El mundo tiene 1.500 volcanes activos y 23 de ellos erupcionaron en las últimas dos semanas

Daniel Sánchez Caballero / Victòria Oliveres

elDiario.es —

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En España es una rareza que un volcán erupcione, pero hay lugares del mundo donde están más acostumbrados. En todo el globo se registran unas 70 erupciones anuales entre los 1.500 volcanes que se consideran activos en el mundo, la mayoría de ellos en el conocido como Anillo de Fuego, entre América, Asia y Oceanía.

Pero, ¿cuándo se considera que un volcán está activo? ¿Se pueden prever las erupciones? ¿Está creciendo la actividad volcánica en el mundo? Repasamos la situación de los volcanes en el planeta y algunas otras cuestiones que ha puesto sobre la mesa la erupción en la isla de La Palma.

¿Cuántos volcanes activos hay en el mundo?

Un volcán se considera activo cuando ha erupcionado en los últimos 30.000 a 40.000 años, según explica Pablo J. González, geofísico volcánico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Tenerife, aunque otras fuentes rebajan esa cifra a los 10.000 años. Un volcán puede estar activo pero también durmiente, sin actividad en el momento, y estos “periodos de reposo” pueden durar miles de años. “Diferentes sistemas magmáticos necesitan diferentes periodos de reposo y maduración que hacen que no tengan erupciones frecuentes”, explica González. Un volcán puede no erupcionar en 30.000 años, pero hacerlo en cualquier momento.

Cuando ha habido erupciones hace más de 30.000 años se considera que una zona es volcánica, pero extinta, como sucede en la mayoría de casos en España.

A partir de esta definición, se considera que el mundo tiene unos 1.500 volcanes activos (se calcula que en concreto 1.356 han erupcionado en algún momento dentro de estos intervalos, según la Smithsonian Institution de EEUU). De ellos, al menos 23 lo han hecho en las dos últimas semanas, según datos de este mismo centro, referencia mundial. En lo que va de año se han registrado al menos 70 erupciones, según datos actualizados a 14 de septiembre por la institución, cifra a la que se ha añadido el Etna, que ha vuelto a entrar en actividad este martes. Algunos de estos volcanes empezaron a tener erupciones antes del año 2000 y, con parones, aún siguen escupiendo lava regularmente.

La mayoría de estos volcanes están en el conocido como Anillo de Fuego del Pacífico, una enorme área que discurre por la costa oeste de sur y Norteamérica, la costa este asiática, Indonesia y Nueva Zelanda, una zona donde convergen varias placas tectónicas.

¿Y en España?

España tiene seis zonas volcánicas, según el Instituto Geográfico Nacional (IGN): las Islas Canarias, la comarca de La Garroxta (Girona), Cabo de Gata (Almería), Cofrentes (Valencia), las Islas Columbretes (Castellón) y Campos de Calatrava (Ciudad Real). Según el propio IGN “de entre todas ellas, solo se han registrado erupciones en los últimos 10.000 años en Girona y Canarias y de entre los dos lugares, las islas son las únicas que han lidiado con erupciones en épocas recientes”.

De hecho, hay expertos como González que sostienen que lo de La Garrotxa “no está claro” y que sería necesario investigar más. En cualquier caso, la última erupción registrada antes de la actual en La Palma fue la del volcán Teneguía, en 1971. En 2011 hubo otra en la isla de El Hierro, también en Canarias, pero fue submarina.

¿Cómo se controla la actividad volcánica?

Cada país es soberano y responsable de vigilar sus volcanes, por lo que lo habitual es que haya institutos ad hoc o entidades de algún tipo. El geofísico González explica que los centros de Italia y de EEUU tienen especial relevancia mundial. Aparte, el Global Volcanism Program del Museo de Historia Natural de la citada Smithsonian Institution, en EEUU, tiene activa la considerada base de datos más completa y respetada.

A nivel internacional, existe la Asociación Internacional de Volcanología y Química del Interior de la Tierra (IAVCEI, en sus siglas en inglés), un ente sin ánimo de lucro de la Unión Internacional de Geofísica y Geociencias. También existe WOVO, la Organización Mundial de Observadores de Volcanes, cuyo propio nombre indica qué es.

¿Se pueden prever las erupciones?

Sí y no. Se puede, y los científicos lo hacen, monitorizar la actividad de los volcanes. Se utilizan sismógrafos, GPS o sensores de gas y agua que pueden ayudar a prever una inminente erupción. Pero no es una ciencia exacta y las erupciones no siempre vienen precedidas de una gran actividad sísimica que las anticipe, como ha sucedido en La Palma. “En aquellos volcanes bien instrumentalizados hay un 50% de posibilidades de acertar las erupciones”, explica González, escéptico en cuanto a la eficacia de la previsión.

“Y este porcentaje baja mucho según baja el nivel de instrumentalización”, añade el geofísico. En las Islas Canarias se monitoriza mucho, pero no se hace en todos los volcanes del mundo.

Y además los hay que no avisan. González recuerda el caso del monte Ontake, en Japón en 2014, que fue tan imprevisto que pilló a varios excursionistas visitando el volcán, con consecuencias fatales para ellos.

La Smithsonian Institution añade que “incluso con la mejor monitorización e interpretación (de los datos) es poco posible hacer predicciones fiables con más de unos cuantos días de adelanto respecto a la erupción”.

¿Crece la actividad volcánica en el mundo?

No hay evidencia de ello, según la Smithsonian Institution. En los últimos 30 años, recopila el centro, el número total de erupciones por año ha ido fluctuando sin seguir una tendencia clara. En 1991 se registraron 69, en 1997 eran 56, en 2008 habían subido a 80 y en 2019 vuelta a 72.

Otro registro, que retrocede hasta el año 1800, sí refleja un aumento anual sostenido del número total de erupciones reportadas cada año, que habrían pasado de 15 hace 200 años a las más de 70 actuales, aunque las consideradas grandes se mantienen estables. El propio centro advierte de que este incremento anual del total puede estar muy condicionado por el creciente interés que han ido despertando los volcanes a lo largo de la historia y las mejoras en las comunicaciones para notificar las erupciones a lo largo del tiempo.