Se define el 25 de octubre
Flávio Bolsonaro aventajó por el 2% de los votos a Lula en la primera vuelta de las elecciones en Brasil y hay balotaje
Jarro de agua fría para Lula. Fuerte derrota para la izquierda en las elecciones legislativas y regionales. La ola pro Flávio Bolsonaro detectada por las últimas encuestas midió bien la temperatura de una campaña que la extrema derecha manejó a su antojo. La implosión estratégica del Tribunal Supremo Federal (STF) fue la dinamita perfecta para alimentar la sed anti establishment que reina en la atmósfera política del país sudamericano. Y Flávio Bolsonaro exploró bien en la recta final de la campaña al lema Muda Brasil (Cambia Brasil), usado por su padre en las elecciones de 2018, responsabilizando al Gobierno de Lula de los problemas cotidianos de la gente. La campaña oficial de Lula da Silva se limitó a endurecer su tono contra Flávio, asociándolo a las armas, a la inseguridad y a las milicias (paramilitares). El perfil oficial de Lula lanzó a finales de semana el mini documental Peligro, mira esto antes de votar, un duro repaso de los casos de corrupción y de los vínculos con las milicias de Flávio Bolsonaro. Sin embargo, Lula no acudió a ningún debate electoral y se dedicó a repasar los logros de su gobierno, sin hablar apenas de propuestas.
Todas las encuestas infravaloraron el voto de Flávio Bolsonaro. Ninguna reveló la posibilidad de que el hijo de Jair Bolsonaro, el expresidente preso por intento de golpe de Estado, fuera a quedar por delante de Lula en la primera vuelta. Con el 99,97% de los votos escrutados, Bolsonaro consiguió el 47,04% de los votos, frente a un 45,15% de Lula.
El susto llegó desde el comienzo. Ya con el 17,22% del escrutinio, Flávio iba muy por delante de Lula, 53,1% frente a 40,66% de Lula. Los analistas esperaban una remontada de Lula, tal como ocurrió en 2022, cuando Lula levantó vuelo con el 70% del recuento. Sin embargo, la subida fue más lenta de lo esperado. Con el 64,81% del recuento, Flávio Bolsonaro cayó por debajo del 50% de los votos. Casi a las nueve de la noche, se confirmó la segunda vuelta presidencial del 25 de octubre entre Lula y Flávio Bolsonaro.
Lula compareció ante la prensa acompañado de la mayoría de sus candidatos derrotados. Admitió su sorpresa, en un clima de luto. “El resultado muchas veces es inesperado. Confieso que estaba convencido que iba a ganar las elecciones en la primera vuelta”, aseguró. Tras decir que Flávio Bolsonaro tiene un “pasado tenebroso”, el presidente dio algunas pistas de cómo va a ser la segunda vuelta. Quiere mostrar un futuro para Brasil. “Vamos a seguir cambiado. Nadie puede ofrecer como nosotros un futuro. Lo que nos da optimismo es que a través de la educación vamos a transformar este país”, declaró. Por su parte, Flávio Bolsonaro celebró el triunfo en un clima de entusiasmo. “Brasil quieren cambios. Cambio es la palabra. La gente no aguanta más. Lo hemos visto en todas las regiones. Es el fin de la era del PT, que solo está dejando como legado a un récord de mujeres asesinadas, de personas endeudadas y altos impuestos”, aseguró en una live en redes sociales rodeado de gente de a pie.
Regiones y legislativo conservadores
Las malas noticias para la izquierda también llegaron en las elecciones legislativas y las regionales. El gobernador de São Paulo Tarcísio de Freitas, fiel aliado del bolsonarismo, consiguió una mayoría apabullante (62,64%% de los votos válidos) y garantizando su reelección, humillando a Fernando Haddad, ex ministro de Economía de Lula. En Paraná, Sérgio Moro, el juez justiciero que encarceló a Lula en 2018, es en el nuevo gobernador. En Minas Gerais, un verdulero evangélico aliado del bolsonarismo arrasó en la primera vuelta y masacró a Patrus Ananias, un viejo cuadro del PT. En Río de Janeiro, donde Eduardo Paes, aliado de Lula, salvó los muebles: pasó a la segunda vuelta por los pelos. Apenas en el nordeste la izquierda consiguió gobiernos regionales como Bahia, Ceará o Piaui. La derecha venció en 10 de los 19 estados en los que el pleito se decidió en la primera vuelta. El periodista Roberto de Toledo, en el programa de cobertura especial de UOL, destacó el desgaste de la vieja política. “El caso de Cleitinho nos muestra claramente que el elector no quiere más a los candidatos de la vieja política. En estas elecciones, también perdieron viejas dinastías familiares que gobernaron décadas en el nordeste y el norte, como los Calheiro o los Barbalho”, puntualizó.
Por otro lado, el resultado de las elecciones legislativas también fue un baño de agua fría para el PT. En primer lugar, la familia Bolsonaro mostró ser un activo político fortísimo. La ex primera dama Michelle Bolsonaro fue elegida senadora en el Distrito Federal. Carlos Bolsonaro ganó su silla de senador en Santa Catarina, mientras que Jair Renan Bolsonaro fue elegido diputado en el mismo estado. El resultado del Senado fue una de las grandes decepciones del PT. Las exministras Marina Silva y Simone Tebet se quedaron fuera en São Paulo, así como Benedita da Silva, un nombre histórico, en Río de Janeiro. Con 19 nuevos senadores, el PL de Bolsonaro se consolida como el principal partido de la cámara alta. El nuevo control conservador del Senado abre la puerta a procesos de impeachment de ministros del Supremo Tribunal Federal (STF).
El congreso, a pesar del avance del PL (que consigue en torno de 120 diputados, 21 más de los actuales) el resultado no fue tan malo para la izquierda. La Federación Brasil da Esperança, liderada por el PT consiguió 78. Además, se consolida una renovación de la izquierda, con la entrada de nuevas caras.
Alerta roja
El sábado por la noche ya habían saltado todas las alarmas en la campaña del Partido dos Trabalhadores (PT). Las últimas encuestas antes de las elecciones reflejaban una intensificación del voto útil. No solo en Lula, sino también en Flávio. La encuestadora Quaest revelaba un empate ajustado: 46% para Lula, 45% para Flávio en la primera vuelta. Y con victoria bolsonarista en una hipotética segunda vuelta. AtlasIntel aportó un dato preocupante para el PT: Flávio ganaría en Minas Gerais en la segunda vuelta, el Ohio brasileño, el estado que acierta el resultado nacional desde 1955.
El diputado progresista André Janones, referencia en la guerra digital contra la extrema derecha, lanzó la alarma en un canal de su canal de Telegram (“FLÁVIO PUEDE VENCER LAS ELECCIONES!) y soltó un video con instrucciones para virar votos (hacer que alguien cambie de voto) con una frase contundente: ”el amor no ganó una MIERDA!. Lo que mueve la red es el odio“. La recta final de la campaña oficial del PT se aferró al miedo a Flávio Bolsonaro para intentar ganar en la primera vuelta. Algo que se mostró insuficiente. ”La campaña pasó lejos de los problemas cotidianos de la gente“, aseguró al vivo ne UOL la periodista Thais Bilenky. Por su parte, Igor Gielow analizó en un artículo de Folha de São Paulo que la campaña de Lula estuvo un poco fuera de la realidad. ”La inflación puede estar bajo control, pero el endeudamiento de las familias amargó cualquier sensación de bienestar“, escribió.
El antilulismo y el antipetismo fueron los principales combustibles de la campaña de Flávio Bolsonaro y los candidatos de su partido a diputados y senadores. El lema “Fora Lula” (fuera Lula“) se vio a lo largo de la campaña en camisetas, pegatinas, pancartas, carteles, megáfonos e incluso en autobuses, como el usado por Ricardo Salles, ex ministro de Medio Ambiente de Jair Bolsonaro, que la justicia electoral prohibió. El antipetismo provocó un movimiento inusitado en iglesias evangélicas, en las que se pidió expresamente el voto contra Lula.
Tras el resultado presidencial, Lula está acorralado. Con la excepción del centrista Augusto Cury, que obtuvo un 2,89% de los votos, el resto de candidatos se inclinan a la derecha. El analista Leonardo Sakamoto, en un artículo publicado las últimas horas, defendía que el “brasileño exhausto” de la polarización política podía definir las elecciones, especialmente los abstencionistas y los mayores de setenta años (que no están obligados a votar y se inclinan mayoritariamente por Lula). No ocurrió en la primera vuelta. Tal vez el gran movimiento de la campaña de Lula de cara a la segunda vuelta sea intentar movilizar a los 33 millones de electores que decidieron no acudir a las urnas, computando un récord del 21% de abstenciones.