Claves del brote de ébola en el Congo y Uganda: una cepa poco común en medio de un conflicto armado

Denis Campbell

0

Las autoridades sanitarias de la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda están tratando de contener un brote de ébola que, hasta el momento, registró 246 casos sospechosos y 88 fallecidos.

El brote se inició en la provincia de Ituri, al este de la RDC, pero ya se detectaron casos en otras zonas del país y en la vecina Uganda. El domingo, la Organización Mundial de la Salud declaró el brote “emergencia de salud pública de importancia internacional” e instó a que se realizaran esfuerzos decididos para limitar su propagación.

¿Qué es el Ébola?

El ébola es una enfermedad muy contagiosa y muchas veces mortal. Provocada por diferentes virus asociados principalmente a los murciélagos frugívoros, la infección suele provocar fiebre hemorrágica viral. Se registraron más de 40 brotes desde su primera aparición en 1976. Este es el decimoséptimo brote en la República Democrática del Congo.

Los brotes se deben a la “transmisión zoonótica”, es decir, de animales a humanos. Las personas infectadas transmiten luego la enfermedad a otras a través de fluidos corporales como el vómito, la sangre y el semen. Los síntomas incluyen fiebre, fatiga, dolor muscular y dolor de cabeza, seguidos de vómitos, diarrea, erupciones cutáneas y hemorragias internas y externas. Tiene una tasa de mortalidad del 50%.

Hay cuatro tipos o cepas de ébola que afectan a los seres humanos: Zaire, Sudán, Bundibugyo y Tai Forest. La OMS afirma que el último brote está relacionado con el virus Bundibugyo. Solo hubo dos brotes anteriores relacionados con esta cepa, en 2007 y 2012.

¿Por qué suscita tanta preocupación este brote?

Porque la cepa de ébola implicada es poco común, no existe vacuna contra ella y el conflicto en la República Democrática del Congo dificulta los esfuerzos para contener su propagación.

El Dr. Simon Williams, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de Swansea, afirma: “Este brote es más preocupante que otros porque la vacuna existente contra el ébola, la vacuna Ervebo, no es adecuada. No existen tratamientos ni vacunas específicos contra el virus Bundibugyo”.

“Y es una enfermedad grave con una tasa de mortalidad muy elevada; mucho mayor que la de COVID-19, por ejemplo. Afortunadamente, el ébola es mucho menos contagioso que el COVID-19 o, por ejemplo, el sarampión. Pero es mucho más grave y puede ser mortal para cualquier persona, no solo para los ancianos, las personas inmunodeprimidas u otros grupos de alto riesgo”.

Cuando no se dispone de una vacuna, el control de la infección suele consistir en trasladar a los afectados a centros de tratamiento para minimizar la transmisión. Eso puede resultar muy difícil en este caso debido al conflicto y a los ataques contra los centros sanitarios, afirma Paul Hunter, profesor de medicina de la Universidad de East Anglia.

“En el pasado, los centros sanitarios han sido blanco de ataques por parte de las milicias y esta es una de las razones por las que [las personas afectadas] pueden optar por no buscar atención médica, lo que supone un riesgo continuo para sus familiares y otras personas con las que han estado en contacto”, afirma.

¿Por qué no se detectó antes el brote y cómo podría afectar ese retraso a lo que suceda?

El brote comenzó el mes pasado. La primera víctima sospechosa de la que se tiene constancia, un hombre de 59 años, presentó síntomas el 24 de abril y falleció tres días después. Las autoridades sanitarias no fueron alertadas del brote hasta el 5 de mayo a través de las redes sociales. Para entonces, ya habían fallecido cincuenta personas, según los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

La lentitud en la detección dio tiempo al brote para propagarse, afirma la Dra. Jean Kaseya, directora general de los CDC de África. Cualquier retraso en la respuesta a un brote de ébola “puede tener consecuencias catastróficas”, afirma la Dra. Anne Cori, profesora asociada de modelización de enfermedades infecciosas en el Imperial College de Londres.

El elevado número de casos detectados y de fallecidos “sugiere que se identificó un número inusualmente alto de casos sospechosos antes de que se declarara oficialmente el brote”, añade.

“Esto indica que es probable que el brote haya pasado desapercibido durante varias semanas o incluso meses, lo que puede hacer que las medidas de control estándar, como el rastreo de contactos, sean considerablemente más difíciles de aplicar de forma eficaz, especialmente en un contexto que ya se enfrenta a otros retos, como los conflictos”.

¿Qué magnitud podría alcanzar este brote?

Potencialmente, una mucho mayor. Aunque comenzó en Ituri, también se detectaron dos casos confirmados en la vecina Uganda; ambas personas infectadas habían viajado allí desde la República Democrática del Congo. Una de ellas falleció en un hospital de la capital ugandesa, Kampala.

La OMS teme que la elevada proporción de casos positivos detectados entre las personas sometidas a pruebas, junto con la propagación a Kampala y las muertes en Ituri, “apunte a un brote potencialmente mucho mayor de lo que se está detectando y notificando actualmente, con un riesgo significativo de propagación a nivel local y regional”.

“En este momento existen importantes incertidumbres sobre el número real de personas infectadas y la propagación geográfica asociada a este brote”, señaló.