Elecciones en Brasil 2022 - Análisis

En la mayoría de los 27 estados brasileños, candidatos de Bolsonaro ganaron la gobernación en primera vuelta o son los favoritos para la segunda

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Las encuestas, los medios, la Corte Suprema, intelectuales, artistas, gobiernos y gobernantes progresistas de cerca y de lejos anticiparon para Brasil una ola rosa vencedora, una amplia marea alta pro Lula en las elecciones generales del domingo. Se equivocaron. La ola del día D fue azul Bolsonaro, no rosa petista. Un frío tsunami sobrio del color de la bandería del el ex capitán del Ejército y presidente candidato que buscaba su primera reelección, no para el expresidente y ex sindicalista que se presentaba a su séptima elección presidencial. La victoria del Centrón derechista en Diputados y la toma por asalto (a golpe de votos) de la presidencia del Senado por el Partido Liberal (PL, el de Bolsonaro), aunque poco mencionadas, eran sin embargo temidas. En cambio, las victorias territoriales en primera vuelta por los candidatos bolsonaristas a la gobernación de muchos estados clave, los más ricos del país, o la posición de ventaja obtenida por la derecha de frente al balotaje del 30 de octubre en aquellos otros estados donde le faltaron algunos votos para el triunfo definitivo, golpearon impactantes e imprevistas, aunque acaso no impredecibles.

La sorpresa en los resultados de las elecciones regionales contrarió las expectativas de Lula y contradijo los valores de plácido flujo constante de las encuestas de intención de voto. El súbito desconcierto cobró mayor calor e intensidad no por los valores cuantitativos de los números finales, sino por la reconfiguración cualitativa, y en apariencia ya irreversible en su orientación hacia la derecha sin adjetivos restrictivos, de la composición distributiva de los electorados, sobre todo en San Pablo y Rio Grande do Sul, pero también en Rio de Janeiro y en Minas Gerais. Básicamente, los votos del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), liberal, aquel al que hasta 2021 había pertenecido Geraldo Alckmin, candidato a vice en la actual fórmula presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), drenaron su caudal, sin filtración o pérdida en el trasvasamiento, a la derecha bolsonarista, sin beneficio, siquiera fragmentariamente significativo, para las candidaturas apoyadas por Lula.

Según datos del Tribunal Superior Electoral (TSE), de los 14 gobernadores que ya fueron elegidos el domingo 2 y que no irán a segunda vuelta, 6 son aliados de Bolsonaro, 5 de Lula. Pero la importancia económica y demográfica de los seis de la derecha es inconmensuralble, por superior, con la de los cinco de la izquierda. Los tres ganadores restantes buscan mostrar pareja prescindencia, de momento, respecto a los dos rivales del balotaje del 30 de octubre. De las 26 candidaturas a gobernaciones que se dirimirán en la segunda vuelta del último domingo de octubre, 10 son aliadas a Bolsonaro, 9 a Lula, y 7 exhiben equidistancia del líder del oficialismo y del líder de la oposición. Pero, una vez más, el casi empate, constatado sin más, ofrece una visión falseada de la realidad. Porque en la absoluta mayoría de los casos, el favoritismo por los candidatos de derecha parecer señalar tendencias irreversibles.

Para desilusión de encuestas, de medios y de analistas pro PT, el derechista PSDB votó a la derecha

En San Pablo, el candidato Tarcísio de Freitas (Republicanos, y aliado cercano del Presidente) superó a Fernando Haddad (PT), ex candidato presidencial petista derrotado por Bolsonaro en 2018. El PSDB, que gobernó al estado más rico de Brasil y su centro económico y financiero durante un ininterrumpido cuarto de siglo, quedó fuera de la contienda final.

El actual gobernador paulista Rodrigo García (PSDB), que buscó en vano la reelección, invitó a apoyar “incondicionalmente” a Bolsonaro y a votar por él y por sus candidatos el 30 de octubre. Esta firmeza política no dejó de provocar escándalo moral en venerables figuras minoritarias del partido liberal que se autonomina 'socialdemócrata' (los nombres oficiales de la partidocracia brasileña son engañosos o frustrantes, pero consistentemente inútiles si se busca inferir de sus títulos la ideología de sus cuadros). La alineación escogida por García es solidaria con la del que fuera su electorado: líder estadual paulista y votantes marchan en la misma dirección por la que ya avanzaron. El casi octogenario Aloysio Nunes Ferreira, ex ministro de Justicia de Fernando Henrique Cardoso, ex canciller de Michel Temer (el vice de Dilma Rousseff que se pasó a la oposición para suceder con mayor comodidad en el cargo a la presidenta petista una vez que fuera sumariamente destituida), reprochó el posicionamiento de García de cara a la segunda vuelta: lo caracterizó como “casi el apocalipsis” y denunció un “peligro para la democracia” en la invitación a votar en el balotaje de la elección estadual por el candidato más votado en la primera vuelta.

En Rio Grande do Sul, la mayoría votó por Onyx Lorenzoni (PL), que las proyecciones, iniciado el recuento, volvían ganador en primera vuelta. Finalmente, no le alcanzaron los votos. Eduardo Leite (PSDB) pasó entonces como rival a segunda vuelta, después de superar por escasos 2441 votos a Edegar Pretto (PT). Contrastando los votos por Leite con los que en el mismo estado recibieron Lula y Bolsonaro para la presidencial, y los que recibieron los otros candidatos a gobernador, resulta que votos lulistas y bolsonaristas fueron para él y no para Lorenzoni o Pretto Hasta ahora, Leite se abstiene escrupulosamente de mirar a cualquier costado. Un signo y más todavía una palabra a favor de uno y otro le quitaría sea el voto bolsonarista (que iría para Lorenzoni) sea el voto petista (que se convertiría probablemente en blanco o impugnado, o en abstención).

Si Leite pierde la elección a la gobernación de Río Grande do Sul, como todo invita a creer que ocurrirá, así estando las cosas, la larga decadencia del PSDB, que Cardoso aceleró en cada encrucijada histórica con decisiones personales movidas por ambiciones y repulsas y anunciadas en correcto lenguaje internacional, se habrá consumado tan completamente como el naufragio del Partido Colorado, hundido bajo la línea de flotación por el no menos locuaz estadista cisplatino Julio María Sanguinetti.

La nueva riqueza de las Minas Generales

Contrastan con las agonías y últimos cálculos del PSDB moribundo (Leite plantea en términos aritméticos de rentabilidad su decisión entre Lula y Bolsonaro), la energía de la victoria en Minas Gerais de un nuevo partido, liberal pero no conservador, Novo. El gobernador Roméu Zema fue reelegido con un poderoso mandato: en su primer período limpió las cuentas públicas y logró que los empleados públicos cobraran sin atrasos sus salarios, que además percibían divididos en cuotas y jamás en su monto íntegro.

No menos íntegro fue el apoyo que el martes Roméu Zema pronunció abiertamente, en persona y en Brasilia, a Jair Bolsonaro en el palacio presidencial de Planalto. El recuerdo de la mala administración petista en su estado, declaró, le resulta imborrable. Minas Gerais es el segundo colegio electoral de Brasil. A lo largo de las cuatro semanas de campaña, que oficialmente comienzan el viernes 7,el Presidente tiene planes de visitar antes del balotaje del 30 de octubre en al menos tres oportunidades este estado mediterráneo. Será bien recibido.

AGB.

Las encuestas, los medios, la Corte Suprema, intelectuales, artistas, gobiernos y gobernantes progresistas de cerca y de lejos anticiparon para Brasil una ola rosa vencedora, una amplia marea alta pro Lula en las elecciones generales del domingo. Se equivocaron. La ola del día D fue azul Bolsonaro, no rosa petista. Un frío tsunami sobrio del color de la bandería del el ex capitán del Ejército y presidente candidato que buscaba su primera reelección, no para el expresidente y ex sindicalista que se presentaba a su séptima elección presidencial. La victoria del Centrón derechista en Diputados y la toma por asalto (a golpe de votos) de la presidencia del Senado por el Partido Liberal (PL, el de Bolsonaro), aunque poco mencionadas, eran sin embargo temidas. En cambio, las victorias territoriales en primera vuelta por los candidatos bolsonaristas a la gobernación de muchos estados clave, los más ricos del país, o la posición de ventaja obtenida por la derecha de frente al balotaje del 30 de octubre en aquellos otros estados donde le faltaron algunos votos para el triunfo definitivo, golpearon impactantes e imprevistas, aunque acaso no impredecibles.

La sorpresa en los resultados de las elecciones regionales contrarió las expectativas de Lula y contradijo los valores de plácido flujo constante de las encuestas de intención de voto. El súbito desconcierto cobró mayor calor e intensidad no por los valores cuantitativos de los números finales, sino por la reconfiguración cualitativa, y en apariencia ya irreversible en su orientación hacia la derecha sin adjetivos restrictivos, de la composición distributiva de los electorados, sobre todo en San Pablo y Rio Grande do Sul, pero también en Rio de Janeiro y en Minas Gerais. Básicamente, los votos del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), liberal, aquel al que hasta 2021 había pertenecido Geraldo Alckmin, candidato a vice en la actual fórmula presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), drenaron su caudal, sin filtración o pérdida en el trasvasamiento, a la derecha bolsonarista, sin beneficio, siquiera fragmentariamente significativo, para las candidaturas apoyadas por Lula.

Según datos del Tribunal Superior Electoral (TSE), de los 14 gobernadores que ya fueron elegidos el domingo 2 y que no irán a segunda vuelta, 6 son aliados de Bolsonaro, 5 de Lula. Pero la importancia económica y demográfica de los seis de la derecha es inconmensuralble, por superior, con la de los cinco de la izquierda. Los tres ganadores restantes buscan mostrar pareja prescindencia, de momento, respecto a los dos rivales del balotaje del 30 de octubre. De las 26 candidaturas a gobernaciones que se dirimirán en la segunda vuelta del último domingo de octubre, 10 son aliadas a Bolsonaro, 9 a Lula, y 7 exhiben equidistancia del líder del oficialismo y del líder de la oposición. Pero, una vez más, el casi empate, constatado sin más, ofrece una visión falseada de la realidad. Porque en la absoluta mayoría de los casos, el favoritismo por los candidatos de derecha parecer señalar tendencias irreversibles.

Para desilusión de encuestas, de medios y de analistas pro PT, el derechista PSDB votó a la derecha

En San Pablo, el candidato Tarcísio de Freitas (Republicanos, y aliado cercano del Presidente) superó a Fernando Haddad (PT), ex candidato presidencial petista derrotado por Bolsonaro en 2018. El PSDB, que gobernó al estado más rico de Brasil y su centro económico y financiero durante un ininterrumpido cuarto de siglo, quedó fuera de la contienda final.

El actual gobernador paulista Rodrigo García (PSDB), que buscó en vano la reelección, invitó a apoyar “incondicionalmente” a Bolsonaro y a votar por él y por sus candidatos el 30 de octubre. Esta firmeza política no dejó de provocar escándalo moral en venerables figuras minoritarias del partido liberal que se autonomina 'socialdemócrata' (los nombres oficiales de la partidocracia brasileña son engañosos o frustrantes, pero consistentemente inútiles si se busca inferir de sus títulos la ideología de sus cuadros). La alineación escogida por García es solidaria con la del que fuera su electorado: líder estadual paulista y votantes marchan en la misma dirección por la que ya avanzaron. El casi octogenario Aloysio Nunes Ferreira, ex ministro de Justicia de Fernando Henrique Cardoso, ex canciller de Michel Temer (el vice de Dilma Rousseff que se pasó a la oposición para suceder con mayor comodidad en el cargo a la presidenta petista una vez que fuera sumariamente destituida), reprochó el posicionamiento de García de cara a la segunda vuelta: lo caracterizó como “casi el apocalipsis” y denunció un “peligro para la democracia” en la invitación a votar en el balotaje de la elección estadual por el candidato más votado en la primera vuelta.

En Rio Grande do Sul, la mayoría votó por Onyx Lorenzoni (PL), que las proyecciones, iniciado el recuento, volvían ganador en primera vuelta. Finalmente, no le alcanzaron los votos. Eduardo Leite (PSDB) pasó entonces como rival a segunda vuelta, después de superar por escasos 2441 votos a Edegar Pretto (PT). Contrastando los votos por Leite con los que en el mismo estado recibieron Lula y Bolsonaro para la presidencial, y los que recibieron los otros candidatos a gobernador, resulta que votos lulistas y bolsonaristas fueron para él y no para Lorenzoni o Pretto Hasta ahora, Leite se abstiene escrupulosamente de mirar a cualquier costado. Un signo y más todavía una palabra a favor de uno y otro le quitaría sea el voto bolsonarista (que iría para Lorenzoni) sea el voto petista (que se convertiría probablemente en blanco o impugnado, o en abstención).

Si Leite pierde la elección a la gobernación de Río Grande do Sul, como todo invita a creer que ocurrirá, así estando las cosas, la larga decadencia del PSDB, que Cardoso aceleró en cada encrucijada histórica con decisiones personales movidas por ambiciones y repulsas y anunciadas en correcto lenguaje internacional, se habrá consumado tan completamente como el naufragio del Partido Colorado, hundido bajo la línea de flotación por el no menos locuaz estadista cisplatino Julio María Sanguinetti.

La nueva riqueza de las Minas Generales

Contrastan con las agonías y últimos cálculos del PSDB moribundo (Leite plantea en términos aritméticos de rentabilidad su decisión entre Lula y Bolsonaro), la energía de la victoria en Minas Gerais de un nuevo partido, liberal pero no conservador, Novo. El gobernador Roméu Zema fue reelegido con un poderoso mandato: en su primer período limpió las cuentas públicas y logró que los empleados públicos cobraran sin atrasos sus salarios, que además percibían divididos en cuotas y jamás en su monto íntegro.

No menos íntegro fue el apoyo que el martes Roméu Zema pronunció abiertamente, en persona y en Brasilia, a Jair Bolsonaro en el palacio presidencial de Planalto. El recuerdo de la mala administración petista en su estado, declaró, le resulta imborrable. Minas Gerais es el segundo colegio electoral de Brasil. A lo largo de las cuatro semanas de campaña, que oficialmente comienzan el viernes 7,el Presidente tiene planes de visitar antes del balotaje del 30 de octubre en al menos tres oportunidades este estado mediterráneo. Será bien recibido.

AGB.

Las encuestas, los medios, la Corte Suprema, intelectuales, artistas, gobiernos y gobernantes progresistas de cerca y de lejos anticiparon para Brasil una ola rosa vencedora, una amplia marea alta pro Lula en las elecciones generales del domingo. Se equivocaron. La ola del día D fue azul Bolsonaro, no rosa petista. Un frío tsunami sobrio del color de la bandería del el ex capitán del Ejército y presidente candidato que buscaba su primera reelección, no para el expresidente y ex sindicalista que se presentaba a su séptima elección presidencial. La victoria del Centrón derechista en Diputados y la toma por asalto (a golpe de votos) de la presidencia del Senado por el Partido Liberal (PL, el de Bolsonaro), aunque poco mencionadas, eran sin embargo temidas. En cambio, las victorias territoriales en primera vuelta por los candidatos bolsonaristas a la gobernación de muchos estados clave, los más ricos del país, o la posición de ventaja obtenida por la derecha de frente al balotaje del 30 de octubre en aquellos otros estados donde le faltaron algunos votos para el triunfo definitivo, golpearon impactantes e imprevistas, aunque acaso no impredecibles.

La sorpresa en los resultados de las elecciones regionales contrarió las expectativas de Lula y contradijo los valores de plácido flujo constante de las encuestas de intención de voto. El súbito desconcierto cobró mayor calor e intensidad no por los valores cuantitativos de los números finales, sino por la reconfiguración cualitativa, y en apariencia ya irreversible en su orientación hacia la derecha sin adjetivos restrictivos, de la composición distributiva de los electorados, sobre todo en San Pablo y Rio Grande do Sul, pero también en Rio de Janeiro y en Minas Gerais. Básicamente, los votos del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), liberal, aquel al que hasta 2021 había pertenecido Geraldo Alckmin, candidato a vice en la actual fórmula presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), drenaron su caudal, sin filtración o pérdida en el trasvasamiento, a la derecha bolsonarista, sin beneficio, siquiera fragmentariamente significativo, para las candidaturas apoyadas por Lula.