Cristina Libre, el cumpleaños de Sáenz y la guerra de la Corte: un peronismo dividido intenta negociar con la Justicia
“Cristina, la única manera de que salgas es si hay uno nuestro en Casa Rosada. Te la tienen jurada, te van a dar 15 años más”, se lamenta un dirigente peronista en el living de Cristina Fernández de Kirchner. El orador busca que afloje en su interna con Axel Kicillof, pero no le dice nada que la ex presidenta no sepa. CFK sospecha que el fallo de Vialidad es solo el primer paso, que detrás está Hotesur y Cuadernos y que la Justicia quiere mantenerla presa para siempre. El problema, sin embargo, es otro. Y es que la minoría vetadora con la que CFK esperaba negociar con Karina Milei en el Senado desapareció: Karina encontró sus dos tercios sin ella.
La estrategia judicial de CFK, quien hace casi un año que cumple con una restrictiva prisión domiciliaria en San José 1111, depende de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Los asesores de la ex presidenta apuestan a que sean los organismos internacionales quienes intervengan en su liberación. Es por eso que el principal objetivo es sostener la campaña de “Cristina Libre” en el exterior –a eso fue Wado de Pedro a Barcelona, en donde consiguió una foto con Lula Da Silva y Claudia Sheinbaum durante la Cumbre Progresista– y esperar a que la CIDH tome el caso y determine, como vienen sosteniendo sus abogados, si hubo persecución política y judicial.
Es una estrategia de largo aliento. Rafael Correa, por ejemplo, tuvo que esperar ocho años hasta que un organismo internacional interviniera en su caso. Pero la alternativa, el indulto, no termina de convencer a CFK. La ex presidenta pretende que declaren su inocencia y un indulto implicaría admitir su culpabilidad.
Las dos estrategias requieren que el peronismo gane las elecciones en 2027. No son pocos los dirigentes que sostienen, en público y en privado, que el candidato del peronismo debe prometer indultar a CFK como una de sus primeras medidas. Pero, incluso en el caso de la estrategia internacional, resulta imprescindible que el Estado nacional defienda la postura de CFK de que el fallo de Vialidad fue arbitrario y discrecional. Necesita, en palabras del dirigente que se reunió con ella hace unas semanas, que haya uno “propio” en Casa Rosada que apure los tiempos en la CIDH. Y que, cuando la CIDH falle a favor, apure los tiempos de la Corte Suprema.
El primer intento del cristinismo para negociar con el Gobierno la integración de la Corte fracasó. Las conversaciones –siempre negadas oficialmente, pero reconocidas en privado– con Ariel Lijo para respaldar su pliego como juez de la Corte Suprema se cayeron a pedazos en el momento que Santiago Caputo decidió avanzar con la designación de los supremos vía decreto. El Gobierno, cuestionan en el peronismo, nunca se ocupó de juntar los votos, lo dejó a Lijo rosqueando su propio ingreso y, cuando vio que algunos aliados radicales y del PRO no estaban dispuestos a respaldar, decidió presionar nombrándolos por DNU. A él y a Manuel García Mansilla.
El resto es historia conocida: CFK rechazó el mecanismo y mandó a rechazar los pliegos, lo que llevó a que todo el peronismo, incluso muchos senadores que tienen un buen vínculo con el juez de Comodoro Py, lo votaran en contra. Después de eso, la puerta de la negociación no volvió a abrirse. Hubo intentos, a través de Juan Martín Menna, pero el desembarco de Juan Bautista Mahiques en el Ministerio de Justicia cambió el escenario.
La guerra de Comodoro Py y los dos tercios de Bullrich
Uno de los mayores logros legislativos del Gobierno, luego de las elecciones, fue quebrar al peronismo en el Senado. El jefe del interbloque peronista, José Mayans, no controla ya a los díscolos que comenzaron a votar con el oficialismo –como la jujeña Carolina Moisés, el catamarqueño Guillermo Andrada y la tucumana Sandra Mendoza– y teme que haya más fugas. Apenas sí pudo contener al puntano Fernando Salino, y observa que los dos santiagueños de Gerardo Zamora no dudarán en jugar con Javier Milei si lo consideran necesario.
El eje de poder en el Senado cambió. El cristinismo no controla ya los votos peronistas de la Cámara alta, y el Gobierno logró establecer un canal de negociación con el peronismo que le permite saltearse la intermediación de CFK. Sus interlocutores, ahora, son los gobernadores Gustavo Sáenz y Raúl Jalil, quienes lograron establecer, con ayuda de Moisés, una nueva mayoría que les permite interceder para negociar un tema de particular interés: las más de 200 vacancias judiciales.
“El kirchnerismo se quedó afuera de la negociación, y se lo merecen. No puede ser que fuimos gobierno durante 4 años y dejamos servidas en bandeja 200 vacantes judiciales”, se queja una de las armadoras de los gobernadores, quien acusa al cristinismo de haber perdido su vocación de poder. Un reclamo que se escucha con insistencia en algunas provincias del interior de cara a las candidaturas presidenciales. “Te están dando cátedra de cómo conseguir mayorías los tipos que, hasta el año pasado, tenían solo 7 senadores. No puede ser”, señala, mordaz.
En efecto, los peronistas vienen negociando con Karina Milei, a través de Mahiques y Santiago Viola, las vacancias para sus provincias, y calculan que, cuando llegue el momento, el oficialismo podrá aprobarlos con casi dos tercios de los votos. No porque los necesite, sino porque puede. Una demostración de poder que podría verse expresada, en un par de semanas, cuando se debata el pliego de “Coco” Mahiques, el juez de Casación Penal que participó del viaje a Lago Escondido y cuyo hijo, el ministro de Justicia, impulsó para continuar como juez apenas asumió en el cargo.
“Patricia ya tiene los dos tercios si quiere”, admite, irritado, un senador del cristinismo, que fue corrido de la mesa de negociación con el Gobierno. Las conversaciones ya no pasan por los despachos de De Pedro, Anabel Fernández Sagasti o Mayans, sino por el de Moisés, Sáenz y Sergio Massa. También por el de Lijo, quien no cree ya que podrá ser juez de la Corte, pero aspira, ahora, a convertirse en procurador general.
La semana pasada se llevó a cabo un festejo curioso. En ocasión del cumpleaños de Sáenz, se organizó una reunión, revelada por LPO, con Jalil, Moisés, Andrada, Mendoza y el juez Lijo. Ninguno de los participantes quiso revelar de qué se conversó en el encuentro, pero fuentes judiciales advierten que el juez se mueve como primus inter pares de la “vieja escudería” de Comodoro Py –que incluye a Mariano Borinsky, Marcelo Martínez de Giorgi y María Servini– y está jugando para conseguir los votos para ser procurador.
“Sabe que el enemigo está en el Ministerio de Justicia, así que se junta con los ‘traidores’”, señala un operador judicial cristinista, aludiendo a la interna que existe entre el grupo de Lijo y el grupo que lidera Mahiques, quien está alineado con el supremo Horacio Rosatti.
La guerra interna de Comodoro Py –a la que se le suma la guerra que hay en la Corte por el mecanismo de selección de los jueces, que tiene enemistados a Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti con Rosatti– no es el único motivo por el cual el juez se podría haber reunido con los dirigentes peronistas, sin embargo. Otro motivo es la interna del PJ, ya que Saenz viene impulsando la intervención del partido y la que se encargará de tomar la decisión es la jueza Servini.
Al final, incluso en las negociaciones judiciales, todo vuelve al mismo punto: la interna peronista.
MCM/MG
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