Originalmente el proyecto había sido rechazado por Sudamericana porque sus editores no le encontraban potencial y tenían contratado un libro similar que iba a ser firmado por otro “autor marca”. La editorial que finalmente lo publicó fue Planeta y lo convirtió en el libro más exitoso del año: vendió 200 000 ejemplares y superó a los best sellers internacionales de Isabel Allende, Stephanie Meyer y Dan Brown. Una prueba de que los argentinos leemos no solo para entretenernos, sino también para informarnos, involucrarnos y posicionarnos. Los libros sobre la llamada “corrupción K” apuntaron a la deslegitimación de la gestión, apostaron al descontento que se expresó en el consumo de libros, televisión, prensa y redes, en masivas manifestaciones y, finalmente, en las derrotas electorales del kirchnerismo en 2013 y en 2015, a manos de fuerzas políticas que, para su campaña, se retroalimentaron del discurso de los autores.

En este sentido, el fenómeno de los best sellers políticos nos muestra quiénes son hoy los autores consagrados y más escuchados en esta nueva época. Asistimos a un contexto de cambios en los modos en que los “formadores de opinión” se dirigen a sus públicos. Hace años que la figura del intelectual moderno “a la Sartre” perdió relevancia y los “hombres de letras” o los “académicos” no se dirigen a las masas desde un estrado en la plaza pública. Sin embargo, en un país cuyos índices de lectura son de los más elevados de la región, los autores de libros son idolatrados y sus producciones son objetos valorados y, por lo tanto, resonantes en términos simbólicos, culturales, económicos y políticos. Quienes hoy interpelan a los públicos más amplios son los intelectuales mediáticos o mediatizados, periodistas políticos, de investigación, “opinólogos” y también académicos que pertenecen al sistema científico, pero que, aggiornados, se adecúan a la época, intervienen también en los medios y escriben best sellers para un público que excede por mucho a sus pares.

Entre estos autores se disputan no solo la argumentación o la credibilidad y masividad de sus discursos, sino también el modo más legítimo de difundirlos. En el marco de una desinstitucionalización de la producción simbólica, no podemos delimitar tan fácilmente si los discursos públicos reconocidos son legítimos por sus credenciales académicas o por su éxito en el mercado, o por ambas cosas. En este juego entra el libro, ese objeto cultural tan valorado por la sociedad argentina y la clase media a pesar de los cambios tecnológicos y las continuas alertas catastrofistas que afirman que la gente “ya no lee”.

Con sus nuevas formas autorales, con sus nuevas formas de producción y circulación, este poderoso artefacto que resiste el paso del tiempo es creado por los editores, agentes no siempre tan visibles pero que, en un mercado atravesado por la feroz lógica de la rentabilidad y la venta, piensan libros que interpelen a sus públicos, reclutan autores con potencial y lanzan títulos a la calle para que hagan su recorrido y lleguen a las inquietudes y los sentimientos del lector argentino. Para entender esto es clave interrogarse no solo por el contenido de los textos, sino también por el proceso editorial de inicio a fin, como una mediación fundamental en la producción y difusión de las ideas, en este caso, políticas. Contra la imagen del libro como un puente que conecta al autor con el lector sin mediaciones, en las páginas de ¿Cómo se fabrica un best seller político? nos enfocamos en el mundo editorial y sus protagonistas: los editores, aquellos gatekeepers, difusores y propiciadores culturales que convierten en libros las ideas.

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