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ANÁLISIS

Por qué Trump necesita más a Delcy Rodríguez que a Corina Machado

Delcy Rodríguez y María Corina Machado.

Iñigo Sáenz de Ugarte

6 de enero de 2026 06:12 h

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Donald Trump no tiene muchas ideas propias sobre política exterior, pero hay algunas que ha repetido más de una vez. Una de ellas es que sería bueno que EEUU fuera impredecible en sus acciones. “Como nación, debemos ser más impredecibles. Ahora somos totalmente predecibles. Lo contamos todo. Enviamos tropas. Lo contamos. Celebramos ruedas de prensa. Tenemos que ser impredecibles”, dijo en un discurso en la campaña de 2016 en el que estaba hablando en ese punto sobre una ofensiva contra el ISIS.

Lo ha vuelto a conseguir con su decisión de ordenar el secuestro del presidente venezolano y, no mucho tiempo después, anunciar que su prioridad ahora mismo es el petróleo y no las exigencias de la oposición dirigida por María Corina Machado, de 58 años. Sus dirigentes acaban de descubrir que Trump quiere comenzar a colaborar durante un tiempo desconocido con las autoridades del país, como si Nicolás Maduro hubiera sido el único origen de sus problemas. Y en primera línea surge Delcy Rodríguez, la actual presidenta en funciones de 56 años, con la que EEUU está dispuesta a hacer negocios bajo ciertas condiciones.

Por encima de todo, Trump valora la importancia del poder y el efecto que provoca en los demás. En una de las conversaciones que mantuvo en su primer mandato con el periodista Bob Woodward, dio su versión sobre lo que significa tener poder: “El poder real, casi no quiero pronunciar la palabra, es el miedo”. Causar miedo en aquellos que están pendientes de tus decisiones, lo que les obligará a aceptar cualquier acuerdo por perjudicial que sea para sus intereses.

Trump confirmó el domingo que ha habido conversaciones entre Delcy Rodríguez y altos cargos norteamericanos. No tiene ningún problema con que Rodríguez haya ocupado el puesto de Maduro e incluso parece optimista sobre su futura actuación: “Básicamente, está dispuesta a hacer lo necesario para que Venezuela vuelva a ser grande”. Como es habitual en él, en unas horas estaba ofreciendo un mensaje diferente, uno que emplea con frecuencia, el de las amenazas. “Si no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente más alto que Maduro”, dijo en una entrevista telefónica con The Atlantic.

Rodríguez ofreció de entrada una respuesta conciliadora. Propuso a EEUU “colaborar con nosotros en una agenda de cooperación orientada al desarrollo compartido, en el marco del Derecho internacional, para fortalecer una convivencia comunitaria duradera”.

El presidente de EEUU cree que Rodríguez tiene el poder y no hay nada más importante para alguien como él. Eso quiere decir que puede darle órdenes –“lo que necesitamos (de Rodríguez) es acceso total, acceso total al petróleo y a otras cosas en el país que nos permitan reconstruirlo”–, puede prestarle colaboración y puede hacerla responsable de las consecuencias si no se sigue su criterio. La supervivencia de la economía venezolana está en manos de Trump, al menos mientras continúe lo que EEUU llama “cuarentena” de las exportaciones petrolíferas a través del bloqueo naval y la incautación de petroleros.

Una situación muy diferente es la de Machado, que no cuenta con “el apoyo y el respeto” de la gente, según dijo. En la mentalidad de Trump, Machado no tiene poder con lo que no está en condiciones de exigir nada ni en la práctica de cumplir las órdenes que pueda recibir de Washington. Y eso a pesar de que la líder de la oposición prometió una privatización masiva de la industria petrolífera venezolana –nacionalizada por Carlos Andrés Pérez en 1973– en la que las compañías de EEUU se verían beneficiadas con inmensos beneficios.

Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y Delcy Rodríguez en abril de 2025 en la inauguración de una plaza dedicada al Ejército Rojo de la URSS por su victoria en 1945.

Al alto cargo de la Administración de Trump más favorable a los intereses de la oposición, le tocó defender esta elección el domingo en la cadena NBC. Marco Rubio, secretario de Estado, lo intentó vender como un gesto de pragmatismo. “Aquí estamos lidiando con una realidad inmediata. Desgraciadamente, la mayor parte de la oposición no está presente en Venezuela”, dijo, con lo que no están en condiciones de ejercer ningún poder. “Nosotros tenemos que pensar en las próximas dos o tres semanas, o dos o tres meses, y cómo eso se ajusta a los intereses nacionales de EEUU”.

Rubio afirmó que siguen interesados en una transición democrática, pero también precisó que hablar en estos momentos de convocar elecciones es muy prematuro. Sobre lo de colocar en el poder a Edmundo González por el resultado negado por el fraude electoral, eso parece descartado. Trump no va a entregar la presidencia a un hombre de 76 años y salud frágil. No da la imagen de hombre fuerte que tiene en mente.

En la conversación con periodistas en el Air Force One, preguntaron a Trump si iba a exigir a Rodríguez el regreso de los dirigentes de la oposición en el exilio a Venezuela o la puesta en libertad de los presos políticos. El presidente lo descartó por completo: “No estamos en eso. Ahora mismo, lo que necesitamos hacer es arreglar lo del petróleo”.

Precisamente, la Casa Blanca cobró interés en la nueva presidenta en las negociaciones para la vuelta al país de la multinacional norteamericana Chevron. La petrolera había recibido permiso del Gobierno de Joe Biden para volver a operar en Venezuela. En el comienzo de su segundo mandato, Trump lo anuló, pero cambió de opinión meses más tarde. “Quiero que Chevron siga aquí otros cien años”, dijo Nicolás Maduro hace unos meses sobre una empresa que ha operado en el país desde 1923.

El acuerdo había permitido al Gobierno venezolano aumentar la producción de crudo. Sus condiciones eran muy favorables para Chevron. Le permitía extraer 240.000 barriles diarios de petróleo –una cuarta parte de la producción de todo el país– de los que la mitad se los quedaba para enviarlos a las refinerías del sur de EEUU y la otra mitad permanecía en manos del Gobierno venezolano con crecientes dificultades para exportarlo por culpa del despliegue naval norteamericano.

Los directivos de la compañía y otros intermediarios en el negocio petrolífero convencieron a Washington de que Delcy Rodríguez no sería ningún obstáculo a una mayor implantación de empresas de EEUU del sector.

No estoy diciendo que ella sea la solución permanente a los problemas del país”, dijo un alto cargo norteamericano a The New York Times, “pero ella es ciertamente alguien con la que podemos trabajar a un nivel mucho más profesional de lo que era posible con Maduro”.

Venezuela produce ahora en torno a 1,1 millones de barriles diarios de crudo. Ha aumentado lentamente esa cifra en los últimos años después de tocar fondo en el segundo semestre de 2020 con 360.000 barriles. Hace 25 años, la producción diaria era de tres millones de barriles. Perdió 500.000 con la huelga de la empresa pública petrolera y las movilizaciones de la oposición en 2003 y se mantuvo en 2,5 millones durante años.

A partir de 2016, se produjo el progresivo hundimiento de esos números a causa de la corrupción, el clientelismo y la falta de inversiones. Sin los ingresos del petróleo, la economía del país quedó destruida, lo que provocó el éxodo de millones de venezolanos.

Aunque Marco Rubio habló de dos o tres meses para encauzar la situación del país, nadie cree que la industria petrolífera local pueda recuperarse por sí sola. El Gobierno podrá entregar más concesiones a empresas de EEUU, pero está por ver cómo y en qué tiempo se podrán llevar a la realidad. La falta de inversiones durante años ha hecho que la mayoría de los analistas del mercado crea que se necesitarán decenas de miles de millones de dólares para recuperar la producción del pasado. En los puertos del país, se requieren hasta cinco días para cargar de crudo un superpetrolero con destino a China, cuando hace siete años esa labor se reducía a un solo día, según Bloomberg.

El escenario presenta una alternativa muy arriesgada para las compañías que saben que el precio actual del barril es demasiado bajo, 61,8 dolares el barril el lunes, como para que inversiones de ese calibre sean rentables en estos momentos. Es poco probable que las petroleras acepten destinar tanto dinero sin un horizonte garantizado de estabilidad. Esa será la misión de Delcy Rodríguez, o al menos eso cree Trump.

Venezuela no era un régimen basado en una sola persona y existían otras estructuras de poder más allá de la presidencia. Lo que no saben en Washington es qué actitud adoptarán dirigentes como Diosdado Cabello, ministro de Interior, y el general Vladimir Padrino, ministro de Defensa. Cabello aparece en el auto de procesamiento con el que EEUU pretende llevar a Maduro a juicio. Sobre Cabello y Padrino, Trump confía en que sepan que pueden acabar como Maduro.

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