Escándalo judicial
Se llama igual que una involucrada en la causa del dólar blue y le embargaron sus ahorros: “Me siento ultrajada”
Desde el año pasado, la Justicia investiga la venta de dólares oficiales autorizada por el Banco Central a casas de cambio que después los vendían al blue en el mercado ilegal para ayudar así a las autoridades del Ministerio de Economía, que entonces encabezaba Sergio Massa, a calmar la cotización paralela. Eran las llamadas “manos amigas”, de las que tanto se hablaba, pero cuya existencia los funcionarios siempre negaban. No sólo ayudaban al gobierno de entonces sino que de paso hacían un negocio millonario vendiendo al triple del valor al que compraban. Entre esas casas estaba la de Elías Piccirillo, que estuvo casado con la modelo Jésica Cirio, tras divorciarse del polémico exjefe de Gabinete bonaerense Martín Insaurralde. Piccirillo, hoy bajo arresto domiciliario, era dueño de la financiera ARG Exchange, que también estaba vinculado a negocios de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
Pero en la causa del dólar blue Piccirillo no está solo: a partir de escuchas a su teléfono que aportó un expolicía arrepentido, el juez Sebastián Casanello y el fiscal Franco Picardi allanaron a cinco funcionarios de línea del Banco Central sospechados de aportarle las divisas al cambista. Los cinco también fueron sumariados por el presidente del Central, Santiago Bausili. Se llaman Romina García, Diego Volcic, Analía Jaime, Fabián Violante y María Valeria Fernández. Pero esta última se acercó a elDiarioAR para negar la acusación y sostener que fue confundida por una contadora, como ella, que también se llama Valeria Fernández y que trabajaría para Piccirillo. Altos funcionarios de la actual cúpula del banco y también de los de la gestión anterior admiten que podría tratarse efectivamente de una confusión con una colega homónima.
De licencia médica tras 16 operaciones de columna, y a poco de someterse a la decimoséptima cirugía, María Valeria Fernández, inspectora jefa de supervisión de entidades financieras del Central ofrece su versión de los hechos. El pasado 29 de diciembre, un mes después de su última operación: “Era un lunes, a las 06, me costaba muchísimo moverme, vivo en un departamento de dos ambientes, y atendí el portero eléctrico. Me dijeron que tenían para leerme una orden. Tardé un poco en cambiarme porque tengo movimientos lentos. Volvieron a insistir con el timbre”, recuerda.
–Sí, sí, estoy bajando– les respondió por el portero.
En la planta baja vio “muchísimas caras”, rememora. “En ese momento no entendía nada. Una era una mujer policía de la Ciudad de Buenos Aires. Comenzó a leer una orden de allanamiento... Hasta que no pasó la página segunda no me di cuenta que podía llegar a estar vinculado con algo de mi trabajo. Dijo que iba a secuestrar toda documentación que se vinculara con las entidades financieras de titularidad de Piccirillo. Y nombró una serie de casas de cambio.”
–Pero yo no estoy hace dos años trabajando– les contestó.
“En los 30 años que llevo en la superintendencia de entidades financieras y cambiarias, nunca he trabajado en supervisión de casas de cambio”, aclara en esta entrevista. “Desde 2019 que yo tenía a cargo la supervisión del Banco Galicia. Nada que ver.”
Pero los policías llegaron preguntando por su nombre, con su número de DNI y su domicilio. “Cuando llega ese momento te toma por sorpresa, porque en las semanas finales del año pasado se empezó a hablar de de esta causa. Yo de eso estaba enterada por la tele, de escuchar parcialmente un noticiero u otro. Había escuchado de otras dos personas que las conozco de vista. Una de ellas sí trabajó en supervisión de entidades financieras, pero hace muchísimos años atrás. Las conozco de vista... yo desde la pandemia que no he podido volver a pisar el Banco Central”, se volvió a referir a sus problemas de salud. Desde 2020 a 2023 trabajó de forma virtual, hasta que entró en licencia médica.
“Fue tal la sorpresa que cuando me estaban leyendo me descompensé, aparentemente me desmayé”, continúa Fernández. “Cuando me desperté lo único que yo le preguntaba es cómo caí, si me golpeé la columna. Me levantaron y me siguieron hablando.”
–Vamos adentro de tu casa –le dijo la policía–. Te sigo leyendo.
Los uniformados llamaron a la ambulancia del SAME, que llegó al rato. “Ellos comenzaron con su operativo. Eran ocho cuando entramos al departamento. Veía personas inmensas, tatuadas, desparramaban todo por todos lados del departamento. No sabía qué hacer. Yo estaba estaba descompensado todavía y no entendía nada. Revolearon el mantel. Otros dos se tiraron en el sofá, aplastando los almohadones, los pies arriba. Otro pidió café. Fue una invasión terrible. Estuvieron casi cinco horas. Inmediatamente vieron en el escritorio una Mac, la tomaron. Yo tenía otra Mac sin utilizar porque a la otra la batería se le estaba por romper. Pero no había llegado a hacer el backup. La nueva la saqué de la caja. Me decían que me loguee, pero no me iba a poder loguear porque yo no la había configurado. Igualmente la incautaron, lo mismo que el teléfono celular. Cuando sonó la alarma que yo había puesto la alarma despertador para las 8, me acerco a la mesa de luz y la mujer policía con una de las testigos me dijo que ya no lo podía tocar más. Y el tema es que yo ahí tenía todo. De repente perdí todos mis contactos, yo no tenía backup. En una nota del celular tenía las claves para acceder a todo, desde la aplicación del banco a todo.”
Fernández recuerda una de las primeras preguntas que le formularon.
–¿Tenés plata? Decinos porque te vamos a dar vuelta todo.
–Sí, les digo–, les respondió y les entregó US$9.320 que tenía ahorrados.
“Tenía algo porque yo tengo muchos gastos con lo de la columna. Y tenía una suma pequeña, pero para mí muy importante”, prosigue. “Estaba vinculada con la escritura de venta de un lote que teníamos con mis hermanos en Arrecifes porque perdimos a mi mamá hace tres años y y decidimos venderlo. La escritura estaba dentro de la Mac. Fue todo muy violento, me rompieron cosas, las revolearon.”
“Fue de tanta violencia que comencé con tratamiento psiquiátrico, psicológico, lo asocian a un trauma que es una combinación de una violación con un robo a mano armada”, cuenta la contadora. “En ese momento sólo me acordaba del celular de mi novio, que vive en Pilar. Les pedí por favor ocho veces que lo llamaran a él, pero se iban sin llamarlo. Les dije que por favor porque quedaba totalmente incomunicada. Lo llamaron durante el operativo.”
“Yo claramente sé que no tengo absolutamente nada que ver con nada de lo que suponía”, se defiende. “Se van y me niegan copia del acta de allanamiento, se van con todos mis dispositivos electrónicos y con el dinero. Cuando llega mi novio, no entendía nada tampoco. Vecinos del country donde él vive nos recomendaron un abogado penalista, Aníbal Campana. Yo no lo conocía. Le hablé y fue muy expeditivo. El mismo día me pudo dar una devolución y me dijo que indudablemente acá hubo una confusión de persona.”
“Hay solo dos audios entre las horas de audio de comunicaciones en donde nombran a una Valeria Fernández, pero yo me llamo María Valeria Fernández”, le cuenta Campana a la contadora. “En el Banco Central también hay otra María Valeria Fernández, que es abogada, y luego cuando me comunico con la abogada del banco dijo que también podría ser la contadora de quienes están siendo investigados, Piccirillo y todas sus casas de cambio. Su contadora también se llama Valeria. Creo que Valeria Eugenia Fernández”, alega la supervisora de la autoridad monetaria.
“O sea, allanaron a la persona equivocada”, argumenta. “No ha sido allanada la persona a la que tenían que ir. Pero llevamos tres meses desde el día del allanamiento y no hubo movimiento alguno en la causa. No dispusieron la apertura de los elementos electrónicos. No dieron lugar a la restitución del dinero. Mi abogado apeló a la cámara, pero la cámara negó la restitución. El juzgado no abrió el expediente y no abrió el punto de que el Banco Central, cuando presentó su descargo que dijo que esta persona no puede ser la persona que ustedes pretenden investigar porque no estaba afectado a sus funciones desde agosto de 2023 y las operaciones de estas casas de cambio que están investigando son de 2023 y 2024”, se defiende Fernández. Es decir, las operaciones sospechosas no sólo habrían ocurrido durante la presidencia de Alberto Fernández, con Massa de ministro y Miguel Pesce de jefe del Central, sino también con sus sucesores, Javier Milei, Luis Caputo y Bausili. “A las 13 me pude comunicar con un gerente principal en el Banco Central y me dijo que ellos habían sido allanados y que también le dijeron que no van a encontrar nada de esto de María Valeria Fernández, porque yo no iba presencial.”
“Hay una, una ineficiencia, una lentitud, un error tan grande, me siento como persona, como ciudadana, que me están atropellando”, razona. “De repente que te digan estás involucrada en una causa penal que se vincula con un montón de otras causas penales. Mi abogado no tiene en claro ni definido qué tipo de delito pretenden investigar, porque la causa es NN sobre averiguación de delito. Las órdenes de allanamiento han sido libradas sin ningún tipo de investigación, porque de ninguna manera podría haber estado yo entre las persona. Es una pesadilla. Frente al rechazo de la cámara a la devolución del dinero, mi abogado presentó un pedido que en un plazo perentorio dispongan las pericias de mis de mis equipos tecnológicos, como para acelerar.”
“Los primeros días de enero yo iba a volver a trabajar con jornada parcial, pero todo esto me hizo ir hacia atrás, me generó un un retroceso impresionante con otro tipo de de sintomatologías y de dolencias que no tenía antes”, cuenta. “Está previsto para abril otro quirófano para hacer los mismos procedimientos. Y ese dinero yo lo tenía de de backup porque mis gastos son muchísimos. Mi sueldo no es íntegro, sin presentismo ni bonus, porque no estoy cumpliendo funciones, y tengo esa plata para cubrir los 12 medicamentos que tomo. Le tuve que pedir a mis amigas y familiares que me dieran vuelta todo el departamento porque no podía estar.”
“Me siento vulnerada, pisoteada, ultrajada por el propio acto y por todo lo que vino después”, lamenta. “Mi vida en el día a día gira en torno de la columna, al punto de que iba a quedar en silla de ruedas. A mí me salvaron en una de las tantas cirugías los neurocirujanos, pero tengo daño crónico en los nervios hacia el lado izquierdo de mi cuerpo. Entonces dependo muchísimo de muchas rehabilitaciones, que son todas particulares. Jamás me iba a imaginar que esto me iba a suceder, que me iba a afectar de esta manera, que iba a tratar términos penales, a que un medio expusiera mi foto en la tapa un domingo. A este señor Piccirillo solamente lo he visto por televisión alguna que otra vez al hacer zapping”, se frustra Fernández. Este año la causa pasó de manos de Casanello a las de Ariel Lijo.
AR