Opinión - Panorama Económico

Arrancó el timbreo de los políticos a los empresarios

Alejandro Rebossio Panorama económico rojo

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En marzo pasado, el politólogo Ignacio Labaqui escribía que la política económica argentina entraba en modo "election targeting", en un juego de palabras con el "inflation targeting" que rigió la frustrada gestión de Federico Sturzenegger en el Banco Central del gobierno de Mauricio Macri. Según Labaqui, el "election targeting" implica que “si la corrección de desequilibrios macroeconómicos conlleva asociados costos políticos que ponen en riesgo un buen resultado electoral, entonces debe postergarse cualquier corrección hasta que pase la elección”. También incluye dos reglas básicas: “el que ajusta pierde”, tal como le repetía sin éxito el consultor Jaime Durán Barba a Macri y tal como le dejó claro la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner a Martín Guzmán, y “el que devalúa pierde”, como responde el ministro de Economía cuando ella o Axel Kicillof lo presionan con demandas de más gasto. Ahora que se definieron las listas de las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) se refuerza el "election targeting", sobre todo después del déficit cero que logró Guzmán en el primer semestre pese a mantener las tarifas de energía sin cambios. 

Eso sí, no sólo el Gobierno se puso en "modo elección". Ahora que despegó la campaña, también los opositores, los empresarios y los sindicalistas dejaron de navegar sin otros datos que no sean los proselitistas. Hasta el aterrizaje el día después del 14 de noviembre será así. 

De los 40 grandes millonarios de la Argentina, casi la mitad se ha ido a vivir afuera, varios de ellos en el año y medio de gobierno de Alberto Fernández y a Uruguay. Algunos de estos opinan que su última esperanza era Macri y, tras su fracaso en la Casa Rosada, tiraron la toalla en sus pretensiones de dominar el debate criollo de ideas, delegaron sus negocios en gerentes y ahora se dedican a disfrutar de su retiro. En cambio, otros con emprendimientos tecnológicos no tan dependientes de sus filiales argentinas aún consideran que algún día no muy cercano el país se alineará con su pensamiento, confían en una reserva intelectual afín y hasta elucubran la alternativa de crear un grupo de Whatsapp de empresarios en el exterior, similar al que habían formado para apoyar a Macri en final de su gobierno, aquel que llamaron Nuestra Voz. Pero entre ellos también reina la decepción con el ex presidente. Lo mismo les sucede a los grandes empresarios que se quedaron a vivir en el país y que por estos días reciben pedidos de reuniones de políticos oficialistas y opositores interesados en recaudar para sus campañas.

Apuntalado en 2019 por pocos empresarios como Hugo Sigman, José Luis Manzano o Cristóbal López, Fernández nunca había provocado demasiadas ilusiones del establishment, pero las ha ido perdiendo en la medida en que ha respetado el liderazgo indiscutible que Cristina Kirchner ejerce en el Frente de Todos y en un tercio de la población argentina. Esos dueños de grandes fortunas tampoco están dispuestos a volver a creer tan rápido en alternativas al kirchnerismo, como hicieron en 2015. Algunos de ellos se juntan con Horacio Rodríguez Larreta, a quien prefieren antes que a Macri, o con María Eugenia Vidal, pero se desencantan con ellos cuando los oyen decir que, en caso de que el PRO vuelva a la Casa Rosada, les resultaría difícil bajarles los impuestos y sólo les prometen más libertad económica que en la actualidad. Incluso perciben que Larreta y Vidal envidian los éxitos electorales del kirchnerismo. 

Lo que Macri denominó en su momento como "círculo rojo" apoya ahora a Rodríguez Larreta presidente 2023, pero se pregunta qué pasará con el futuro de Facundo Manes. Sucede que la experiencia gubernamental del PRO les arruinó negocios y perspectivas. Muchos empresarios, incluidos algunos del sector farmacéutico, conocen al médico neurólogo porque los atendió u operó a sus familiares y porque desde hace años que este autor de best sellers viene amagando con lanzarse a la política. Pero ahora que se ha convertido en la promesa de resurrección de la UCR los empresarios en general le responden que prefieren esperar a que dirima las PASO con Diego Santilli antes de apoyarlo. En las huestes de Eduardo Eurnekian niegan que este empresario, que tuvo como empleado a Rafael Bielsa y aún lo tiene a Javier Milei, esté detrás de la precandidatura del médico radical. Quizás Ernesto Sanz, uno de los promotores de Manes junto con Enrique "Coti" Nosiglia, deba recurrir a sus amistades en el grupo Techint, como Luis Betnaza, a la hora de apuntalar a su candidato. 

Por el momento, Manes espera “que no se gasten los impuestos de los porteños en la campaña”. Con una crisis económica larga y profunda, con el antecedente de la causa cuadernos y las nuevas condiciones de la ley de financiamiento de la política, se torna difícil que los empresarios aporten como antes. Por eso, los oficialismos, no sólo el porteño, corren con la ventaja de contar con la pauta publicitaria en medios de comunicación y redes sociales para hacer campaña en tiempos de distanciamiento social. Además disponen de una caja negra de recolección mensual proveniente de contratistas del Estado, desde los que hacen obra pública hasta los que recogen la basura. Se trata de una fuente muy generosa de recursos que hasta algunos asesores se preguntan si también sirvió para financiar casas en countries, compras de departamentos para empleados fieles o casamientos a todo lujo.

En el Frente de Todos esperan recaudar entre la militancia, el sindicalismo -que ha colocado varios candidatos como Sergio Palazzo, Vanesa Siley, Hugo Yasky y Walter Correa- y el establishment, que pone huevos en todas las canastas aunque no le gusten los K o los gremialistas. Pasarán la gorra Carlos Castagnetto, director de Seguridad Social de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP); Juan Manuel Olmos, jefe de asesores del Presidente; Eduardo "Wado" de Pedro, ministro del Interior; o Sergio Massa, presidente de la Cámara de Diputados y de estrecho vínculo con los Bulgheroni y Manzano. En cambio, Kicillof prefiere desentenderse de estas tareas. En la campaña larretista de Vidal en la Capital y Santilli en la provincia trabajarán Agustín Forchieri, presidente del bloque Vamos Juntos en la Legislatura porteña; el secretario administrativo de ese cuerpo, Jorge Anzorreguy; el diputado bonaerense Adrián Urreli y la ex legisladora de la ciudad Lía Rueda. Pero no se descarta que también colaboren otros dos funcionarios de la capital: el jefe de Gabinete, Felipe Miguel, y el secretario de Ambiente, Eduardo Macchiavelli, que este año viene reiterando viajes a provincias, como Jujuy, Santiago del Estero, Neuquén o Río Negro. Manes estará asistido por su hermano Gastón y por el aparato radical. Su asesor publicitario es Ramiro Agulla, que suele emprender campañas disruptivas y costosas. Claro que los candidatos no sólo deben recaudar para medios y redes sino también para cartelería en vía pública, folletería, timbreos y fiscales en las mesas de votación. 

Uno que se mueve mucho entre el círculo rojo y cosecha ciertos apoyos allí es Florencio Randazzo, como alternativa peronista de centro ante el PRO y el kirchnerismo. Sin embargo, algunos de esos respaldos se han puesto en duda ante el surgimiento de la postulación de Manes. Si el médico no logra el milagro de vencer el aparato de Larreta en las PASO del 30 de septiembre, quizá algunos de sus votos pueden irse a Randazzo en noviembre.

Mientras, el establishment le pide al Gobierno un plan económico distinto del que está ejecutando. Pero tampoco enloquece con una oposición que terminó en 2019 con una inflación del 54% y caída de las ventas y del empleo. En el PRO, la economía está en manos del último ministro de Hacienda de Macri, Hernán Lacunza. De Manes se desconocen sus ideas económicas. Por ahora, el médico conversa con la consultora Marina Dal Poggetto. 

Un plan

En la Casa Rosada consideran que sí tienen un plan, sólo que distinto del que pretenden los grandes empresarios o del que desearía Cristina Kirchner. “La realidad se impone”, dicen para explicar por qué la vicepresidenta terminó aceptando que se pague al Fondo Monetario Internacional (FMI) con los derechos especiales de giro (DEG) que el organismo distribuirá entre los países miembro ante la pandemia. O por qué pasó de impulsar una reforma sanitaria y a negar que quiera estatizar prepagas y a que la ministra de Salud, Carla Vizzotti, les autorizara aumentos por 41% en total. Aunque en el mundo de los negocios temen los vaivenes de la vice, en el oficialismo la catalogan como “dentro del área más racional de la política argentina, no sumisa a otros países o posiciones ideológicas”.

En la Casa de Gobierno juzgan que Fernández salió fortalecido de la confección de las listas porque sorteó la presión del kirchnerismo y de Massa para que Santiago Cafiero dejara la Jefatura de Gabinete para candidatearse en la provincia de Buenos Aires. Admiten que su receta económica incluye vacunas -a mayor inoculación, menor restricción de actividades y menor necesidad de auxilios-, apoyo al consumo con reapertura de paritarias, reparto de bonos y programas de crédito Ahora 12 o 30, pero teniendo en cuenta la restricción externa -escasez de divisas- en medio de una alta tensión cambiaria. Por ejemplo, hay reticencia a incluir celulares en los Ahora 12 porque su ensamblaje implica fuerte importación de componentes. O Guzmán advierte de que un exceso de gasto requeriría emisión monetaria adicional, que al final del día se iría al dólar paralelo. Por eso, quiere apuntar con precisión las erogaciones. Por caso, atender el reclamo puntual de los salarios en salud y ciencia o financiar la capacitación y el primer empleo de los jóvenes, como el plan que se lanzó esta semana, Te Sumo, y otros que se conocerán en los próximos días. Es inminente la puesta en marcha del programa de créditos para que la ganadería aumente la producción y se termine a mediano plazo el dilema entre abastecer el mercado interno a precios bajos o exportar. El ministro de Agricultura, Luis Basterra, se encargó de diseñarlo. Otro ministro que responde a Cristina Kirchner, Jorge Ferraresi, de Desarrollo Territorial y Hábitat, prevé que para octubre estará entregando 10.000 viviendas bajo el esquema de créditos hipotecarios accesibles del programa Casa Propia, que incluye desde la construcción en lotes propios o entregados por el Estado hasta los desarrollos inmobiliarios Procrear a manos de provincias y municipios. Ya repartieron 10.000 casas y a fin de año planean estar construyendo otras 110.000. Ferraresi descarta construir con organizaciones sociales, después del escándalo con las Madres de Plaza de Mayo, pero apuesta a trabajar con sindicatos y universidades.

Más allá los planes del Gobierno, habrá que ver cuándo la economía recupera el nivel ya de por sí paupérrimo de 2019. En 2020, el PBI retrocedió 9,9%, un nivel sólo superado en Latinoamérica por Venezuela y Perú, y ahora el FMI prevé un alza del 6,4% en 2021. El Instituto de Trabajo y Economía (ITE) de la Fundación Germán Abdala destaca una recuperación del empleo, sobre todo del asalariado, en especial el industrial, aunque sigue pendiente la reactivación del cuentapropismo. “De cara a los próximos meses es probable que se vuelva a observar otro repunte (de la actividad económica), a partir del aumento en la velocidad de la vacunación, el tan esperado aumento del poder adquisitivo salarial y una política fiscal levemente expansiva, motorizada por la inversión pública”, analiza el último informe mensual del ITE. Ya sea o no por el target de las elecciones, se trata de un repunte necesario para aliviar el drama de un país con un 42% de pobres y con dos tercios de los niños y adolescentes que se crían entre carencias básicas.

AR/WC

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