El músculo político de la oposición venezolana afronta quizás su mayor desafío en tres décadas. Después de que el presidente Donald Trump relativizara el rol de la Nobel de Paz y cabeza más visible del antichavismo, María Corina Machado, todas las miradas se dirigen en esa dirección y su papel en un posible proceso de transición democrática. Lo más importante para el heterogéneo bloque opositor, tras 27 años de represión oficial, será reacomodarse con celeridad en el nuevo tablero del poder. Con sus fricciones y contradicciones internas, la carrera para jugar las cartas y hallar la unidad es contrarreloj.
Hoy lo único cierto es que la operación ilegal estadounidense para apresar a Nicolás Maduro en plena madrugada caraqueña sorprendió a una oposición fragmentada. En una conversación con elDiario.es, la reportera venezolana Luz Mely Reyes identifica tres vertientes en el bloque opositor. La primera de ellas es la de los ‘colaboracionistas’, o leales a la revolución, pero con cierto margen de independencia en sus posturas. Es el caso del diputado Henri Falcón, fundador del partido Avanzada Progresista. Un militante que, a pesar de haber surgido en las filas chavistas, se enfrentó en 2018 a Maduro en los comicios y luego anunció su apoyo a María Corina Machado en 2025.
El segundo núcleo está representado por políticos de perfil moderado. Entre ellos se halla Henrique Capriles, quien despertó el interés internacional en 2012 cuando, con 40 años recién cumplidos, desafió en las urnas a Hugo Chávez –que, a pesar de hallarse debilitado por la enfermedad, ganó con el 55,07% de los votos frente al 44,31â¯% del joven aspirante de la coalición Mesa de Unidad Democrática (MUD)–. Por último, está la vertiente radical, representada por María Corina Machado, líder que se posicionó en 2010 tras ser elegida por el norteño estado de Miranda como la diputada más votada del país. Leopoldo López, hoy exiliado en Madrid, y Juan Guaidó, en Miami, también forman parte del llamado flanco duro.
Discrepancias
Desde hace unos años las discrepancias o pugnas dentro del universo opositor han girado en torno a la estrategia para enfrentarse al régimen: ¿librar la batalla electoral o apostar por la abstención como herramienta de denuncia contra un sistema que consideran una “farsa”? “Moderados, leales y radicales lograron, entre 2010 y 2015, agrupar hasta unos 30 partidos independientes en la MUD. Pero, quizás, tras el boicot electoral a las presidenciales de 2018, las diferencias conceptuales entre los movimientos quedaron muy claras”, dice Luz Mely Reyes.
La situación política en Venezuela, además, es un terreno minado para las voces disidentes. Y la maquinaria oficial no ha ahorrado recursos a la hora de adelantar detenciones arbitrarias, censurar a la prensa u otros métodos de hostigamiento como armar a sus colectivos urbanos en algunos barrios. “Esta es una coyuntura interesante para que muchas voces salgan de las catacumbas. Porque hoy buena parte de la oposición está presa, o exiliada, o escondida”, dice a este medio el historiador Pedro Benítez. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunció el pasado jueves la liberación de “un número importante” de presos políticos, venezolanos y extranjeros, que presentó como un “gesto unilateral” del Gobierno bolivariano.
El historiador opina que se trata, en todo caso, de un sistema político tan “particular” que evaluarlo a la luz de un ejercicio democrático normal es inviable. Por eso, añade que más allá de los anhelos de algunos políticos como Machado, que aboga, por ejemplo, por una reapertura de la economía al sector privado, hoy la primera urgencia en el horizonte es más pedestre: “Volver a tener unas elecciones libres”. “Para mí, tenemos que volver a empezar de cero”, dice Benítez, que advierte, sin embargo, de que la historia ha sido convulsa: “Entre 1830 y 1958 el país solo tuvo cinco años de gobiernos civiles. Todos los demás fueron administraciones de generales. Y el ensayo de 40 años de institucionalidad que hubo antes de Chávez fue casi un milagro porque la tradición autoritaria y militar siempre ha estado presente”.
La oposición ha logrado algunas victorias desde que la revolución bolivariana llegó al poder en 1999. La primera fue en 2015, cuando la coalición Mesa de Unidad Democrática obtuvo el control del poder legislativo con 112 diputados frente a 55 del oficialismo. Sin embargo, de poco sirvió que el Gobierno de Maduro reconociera aquella derrota sufrida en la Asamblea Nacional ya que poco después el Tribunal Supremo de Justicia (controlado por el chavismo) tomó una serie de decisiones para quitarle dientes a dicho órgano.
Con la extracción violenta de Nicolás Maduro tanto los más leales al régimen como los más radicales están fuera de la jugada
Más enredados fueron los resultados de las presidenciales de julio de 2024. La versión del Consejo Nacional Electoral, alineado con el oficialismo, es que Nicolás Maduro ganó con el 51,2â¯% de los votos frente al 44,2â¯% de Edmundo González Urrutia, septuagenario diplomático de carrera impulsado por María Corina Machado. La Nobel de Paz había sido inhabilitada para postularse e hizo causa común para endosarle parte de su creciente popularidad bajo las banderas del PUD en la papeleta. El programa, en todo caso, giraba en torno a los dos ejes de la política de 58 años: una campaña para el retorno de millones de venezolanos en el exilio, bautizada de reunificación, y un plan de recuperación económica.
Una parte importante de la comunidad internacional y varios organismos independientes cuestionaron la transparencia de un proceso electoral cuyas actas de votación aún se desconocen. Basados en un recuento alternativo de la oposición, el Parlamento Europeo, Estados Unidos o la OEA reconocieron a González como virtual ganador, con el 67% de los votos. “La candidata real fue María Corina Machado, y eso generó cierto resentimiento en sectores minoritarios de la oposición, como el que lidera Henrique Capriles”, explica Víctor Mijares, académico de la Universidad de los Andes.
Incertidumbre
La fuerza real de la oposición, con Estados Unidos a cargo del control del poder en Caracas, se verá en las próximas semanas. Predomina el clima de zozobra e incertidumbre. Conscientes de que en Venezuela, como en la mayoría de América Latina, se suele depositar esperanzas en liderazgos carismáticos, las fuentes consultadas coinciden en que el bloque opositor deberá cambiar de relato.
“Con la extracción violenta de Nicolás Maduro tanto los más leales al régimen como los más radicales están fuera de la jugada. Aunque María Corina Machado cuenta con el respaldo popular, hoy prevalece el dominio de los bastiones clave: el aparato militar y represivo, en manos de Diosdado Cabello, y el sector energético, controlado por Delcy Rodríguez”, apostilla Víctor Mijares.