ENTREVISTA A 50 años del golpe
Andrés Wainer, coordinador de Flacso Economía: “Hay una filosofía común con la dictadura: que sobreviva el más apto”
Andrés Wainer es heredero de la dirección del área de economía de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) que antes condujo uno de los economistas que más estudió el plan económico de la última dictadura, Eduardo Basualdo. Como tal, continúa haciendo memoria de lo que ocurrió hace 50 años tras el golpe militar que llevó al poder a Jorge Videla y al Ministerio de Economía a José Alfredo Martínez de Hoz.
–¿En qué consistió el plan económico ejecutado a partir del 24 de marzo de 1976?
–Fue un plan que se propuso refundacional del capitalismo argentino. Es decir, no era un plan más de estabilización ante una crisis puntual. Tuvo grandes hitos que hicieron cambios estructurales. En ese momento recién estaba arrancando la ola neoliberal. Tienen que ver con una fuerte disminución del salario real, a través de una muy fuerte devaluación y ajuste. Otros pilares de ese plan fueron la apertura importadora y el cambio completo del juego de las reglas del sector financiero, que va a ser el gran legado que va a dejar la dictadura junto con el proceso de endeudamiento externo muy fuerte, que arranca también en la propia dictadura. Esto va a permitir sostener un esquema de lo que nosotros denominamos acá en el área de economía de Flacso como un modelo de valorización financiera, que después se va a repetir en la historia económica argentina. Antes había un modelo de industrialización sustitutiva de importaciones. La dictadura va a buscar cambiar esto y el eje va a pasar por la valorización financiera, con un esquema de una tablita cambiaria, como se llamaba en ese momento. Va a producir un proceso de desindustrialización muy fuerte... uno puede establecer paralelos después con lo que pasó en los 90 con el menemismo y también con lo que está pasando en la actualidad. También hubo pérdida de empleo y una redistribución del ingreso entre las propias empresas, beneficiando a aquellos que se dedicaban al sector financiero y aquellos grandes grupos económicos diversificados, que también se beneficiaron de distintos subsidios o beneficios promocionales, que en ese momento se conocían como la patria contratista, de negocios con el Estado.
–¿Acaso no había deuda externa antes del golpe?
–Tenía US$8.000 millones de deuda externa y va a terminar con 40.000 millones. Es decir, se multiplica por cinco. Y esto tiene que ver no con un financiamiento de un plan de desarrollo de la Argentina, sino fundamentalmente con este esquema de valorización financiera que benefició a estos grandes grupos económicos mayormente que no sólo hicieron diferencias sino que además el Estado les terminó estatizando la deuda privada que habían tomado para hacer esas ganancias. Con un costo casi cero. Y esa deuda quedó a manos de todos nosotros. (N. de la R.: esas empresas fueron Celulosa, Acindar, bancos Río y Galicia, Alto Paraná, Bridas, Alpargatas, Citi, Perez Companc y Siderca, entre otras).
Hubo pérdida de empleo y una redistribución del ingreso entre las propias empresas, beneficiando a aquellos que se dedicaban al sector financiero y aquellos grandes grupos económicos diversificados, que también se beneficiaron de distintos subsidios o beneficios promocionales, que en ese momento se conocían como la patria contratista, de negocios con el Estado
–El empeoramiento salarial se dio porque subió la inflación, los salarios se congelaron pero al mismo tiempo desaparecían trabajadores sindicalizados, se prevenía así cualquier tipo de protesta... Hubo casos en Acindar, Ledesma, Mercedes-Benz, Ford, Molinos, Siderca, La Veloz del Norte, Las Marías...
–Ya había habido una primera devaluación muy fuerte con el llamado Rodrigazo de 1975. Ni bien asume la dictadura se produce otra fuerte devaluación y un congelamiento de salarios, que era posible de sostener por el aparato represivo de la dictadura, la intervención de los sindicatos y la desaparición de personas. La represión es la otra cara de la moneda, del plan económico. Era necesario una represión de esta magnitud para imponer semejante plan económico regresivo para las mayorías de este país. El primer año de la dictadura, el salario promedio cae un 30% y en la industria es peor, casi un 40%.
–Y ahí hubo colaboración de las empresas en señalar y hasta entregar a trabajadores, según determinó la Justicia...
–Efectivamente, hubo dos tipos de colaboraciones, sobre todo de las grandes empresas. Por un lado, señalar o colaborar directamente con los grupos de tareas para entregar delegados sindicales. Aprovechaban las empresas para sacarse dirigentes sindicales del medio, que es lo que se conoce como responsabilidad empresarial. Además hay casi una captura del Estado: muchos de estos grandes grupos económicos pusieron funcionarios en el Ministerio de Economía, en el Banco Central, en el Banco Nación...
La represión es la otra cara de la moneda, del plan económico. Era necesario una represión de esta magnitud para imponer semejante plan económico regresivo para las mayorías de este país. El primer año de la dictadura, el salario promedio cae un 30% y en la industria es peor, casi un 40%
–Martínez de Hoz venía de Acindar, ¿pero qué otro grupo más?
-En ese momento estaba Garovaglia y Zorraquín. En ese momento se conforman como tales los grupos económicos que conocemos como Macri, Soldati, por ejemplo. Hay un montón que, si bien antes existían, se expanden notablemente.
–La apertura comercial se hizo bajando aranceles y con la apreciación del peso frente al dólar...
–Son procesos que terminaron coincidiendo pero distintos. Primero se hace una rebaja de aranceles. El argumento de la dictadura era que eso iba a permitir aumentar la eficiencia y que los argentinos iban a poder comprar cosas de mejor calidad. Había publicidades en ese momento de una silla nacional que se rompía y una importada que no. Pero la apertura impacta más fuertemente cuando empalma con la tablita de Martínez de Hoz, que se impone a finales de 1978. Se fija una serie de pequeñas devaluaciones en el tiempo que ya se sabían con anticipación. Pero la inflación avanza más rápidamente que esa devaluación pautada. Entonces lo que se produce es una sobrevaluación del peso o un abaratamiento del dólar, que junto con la apertura impacta directamente la producción nacional. Es un poco también lo que está pasando ahora. Por supuesto, una caída en los ingresos retrae el consumo.
–Esa tablita generó el 'deme dos' de los argentinos que viajaban al extranjero y una gran timba de gente que apostaba a la tasa del plazo fijo...
–Exactamente. En ese momento se conocía como la plata dulce. Los que podían, por ejemplo, viajaban a Brasil y traían electrodomésticos. Y esa gran timba fue aprovechada sobre todo por las grandes empresas, pero también por mucha gente, y generó un descalabro importante. Porque la reforma financiera permitía más o menos casi cualquiera que quisiera abriera una entidad financiera. Se multiplicaron. Y por supuesto que no todas eran sustentables. En 1981 no se pudo sostener más el esquema de la tablita, se produjo una gran crisis, una devaluación y eso hizo quebrar un montón de estas entidades financieras. Algunas eran grandes, pero otras más chiquitas. El mayor costo lo terminó asumiendo, por supuesto, el Banco Central.
–Y también se desata la crisis de la deuda externa en toda Latinoamérica...
-–Exactamente. Ahí se ve el límite. Renuncia Martínez de Hoz. La crisis de la deuda se va a producir en toda América Latina porque la dictadura se inserta en un marco no sólo represivo en el Cono Sur, sino también en un marco donde después de la crisis del petróleo de 1979 había muchos dólares dando vueltas buscando rendimientos altos. En los países centrales, las economías crecían poco y entonces esos dólares se les prestaban a los países, por ejemplo, latinoamericanos. Entonces había abundancia de capital. Pero esto cambia a principios de los 80, cuando cambia la gestión en Estados Unidos, el shock de Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal norteamericana que sube las tasas de interés.
–Ahí comienza el colapso del plan inicial, empiezan las protestas sindicales, intentan salvarse con la Guerra de Malvinas en 1982 y, tras perderla, vuelve la democracia en 1983...
–Sí. Fue un plan económico con muchas similitudes con la dictadura chilena en algunos sentidos, las dos fueron de orientación neoliberal. Pero, aunque con varias crisis y consecuencias sociales muy negativas, en sus propios términos el plan económico de la dictadura chilena funcionó mejor que el de la dictadura argentina, que no pudo sostener ninguno de sus supuestos.
–¿Y por qué?
–Por la insustentabilidad de este esquema de valorización financiera: la Argentina vivía con una tasa de interés real más alta que la internacional. Entonces, los grupos económicos que podían se endeudaban en el exterior a una tasa de interés más baja en dólares y colocaban ese dinero en el sistema financiero local a una tasa más alta. Se jugaba, no era para reinvertir en la economía real, que se estaba achicando. El Banco Central empezó a tomar una serie de medidas como el seguro de cambio sobre todo a partir de 1981. Después vino Domingo Cavallo a la presidencia del Central en 1982 y terminó estatizando la deuda, es decir, que ni siquiera tuvieron que devolver ese capital que habían tomado o lo devolvieron fue a un precio irrisorio. Eso generó un agujero muy fuerte en las cuentas del Estado. Pero además hay otros elementos que tienen que ver con el grado de desarrollo industrial que tenía la Argentina, que era muy superior al de Chile, y con el grado de fortaleza y organización que tenía la clase obrera en la Argentina.
–¿Qué ve de similar entre aquel plan económico y el actual?
-Hay bastantes similitudes. Por un lado, la convicción fundamental de que el mercado lo resuelve todo y que el Estado es todo malo. Siempre estamos hablando de la intervención en la economía y cuando sea a favor de los sectores trabajadores. Porque en ese momento hubo una intervención del Estado en favor del sector empresario. Por otro lado, los dos gobiernos arrancan con una fuerte devaluación y una pérdida de salarios e ingresos muy fuerte. Los dos gobiernos apuntan a una apertura comercial para contener la inflación, para disciplinar los precios. Y los dos fallan en eso también, porque estamos viendo que no se está logrando. En la dictadura pasó algo parecido en cierto sentido: se buscó también contener el tipo de cambio, como ahora, que está más o menos controlado, pero la inflación no se redujo lo suficiente. También porque aumentaban mucho sobre todo los servicios. Se fue destruyendo la actividad industrial, además de quitar buena parte de las medidas de apoyo que había a determinadas industrias estratégicas. Hay una filosofía en común que es la del achicamiento del Estado y dejarse en manos del mercado, que sobreviva el más apto. También tiene similitudes con lo que ocurrió durante los 90 con (Carlos) Menem.
Hoy hay una filosofía en común con la dictadura que es la del achicamiento del Estado y dejarse en manos del mercado, que sobreviva el más apto. También tiene similitudes con lo que ocurrió durante los 90 con (Carlos) Menem
–También hay una tendencia pro desigualdad en todos estos casos...
–Claro. Desde el punto de vista de los ejecutores del plan económico de la dictadura o de este gobierno, la desigualdad es algo positivo porque permite que tengan más ingreso los más aptos en la economía. Eso no funcionó en ninguna parte del mundo. Es la teoría del derrame. Fue más brutal, una redistribución más regresiva, al inicio de la dictadura, además en un contexto absolutamente distinto en términos represivos. Pero lo que viene sucediendo ahora inclusive puede ser hasta más grave. ¿Por qué? ¿Porque se monta sobre una economía y una estructura social que ya viene muy deteriorada, muy golpeada, que no es la misma con la que se encontró la dictadura. Ahora partimos de niveles de pobreza muchísimo más altos. Hasta mediados de los 70, la pobreza en la Argentina estaba abajo del 6%, la desocupación estaba abajo del 4% y los niveles de desigualdad eran muchísimo menores. Son ciclos que vienen a profundizar el deterioro social, la desigualdad sobre escalones cada vez más bajos: estoy hablando de dictadura, sobre todo el menemismo, el gobierno de Macri, también el actual. Y los pocos ciclos de alza que vienen habiendo no logran volver al estadio anterior, sino que mejoran un poquito, pero ya quedaron en un escalón más bajo. Antes alguien de clase media podía caer un poquito, pero tenía de dónde sostenerse. Después cae un poquito más y ya no tiene más de dónde sostenerse. Vemos el pluriempleo, que no les alcanza con tres o cuatro trabajos para llegar a fin de mes. Esto era impensado antes de la dictadura: la gente tenía más o menos un trabajo que más o menos muchas veces era para toda la vida y con eso se mantenía un hogar, no necesariamente con lujos, pero alcanzaba. Esa desigualdad que genera la dictadura parte de una unidad de una sociedad más justa, con menos diferencia entre capital y trabajo, el empleo en negro prácticamente no existía, no había esa desigualdad entre los trabajadores que hay ahora, entre un obrero que puede trabajar en una fábrica de Acindar, un trabajador de un banco o un repartidor de Rappi.
AR/MG