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Quién es Noelia Castillo, la joven española de 25 años que recibirá la eutanasia tras una larga lucha contra su padre

elDiarioAR

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Noelia Castillo Ramos es una joven de 25 años de Barcelona que recibirá este jueves la eutanasia tras 20 meses de lucha judicial contra su padre, que no está de acuerdo con su decisión.

En estos dos años, Castillo Ramos pasó por todas las instancias para conseguir su pedido. La joven padece una paraplejia irreversible y, frente a ese diagnóstico, en 2024 tomó la decisión de solicitar la muerte asistida, un pedido que abrió un profundo debate social y legal.

Quién es Noelia

Su cuenta de Facebook no registra actividad desde el 2015, cuando tenía entre 14 y 15 años. En sus últimas publicaciones, se la puede ver sonriente. En sus redes no compartió su proceso.

Noelia fue víctima de una agresión sexual múltiple y el 4 de octubre de 2022 se arrojó desde un quinto piso para quitarse la vida. A raíz del impacto sufrió una grave e irreversible lesión medular completa, una paraplejia que le impide moverse de cintura para abajo y le provoca fuertes dolores neuropáticos.

Su lucha judicial

Frente a la depresión y a los dolores por la lesión medular, Noelia decidió pedir la muerte asistida. En una primera etapa, la solicitud de la joven fue aprobada por los organismos médicos correspondientes y contó con el aval de la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña, que consideraron que cumplía con todos los requisitos exigidos.

Sin embargo, desde el inicio, su padre —con el respaldo de la organización Abogados Cristianos— se manifestó en contra de la decisión y presentó distintos recursos judiciales para impedir el procedimiento. A partir de allí, se desencadenó una extensa cadena de resoluciones judiciales que terminaron demorando la eutanasia durante casi dos años.

Luego, la Justicia de Cataluña avaló su decisión, y más tarde el Tribunal Supremo confirmó ese criterio al considerar que su derecho a acceder a la eutanasia estaba garantizado y que la oposición de su padre no podía impedirlo.

Con el paso de los meses, el Tribunal Constitucional desestimó el último recurso presentado por la familia al no detectar una vulneración de derechos fundamentales, lo que dejó sin margen nuevas apelaciones dentro del país.

Pero el conflicto escaló hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en Estrasburgo, donde se solicitó una medida cautelar para frenar el procedimiento. Esa presentación también fue rechazada en marzo de 2026, lo que despejó de manera definitiva el camino para que Noelia pueda acceder al recurso.

Con sus palabras

En la entrevista concedida al programa ‘Y ahora Sonsoles’ de Antena 3, Noelia reconstruye algunos de esos recuerdos con una mezcla de nostalgia y distancia. Entre ellos, destacan escenas de su infancia que sitúa como una de las pocas etapas luminosas de su vida. “Era una época muy feliz”, afirma, al recordar los veranos que pasaba junto a su hermana en casa de su abuela.

Durante esos meses, según relata, la rutina estaba marcada por una sensación de libertad y tranquilidad que contrasta con lo que vendría después. Pasaban los tres meses de vacaciones allí, en un entorno que identifica como un refugio emocional.

Las tardes y noches se organizaban en torno a pequeñas actividades compartidas con su hermana Sheyla que hoy recuerda con precisión. Acudían a ferias donde se instalaban puestos y, en ocasiones, ellas mismas vendían pulseras hechas con conchas o piedras pintadas. “Nos poníamos a vender cositas hechas por nosotras”, explica. Las jornadas terminaban en la terraza de la casa de su “yaya”, cenando al aire libre, en escenas que reconstruye como momentos de bienestar compartido.

Ese vínculo con su abuela se mantiene también en el presente y aparece como uno de los apoyos emocionales más sólidos en su relato. Según ha confesado la madre de Noelia, Yolanda Ramos, es la nieta favorita de su “yaya”, una relación que se ha reforzado con el paso del tiempo y que adquiere especial relevancia en los días previos al desenlace de su historia.

A esos recuerdos se suman otros más cotidianos, ligados a la vida familiar. En la entrevista, Noelia revisa álbumes de fotos junto a su madre, deteniéndose en imágenes de su infancia: fotografías comiendo un helado, con trenzas, en su primer día de colegio con una bata roja o disfrazada en celebraciones. “¿Para ti son momentos felices?”, le pregunta la periodista Bea Osa durante la grabación. “Claro. Sí, sí”, responde ella.

Sin embargo, ese periodo, según su propio relato, tuvo un final claro. El cambio se sitúa en su adolescencia, en torno a los años de instituto, cuando comienzan a encadenarse una serie de circunstancias que alteran su entorno.

La separación de sus padres y el régimen de custodia compartida configuran un contexto que describe como inestable. “Íbamos fines de semana alternos y no iban bien las cosas cuando íbamos allí”, recuerda. En ese periodo sitúa algunas de las experiencias que contribuyeron a su deterioro emocional, como largas esperas en bares hasta altas horas de la madrugada mientras su padre consumía alcohol. “Teníamos que estar esperando hasta las tres o cuatro de la mañana”, relata.

A partir de ese momento, Noelia describe una trayectoria caracterizada por lo que define como una sucesión de dificultades. “Luego han sido todo baches, oscuridad, vacío”, afirma, sintetizando una etapa prolongada en la que su situación personal y emocional se fue agravando.

Desde los 13 años, según explica, ha estado en tratamiento psiquiátrico. Con el paso del tiempo, ese malestar se consolidó y se vio acompañado por diagnósticos como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y el trastorno límite de la personalidad (TLP), que, según su testimonio, han condicionado su forma de relacionarse con la vida.

En ese contexto se sitúan también episodios especialmente traumáticos que la propia Noelia ha relatado en la entrevista. Entre ellos, dos agresiones sexuales que identifica como momentos clave en su historia personal. Una en el ámbito de una relación de pareja y otra de carácter múltiple, que, según explica, no llegó a denunciar.

La acumulación de estas experiencias desembocó en varios intentos de suicidio. En uno de ellos, en 2022, se precipitó desde un quinto piso, un hecho que no solo supuso un punto de no retorno en su trayectoria vital, sino que la dejó en situación de paraplejia.

Lejos de revertir su situación, ese episodio marcó el inicio de una etapa que describe como aún más difícil. A las secuelas físicas se sumó un dolor persistente y una sensación de falta de horizonte vital. “No tengo metas ni proyectos”, señala. “Siempre he visto mi mundo muy oscuro”.

Ese recorrido vital, reconstruido en sus propias palabras, dibuja una biografía atravesada por contrastes: desde los recuerdos de una infancia que identifica como feliz hasta una cadena de acontecimientos que, según su testimonio, fueron erosionando progresivamente su bienestar emocional y su vínculo con la vida.