Bolsonaro bajo investigación por contrabando de joyas valuadas en más de 3 millones de dólares

Transcurría el tercer año de gobierno de Jair Bolsonaro cuando el ex presidente recibió un mensaje: la corona saudí le había enviado un obsequio a su esposa Michele, al más puro estilo de los relatos de “Las mil y una noches”. Venía en una caja de cuero, cubierta de terciopelo y en su interior guardaba un collar de oro de dos vueltas e incontables diamantes, un par de aros, también colmado de brillantes y un reloj aurífero contorneado por piedras preciosas. La ofrenda, procedente de la ultra lujosa joyería suiza Chopard, fue valuada entonces en 3 millones de euros, equivalentes a 16,5 millones de reales.

Lo que nunca imaginaron Bolsonaro y su esposa fue que, 17 meses después y con una reelección perdida, ese tesoro saudí podría llegar a costarles la libertad. Las alhajas, transportadas hacia el país por una comitiva oficial, fueron embargadas en la aduana del Aeropuerto Internacional de Guarulhos (San Pablo). De nada sirvió que el presente para la entonces primera dama, viniera en una misión que procedía de Riad encabezada por el ex ministro de Minas y Energías, Bento Albuquerque, un almirante de la armada brasileña.

Los agentes de la Aduana no se conmovieron con la mención de los distinguidos destinatarios del regalo. Ni tampoco se amedrentaron con la presencia de altos mandos militares. Procedieron a explicar a los transportadores de esa fortuna que si querían entrar las joyas debían realizar los trámites formales del caso y pagar los impuestos correspondientes (por alrededor de1,6 millones de dólares). Días atrás, el propio ex mandatario dijo en que público que “no contaba con ese dinero”. Hasta hoy, el tesoro continúa en los depósitos aduaneros, pese a sucesivos intentos por recuperarlo.

Cuando estalló el escándalo a principios de este mes, el ex presidente negó públicamente haber pedido que le reintegraran las joyas y argumentó que no había cometido ninguna ilegalidad. Pero luego cambió de tono para decir que se trataba de un agasajo personal de los saudíes y, por lo tanto, tenía derecho a quedarse con el tesoro. Las leyes brasileñas establecen que presentes de este tipo, provenientes de autoridades extranjeras, pueden entrar al país siempre y cuando sean recocidos como legado para el acervo público y exhibidos en el Palacio del Planalto. Al ocupante del Poder Ejecutivo sólo le corresponde el derecho de reclamar como bien privado aquellos objetos cuyo valor no superen los 1.000 dólares.

Para analistas locales, el asunto tiene por trasfondo la privatización de una refinería negociada, en 2021, con la empresa Mubdala de los Emiratos Árabes Unidos. Esa refinería era propiedad de la estatal Petrobras y su precio de mercado, calculado en la época, trepaba a 3.000 millones de dólares. Sin embargo, fue vendida a 1.800 millones. Al explotar el escándalo de las joyas, muchos juristas opinaron que podría tratarse no de un presente convencional sino de un intento de soborno. A partir de este dato, el senador Omar Azia, del Partido Socialista, ya planteó formar una comisión parlamentaria que investigue la venta dolosa de la instalación petrolera y sus vínculos con las joyas. Entre uno y otro hecho, apenas hubo un mes de separación.

Fuentes de la Policía Federal deslizaron que Bolsonaro apostó desde un inicio a incluir las joyas como parte de su acervo “personalísimo”, actitud que constituiría delito de peculado. Más aún porque hubo otro regalo, traído por la misma comitiva el 26 de octubre de 2021, que pasó por la aduana sin pena ni gloria. Era también una caja especial que contenía una lapicera de oro y un reloj masculino de oro. Este obsequio fue transferido por el propio ex presidente a su patrimonio personal: viajó con él a Estados Unidos, donde se encuentra desde el 29 de diciembre de 2022.

Un aspecto inusual en estos escándalos fue el protagonismo de los militares de alta alcurnia en el episodio. Siete de ellos estuvieron directamente involucrados, sea en el transporte de las joyas, como también en el intento de rescatarlas de la Aduana. Además del almirante Albuquerque, también quedó comprometido el teniente de la Marina, Marcos Santos Soeiro, quien portaba las joyas para la entonces primera dama en su mochila. Ya próximo a salir del gobierno, con la consagración a la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva, Bolsonaro pidió a un sargento que tomara un vuelo de la Fuerza Aérea para rescatar el cofre con los diamantes. El suboficial descendió en Guarulhos y fue a presionar a los fiscales aduaneros, pero su esfuerzo no tuvo éxito.

EG