Escuelas bajo amenaza: el punitivismo como atajo frente a una crisis adolescente
La conferencia de prensa que reunió a la Ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, y al gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, dejó sentada una explicación sobre el tiroteo en una escuela de la ciudad de San CristóbaI: Gino C., el chico de 15 años que el 30 de marzo provocó la muerte de Ian Cabrera, de 13, se habría inspirado en una comunidad digital que enaltece la violencia y las masacres escolares. Pero el foco en esta “subcultura descentralizada y trasnacional”, como fue descripta con lenguaje conspirativo, excluye el contexto local y las circunstancias concretas en que se inscribe la tragedia, advierten los especialistas.
“Aun considerando que las comunidades virtuales son determinantes en las subjetividades de adolescentes y jóvenes, deberíamos orientar las preguntas hacia las instituciones y las referencias adultas, la trama social que contiene y debería alojar a estos jóvenes. ¿De qué manera creamos comunidad con los adolescentes? ¿Qué es lo común entre las generaciones?”, plantea Evangelina Benassi, investigadora de la Universidad Nacional del Litoral y de la Universidad Nacional de Rosario.
Para el criminólogo Enrique Font, la mención de la True Crime Community es parte “de una lógica que sobredimensiona la amenaza” y en la que “no se deslinda el riesgo de cuestiones escolares que no son delitos”. En el caso de San Cristóbal “no se informó qué nivel de involucramiento tuvo el tirador con esa comunidad, pero lo primero, en vez de tirar la pelota afuera y decir que se explica por una amenaza terrorista trasnacional, es la dimensión local. ¿Qué tensiones en su biografía y en su estructura social puede resolver un pibe con un ataque mediado por su adhesión a esa cultura?”
Hasta el jueves pasado se habían registrado 404 denuncias por amenazas en escuelas de Santa Fe, unas 1000 en la provincia de Buenos Aires y un número no precisado en otras provincias y en la ciudad de Buenos Aires. Los gobiernos de Córdoba y Santa Fe anunciaron que los padres de los alumnos involucrados pagarán los costos de los operativos de seguridad, mientras se instruyen causas por intimidación pública a estudiantes mayores de 16 años.
Font diferencia las interpretaciones sobre las amenazas recibidas en las escuelas por parte de los gobiernos de Santa Fe y de la provincia de Buenos Aires. “En el segundo caso se hace un esfuerzo muy serio por no meter todo en el mismo paquete y deslindar cuestiones que no son delitos de las situaciones donde aparecen riesgos. Santa Fe sobrecriminaliza en una interpretación en la que hay algo de oportunismo para alimentar una lógica dura, fracasada como punitivista, pero también porque la provincia no investiga ni sabe qué hacer: en esta visión todos los hechos implican riesgo criminal y requieren medidas penales duras, lo cual es un dispendio de recursos formidable y una lógica poco ajustada a lo que sucede”.
Las amenazas de tiroteo en escuelas de distintas provincias encendieron las alarmas en el sistema educativo argentino y derivaron en detenciones, imputaciones y el refuerzo de medidas preventivas. Los casos más recientes se registraron en Salta, Córdoba y Mendoza, donde autoridades judiciales y educativas avanzan con investigaciones para determinar responsabilidades
Adultos dispuestos a acompañar
Gino C. había sido distinguido como mejor compañero de su curso en diciembre del año pasado, un dato que no cuadra con el aislamiento social que el Departamento de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal atribuyó a los miembros de la True Crime Community. Por eso, Benassi agrega: “Ubicar al joven rápidamente como parte de una subcultura específica, como alguien raro o especial, también desdibuja los puntos de contacto que estas culturas juveniles tienen con la sociedad en su conjunto y lo que propicia la emergencia de estas prácticas”.
“Si hay una red virtual detrás, hay seguramente un negocio que lo propicia y lo sostiene –destaca Benassi–. La invisibilización del mercado desdibuja sus intereses y considerarlo juego atrae a los jóvenes desde un lugar de diversión y esparcimiento. El universo virtual es un universo desregulado. La mercantilización de la vida es preocupante, como también la posibilidad de que los adolescentes tengan cuentas bancarias y puedan participar en actividades bursátiles, un dato del que no se tomó demasiada nota”.
El universo virtual es un universo desregulado. La mercantilización de la vida es preocupante, como también la posibilidad de que los adolescentes tengan cuentas bancarias y puedan participar en actividades bursátiles, un dato del que no se tomó demasiada nota
Benassi lleva más de una década haciendo trabajo de campo con jóvenes y adolescentes en barrios periféricos de Rosario. “La pertenencia del joven de San Cristóbal a la clase media plantea particularidades en el modo de transitar el ser joven –puntualiza–. Los adolescentes conforman un universo muy heterogéneo que no se debería encasillar en un universal, pero algo común es la escasez y precariedad de oferta pública para los y las jóvenes en el país. El encierro y la soledad son muy profundos y generan angustia, y salir de esa situación requieren instituciones y adultos dispuestos a acompañar”.
Silvina Fernández, directora de la Escuela de Trabajo de la Universidad Nacional de Rosario, registra otro dato en el tratamiento de la situación en San Cristóbal por parte de los funcionarios: “Las autoridades de las áreas de protección de derechos de niños, niñas y adolescentes quisieron dejar bien en claro que no tuvieron pedidos de intervención sobre el adolescente involucrado. La política social se concibe cada vez más como atención a la demanda y respuesta individualizada y cada vez menos en clave de problemáticas sociales”. Después del tiroteo en San Cristóbal docentes de los Equipos Socioeducativos de la provincia de Santa Fe revelaron condiciones precarias de trabajo y personal de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de la provincia denunció la vulneración de derechos de niños y niñas en ese organismo y situaciones de violencia laboral.
La inflación de la amenaza
Font advierte sobre “el riesgo de que las intervenciones amplifiquen el fenómeno que quieren conjurar, si se trata todo como si fuera lo mismo” y señala “la desproporción entre el riesgo y la seriedad de las amenazas y la preocupación que producen como indicadores de potenciales tiroteos”.
El Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Javier Alonso, describió como “travesura viral” los graffitis en baños y dijo a Infobae que en 2025 hubo tres casos de alumnos con armas en escuelas bonaerenses sobre una población de 5.200.000 estudiantes. “No quiere decir que no pueda suceder algo grave, pero no es lo mismo tener la mesura de pensar así los fenómenos que imaginar que cada amenaza es una masacre de Columbine en ciernes”, destaca el criminólogo.
“La pregunta es cuáles son los factores que propician que un docente, un padre, una madre o cualquier referencia adulta no tenga puntos de contacto con un adolescente ni encuentre universos simbólicos y materiales en común –dice Benassi–. Las amenazas y el modo en que se gestionan públicamente dan cuenta de esa distancia: los y las adolescentes se están expresando en definitiva para decir algo y la respuesta es con procedimientos de tinte más policial que de escucha, de mediaciones para poner en palabras lo que les está pasando”.
Las culturas de transgresión expresan valores dominantes de una sociedad que no circulan abiertamente. Hay partes importantes de nuestra sociedad que están muy cómodas con los discursos misóginos y ultra violentos
La Fiscal General de Santa Fe, María Cecilia Vranicich, propuso discutir la prohibición de las redes sociales para menores de edad e invocó el antecedente de Australia. “Brasil implementó en marzo el Estatuto Digital del Niño y del Adolescente, imponiendo límites estrictos a las redes sociales para menores de 16 años –dice Silvina Fernández–. Además de la autorización parental para el uso, la medida restringe el scroll infinito. Es un intento de atemperar esta influencia negativa que ya estamos experimentando”.
No obstante, “la lógica de la prohibición, en cualquier ámbito y de cualquier tipo, es insuficiente y hasta obsoleta, porque nuevamente sería considerar el problema desde una única explicación: habría que pensar en regulaciones y en desplazar la mirada desde lo individual hacia lo colectivo”, propone Benassi. En ese plano, “el encierro de los adolescentes y su conexión con redes virtuales para muchos adultos implica deslindarse del acompañamiento presencial y activo. Nos encontramos con adultos agotados, desempleados o pluriempleados, con poca perspectiva de futuro. Quienes debemos acompañar a los jóvenes transitamos una situación de mucha precariedad e inestabilidad”.
Desmontar el odio
La True Crime Community asomó como una entidad desconocida y un nuevo peligro en términos de seguridad después de la conferencia del Gobierno nacional y de Santa Fe. El comisario inspector Guillermo Díaz, jefe del Departamento de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal, dijo que fueron detectados “otros quince casos similares y hay cuatro investigaciones en trámite bajo las mismas características” de los jóvenes involucrados en el tiroteo de San Cristóbal, de 15 y 16 años.
Díaz afirmóo que “tal cual se vio en la serie Adolescencia”, de Netflix, se trata de jóvenes “que odian a las mujeres considerándolas de cierta forma, odian a los varones que obtienen relaciones románticas felices y llegan a cometer masacres contra esas personas”. Tratada como amenaza terrorista, la situación exigiría “nuevas herramientas de prevención e investigación” de las fuerzas de seguridad, lo que también entenderse como una sugerencia por mayor presupuesto y atribuciones de las que ya otorgó el gobierno libertario.
Enrique Font disiente con la interpretación oficial. “Hay que entender las cuestiones estructurales que llevan a pibes de este país a encontrar en las comunidades digitales algo que resuelve las tensiones que tienen en la escuela, en su comunidad, con sus familias. Las culturas de transgresión expresan valores dominantes de una sociedad que no circulan abiertamente. Hay partes importantes de nuestra sociedad que están muy cómodas con los discursos misóginos y ultra violentos”.
“La violencia es un real muy presente en nuestra vida y actualmente hay pocos modos disponibles para tramitarlo –dice Evangelina Benassi–. El lugar del arte y la educación es fundamental para que esa operación sea posible. Pero en un contexto donde la educación está tan en crisis, se debilitan las posibilidades de mediaciones intelectuales e institucionales para que la violencia encuentre modos de encauzarse, de expresarse y que no sea mediante el pasaje al acto”.
En ese sentido el momento es “muy complicado”, destaca Benassi, porque “el discurso y las acciones del gobierno actual atentan y destruyen todo lo que tenga que ver con las regulaciones sociales y devalúan las tramas colectivas y acuerdos comunes”. El odio también puede propagarse desde políticas que lo cuestionan: “La respuesta únicamente punitiva es parte de una misma lógica, impide el diálogo y debilita todavía más lo común. Tenemos que pensar por qué ese odio convoca tanto y qué podríamos potenciar para erosionar su discurso”.
OA/MG
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