ENTREVISTA Investigador y exfutbolista

Jules Boykoff, académico: “Con Infantino, la FIFA se convirtió en una máquina de codicia a pleno rendimiento”

Daniel Sánchez Caballero

27 de abril de 2026 14:20 h

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Con Gianni Infantino, la FIFA se convirtió en una máquina de codicia a pleno rendimiento y tiraron sus valores a la basura en su búsqueda incansable de beneficios"; "La FIFA está podrida hasta la médula"; "EE.UU. no debería celebrar la Copa del Mundo de fútbol"; "Donald Trump está usando los deportes para su beneficio político y está tratando de usar el Mundial de fútbol para salvar su presidencia".

Jules Boykoff, profesor de la Universidad del Pacífico (California), poeta, activista, investigador, escritor y exjugador de fútbol de élite no deja títere con cabeza en Tarjeta roja: El Mundial de 2026, el 'sportswashing' y la máquina de la codicia de la FIFA (Red Card: The 2026 World Cup, Sportswashing, and the FIFA Greed Machine, OR Books, por el momento solo disponible en inglés), un breve libro en el que analiza la trayectoria reciente de la FIFA y los mundiales de fútbol, con una atención especial al que se va a celebrar en pocas semanas entre EE.UU., Canadá y México.

Un evento, sostiene Boykoff, que Gianni Infantino, máxima autoridad del fútbol mundial, utiliza para enriquecerse indisimuladamente contraviniendo todos los valores que la FIFA dice defender y Donald Trump, el mandatario con más poder del mundo, para lavar su imagen y fortalecer su presidencia a través del llamado sportswashing, un término que en su explicación más simple implica “el uso estratégico del deporte por parte de gobiernos (y a veces élites económicas o políticas) para mejorar su imagen pública y desviar la atención de problemas internos”.

Boykoff, una de las principales voces de denuncia de las prácticas corruptas de las instituciones deportivas, escribe desde el rincón del hincha despechado. Del exjugador que practicó un deporte que hoy no reconoce víctima de la codicia de la FIFA, siempre presente, cuenta, pero exacerbada sin disimulo desde que el suizo Infantino accedió al poder. Tarjeta Roja “pretende ser una guía para aquellos que aman el fútbol, pero detestan lo que la FIFA le está haciendo, que quizá vean el Mundial de este verano pero también quieren comprender cómo los autoritarios —desde Mussolini en la década de 1930 hasta la junta militar argentina en la década de 1970, pasando por Putin y Trump en la era moderna— intentaron utilizar el fútbol en beneficio de sus intereses políticos”.

—Dice que EEUU no debería albergar el Mundial de fútbol. ¿Tan mal está la cosa?

—Si mirás objetivamente lo que la FIFA dice que cree (no a la discriminación, defender los derechos humanos, la sostenibilidad), EE.UU. incumple todo. Está discriminando por raza, por género, por sexualidad. EE.UU. es una pesadilla para los derechos humanos ahora mismo. Y esta va a ser la Copa del Mundo menos sostenible en la historia de las Copas del Mundo. Está repartida en tres países, EE.UU. tiene un sistema de trenes terrible, así que la gente va a estar volando de un lugar a otro. Añado: el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) está descontrolado. Llevan máscaras, ocultan sus identidades. Parece que vienen de asaltar un banco, están matando a gente en la calle. ¿Qué más podrían hacer para infundir miedo a quien viene al país?

—Dice que EE.UU. no cumple los estándares de la FIFA para celebrar un Mundial, pero también parece que la FIFA es la primera que no cumple esos estándares.

—Absolutamente. Con Infantino, la FIFA se convirtió en una máquina de codicia a pleno rendimiento y tiraron sus valores a la basura en la búsqueda incansable de beneficios. Infantino no podría dejar más claro que su principal objetivo para la FIFA es ganar dinero. Infantino propuso una Copa del Mundo cada dos años, por ejemplo; la FIFA se lleva una tajada del 15% en el mercado de reventa tanto del vendedor como del comprador, lo que ofrece un incentivo para que los precios suban. Están vendiendo plazas de estacionamiento a precios exorbitantes [hasta 300 dólares por un lugar, cuenta el libro]. Todo esto anima a las organizaciones locales a inflar sus precios. Para Infantino se trata de enriquecimiento personal. Se subió el salario, está ganando seis millones de dólares al año. Este Mundial va a tener los mayores ingresos que cualquier evento deportivo en la historia de la humanidad haya generado: 11.000 millones de dólares solo en el Mundial en sí, 13.000 millones a lo largo del ciclo de 2023 a 2026.

—¿Cómo se relacionan Infantino y Trump?

—Infantino es el facilitador número uno de Donald Trump con el sportswashing. Es una gran parte del problema, y puede que piense que porque es amigo de Donald Trump podrá ejercer cierta influencia sobre él cuando se acerque al torneo, pero es una idea falaz. Cuanto más nos acercamos a la Copa del Mundo, más poder tiene Trump sobre la FIFA. En 2022, justo antes de la Copa del Mundo de 2022 en Qatar, los qataríes dijeron de repente: “No va a haber cerveza en los estadios”. Budweiser había dado unos 63 millones de libras a la FIFA como patrocinio justo antes del torneo. Pero Qatar dijo que no, y se acabó. Ese es el tipo de poder que el anfitrión tiene sobre la FIFA. ¿Qué va a hacer la FIFA en ese punto? ¿Reubicar los partidos? No pueden hacer nada. Ya cruzamos esa línea donde será casi imposible reubicar partidos fuera de EE.UU. Si creés que Trump estuvo fuera de control, si se da cuenta de su poder según nos acerquemos a la Copa del Mundo, podría ponerse bastante peor.

Infantino y Trump se quitaron la máscara. Los presidentes de EE.UU. solían tener que decir en público que les importaban los derechos humanos. Trump no lo hace. El máximo responsable de la FIFA solía tener que decir que le importan cosas como la lucha contra la discriminación. Ya no. Juntos son una especie tándem contra el orden liberal internacional

—Llama la atención que no parece que se escondan. Infantino le dio un premio de la paz a Trump, hacen mundiales con más partidos (más dinero)...

—Infantino y Trump se quitaron la máscara. Los presidentes de EE.UU. solían tener que decir en público que les importaban los derechos humanos. Trump no lo hace. El máximo responsable de la FIFA solía tener que decir que le importan cosas como la lucha contra la discriminación. Ya no. Juntos son una especie tándem contra el orden liberal internacional. Y eso lo que hace es dar licencia a todos los demás para tratar mal a la gente. Yo vengo de EE.UU. y me duele decir esto, pero este es un país extraordinariamente racista, y una cosa que me preocupa mucho es que va a haber gente corriente atacando a aficionados al fútbol que simplemente se estén divirtiendo.

—¿Qué hace diferente a Trump con el sportswashing? ¿Puso algo nuevo sobre la mesa que lo diferencia de otros?

—El sportswashing se basa en desviar la atención de los problemas sociales y las penurias de los derechos humanos. Y bajo Donald Trump hay un montón de problemas de este tipo en EE.UU. Intenta desviar la atención de los archivos de Epstein y de que aparezca nombrado en ellos miles de veces; de que la economía se está hundiendo; de que dijo que iba a salvar la inflación y no lo hizo; de que comenzó una guerra en Irán que no parece tener fin; de que tiene índices de aprobación extraordinariamente bajos... Tiene un incentivo enorme para desviar nuestra atención de todo eso. En cierto modo, la Copa del Mundo es un regalo enorme para Donald Trump entregado en mano por su colega Gianni Infantino.

Trump estuvo metido en los deportes durante mucho tiempo. Solía ser dueño de un equipo de la USFL (un equipo de una liga secundaria de fútbol americano) y entendió durante mucho tiempo el poder del deporte. Se asoció con la UFC (Ultimate Fighting Championship) allá por 2001. Trump, más que cualquier otro presidente de EE.UU., entendió el poder del deporte e intentó usar ese poder para su ventaja política. Así que tiene mucho sentido que este sea el tipo que realmente abraza el sportswashing en toda su resplandeciente complejidad. En la historia mundial los fascistas siempre se juntaron a los atletas, especialmente a los atletas de tipología viril. Mussolini en la Copa del Mundo de 1934 en Italia hablaba de los “soldados del deporte”. Su virilidad representaba la virilidad de Italia. A Vladímir Putin le gusta hacer lo mismo. Trump es justo así. Va a estos combates de la UFC, se sienta a pie de ring, intenta actuar como un tipo duro y juntarse con estos atletas.

—Ya que habla de Mussolini o Putin. En el libro escribe: "La FIFA prefirió durante mucho tiempo a los dictadores que a las democracias". Es una acusación fuerte.

—Bueno, si no querés aceptarlo de un académico sabelotodo de Estados Unidos, aceptalo de la propia FIFA. Eso es una cita directa de Jerome Valcke, un trabajador poderoso en la organización. También hay gente dentro del movimiento olímpico que, en sus momentos más francos, dijo exactamente lo mismo. Las molestas prácticas democráticas pueden ralentizar el tipo de dinámicas de las que estuvimos hablando. Es mucho más fácil para la FIFA, según dijeron, trabajar con dictadores; no tenés esos impedimentos en el camino, a esa gente que pregunta sobre democracia y justicia e igualdad.

—En un libro anterior sobre los Juegos Olímpicos explica que estos grandes eventos son utilizados por los Gobiernos para probar nuevas tecnologías de control de masas o imponer restricciones a la libertad que luego no siempre se recuperan.

—Sí. Albergar una Copa del Mundo o los Juegos crea un estado de excepción donde las reglas normales de la política no aplican. Se prueban nuevas tecnologías, se normaliza la intensificación de la vigilancia policial para poder seguir haciéndolo después del evento... México se gastó unos 55 millones de dólares en nuevas tecnologías anti-drones que desplegará en la Copa del Mundo. Dijeron que la necesitaban, pero hay mucha preocupación en el país porque luego se desplieguen contra activistas, tanto durante la Copa del Mundo como después. Ese es el patrón, ocurra el evento en Rusia o en EE.UU. Las fuerzas de seguridad usan estos eventos como una especie de oportunidad única en una generación para conseguir nuevas y mejores armas y nuevas leyes que pueden usar después, a menudo a expensas de la gente que expresa disidencia o practica el activismo.

—Una oportunidad única en una generación, excepto que Trump va a tener dos ocasiones con los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.

—Él es consciente de eso. Habla mucho de esto en público sobre cómo estos dos eventos son extremadamente significativos para él y su presidencia. Cuanto más bajen sus índices de aprobación, más incentivos tiene para aferrarse a los deportes como una especie de salvavidas para su mandato.

—El libro no deja títere con cabeza, al menos en la FIFA. Blatter, Havelange, Infantino... Todos reciben lo suyo. ¿Salva a alguien?

—Creo que la FIFA está podrida hasta la médula. No estamos hablando de una manzana podrida, hablamos de todo la huerta, y me cuesta mucho ver cómo podría reformarse desde dentro. Tuvo una oportunidad de hacerlo allá por los tiempos de Joseph Blatter, cuando todo el mundo se enteró de la corrupción de la FIFA [presidente entre 1998 y 2015, durante su mandato se produjo un escándalo de corrupción con varios detenidos por sobornos en la elección de sedes mundialistas]. Pero nos tocó Infantino, que habla mucho pero en realidad continuó con muchas de esas mismas prácticas y en algunos sentidos las empeoró. Creo que la reforma tiene que ocurrir en gran medida fuera de la FIFA. Necesitamos observadores independientes para la FIFA que supervisen su trabajo en derechos humanos, para asegurarse de que están cumpliendo con sus planes; que supervisen su trabajo en sostenibilidad, para demostrar que realmente van en serio. Personalmente, creo que el Tribunal Europeo tendría que involucrarse.

Muchos aficionados se están desenamorando de la Copa del Mundo. Cada vez más gente que ve lo que está pasando y le parece demasiado. Hay una red de poder plenamente atrincherada que se está beneficiando del sistema y no tiene intención de ceder su poder sin que una fuente externa la obligue a hacerlo

—¿Cree que es posible una reforma real de la FIFA o las dinámicas ya están demasiado instaladas?

—No creo que sea probable que suceda pronto, pero sí que depende mucho de esta Copa del Mundo. Infantino está llevando la máquina de la codicia al nivel máximo en este Mundial y creo que muchos aficionados se están desenamorando de la Copa del Mundo. Cada vez más gente que ve lo que está pasando y le parece demasiado. Hay una red de poder plenamente atrincherada que se está beneficiando del sistema y no tiene intención de ceder su poder sin que una fuente externa la obligue a hacerlo. Amo el fútbol, creo que es un deporte poderoso que tiene mucho poder en la sociedad. Pero con ese poder viene la responsabilidad, y la FIFA falló a la hora de cumplir con sus responsabilidades hacia los aficionados de todo el mundo. Estamos en un momento muy difícil para el fútbol y me duele como aficionado ver que gente codiciosa básicamente lo está arruinando.

—A mi alrededor veo gente cada vez más desenganchada del fútbol, no sé si por esta razón. ¿También le pasa?

—Creo que mucha gente está mirando esta máquina de codicia de la FIFA y dice: “No, gracias”. Y quizá eso sea lo único que haga que los de la FIFA piensen en una dirección diferente, pero va a llevar mucho tiempo. Soy una persona optimista, pero no ingenua. Estudio cómo funciona el poder, y sé que la gente que lo tiene, como Gianni Infantino en la FIFA y Donald Trump en EE.UU-, no lo ceden voluntariamente. Por eso necesitás una fuente externa de poder para presionarlos.

—¿Los hinchas tienen esa fuerza?

—Podría ser. Los jugadores, que están jugando demasiados partidos bajo este reinado de la FIFA de Infantino, son otra fuente de poder. FIFPro, el sindicato de jugadores, llamó a la FIFA una autocracia, y tienen razón. La FIFA bajo Infantino y Estados Unidos bajo Trump se están moviendo ambos en una dirección autoritaria, al igual que las fuerzas más amplias en el mundo se están moviendo en una dirección autoritaria. No es fácil luchar contra eso y va a requerir una lucha a largo plazo, pero puedo decir, porque entrevisté a varios activistas en EE.UU. para el libro, que van a estar en los estadios protestando contra Trump.

—Esta es una cosa de la que también habla en el libro. Quizá el único aspecto positivo del sportswashing, que es que provoca tanta atención que también llama a las protestas. ¿Hay una esperanza en este tipo de movimiento activista?

—Es una oportunidad para que los manifestantes critiquen al presidente mientras todos los medios de comunicación están mirando. Cuando se trata de estos megaeventos deportivos muchas veces se habla de esta idea del “legado”, pero después es todo mentira y no queda nada. Sin embargo, un legado de estos eventos del que no hablan, pero más real, es que dejan culturas activistas más vibrantes. Lo vi en ciudades donde investigué: la Copa del Mundo o las Olimpiadas son tan grandes que afectan a todos estos grupos activistas que trabajan en contra de la corrupción, el cambio climático, la gentrificación, la vivienda o el desplazamiento de poblaciones marginadas. Son grupos que suelen trabajar por separado antes del evento, pero tienen que unirse durante el mismo y acaban juntándose también después porque se dan cuenta de que así son más fuertes.

El fútbol es político y Trump e Infantino lo están dejando muy claro. Infantino apareció en las reuniones de la Junta de Paz de Trump con una gorra roja de MAGA. No sé cómo podés ver eso y decir que no es político. Los hinchas que intentan vivir en esa creencia de que los deportes no son política van a sufrir una sacudida

—Siempre es complicado hablar de "la gente" como una sola cosa, pero ¿hasta qué punto cree que el hincha defútbol habitual es consciente de todo esto que estamos hablando? Del sportswashing, de los efectos que tiene sobre el propio deporte y la sociedad, del uso de político que se hace de todo esto.

—Lo primero que diría es que el fútbol es político de principio a fin y Trump e Infantino lo están dejando muy claro. Gianni Infantino apareció en las reuniones de la Junta de Paz de Trump llevando una gorra roja de MAGA. No sé cómo podés ver eso y decir que no es político. Los hinchas que intentan vivir en esa creencia de que los deportes no son política van a sufrir una sacudida. En este momento Gianni Infantino está abrazando los deportes y la política y uniéndolos para su ventaja política como nunca se había hecho antes.

—Si tuviera que elegir una idea con la que estaría satisfecho que se quedara alguien después de leer el libro, ¿cuál sería?

—Esto podría sonar un poco cursi, pero esperaría que los lectores se quedaran con que vale la pena luchar por el fútbol. El fútbol crea momentos mágicos en nuestras vidas. Puede ser hermoso, desgarrador, vale la pena luchar por él. Y si queremos hacer que el fútbol sea una fuerza positiva y poderosa en la sociedad, tenemos que luchar por él contra la máquina de codicia de la FIFA, contra gente como Trump e Infantino, que quieren usarlo como arma para beneficio político o beneficio personal.